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	<title>hijos | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>hijos | Revista RE Castellano</title>
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		<title>La familia y la solidaridad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Nov 2019 05:58:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[adopción]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[hermanos]]></category>
		<category><![CDATA[hermanos en la existencia]]></category>
		<category><![CDATA[hijos]]></category>
		<category><![CDATA[La familia y la solidaridad]]></category>
		<category><![CDATA[Natàlia Plá]]></category>
		<category><![CDATA[padres]]></category>
		<category><![CDATA[solidaridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Natàlia PLÁ</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/11/la-familia-y-la-solidaridad/">La familia y la solidaridad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Como en otras ocasiones, da la impresión de que el realismo existencial hurga en los cimientos de las cuestiones para dejar al descubierto algo que está en su fundamento. Así sucede con la propia familia, que queda redimensionada a la luz de la perspectiva que la evidencia aporta.</p>
<p style="text-align: justify;">Habitualmente se habla de familia para referirse a aquellas personas a las que les unen vínculos consanguíneos. Se toma esta unidad familiar como la unidad social básica, por lo que en muchos momentos de la historia se le ha otorgado un valor casi supremo: la sangre es poco menos que sagrada. Sin embargo esta apreciación pasa por alto un elemento clave: el origen de la familia está en la pareja que, precisamente, no debe mantener un vínculo consanguíneo, por lo menos no directo. O sea, que la base de la familia se encuentra en dos seres que se unen, en principio, libremente.</p>
<figure id="attachment_4812" aria-describedby="caption-attachment-4812" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/familia-solidaria.png"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-4812 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/familia-solidaria-300x251.png" alt="" width="300" height="251" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/familia-solidaria-300x251.png 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/familia-solidaria.png 498w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-4812" class="wp-caption-text">«Nuestro deber de solidaridad se extiende hacia todos<br />los existentes, hacia todos los seres que,<br />como nosotros, disfrutan el don básico de ser.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">De algún modo, éste es el argumento que subyace también a la adopción. Además de los hijos biológicos, existen los hijos que son adoptados y que pasan a formar parte del núcleo familiar a pesar de no mantener consanguinidad con éste. El derecho regula este tipo de relación que tiene su inicio en la libre decisión de una persona o una pareja para construir su núcleo familiar con base en la libertad, en lugar de la sangre. Esta experiencia puede conducirnos a reflexionar de qué modo es posible aplicar el mismo criterio de libertad a la hora de engendrar unos hijos biológicos, de forma que la libre asunción de cada ser, tal como es, prime sobre el hecho de compartir parte de la herencia genética. El tipo de vínculo apropiado para los miembros de una familia es el amor (que sólo puede ser libre), no el deber que se pretende deducir del lazo sanguíneo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si intentásemos prolongar este criterio a la relación inversa, es decir a la que va de los hijos a los padres (y con ellos a los abuelos y antepasados), coherentemente deberíamos llegar a admitir que, a pesar de que los hijos biológicos mantienen con éstos una relación iniciada con una base consanguínea, para llegar a ser plena debe asumirse desde la libertad: una libertad consistente en abrazar conscientemente esta realidad que ha sido dada para ahora establecer un tipo de relación que no subsiste en base a obligaciones, sino a la libre voluntad de la persona. Por su parte los hijos adoptados deberán hacer un doble proceso: el de aceptación de sus orígenes biológicos y el de su filiación adoptiva.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando Alfredo Rubio hablaba sobre la familia, se refería a ésta como un cilindro abierto por abajo y por arriba. Él señalaba cómo la existencia, común a todos los seres, es la verdadera raíz de todas las personas. Por la parte de abajo del cilindro familiar, todos los seres se reconocen como hermanos en la existencia. Más básico que ser hermano de sangre de otra persona, es ser hermano en la existencia de esta otra persona. Sobre esta base se desarrolla el núcleo familiar que es el entorno que parece más adecuado para la formación de la persona en sus años de crecimiento. Pero este núcleo, este <em>cilindro</em>, no se cierra en sí mismo, sino que de nuevo vuelve a abrirse por arriba. Ahí es donde nace la solidaridad entre todos los existentes. La vivencia familiar, en lugar de cerrarse sobre sí misma, lo que hace es contribuir al desarrollo de un ser humano capaz de establecer vínculos afectivos con todo ser existente, porque reconoce en él a alguien también hermano. De esta manera, la familia no es, en ningún caso, anulada. Al contrario, queda redimensionada. Del mismo modo, la solidaridad no se establece en base a una relación de clase, ni a una cercanía ideológica o religiosa, ni a una adscripción territorial o política, etc. La solidaridad se apoya en lo que es anterior a todas estas posibilidades: nuestro deber de solidaridad se extiende hacia todos los existentes, hacia todos los seres que, como nosotros, disfrutan el don básico de ser.</p>
<p><em>Natàlia PLÁ VIDAL</em><br />
<em>Licenciada en Filosofía</em><br />
<em>Publicado originalmente en RE 60</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/11/la-familia-y-la-solidaridad/">La familia y la solidaridad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Morir, algo humano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elena Giménez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Nov 2018 06:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Rubio]]></category>
		<category><![CDATA[Dar vida a pesar de todo]]></category>
		<category><![CDATA[existir]]></category>
		<category><![CDATA[hijos]]></category>
		<category><![CDATA[Morir algo humano]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Muchos temen la muerte. Querrían no tener que morir. Sin embargo, viven normalmente...</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/11/morir-algo-humano/">Morir, algo humano</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_3829" aria-describedby="caption-attachment-3829" style="width: 327px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/foto-cementiri.jpg"><img decoding="async" class=" wp-image-3829" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/foto-cementiri-300x291.jpg" alt="" width="327" height="317" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/foto-cementiri-300x291.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/foto-cementiri.jpg 477w" sizes="(max-width: 327px) 100vw, 327px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3829" class="wp-caption-text">Fotografia: Elena Giménez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Noviembre, por tradición, es el mes relacionado o unido, para muchos, a la muerte. Es a principios de este mes cuando, mayoritariamente, se visita y se ofrendan flores a los difuntos, como manifestación pública del íntimo recuerdo de nuestros seres queridos que han fallecido recientemente o ya hace años.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es en este contexto, que he recordado el tratamiento del tema de la muerte en un monográfico de la revista RE: “Morir, algo humano”. Quiero compartir, como editorial, el siguiente texto, y hacerlo también en memoria de su autor, fundador y promotor de la revista.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>Dar vida a pesar de todo</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">Muchos temen la muerte. Querrían no tener que morir. Sin embargo viven normalmente. Trabajan y se casan. Tienen hijos.</p>
<p style="text-align: justify;">Me parece eso, una contradicción. Si temen y no querrían morir, ¿cómo se atreven a engendrar un niño que al darle vida, se la dan inevitablemente mortal? Imposible creer que sea una secreta venganza, tan injusta por otra parte: ya que me engendraron a mí, yo engendro a otros para que pasen la misma angustia que yo. Esto, además, contradiría el verdadero amor y ternura que los padres sienten por sus hijos. Más cierto debe ser lo contrario. A pesar de tener que morir, uno ama tanto la existencia que, por encima de todo, se desea ilusionadamente poder transmitirla a otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Alguien podrá objetar: los hijos se tienen por la fuerza del instinto, como ocurre en todos los animales. Me parece que decir esto, es reducir el problema. El ser humano, en efecto, es un animal pero racional y consciente. Es consciente hasta de sus instintos y los suficientemente libre para controlarlos, sobre todo cuando se trata de una cosa tan tremenda como es dar la muerte a seres que, por otro lado, son los que más se aman: los hijos de nuestras entrañas. También el ser humano es lo suficientemente inteligente para compaginar su instinto de placer gratificante con una permanente no concepción si así quisiera. Por lo tanto, si tienen hijos, es porque se les quiere tener -explícita o implícitamente- y se les desea.</p>
<p style="text-align: justify;">Podría argüirse: el hombre a veces es tan egoísta, que puede desear los hijos sólo para tener unos muñecos con que jugar mejor; o para satisfacer este poder cuasi divino, de crear nuevos seres; o tener quienes nos puedan ser útiles el día de mañana para colaborar en el trabajo o ganar dinero; o bien para acompañarnos y ser atendidos en nuestra vejez. O poder transmitir a alguien nuestros blasones o el futuro de nuestros afanes presente y que no se pierda en el vacío, lo que con tanto esfuerzo y a veces sacrificio habíamos atesorado.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todas estas suposiciones, para una persona de corazón normal, no serían razones válidas -ni aún todas juntas- para transmitir la muerte a unos seres que, presuponemos, vamos a querer con todas nuestras energías.</p>
<p style="text-align: justify;">Las reflexiones anteriores pueden servir de editorial a este número de RE “hablar” de algo tan humano como es la muerte. Porque morir quiere decir que existo; que me ha tocado la gran lotería de ser cuando podía no haber existido nunca. En este mundo sólo no muere los que no existen.</p>
<p style="text-align: left;"><em>Alfredo RUBIO, RE 2ª etapa. Número 8</em></p>
<figure id="attachment_3831" aria-describedby="caption-attachment-3831" style="width: 403px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/Ocaso.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-3831 " src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/Ocaso-300x289.jpg" alt="" width="403" height="388" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/Ocaso-300x289.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/11/Ocaso.jpg 419w" sizes="(max-width: 403px) 100vw, 403px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3831" class="wp-caption-text">Fotografía: Alberto Jiménez</figcaption></figure>
<p>¿Por qué será que el ocaso<br />
aún es más esplendoroso<br />
que el sutil amanecer?</p>
<p>El Sol, de su alta carrera<br />
llega a su meta, triunfante<br />
antes de anochecer.</p>
<p>Y el Sol quedar reposando.<br />
Es la Tierra la que gira<br />
suavemente hacia la noche.</p>
<p>El Sol brilla como siempre.<br />
Los rojos, verdes y rosas<br />
que brotan del horizonte,</p>
<p>son el aplauso en éxtasis<br />
de las nubes y del aire<br />
y de la mar hecha espejo.</p>
<p>¡Oh, que lienzos de pinturas<br />
cada día nos regala<br />
este cambiante museo!</p>
<p>Uno muere como el Sol:<br />
el trofeo arrebatando<br />
del haber cursado la vida,</p>
<p>y deja estelas de luz,<br />
…Son los demás los que siguen<br />
de nuevo, gira que gira.</p>
<p>(¡Sea de paz, el ocaso<br />
de mi vida!)</p>
<p><em>A. RUBIO</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2></h2><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/11/morir-algo-humano/">Morir, algo humano</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La libertad no se da, se reconoce</title>
		<link>https://www.revistare.com/2018/08/3475/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Aug 2018 04:59:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[hijos]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[responsabilidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/08/3475/">La libertad no se da, se reconoce</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Muchas familias piensan que deberían «dar» o «conceder» libertad a sus hijos cuando van siendo mayorcitos. Pero es necesario recordar que la libertad no se «da», sino que simplemente se reconoce. Cada ser humano, por el hecho de serlo, tiene en su naturaleza la condición de ser libre. Claro que no se nace habiendo desarrollado la libertad, como no se nace habiendo desarrollado la inteligencia o el cuerpo. La infancia es precisamente el período necesario para terminar de formarse como persona autónoma. Toda la educación, el cariño y los cuidados familiares deben orientarse a que los pequeños desarrollen sus capacidades, su corporeidad, su personalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero por ello mismo es importante recordar que no es que los padres, llegado un momento determinado, “den” libertad a los hijos, sino que, conocedores y amadores de los hijos, observan con cuidado cómo crece y se desarrolla la libertad en ellos. Y la estimulan, la potencian si les ayudan a que vayan aprendiendo a tomar decisiones.</p>
<p style="text-align: justify;">Sucede del mismo modo a como ocurre con su cuerpo y su inteligencia. Los padres no dan la inteligencia a sus hijos, que la tienen naturalmente. Lo que hacen los padres es reconocerla y cultivarla si son buenos educadores. Del mismo modo debería de ocurrir con la libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que pasa es que la libertad de los hijos a veces es dura de asumir; el que elijan sin ellos inquieta y desasosiega a muchos padres, preguntándose si sus hijos están preparados para ello, si sabrán elegir bien a sus amigos, sus modos de divertirse, sus futuras profesiones. Es natural esa inquietud. Por eso mismo es importante que durante la infancia hayan impulsado en sus hijos esa capacidad de decidir; hay que confiar en ellos. Y recordar que tomar decisiones es la «gimnasia» de la libertad.</p>
<figure id="attachment_3476" aria-describedby="caption-attachment-3476" style="width: 1890px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-3476" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da.png" alt="Decido caminar" width="1890" height="1344" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da.png 1890w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da-300x213.png 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da-1024x728.png 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/08/Libertad-se-reconoce-no-se-da-600x427.png 600w" sizes="auto, (max-width: 1890px) 100vw, 1890px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3476" class="wp-caption-text">Las decisiones son la «gimnasia» de la libertad</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Quizá habría que plantearse qué estamos entendiendo por libertad. No sólo se trata de una libertad para elegir entre esto y aquello. La libertad supone ejercerla, decidir algo y responsabilizarse. De uno mismo y de las opciones que va tomando. De modo que la libertad no es un concepto en el aire, no es algo abstracto. La libertad supone, en cierto modo, un compromiso. No es libre quien no decide. Mucha gente confunde la libertad con la potencia de libertad, es decir, el poder de elección. Prefieren permanecer sin elegir nada porque creen que si eligen una cosa ya no pueden elegir las otras y temen con esto perder la libertad. No. Libertad es responsabilizarse libremente.</p>
<p style="text-align: justify;">Un ejemplo es el de la persona soltera. No tiene pareja, y está en la potencia de elegir una u otra. Pero solamente cuando libremente se elige a una es cuando ejerce, actualiza su libertad. Se es libre en el compromiso adquirido. Permanecer en el estado anterior  si en el fondo se desea una pareja, sólo por el temor de equivocarse, hace a la persona prisionera, esclava de la indecisión, de la cobardía (para adquirir un compromiso) o de un egoísmo estéril, de una soltería en el fondo no deseada.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué importante es reconocer que la libertad no se da a los hijos, sino que se reconoce! Por eso es necesario formarles para que la desarrollen y asuman progresivamente. No basta formar la inteligencia de los hijos; no puede haber inteligencia sin libertad, ni libertad sin inteligencia. Ambas capacidades, junto con la de amar a otros, florecerán naturalmente en los niños y niñas si se les permite desplegar lo que son.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN M.<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>La Herradura (Granada)<br />
</em><em>Agosto 2018</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/08/3475/">La libertad no se da, se reconoce</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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