Camino hacia la sabiduría

Camino hacia la sabiduría

«Uno de los conocimientos más necesarios del artista es
conocer la composición del material que quiere trabajar,
y en el arte del buen vivir, la materia objeto de
conocimiento es la misma persona.»

Los temas de los monográficos de la revista RE son verdaderos retos mentales que nos alejan de la propia zona de confort y nos empujan a la curiosidad, al conocimiento, y nos mueven a la empatía hacia el otro, que convive en nuestro entorno.

Sin embargo, el reto de este número Ser creativos para avanzar ha sido, para mí, especialmente dificultoso a la hora de escribir, ya que, tanto del contenido, como de la praxis de la creatividad, ha hablado ampliamente la misma RE y los Diálogos de Cultura en las Cenas Hora Europea. Sin embargo, de manera inteligente, se añade «ser creativos» y el infinitivo «avanzar», o sea movernos adelante. Tomo pues, este concepto como reflexión de mi artículo.

¿Avanzar hacia dónde?

La pregunta evidente que me hago es: Avanzar adelante, pero ¿hacia dónde? La respuesta inmediata es hacia la sabiduría. Pero ¿qué es la sabiduría? Seguro que hay diferentes definiciones en el diccionario. Sin embargo, a mí me gusta mucho una que leí: «La sabiduría es el arte del buen vivir».

Esta afirmación puede decirlo todo, pero también puede no decir nada. Vayamos por partes. ¿La sabiduría es un arte? Tomo la pregunta y también la respuesta que Erich Fromm hace en el libro El arte de amar «¿El amor es un arte?». Entonces requiere conocimiento y esfuerzo. O bien, ¿el amor es una sensación agradable y experimentarla es una cuestión de azar, que nos viene dada o regalada? Fromm se decanta por la primera premisa. Modestamente también me decanto por entender que la sabiduría (como el amor) requiere conocimiento y esfuerzo. También la sabiduría como el amor debe ser una cuestión de máximo interés; debe ser tan vital para cada uno, como lo es la música para el músico, la medicina para el médico, la carpintería para el carpintero… como lo es el amor para los enamorados.

«Lamentaciones y más lamentaciones: «Estoy estresado»,
«Estoy frustrado y desanimado», «Todo es urgente»,
«No puedo cambiar nada».»

Desgraciadamente con la sabiduría (como con el amor) casi todo es considerado más importante: el éxito, el prestigio, el dinero o el poder. Casi -sigue Fromm- todas las energías las empleamos en aprender a alcanzar estos objetivos, y casi nada en a aprender el arte de amar -y de la sabiduría, digo yo-.

Uno de los conocimientos más necesarios del artista es conocer la composición del material que quiere trabajar, y en el arte del buen vivir, la materia objeto de conocimiento es la misma persona que se compone de tres elementos básicos (por simplificarlo): físico, sensible y espiritual. Ya sé que la persona es una y que ésta entrega su ser entero en cada uno de sus actos, pero me sirve para las siguientes preguntas: ¿Estamos dispuestos a emprender y aprender el camino del arte del buen vivir? ¿A prosperar la propia vida?

Triunfar

Michel Quoist, en su libro Triunfo, nos habla en el capítulo «El hombre en pie» de que hay personas que caminan cabeza abajo cuando el físico -tu cuerpo- sube en lo alto y manda. Es la sensualidad en todas sus formas. Otras personas caminan arrastrándose: En ésta es lo sensible que manda. Si la sensibilidad domina, paraliza el espíritu y la razón. En ambos casos -dice Quoist- la persona no va derecha, sino que se arrastra como una esclava.

La persona derecha es aquella que su razón y su espíritu, completamente libres, mandan la sensibilidad y el cuerpo. Donde la espiritualidad, encuentra forma con alguno o en todos los anhelos que aspira la naturaleza humana:

  1. La dimensión intelectual que aspira a la verdad.
  2. La dimensión estética que aspira a la belleza.
  3. La dimensión moral que aspira a la bondad.
  4. La dimensión espiritual que aspira a la unidad.

Así la persona en pie es la que domina el arte de la sabiduría, el arte del buen vivir. ¿Avanzaremos para ser personas libres, sin andar cabeza abajo, sin arrastrarnos y hacer camino derechos y con la cabeza bien alta?

Paradigmas

«Avanzar adelante, pero ¿hacia dónde? La respuesta inmediata
es hacia la sabiduría… «La sabiduría es el arte del buen vivir».»

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvaré yo». Esta conocida frase de Ortega y Gasset expresa que en nuestro entorno hay mentalidades/paradigmas que nos influyen y que no existimos separados, sino que somos parte del mundo y el mundo parte de nosotros, pero sin embargo, somos únicos e irrepetibles, como únicas e irrepetibles son nuestras aportaciones a la sociedad.

No basta con triunfar individualmente con pleno dominio físico, sensible y espiritual; debemos conocer la mentalidad social que nos rodea para que no dañe nuestro propio yo, nuestro propio camino hacia la sabiduría. Stephen R. Covey, acreditadísimo escritor de libros sobre liderazgo, bestsellers mundiales, especialmente Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, consultor de las grandes empresas a nivel mundial, tanto privadas como públicas, nos ofrece en su libro: El 8 hábito – De la efectividad a la grandeza, la clave para «salvar la circunstancia y salvarme yo».

El autor observa que en el mundo hay mucho dolor. Una muestra evidente de este dolor en el mundo laboral (donde transcurre un tercio de nuestra vida) es que la OMS ha reconocido el burn out, «el trabajador quemado», como enfermedad. Lamentaciones y más lamentaciones: «Estoy estresado», «Estoy frustrado y desanimado», «Todo es urgente», «No puedo cambiar nada». «Mi pareja no me comprende y mis hijos no me obedecen, en casa no estoy mejor que en el trabajo», «No gano lo suficiente para llegar a fin de mes y me veo incapaz de salir adelante» …

¿Cuál es el problema de tanto y tanto dolor? Peter Ducker, otro gran maestro del Management, afirma que para comprender el problema esencial, tenemos que ver el contexto de la historia y ésta se basa en cinco eras que se convierten, en cada una de ellas, la voz de la civilización:

ERA DESCRIPCIÓN VOZ DE LA CIVILIZACIÓN
Del cazador/recolector Cada día sale de la cabaña para buscar alimento para la familia / tribu. Supervivencia
De la agricultura familiar Cultiva la tierra, estabiliza el alimento, produce 50 veces más, tiene excedentes y gana dinero para facilitar la escolarización de los hijos. Estabilidad alimentaria, vida social, ciudades y educación.
Industrial, cosificación del trabajador Fábricas, especialización, trabajo en cadena, organización, producción 50 veces más que la era anterior. Control del proceso de fabricación. Trabajador como una pieza más del proceso.
Del trabajador del conocimiento y de la información Divulgación en masa del conocimiento y la información. Puerta de entrada a la robotización. La producción no se multiplica por 50, ni por 100, sino por 10.000.

Alta competitividad de las empresas.

La productividad sigue como eje de las organizaciones.
De la sabiduría La creatividad necesaria para competir precisa de trabajadores felices y la felicidad viene dada en el equilibrio de la persona derecha (físico, sensible y espiritual).

Se hace necesaria una cultura ontológica de las organizaciones.

Las personas quieren alcanzar unas necesidades básicas:

– aprender
– vivir
– amar
– dejar un legado

El dolor que llena nuestra existencia de lamentaciones, viene dado individualmente cuando no llegamos a andar bien derechos y nos arrastramos por el suelo, subordinados a nuestras necesidades físicas y sensoriales, dejando de lado las necesidades espirituales. Gandhi nos dice: «La felicidad aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces está en armonía».

En el ámbito de organizaciones el dolor viene provocado porque gran parte de las organizaciones no entienden que estamos en la era de la sabiduría y utilizan paradigmas de control, cosificadores de la era industrial, y fracasan. No saben, olvidan o descuidan, la máxima kantiana de no utilizar nunca a la persona como medio, sino como fin. La sabiduría es el paradigma del momento actual, Víctor Hugo dice: «No hay nada más poderoso que una idea a la cual le ha llegado su tiempo.»

Permitidme que termine el artículo con una frase de Rabindranath Tagore: «Yo dormía y soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio era la alegría.»

Pere REIXACH
Especialista en Estudios del Pensamiento y Estudios Sociales y Culturales
Publicado originalmente en RE catalán núm. 99

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