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	<title>Julio Lozano Lorenzo | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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		<title>Daniel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Oct 2017 04:59:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Julio LOZANO</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/10/daniel/">Daniel</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Desde niño fue muy callejero, inquieto como si tuviera que encontrar algo que no sabía bien qué era. Siendo adolescente, se topó con un muro demoledor y turbio: la droga, diluyéndose con ella 20 largos años. No había nada ni nadie más… Vivía solo para ella. Una vida desahuciada, entre engaños y robos que, atrapada, muy pronto compartió abrigo con otros muros adyacentes: la prisión. “Hice cosas que me faltarían vidas para compensar el daño que causé”.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día, en el patio de la cárcel, se le acercó el capellán. Daniel, acostumbrado a evadirse de las situaciones, le espetó: “A mí Dios me ha abandonado”. “¡No, has sido tú!”, le contestó con dulzura y rotundo el capellán. Esa frase, y la venida de su madre a visitarle desde su lejano pueblo, provocaron en él un rechazo inusitado a las drogas, que no había dejado de consumir ni en el <i>talego</i>. A partir de ese día comenzó el arduo pero hermoso camino hacia la libertad.</p>
<figure id="attachment_2644" aria-describedby="caption-attachment-2644" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/freedom-1886402_1920.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-bd-medium wp-image-2644" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/freedom-1886402_1920-310x165.jpg" alt="Ser libre, por fin" width="310" height="165" /></a><figcaption id="caption-attachment-2644" class="wp-caption-text">Inició el arduo camino hacia la libertad</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Al finalizar su condena y regresar a su pueblo, lo primero que hizo fue buscar a José, uno que había sido bueno con él… José estaba empleado por el Ayuntamiento en el servicio de recogida de basuras, ocupación que ejercía con gran dignidad. Daniel quería ser rescatado; le horrorizaba volver a ser engullido por un vacío frustrante, estéril. José fue un padre que abrazaba con sus grandes y robustas manos a Daniel, sacándole de su soledad, mirándole siempre con sonrisa amical. Evidenció y posibilitó a Daniel poder entrar en un mundo nuevo, material y espiritual. Y Daniel se dejó mirar y acompañar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pudo así también, en libertad, encontrar los ojos amorosos de Gema. Amándola y dejándose amar. Gema sonreía siempre; era espontánea, sencilla como una niña… y gran fumadora. De ella aprendió que es más fácil hacer el bien  que el mal; y que si cae, se puede levantar quien no está solo… ¡Novedad revolucionaria para Daniel!</p>
<p style="text-align: justify;">Casi a diario, iba a comer a la casa de José, siendo querido como uno más de la familia. También le animó a que fuera a acompañar y a ayudar en una residencia de enfermos de sida… Y Daniel se entregó en esa tarea. Empatizaba con todos: él también padecía sida.</p>
<p style="text-align: justify;">José era un hombre robusto y también de fe recia, “sin aditivos ni conservantes” (le decía yo bromeando). Un día de 1992, Daniel fue de la mano de José a participar en un <i>cursillo de cristiandad</i>. Yo también estaba allí. Y constató que a pesar de sus errores y fragilidades, solo merecía la pena vivir amando. ¡Y bien que lo testimonió!</p>
<p style="text-align: justify;">Años más tarde, José y yo visitamos en el hospital a Daniel: el sida batallaba consiguiendo una recaída grave. Daniel apenas podía hablar… pero su demacrado rostro agradeció nuestras manos acariciando las suyas, entre goteros. Lo superó; volvieron las recaídas y las recuperaciones… Se considera muy afortunado. Durante esa década, frecuentemente morían en ese hospital enfermos de VIH. Daniel sigue vivo hoy. Y sigue sin haber tratamiento que elimine esa pandemia, pero Daniel llegó a recibir la terapia antirretrovial, que mejoró su calidad de vida. “Por ahora, solo he llegado a poner un pie en el cementerio”, nos decía alegremente.</p>
<p style="text-align: justify;">Gema, sin embargo, falleció hace dos años. En su pensamiento cándido estaba querer a Daniel <i>sin humillarle</i>… Quedando contagiada. Antes que Gema, José también había fallecido; el diagnóstico nunca estuvo claro del todo. Daniel sufrió mucho sus ausencias; ahora los revive en su corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">No hace mucho, me encontré en el mismo hospital a Daniel con su madre. La acompañaba al médico. Vi la mirada tierna, la cara de satisfacción de la anciana&#8230; Daniel la llevaba del brazo; ella también a él. ¡Cuánta belleza acumulada en la fragilidad!</p>
<p><em>Julio LOZANO LORENZO<br />
</em><em>Sacerdote y capellán de hospital<br />
</em><em>Cádiz (España)<br />
</em><em>Octubre 2017</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/10/daniel/">Daniel</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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