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	<title>limitación humana | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>limitación humana | Revista RE Castellano</title>
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		<title>Muerta la amistad&#8230;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Oct 2017 04:57:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Natàlia PLÁ</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/10/muerta-la-amistad/">Muerta la amistad…</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La vida humana es limitada; nuestro cuerpo comienza a ser en un momento dado y termina en otro. Nacemos, vivimos y morimos. Es un ciclo que se repite en cada ser que se abre a la existencia. Y todo lo humano queda marcado por ese carácter contingente y limitado.</p>
<p style="text-align: justify;">No parece que pueda vivirse sin sentir algo de amor en alguna de sus expresiones. Difícilmente se lleva adelante la vida con toda su complejidad si no se cuenta con cierta experiencia de amistad al menos en algunos momentos, en uno u otro grado o expresión. Pero la amistad es una relación viva y, como hemos dicho, por ser humana, es una relación limitada. Puede enfermarse —pasar una mala racha—; puede sufrir una metamorfosis —ir a más o ir a menos—; incluso, desgraciadamente, puede morir.</p>
<p style="text-align: justify;">Si no hay relación, no creo que pueda hablarse con propiedad de amistad, pues esta es eminentemente eso: relación. Esta no implica necesariamente cotidianidad. Ni la distancia física ni la temporal son obstáculo para la amistad. Ambas suponen una adaptación de lenguajes, de formas, de hábitos, etc., pero no son impedimentos para que podamos hablar de vida amical. Lo que sí lo impide es la ausencia de relación consciente y deliberada. Tal vez esas personas desearían seguir estando cerca una de otra, pero se sienten incapaces; algo se quebró. Cuando los amigos ya no pueden relacionarse por ninguno de los vehículos posibles, seguramente dejamos de poder hablar de amistad entre ellos. Y entonces, muerta la amistad, ¿queda algo?</p>
<figure id="attachment_2729" aria-describedby="caption-attachment-2729" style="width: 340px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-2729" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j-300x225.jpg" alt="" width="340" height="255" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j-1024x768.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/10/flor-alberto-j.jpg 2048w" sizes="(max-width: 340px) 100vw, 340px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2729" class="wp-caption-text">Fotografía: Alberto Jiménez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Donde ha habido amor, no queda la nada. Se me hace imposible. De la vida se desprende vida, en cualquiera de sus manifestaciones. Así que, muerta la amistad, puede quedar el amor. Me temo que también podemos hallar odio tras esa <em>muerte</em>, pero siendo este un sentimiento destructivo, mejor intentar luchar contra él, hasta por una cuestión de «ecología emocional», como algunos especialistas indican actualmente.</p>
<p style="text-align: justify;">La contrapartida posible es resguardar un amor que, aunque no entra en diálogo de palabras ni de gestos, sí es un amor latente en un espacio recóndito del corazón. En último término, seguramente esta sería la prueba de que lo que hubo fue realmente amistad, amistad verdadera. Donde se ha amado queda algo de amor; de otro tipo, ciertamente, pero queda un rescoldo de amor: quién sabe si algún día se pueda avivar&#8230;</p>
<p><em>Natàlia PLÁ VIDAL<br />
</em><em>Asesora y acompañante filosófica<br />
</em><em>Barcelona<br />
</em><em>Publicado en RE 67</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/10/muerta-la-amistad/">Muerta la amistad…</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title></title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/04/1915/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Apr 2017 05:00:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
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		<category><![CDATA[calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[limitación humana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tiempos y espacios reales, en que paladear, decantar, reposar, madurar, orientar la vida.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_1958" aria-describedby="caption-attachment-1958" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-1958 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-300x290.jpg" alt="resituarnos" width="300" height="290" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-300x290.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-1024x990.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-600x580.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4.jpg 1648w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-1958" class="wp-caption-text">Diseño: Luis Felipe Rivera Lezama</figcaption></figure>
<p><strong>Resituarnos: tiempos y espacios reales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Son frecuentes las voces que se lamentan por cuestiones relacionadas con el espacio y el tiempo. Seguramente, en ciertas ocasiones, también las nuestras —colaboradores y lectores de RE— se cuentan entre ellas. Aun a riesgo de generalizar en demasía, las relativas al tiempo, qué duda cabe que se centran en la angustia por sentir que nos faltan horas, la premura, el trabajo pendiente, el caos de nuestras agendas, el final de la vida… Por su parte, las relativas al espacio oscilan entre la dificultad de acceder a un espacio propio por la carestía de la vivienda y el sentimiento personal de necesidad de un espacio personal de privacidad, preservado de la injerencia de otros, o de espacios apropiados para experiencias y vivencias humanas concretas.</p>
<p style="text-align: justify;">Vivimos en espacio y tiempo, pero no debemos confundirnos: no son iguales. El espacio es algo que «está ahí», es el mismo; lo tenemos todo a la vez y nos queda irlo administrando, distribuyendo, etc. En cambio, hablando de una misma dimensión de tiempo, distintas personas se refieren a diversas cantidades de tiempo; además, el tiempo no lo tenemos todo a la vez, sino que se va dando. Hay palabras que pueden llevarnos a engaño. Por ejemplo, utilizamos «d-espacio» para hablar de algo temporal. Es inadecuado transponer los criterios del espacio al tiempo, y viceversa.</p>
<p style="text-align: justify;">El manejo con holgura de tiempos y espacios, es una —casi— paradójica respuesta efectiva a tantos quebraderos de cabeza provocados por la supuesta escasez. Se trata de señorear ambas cosas, es decir, de manejarlas con elegancia, de vivirlas con libertad. No necesitamos la absolutez ni del uno ni del otro. Con un tiempo limitado y un espacio concreto podemos, en realidad, actuar mucho más congruentemente. La mayor parte de nuestros problemas derivan de la disociación entre nuestro ser limitado y nuestro comportamiento como si no lo fuéramos. Ahí se produce el cortocircuito.</p>
<p style="text-align: justify;">Es urgente que hagamos una inversión que, sin ninguna duda, nos aportará valiosos beneficios. En lo primero que tenemos que invertir es en tiempos y espacios en los que paladear, decantar, reposar, madurar, orientar nuestra vida. Cuando un caballo va desbocado, galopando a toda prisa en una dirección, en realidad no sabe adónde va. Su jinete no puede hacer otra cosa que intentar mantenerse en la silla sin caerse. ¡Qué diferente del trote placentero que permite disfrutar el camino, alternando los distintos andares según convenga y se desee! Quien quiere vivir el futuro, pasa la vida galopando. Y no. Hay que saber vivir la alegría de vivir la vida. Entonces el tiempo dura todo su tiempo; es como si este pasara por el alma, deslizándose, dejándose saborear y convirtiéndose en base de felicidad. Quien así sabe vivir, detecta cuándo es realmente preciso actuar deprisa.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo así es lo que experimentan tantos caminantes que recorren sendas por todo el mundo. Esos peregrinos saben que ese no es un trozo de vida más, un segmento de tiempo igual que los otros, no. Es un tiempo, una vida, unas acciones, relaciones, incluso unos espacios que son significativos. Quien decide salir a <em>hacer camino</em>, separa un tiempo y elige un espacio para ese menester. Este ámbito personal es tan fundamental para la construcción y armonía del propio ser que verse privado de ello es como si nos faltara el aire para respirar o el agua para nuestra sed. Su falta provoca un resentimiento más o menos consciente o explícito contra quienes nos privan de algo tan vital. Los hogares, así como las escuelas, universidades y los mismos lugares de trabajo, deberían contemplar en sus instalaciones la existencia de lugares apropiados para esos momentos de soledad y silencio personales. Unos deben respetar a otros ese tiempo y ese espacio cuyos beneficios redundarán en bien de todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso fracasan tantos matrimonios. Por eso se corrompen tanto las relaciones de padres y de hijos, así como entre hermanos, o amigos cuando conviven: no se respetan mutuamente en este punto. La maduración de un ser humano es lenta, por eso conviene proveer de espacios para su crecimiento cuanto antes. Son los ámbitos apropiados para la creatividad y el desarrollo de la libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda inversión, tan o más atrevida, si cabe, es la dirigida a fomentar los tiempos y espacios de fiesta, de fiesta de verdad. Tenemos derecho —y hasta deber— a tener un espacio-tiempo diario para el goce en su expresión más pura, para el afecto. Como reza aquella canción, «para la ternura siempre hay tiempo». Hay que ofrecer y dedicar espacios y tiempos para que la gente prepare a su gusto cada fiesta pues en la preparación comienza ya la fiesta si se quiere que esta resulte viva y auténtica. Si de la inversión anterior ganamos madurez y orientación, de esta obtenemos energía a mansalva.</p>
<p style="text-align: justify;">La prudencia, aunque parezca sorprendente, es la que nos aconseja que aumentemos nuestros fondos de inversión en estos aspectos. Por lo pronto, porque parece que nuestro capital se está quedando en número rojos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>RE n. 65, Julio 2007</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/04/1915/"></a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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