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	<title>prudencia | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>prudencia | Revista RE Castellano</title>
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		<title>La sabiduría compartida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 04:57:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Jordi CRAVEN-BARTLE</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/la-sabiduria-compartida/">La sabiduría compartida</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><em>Del latín, </em>sapientia<em>, comportamiento racional que dirige el pensamiento<br />
en todos los ámbitos del conocer y el actuar.<br />
</em><em>Del griego, </em>sofos<em>, inteligencia, conocimiento.<br />
</em>Filo-sofos<em>, anhelo de sabiduría</em></p>
<p style="text-align: justify;">La condición del anhelo de sabiduría es tan inmanente al ser humano que nos caracteriza como especie: <em>Homo Sapiens. </em>Capaz de aprender, hablar, utilizar formas complejas de comunicación mediante sonidos y signos, desarrollar habilidades y herramientas, entender conceptos abstractos y organizarse socialmente y, el hecho primordial, enviar todo lo que una generación ha aprendido a la siguiente generación.</p>
<figure id="attachment_15527" aria-describedby="caption-attachment-15527" style="width: 370px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/hombre-en-biblioteca.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-15527" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/hombre-en-biblioteca-300x209.jpg" alt="" width="370" height="257" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/hombre-en-biblioteca-300x209.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/hombre-en-biblioteca-1024x712.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/hombre-en-biblioteca.jpg 1280w" sizes="(max-width: 370px) 100vw, 370px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15527" class="wp-caption-text">«¿Será sabio el hombre encerrado en una biblioteca aprendiendo <br />todo el conocimiento que ha conseguido la humanidad?»<br />Imagen de wal_172619 en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Aunque la especie humana apareció hace un millón y medio de años, los vestigios más antiguos del<em> Homo Sapiens</em>, encontrados en Marruecos, sólo tienen 300.000 años y los del<em> Homo Sapiens </em>con habilidades manuales, encontrados en Sudáfrica, tienen 165.000 años de antigüedad. El<em> Homo Neanderthalensis </em>se extinguió hace 28.000 años. Esto quiere decir, por un lado, que durante casi 275.000 años compartieron la existencia ambos tipos de hombres y, por el otro, que la diferencia entre ambos arraiga en la condición de <em>sapiens </em>que tenía el uno y el otro no. Pensando que ambos eran humanos y que podían haber llegado a compartir conocimientos, al<em> Homo Sapiens</em> se le duplicó el adjetivo: <em>Homo Sapiens Sapiens, </em>pero los actuales estudios filogenéticos han descartado el nexo y por eso hoy no hay que duplicar el adjetivo.</p>
<p style="text-align: justify;">Compartimos con los homínidos los instintos y las emociones en la base de nuestro encéfalo, el <em>paleoencéfalo, </em>pero nos hacía falta algo más para conseguir el conocimiento y enviarlo: el <em>neoencéfalo</em>, el lóbulo frontal, característica fundamental y única del <em>Homo Sapiens</em> que permite la memoria autoconsciente, es decir, el <strong><em>pensamiento</em></strong>. Entre ambos, las emociones y los conocimientos aparecen las <strong><em>creencias </em></strong>que comparten la emoción y la búsqueda de racionalidad, limitada ésta por la indemostrabilidad de la trascendencia. Con estos tres fundamentos, las emociones, las creencias y los conocimientos se perfila la <strong>conducta</strong> humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde Pitágoras sabemos que el conocimiento que puede conseguir el<em> Homo Sapiens </em>es tan limitado, que la sabiduría absoluta resulta imposible y la convertimos en atributo divino. Nosotros nos limitamos al anhelo de conocimiento, la <em>filo-sofía, </em>que no solo es atributo humano, sino también virtud. ¿Este anhelo es una acumulación enciclopédica de saber para saber? ¿Será sabio el hombre encerrado en una biblioteca aprendiendo todo el conocimiento que ha conseguido la humanidad? Aristóteles responde a la<em> Ética de Nicómaco: </em>«La sabiduría memorística individual por ella sola es estéril si no afecta a la conducta, filtrando las emociones y las creencias por los conocimientos racionalmente aprendidos». Es tan importante este aspecto de la sabiduría, que Aristóteles le da una palabra diferenciada: <strong><em>la prudencia</em></strong><em>, </em>referida a la conducta moral regulada por la sabiduría, con el buen juicio del discernimiento de la verdad, de lo que es bueno y de lo que es malo, lo que decimos sencillamente su reflexión con <strong>sentido común</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Para muchas religiones la sabiduría es un atributo de la divinidad y para algunos la sabiduría se consigue con una especie de iluminación divina. Sin duda las referencias bíblicas a la sabiduría son múltiples y constantes. Pero estas connotaciones pertenecen al mundo de las creencias y ahora hablamos a un nivel mucho más llano, el de los <strong>conocimientos</strong>, para apoyar la idea de que todos los seres humanos tenemos un anhelo de conocimiento nuestras emociones y conocimiento que deseamos <strong>compartir</strong> y que modula nuestra conducta para poderle dar la riqueza moral de la que nos habló Aristóteles: la prudencia.</p>
<figure id="attachment_15525" aria-describedby="caption-attachment-15525" style="width: 370px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-15525" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria-300x199.jpg" alt="" width="370" height="246" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria-300x199.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria-1024x681.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/compartir-sabiduria.jpg 1280w" sizes="(max-width: 370px) 100vw, 370px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15525" class="wp-caption-text">«Así es como brota el amor en la humanidad que demuestra<br />este tipo de sabiduría que, por encima de celos, engaños,<br />avaricias y guerras, queremos compartir con nuestros hermanos.»<br />Imagen de Camilo Contreras en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Raimon Panikkar, filósofo y teólogo catalán (hermano de Salvador), de padre hindú y madre catalana, fue entrevistado por Margarita Rivière en su libro <em>El silencio de Buddha </em>(1996). En este libro recuerda que el sabio es el contrario del &#8216;sabido&#8217;, es una persona consecuente con ella misma, con su entorno y con sus creencias, las tres dimensiones de las que antes hablábamos. Preocupado por la crisis del progreso decía: «Cuántas más cosas creemos saber, menos sabemos. Acumulamos resúmenes de todos los conocimientos que nos llevan en una dirección completamente falsa. La solución no es &#8216;sálvese quien pueda y yo el primero&#8217;<em>. </em><strong>La única solución es realizarnos personalmente como seres humanos</strong>. No me preocupa la toma de decisiones, pero aquí radica <strong>si nos mueve el egoísmo o el amor</strong><em>. </em>Yo solo sé cuál será mi próximo paso, pero sé que lo tengo que vivir como si fuera el último»<em>. </em>Vale la pena hacer una búsqueda en Internet para ver el vídeo de YouTube de Raimon Panikkar: <em>¡Saber vivir, saber morir!</em></p>
<p style="text-align: justify;">En un tiempo que el conocimiento y la técnica evolucionan tan deprisa que cuesta incluso de entender. El mundo de los hechos de lo que pasa cada día en nuestro entorno nos deja a veces boquiabiertos, sin saber mucho qué pensar de todo, como embobados ante el remolino tormentoso. Es el mundo de los hechos que está pasando por delante del mundo de los valores. En este momento la sabiduría prudente nos obliga a la reflexión serena que nos ayude a construir la paz interior buscando equilibrio entre nuestras emociones, nuestros instintos, nuestras creencias y nuestros conocimientos. Y cuando podamos percibir una lucecita, como una estrella del firmamento, que nos señala los valores que deben guiar nuestra vida e incluso nuestra muerte, en ese momento percibiremos que <strong>compartimos con nuestros hermanos en la existencia el gozo de la vida</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Así es como brota el amor en la humanidad que demuestra este tipo de sabiduría que, por encima de celos, engaños, avaricias y guerras, queremos compartir con nuestros hermanos.</p>
<p><em>Jordi CRAVEN-BARTLE<br />
</em><em>Oncólogo. Director Científico de Genesis Care Corachán<br />
Barcelona, España<br />
</em><em>Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 116, edición catalana</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/la-sabiduria-compartida/">La sabiduría compartida</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La fuerza de las virtudes cardinales</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/09/la-fuerza-de-las-virtudes-cardinales/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Sep 2017 04:56:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francesc TORRALBA</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/09/la-fuerza-de-las-virtudes-cardinales/">La fuerza de las virtudes cardinales</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1.  ¿Qué es, propiamente, la virtud?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Resulta imposible abordar con seriedad la naturaleza de la virtud sin referirse al <em>Libro II</em> de la <em>Ética a Nicómaco</em> de Aristóteles. Después de plantear la esencia de la felicidad, el filósofo griego se adentra en el universo de la virtud, porque parte de la tesis que la vida feliz, aspiración de todo ser humano por el mero hecho de serlo, depende del cultivo de las virtudes. No depende de nada más. Ni del poder, ni del saber, ni del tener. Solo de la virtud. Por ello investiga, a fondo, la esencia de la virtud, las grandes virtudes y el modo de transmitirlas.</p>
<figure id="attachment_2403" aria-describedby="caption-attachment-2403" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-2403 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1-1024x768.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza1.jpg 1653w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2403" class="wp-caption-text">Fotografía: Anna M. Ollé</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Todos los tratados de virtudes que a lo largo de la historia se han articulado, desde el mundo griego, pasando por el Medievo, hasta los nuevos planteamientos contemporáneos, tienen que referirse explícita o implícitamente a Aristóteles, ya sea para seguir sus pasos o, simplemente, para ir más allá de él. Tres grandes moralistas del siglo XX, Joseph Pieper, Vladimir Jankélévitch y André Comte-Sponville, se refieren a él, desde perspectivas intelectuales y posiciones ideológicas y religiosas muy distintas. La virtud no pertenece a ningún <em>credo</em>, a ninguna ideología, tampoco es patrimonio de un partido político o de una confesión religiosa. Es, en esencia, fuerza, hábito perfectivo, lo que significa que, al cultivarlo, se crece en todas las dimensiones, se vive y se goza más intensamente del tesoro de existir.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo pertinente en un artículo de estas dimensiones es recoger algunas ideas en torno a la virtud y la vida virtuosa que derivan de esta gran obra del filósofo peripatético, para estimular, en el lector, la lectura directa de esta obra clásica que, a pesar de su lejanía histórica, resulta ser una óptima filosofía práctica. El profesor Emilio Lledó, gran lector, traductor e introductor de Aristóteles, la consideraba como un libro de orientación vital.</p>
<p style="text-align: justify;">Tres ideas aristotélicas en torno a la naturaleza de la virtud que merece la pena retener:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>     Una:</em> La virtud no es una pasión, ni una facultad; sino un modo de ser. Es una perfección o excelencia de nuestro entendimiento y voluntad que regula nuestros actos, ordena nuestras pasiones y guía nuestra conducta. Las virtudes proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida buena. Y una vida buena es una vida feliz. La persona virtuosa es la que practica libremente el bien.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>     Dos:</em> La virtud es el término medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. La virtud tiene que ver con las pasiones y las acciones, en las cuales el exceso y el defecto yerran y son censurados, mientras que el término medio es elogiado y acierta; y ambas cosas son propias de la virtud.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>     Tres:</em> Existen dos clases de virtud, la dianoética y la ética. La dianoética se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por ello requiere experiencia y tiempo; la ética, en cambio, procede de la costumbre. De este hecho resulta claro que ninguna de las virtudes éticas se produce en nosotros por naturaleza, puesto que ninguna cosa que existe por naturaleza se modifica por costumbre.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de la tradición occidental, se ha considerado que las cuatro virtudes que articulan la vida feliz —las denominadas virtudes cardinales—, son la templanza, la justicia, la fortaleza y la prudencia. Estas virtudes se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos buenos y el fundamento de una existencia feliz. Disponen todas las potencias humanas para armonizarse con los otros seres del mundo, para practicar la fraternidad existencial. La virtud, pues, no es un obstáculo en el camino hacia la felicidad, sino la condición de posibilidad del mismo. La felicidad está al alcance de todo ser humano si se compromete activamente a obrar en la dirección del bien, a perfeccionar sus potencias mediante el ejercicio.</p>
<p><strong>2.  La templanza</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La templanza modera la atracción hacia los placeres y procura la moderación en el uso de los bienes materiales. Asegura el dominio de la voluntad sobre el fondo instintivo del ser humano y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien su obrar, guarda una autonomía personal y no se deja arrastrar por las pasiones.</p>
<p><strong>3.  La justicia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La justicia consiste en dar a cada cual lo que es suyo. Ser justo es practicar la imparcialidad, no dejarse arrastrar por intereses o por apetencias de orden subjetivo. La justicia es neutralidad, imparcialidad, práctica firme y voluntaria del bien. La persona justa actúa de un modo simétrico, sin ser sierva de los prejuicios o de los intereses creados. La justicia es simetría, igualdad en el trato, cálculo, mientras que el amor trasciende la justicia, porque lo da todo y no espera nada.</p>
<figure id="attachment_2405" aria-describedby="caption-attachment-2405" style="width: 380px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2405" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2-768x1024.jpg" alt="" width="380" height="507" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2-768x1024.jpg 768w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2-225x300.jpg 225w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2-600x800.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Fuerza2.jpg 1224w" sizes="auto, (max-width: 380px) 100vw, 380px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2405" class="wp-caption-text">Fotografía: Natàlia Plá</figcaption></figure>
<p><strong>4.  La fortaleza</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En sentido amplio, la fortaleza es sinónimo de firmeza de ánimo que consiste en no dejarse zarandear por graves peligros o males. En sentido estricto, es una particular firmeza de ánimo que lleva a tener tenacidad en el cumplimiento del propio deber. La fortaleza asegura, en las dificultades, la firmeza y la constancia en la práctica del bien. Reafirma la resolución de resistir las contrariedades y de superar los obstáculos que inevitablemente acarrea el existir. La virtud de la fortaleza nos hace capaces de vencer el temor—incluso a la muerte— y hacer frente a las adversidades de todo tipo. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa.</p>
<p style="text-align: justify;">La fortaleza no es sólo la capacidad para las cosas difíciles, es decir, la paciencia y la resignación, sino también el emprendimiento de las cosas arduas. Respecto a la fortaleza se da un exceso en la temeridad y un defecto en el temor. La fortaleza empuja a reprimir el temor injustificado y a moderar la debida audacia.</p>
<p style="text-align: justify;">El ser humano, para afirmar positivamente su ser en el mundo, tiene necesidad de formular grandes propósitos, como la paz, y perseguirlos con enérgica decisión, haciendo resplandecer así su propia naturaleza. No es solo la capacidad de soportar las cosas difíciles, es decir, la paciencia y la resignación, lo que expresa la virtud de la fortaleza, sino también el emprendimiento de las cosas arduas.</p>
<p><strong>5.  La prudencia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La prudencia dispone al ser humano para discernir, en toda circunstancia, el verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo. Una persona prudente medita sus palabras antes de expresarse. No se confunde con la timidez, ni con el miedo, tampoco con la doblez o la disimulación. Es considerada la <em>auriga virtutum</em>, pues conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. La persona prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud, se supera en cada circunstancia, las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.</p>
<p style="text-align: justify;">La prudencia mira a la realidad no como espectadora inactiva e indiferente, sino comprometiéndose seriamente en el crecimiento de la persona y de la comunidad. La persona prudente examina los medios a la luz del fin y en una situación concreta, juzgando cuáles son los preferibles o los que han de omitirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Un prerrequisito de la prudencia es la docilidad. Quien la posee, recurre de buena gana al consejo de los demás y desprecia como absurda la pretendida autarquía de cualquier decisión; se muestra igualmente dúctil para dejarse criticar y denota una verdadera humildad. También se precisa la solicitud, que mantiene clara la objetividad ante lo inesperado y se enfrenta con prontitud, con realismo, sin intemperancias, ante lo que pueda presentarse. Finalmente, requiere de previsión, que es la capacidad de examinar y prever si una acción será un medio válido para realizar el fin. No se puede olvidar la experiencia vivida, para poder superar el punto muerto de la incertidumbre que hay en el riesgo.</p>
<p><strong>6.  <em>Excursus</em> sobre la humildad óntica</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de que la humildad no forma parte del cuerpo de las virtudes cardinales, se puede considerar, en sentido estricto, como el fundamento de todas ellas. Como dice san Agustín, la humildad es la <em>mater virtutum</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">La humildad, esto es, la consciencia de los propios límites del ser,es la primera de todas las virtudes. Solo cuando uno se sabe falible, empieza a ejercer la prudencia. Solo cuando uno tiene plena consciencia de sus carencias, cultiva la fortaleza. Solo cuando uno se da cuenta que forma parte de un todo integrado y armónico es justo en su obrar. Finalmente, humildad es, también, la raíz de la templanza. Cuando uno sabe que puede perder el control emocional y anticipa las consecuencias que se derivan de ello, cultiva la templanza aunque solo fuere como un mecanismo de defensa.</p>
<p style="text-align: justify;">La consciencia de existir y de haber recibido el don de la existencia de otros, es el fundamento de la humildad óntica. No somos seres autopoiéticos, puesto que no nos hemos construido a nosotros mismos (el mito del <em>self made man</em>), no existimos gracias a nuestros méritos. Existimos, pero podríamos no haber existido nunca. La consciencia de la temporalidad del propio existir y de su fatal desenlace en la muerte es la corona de la humildad óntica. Quien descubre la precariedad óntica de su ser, sabe que debe cuidarlo, protegerlo, nutrirlo adecuadamente; sabe que debe evitar cualquier vicio, porque el vicio, en el sentido más genuinamente griego, es siempre una <em>hybris</em>, una desmesura, un déficit o un exceso y quien ama la existencia y desea gozar del tesoro de existir, busca la virtud, porque es el camino de una vida saludable y feliz.  Quien ama a los otros y desea su existencia, les invita también a buscar ese punto medio que es el lugar de la virtud, la garantía de una existencia feliz.</p>
<p><em>Francesc TORRALBA ROSELLÓ<br />
</em><em>Filósofo<br />
</em><em>Barcelona (España)<br />
</em><em style="line-height: 1.5;">Publicado en RE núm. 68</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/09/la-fuerza-de-las-virtudes-cardinales/">La fuerza de las virtudes cardinales</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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