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	<title>deseos | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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		<title>La gestión del deseo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Feb 2025 05:59:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[La gestión del deseo]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></category>
		<category><![CDATA[necesidades básicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/02/la-gestion-del-deseo/">La gestión del deseo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Todo ser humano, por el hecho de ser <strong>corpóreo</strong>, tiene <strong>necesidades</strong>. Necesidades <strong>biológicas</strong> (de alimento, limpieza, cercanía física&#8230;) y también <strong>psicológicas</strong> (atención, pertenencia, cariño&#8230;). Pero si en la primera infancia esas necesidades se expresan de modo muy básico, conforme nace el lenguaje y el pensamiento surge el deseo, que tiene un componente simbólico importante.</p>
<p style="text-align: justify;">Necesitamos alimento, sí, pero no es lo mismo <strong>comer solos que acompañados</strong>, y más aún si es con las personas a las que más amamos. <strong>Deseamos</strong> estar con ellas en el <strong>momento de comer</strong> porque <strong>la comida se vuelve un símbolo</strong> de cercanía, de unidad, de afecto compartido. Es un ejemplo de cómo la <strong>necesidad</strong> se transforma en<strong> deseo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, el deseo <strong>inicia con la necesidad</strong>, pero luego puede incluso separarse de ella; hay deseos que <strong>se desconectan</strong> con una auténtica <strong>necesidad</strong>. Por ejemplo, cuando vamos al cine después de comer. Estamos<strong> satisfechos</strong>, pero en la sala compramos una buena <strong>ración de palomitas</strong>. El olor de las palomitas se asocia con la diversión, las emociones compartidas en el cine, las vivencias infantiles. No las necesitamos, pero las deseamos. El<strong> deseo es algo profundamente humano</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y todo esto qué importancia tiene? Que toda persona, camino de su adultez, debe <strong>aprender a gestionar los deseos</strong>. La constante satisfacción del deseo conlleva entrar en el <strong>circuito deseo-placer</strong>, que cuando consigue satisfacer el deseo, renace una y otra vez sin lograr una serenidad interna. Este circuito conduce fácilmente a <strong>prácticas adictivas</strong>, aunque no se trate de drogas duras. El cuerpo humano se adhiere fácilmente a los <strong>satisfactores primarios</strong> -la neurociencia lo confirma- y es frecuente que quede <strong>encadenado a ellos</strong>. El deseo por sí mismo no nos conduce a un<strong> desarrollo personal</strong> más armonioso, más comunitario, <strong>más libre</strong>. El deseo es un elemento clave de nuestra condición humana que <strong>no debemos negar ni aplastar</strong>, pero tampoco someternos a él de manera acrítica.</p>
<p style="text-align: justify;">Las personas que son <strong>esclavas de sus deseos</strong> terminan <strong>esclavizando también a los demás</strong>, en una dinámica egocéntrica y destructiva. En el polo opuesto, quienes ignoran y<strong> reprimen sus deseos</strong>, sufren y pueden desembocar en situaciones de <strong>desequilibrio psicológico</strong>. En ambos casos, las relaciones humanas se empobrecen, se deterioran, quedan marcadas por una mala gestión de los deseos.</p>
<figure id="attachment_23364" aria-describedby="caption-attachment-23364" style="width: 445px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-23364" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-300x200.jpg" alt="" width="445" height="296" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 445px) 100vw, 445px" /></a><figcaption id="caption-attachment-23364" class="wp-caption-text"><em>Es necesario conocer los propios deseos           Foto Pexels en Pixabay</em></figcaption></figure>
<h3 style="text-align: justify;">Mi humanidad para mi yo</h3>
<p style="text-align: justify;">En la infancia, eso que llamamos «educación» debería ayudar a los pequeños a detectar cuáles son sus deseos, y ayudarles a gestionarlos con realismo. Deben <strong>aprender a conocerse</strong>, también en lo que les atrae, sabiendo qué deseos pueden ser satisfechos y cuáles no -porque producen daño, o riesgos, o perjudican a otros-. Es necesario conocer y gestionar los propios deseos para <strong>convivir sana y libremente</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha extendido en muchos ambientes educativos la creencia de que no deben ponerse límites al deseo del niño o niña, sino satisfacerlos «a demanda». Pero esta práctica les da la<strong> falsa sensación</strong> de que sus deseos serán y deberán ser <strong>siempre satisfechos</strong>. No aprenden a gestionar los momentos, las ocasiones y la medida en que esos deseos pueden satisfacerse.  Lejos de generar una mayor seguridad en ellos, se les convierte fácilmente en<strong> tiranos inseguros</strong>. Su «yo» está a remolque de una serie de <strong>pulsiones que no controlan</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y cómo se les enseña entonces a conocer y gestionar los deseos? Pues apoyando la maduración de su «yo», esa<strong> instancia</strong> que surge en todo ser humano como<strong> árbitro</strong> entre lo que se siente por dentro y lo que sucede fuera de él o ella. El yo puede ser fortalecido acompañando la <strong>toma de pequeñas decisiones</strong>, enseñándole a <strong>posponer la satisfacción</strong>, eligiendo los satisfactores que <strong>no dañan a uno mismo ni a los demás</strong>&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Es humano tiene necesidades y deseos, pero la humanidad de cada uno tiene quien dirija la pequeña barca que es el individuo. Ese <strong>«yo»</strong>, incluso con sus límites, puede plantearse <strong>propósitos más amplios</strong> y conducir esa humanidad a una <strong>mayor madurez</strong>, a unas relaciones humanas saneadas y gratificantes. No es el yo para su humanidad, sino<strong> su humanidad para su yo</strong>.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, febrero 2025</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/02/la-gestion-del-deseo/">La gestión del deseo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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