Hilos de plata y oro

Hilos de plata y oro

Fotografía: Joan Grané

El tejido social, para que sea eso, «tejido», necesita que sus hilos se entrelacen adecuadamente. Somos ingenuos cuando pensamos que las cosas se sostienen solas, sin trabajo, esfuerzo o habilidad. Y aún más, si creemos que eso solo lo que se ve es lo que sostiene. Como en tantas cosas de la vida, a veces lo más oculto es lo más fundamental. De lo que vertebra el interior de una sociedad —de sus virtudes o vicios—, depende en buena medida, que su vida cotidiana luzca de un modo u otro.

Los tapices tienen más de una vista como bien saben distinguir quienes son perspicaces. Alfredo Rubio utilizaba esta imagen como preámbulo de su libro «22 historias clínicas —progresivas— de realismo existencial».

El haz es la imagen más inmediata que percibimos en estos tejidos, los colores seleccionados para ser mostrados al público que va a contemplarlos. Sin embargo, si les damos la vuelta y vemos el envés, aunque no tendremos ninguna duda de que se trata del mismo tapiz, sin embargo, el colorido diferirá considerablemente. A veces de un modo sorprendente y hasta turbador: puede agradarnos incluso más que la propia cara. Da la impresión de que algunos pintores se inspiran en ello para ofrecernos esas series de cuadros que retratan la misma imagen en distintas gamas de colores.

La otra tesitura de un tapiz la hallamos en su entramado. Ésta es una visión mucho más interna y, por tanto, mucho más sutil en su percepción. Los hilos de la trama y los de la urdimbre se entrelazan para formar la estructura íntima del tejido. Cuando a través de máquinas adecuadas logramos verlo, es como descubrir el alma del tapiz, lo que le sostiene en lo profundo.

Sobre el cañamazo que es nuestro mundo, a menudo nos quedamos sólo en contemplar el haz y el envés, sin llegar a darnos cuenta de que esas imágenes más cotidianas se entreveran en los hilos subyacentes de la trama y la urdimbre. A veces nos conformamos con elegir qué bordar en la cara, y con qué hilos y colores hacerlo. Pero la calidad del tapiz, del tejido resultante, también tendrá que ver con su trama y su envés, radiantes de luz si se han tejidos con los hilos de oro y plata que son las virtudes o bien apagados y pobres si se han hilado con los toscos de los pequeños o grandes vicios cotidianos.

Julio de 2017

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