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	<title>María BORI | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
	<lastBuildDate>Sun, 09 Mar 2025 12:05:43 +0000</lastBuildDate>
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	<title>María BORI | Revista RE Castellano</title>
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		<title>Somos cosmos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Mar 2025 05:58:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[ajardinar sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Javier BUSTAMANTE</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/03/somos-cosmos/">Somos cosmos</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_22404" aria-describedby="caption-attachment-22404" style="width: 400px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/people-7330056_1280.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-22404" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/people-7330056_1280-300x195.jpg" alt="" width="400" height="261" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/people-7330056_1280-300x195.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/people-7330056_1280-1024x667.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/people-7330056_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a><figcaption id="caption-attachment-22404" class="wp-caption-text">«Ajardinar la sociedad tiene que ver con propiciar condiciones de<br />reconocimiento a la diversidad como un valor que aporta sinergia y<br />nutrientes al crecimiento colectivo.» Imagen de Mircea Iancu en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Una cosmovisión es una visión del cosmos, del universo. No hay una sola cosmovisión, sino tantas como colectivos humanos que comparten una manera de estar en el mundo. Incluso tantas como personas, porque cada uno vamos viviendo y encarnando la visión del cosmos de manera singular.</p>
<p style="text-align: justify;">De todas formas, quería introducir algún matiz en este concepto. En el siglo XXI, visión del mundo es un término que podemos revitalizar, en primer lugar, eliminando la supremacía que se da, sobre todo en nuestro tiempo, al sentido de la vista. Más que una visión, podríamos hablar de una percepción que englobe todos los sentidos, físicos y espirituales. Cómo percibimos el cosmos en nuestra totalidad: cómo lo olemos, cómo lo catamos, cómo lo tocamos, cómo lo escuchamos, cómo lo contemplamos. Y también, cómo lo sentimos, cómo lo pensamos, cómo lo sufrimos, cómo lo queremos&#8230; Y, yendo más allá, debemos ser conscientes no sólo de cómo percibimos el cosmos, cómo nos afecta, sino cómo afectamos al cosmos. Cuando hablamos de visión, el sentido de la vista requiere una cierta distancia para poder enfocar lo mirado. Esta distancia separa lo que se ve y lo que se mira. Si, en cambio, incorporamos este cosmos, podemos percibir que somos este cosmos. Se establece una relación de familiaridad, interdependencia y corresponsabilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Incorporar el cosmos, sentir cosmos, elimina el sentido de la vista de su pedestal y lo integra con el resto de canales que perciben la realidad. Este matiz que propongo es sólo para intentar ampliar el concepto, no para descartarlo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Somos casa vulnerable</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante la segunda mitad del siglo XX, el teólogo y humanista Alfredo Rubio de Castarlenas (Barcelona, 1919-1996), fue acuñando y difundiendo una manera de estar en la vida que llamó Realismo Existencial. Esto se basa en la aceptación alegre de la realidad: ser conscientes de que formamos parte de este cosmos, tal como es, y que las condiciones que nos han otorgado la existencia han hecho posible que seamos como somos.</p>
<figure id="attachment_22409" aria-describedby="caption-attachment-22409" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-22409 size-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920-1024x684.jpg" alt="" width="660" height="441" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920-1024x684.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920-1536x1026.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920-1320x881.jpg 1320w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/pregnant-2568594_1920.jpg 1920w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-22409" class="wp-caption-text">«La primera casa de todo ser humano es otro ser humano, una mujer que, como primera casa, desarrolla unas experiencias –dada su condición biológica– que iluminan el ejercicio y las actitudes propias del arte de la caseidad.» Imagen de StockSnap en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La posibilidad de existencia de cada ser vivo es única, lo que nos hace irrepetibles. Desde una piedra, hasta un ser humano o un asteroide. Ser conscientes de esta singularidad nos hace valorar su dignidad y su relación insustituible en el conjunto. Es decir, yo, como todo ser, soy digno de existir y soy insustituible en mis relaciones con lo que me rodea.</p>
<p style="text-align: justify;">El Realismo Existencial pone especial énfasis en los límites de lo que existe. Determinadas condiciones han generado la existencia de un ser, pero esta existencia no es eterna ni omnipotente. La vida tiene la muerte inscrita desde su inicio y, también, determinadas capacidades o poderes limitados. Esto provoca fragilidad e interdependencia. Hay una sinergia implícita al coexistir de todos los seres. La vida es posible en el planeta y en el cosmos porque está sostenida por una red de relaciones a todos los niveles. Cualquier alteración desencadena consecuencias que afectan al conjunto.</p>
<p style="text-align: justify;">El propio doctor Rubio acuñó el neologismo <em>caseidad</em>, es decir, «el tratado de los espacios humanos habitables y todo lo que pasa» que se ha constituido en una disciplina y un arte. Maria Bori Soucheiron (Barcelona, 1964-2019), educadora catalana que vivió muchos años en Chile, dedicó gran parte de su vida a encarnar y promover esta práctica en las aulas hospitalarias. En concreto, en la entidad <em>Casabierta </em>de la <em>Corporación de Ayuda al Niño Quemado</em>, en Santiago de Chile, donde se acogen a niños y niñas que han sufrido quemaduras severas y a algún familiar durante el tiempo que dura el tratamiento. Aquí se les ofrece casa y continuidad a la escolarización. Ella trabajó para que esta atención fuera no sólo un techo físico, sino un hogar, aportando valores y haciendo cirugía, no a la piel, sino al alma y la autoestima de los niños y niñas y de sus acompañantes.</p>
<figure id="attachment_22412" aria-describedby="caption-attachment-22412" style="width: 270px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/somos-cosmos.png"><img decoding="async" class="wp-image-22412" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/somos-cosmos-202x300.png" alt="" width="270" height="400" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/somos-cosmos-202x300.png 202w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/01/somos-cosmos.png 478w" sizes="(max-width: 270px) 100vw, 270px" /></a><figcaption id="caption-attachment-22412" class="wp-caption-text">«Más que una visión, podríamos hablar de<br />una percepción que englobe todos los sentidos,<br />físicos y espirituales.»<br />Fotografía Javier Bustamante Enríquez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Quiero adentrarme en la caseidad porque me parece una aportación significativa en una nueva comprensión y vivencia del planeta y del Universo en sí. Según María Bori, en su libro <em>Estudio del neologismo caseidad </em>(Editorial Octaedro: Barcelona, 2022), su origen «nos remonta al momento en que el ser humano se empieza a asentar y progresivamente concibe el espacio donde vive como un espacio habitable y de convivencia». De este modo, «encontramos espacios habitables donde se respira calor del hogar, que nos remite a la intimidad, al reposo, al recogimiento y a la acogida».</p>
<p style="text-align: justify;">Ella reflexiona sobre el ser humano y dice que: «Para desarrollarse desde su tierna infancia, pasando por la adultez y hasta la ancianidad, necesita ser acogido por otros seres humanos a la vez que es acogedor de otros, lo que lleva a una especie de círculo o juego de acogidas. La experiencia de ser necesitado es principalmente humana y, por todo lo que hemos dicho, se relaciona directamente con la <em>caseidad</em>». También, hace referencia al útero materno como primer hábitat del ser humano y de la condición de vulnerabilidad que se deriva de nuestra especie, ya desde el nacimiento. La primera casa de todo ser humano es otro ser humano, una mujer que, como primera casa, desarrolla unas experiencias –dada su condición biológica– que iluminan el ejercicio y las actitudes propias del arte de la <em>caseidad</em>. La mujer tiene el don de ser habitable. Tanto si engendra como si no.</p>
<p style="text-align: justify;">El hábitat humano, las casas, los pueblos, las ciudades son una respuesta de la vulnerabilidad de nuestra especie. Construimos una casa para cobijarnos­ del frío, del calor, para crear intimidad, para sentirnos seguros ante otros seres de nuestra especie y de otras especies. Estos hábitats, de los que se desprenden relaciones interpersonales que pueden desembocar en distanciamiento de la naturaleza, relaciones de poder y desigualdad, necesitan ser ajardinados, es decir, repoblados de naturaleza para impedir que la vulnerabilidad natural se convierta en una vulnerabilidad instrumentalizada. En este sentido, ajardinar la sociedad tiene que ver con propiciar condiciones de reconocimiento a la diversidad como un valor que aporta sinergia y nutrientes al crecimiento colectivo.</p>
<p style="text-align: justify;">Para llegar a la conciencia de unicidad propia y diversidad necesaria y reconocer que nacemos en la vulnerabilidad, el silencio es un medio propicio. Silencio no como mutismo o inactividad, sino como apertura y escucha desde todo el ser. Silencio como actitud de permeabilidad con la realidad de la que formamos parte.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿De qué sirve saber-nos cosmos? </strong></p>
<p style="text-align: justify;">La identidad es configurante de las personas. Saber nuestro origen nos explica porqué estamos en la vida y nos ayuda a descubrir un para qué. Cada partícula que nos conforma proviene de la realidad, cada vivencia y cada recuerdo también. Estamos hechos del mismo material que nuestra &#8216;casa común&#8217;. Lesionar o descuidar cualquier ser, implica una autolesión o una dejadez hacia nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">La percepción que tenemos del cosmos ha cambiado a lo largo de los siglos. Esto nos invita a revisar la percepción que tenemos actualmente y preguntarnos en qué ideas y realidades se basa. Quizás estemos percibiendo de manera distorsionada el cosmos y eso está originando tantas incoherencias y conflictos entre seres humanos y hacia los demás seres que comparten el hábitat común.</p>
<p><em>Javier BUSTAMANTE ENRÍQUEZ<br />
</em><em>Psicólogo social<br />
</em><em>Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 119, edición catalana</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/03/somos-cosmos/">Somos cosmos</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Interculturalidad: el encuentro en nuestras diferencias</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/04/interculturalidad-el-encuentro-en-nuestras-diferencias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Apr 2024 04:58:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
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		<category><![CDATA[Interculturalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Interculturalidad: el encuentro en nuestras diferencias]]></category>
		<category><![CDATA[María BORI]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Torres Quintrel]]></category>
		<category><![CDATA[Yo soy así]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pedro TORRES</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/04/interculturalidad-el-encuentro-en-nuestras-diferencias/">Interculturalidad: el encuentro en nuestras diferencias</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_15549" aria-describedby="caption-attachment-15549" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-15549" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847-771x1024.jpg" alt="" width="660" height="877" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847-771x1024.jpg 771w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847-226x300.jpg 226w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847-1157x1536.jpg 1157w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847-1320x1753.jpg 1320w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/IMG20240218200847.jpg 1536w" sizes="auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15549" class="wp-caption-text">Fotografía: Javier Bustamante</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Una de las características humanas más evidentes, complejas y maravillosas y que en educación reiteramos casi hasta el cansancio, es nuestra condición de únicos e irrepetibles. Casi 8 mil millones de humanos, como singulares granos de arena en una inmensa playa esférica, una finita casa compartida llamada planeta Tierra, nuestro hogar. 8 mil millones de mentes, de mundos emocionales, de cuerpos haciendo lo posible por darle algún sentido a este paso breve por la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Podemos compartir una nacionalidad, una familia en común, una cultura, gustos musicales, vivencias similares, podemos ser hermanos de la misma madre y del mismo padre, ser gemelos, mellizos, vivir juntos un largo período de tiempo, y pese a todo aquello, nuestra mirada particular verá el mundo desde una esquina tan especial, cargada con emociones tan únicas, tan nuestras, que frente a un mismo hecho podemos tener versiones diametralmente opuestas. Quizá por eso nos es tan difícil establecer acuerdos, encontrar puntos medios en nuestras diferencias. Quizá ahí radique uno de nuestros temas inconclusos y pendientes como humanidad; quizá ahí, en ese misterio que cada una y uno de nosotros somos, se albergue también la magia de la existencia, en nuestra particularidad radica el valor intrínseco de cada uno de nosotros y nosotras, nuestro sello. Es, precisamente, esa distinción que nos diferencia de los demás, la que nos abre las puertas del aprendizaje. Siempre hay algo que el otro o la otra puede enseñarme, siempre hay algo que puedo enseñar dada mi particular experiencia de vida. Cuando aprendo algo de los demás, ese nuevo aprendizaje transforma mi modo de ver y de estar en el mundo, aprender es, entonces, el arte de la transformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo, en el contexto de mi proceso de formación como Coach Ontológico, una bella ponencia del maestro Julio Olalla<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, en Santiago de Chile hace algunos años. En esa oportunidad parte de su presentación buscaba hacernos reflexionar respecto de nuestro habitar la vida. Para ello, el maestro recurrió a dos eminentes filósofos presocráticos: Parménides y Heráclito.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde la perspectiva de <strong>Parménides</strong>, señalaba el maestro Olalla, nuestro habitar la vida se caracteriza por la inmutabilidad, por la ausencia de cambio. “¡<strong>Yo soy así!</strong>”, suele decir la gente siguiendo el modo de Parménides. ¡Soy así!, ¡los cambios y los nuevos aprendizajes no alteran mi modo de ver las cosas! ¡Soy más poderoso que los contextos externos que giran en mi entorno, no me muevo de mi sitio pese a los avatares de la vida, a las experiencias que a diario me nutren, no salgo, en definitiva, de mi zona de confort!</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Heráclito</strong>, conocido como el “oscuro”, postulaba la idea del permanente fluir. El mundo de la naturaleza y el de los seres humanos están sometidos a leyes dinámicas e irreversibles que apuntan a la permanente transformación. Hoy podemos aseverar, siguiendo la lógica del viejo Heráclito, que cada experiencia vivida, cada situación, anécdota, conflicto, relación con otros y otras, me nutre de nuevas formas de interpretar la realidad, de nuevas distinciones, nuevos saberes. En ese sentido, el “<strong>¡yo soy así!</strong>” de Parménides, se transforma en el “<strong>¡Yo estoy siendo así!</strong>” es decir, en una condición en tránsito, en una situación en permanente proceso de cambio. Lo vivido, lo aprendido, me transforma, me nutre de experiencia, en definitiva, de sabiduría. Esta dialéctica del “estar siendo” fue considerada posteriormente por la filosofía clásica alemana, particularmente por Heidegger a través del concepto del <em>dasein</em> y su idea de “ser en el mundo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro ser en el mundo, nuestro modo de ver y de actuar, nuestra “puesta en escena” y las relaciones que establecemos con los demás y con el mundo natural, están determinadas por las experiencias previas que hemos vivido. Nuestras experiencias se constituyen en una suerte de lente a través del cual observamos y actuamos en la realidad. Consciente o inconscientemente “teñimos” nuestras relaciones con las situaciones que nos han ocurrido y que han golpeado o estremecido nuestro mundo emocional y que determinan el universo de nuestras creencias. Una persona que ha vivido duras situaciones de dolor, se vinculará con el mundo desde la desconfianza o desde la pena, o quizá desde el resentimiento si en su búsqueda aprende a culpar a otros de su situación.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese “ser siendo” que somos, con su mundo emocional a cuestas, sus historias dolorosas, sus grandes triunfos, anhelos, esperanzas, rabias y alegrías, está obligado a interactuar con otros “seres siendo” con igual cantidad de peso en sus mochilas de vida y en esas fisuras de la comunicación, en esos miedos adquiridos a lo largo de la historia, en esas construcciones culturales que hemos adoptado como herencias de nuestro tiempo, surge la tensión respecto del otro u otra.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos identificamos con aquello que le hace sentido a nuestro sistema de creencias, con aquello conocido, con quienes compartimos determinados modos de ser y de estar. Nacemos en comunidades idiomáticas, que profesan determinadas formas de interpretar la realidad, que visten de una particular manera, con gustos culinarios definidos, con una historia compartida, con símbolos e íconos que nos dan una determinada identidad, que atomizan nuestra humanidad y la restringen a parámetros muy reducidos, como pequeños feudos de realidad. El proceso de globalización de los últimos años y las últimas oleadas inmigratorias han golpeado fuertemente en nuestra ventana, obligándonos a revisar y repensar nuestro modo de ver, nuestro ser y estar en la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Las relaciones que establecemos con los demás suelen estar mediatizadas por una suerte de espejo en el que nos reflejamos. Interactuamos con los otros y las otras, pero estamos viendo nuestra propia sombra cuando los miramos. La diferencia nos hace ruido, la diferencia es algo incómodo, algo que nos provoca inquietud, desazón, miedo y rechazo.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvemos a ver en el otro, en el diferente, al bárbaro al estilo helénico, el que no es igual que nosotros, el que no comparte nuestros principios, nuestras costumbres y, por ende, que se encuentra en desventaja respecto de nosotros. El bárbaro, entendido como el incivilizado, el inculto, el que no está a nuestra altura se comienza a transformar en un otro incómodo. Establecemos relaciones de poder completamente asimétricas respecto del otro, tanto porque es un inmigrante, porque su color de piel es distinta de la nuestra, porque su condición social no es la misma que la mía, porque su acento no es tan puro, porque sus apellidos o el lugar donde estudió lo hacen diferente a mí. El bárbaro viene a romper mi seguridad, me atemoriza, es el responsable de los delitos que a diario se cometen y en los casos más extremos, está ocupando la tierra que por derecho divino me corresponde a mí habitar, lo que justifica todo tipo de violencia que pueda aplicar contra él, incluida su aniquilación, como tristemente podemos observar en la franja de Gaza en la historia reciente, o en el proceso que significó la conquista de América en la historia pasada.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo una hermosa, aunque impactante y muy pertinente frase del célebre filósofo musulmán y nacido en Córdova, Averroes, que dice lo siguiente: “<strong>La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio y el odio lleva a la violencia. Esa es la ecuación</strong>”. Averroes se constituyó en un puente entre occidente y el mundo musulmán, dos mundos más parecidos de lo que pudiésemos pensar, pero que han transitado, a lo largo de la historia, en una permanente tensión y violencia. Su interés genuino por el saber lo llevó a convertirse en traductor de Aristóteles y en una profunda influencia para el pensamiento escolástico.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro desconocimiento del otro, colmado en la mayoría de los casos de juicios ficticios, nos impide encontrarnos. El <strong>encuentro</strong>, cuya raíz etimológica nos remite a estar frente a frente, de cara, mirándonos y entregándonos a la aventura de conocer y aprender del o de la que está frente a nosotros, es la clave para fortalecer una relación intercultural respetuosa y creadora.</p>
<p style="text-align: justify;">María Bori<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, una querida y entrañable amiga, cuya pascua recordaremos en el mes de noviembre, con su ejemplo cotidiano me enseñó que en cada persona hay belleza, una preciosa luz de genuinidad, una chispa de sacralidad, incluso en aquellas que se empecinan en negar, en esconder sus capacidades y virtudes. El regalo de María para quienes la conocimos fue el de ver en cada uno y una de nosotros algo más allá de lo evidente, más allá de la ropa con la que vestíamos, más allá de nuestros discursos, algo profundo que nos hacía especiales, únicos, irrepetibles.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada ser humano tiene un valor en sí mismo y parte de la grandeza de la vida radica, precisamente, en reconocer ese valor, esa “legitimidad del otro”, como diría el biólogo chileno Humberto Maturana<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Reconocer que todos, en nuestras particulares diferencias, somos legítimos otros, implica un profundo trabajo respecto de la aceptación de que existen diversidades, algunas de ellas ubicadas al otro lado de mi sistema de creencias, muchas de ellas reñidas con mis principios.</p>
<p style="text-align: justify;">El camino de la coexistencia entre culturas es complejo y colmado de desafíos. Hasta ahora la experiencia humana parece indicar que la senda que hemos tomado ha sido la de imponer nuestro modelo de creencias a otros pueblos a través de la violencia. Hemos legitimado nuestra visión de mundo de la manera más extrema, negando al otro y a su legitimidad. En aproximadamente 10 mil años de modelo patriarcal hemos aprendido a constituir sociedades profundamente desiguales, clasistas, racistas, arbitrarias, depredadoras de los ecosistemas, generadoras de infelicidad, basadas en modelos de competencia en los que prima la ley del más fuerte.</p>
<p style="text-align: justify;">El modelo matriarcal, que se sostuvo más de 100.000 años y que se esconde bajo el eufemístico concepto de prehistoria, fortaleció relaciones humanas basadas en la cooperación. Para muchos teóricos, incluido el mismo Maturana, ha sido la cooperación la característica humana más singular y la que nos ha permitido forjar la noción de sociedad, movilizarnos como especie, sobrevivir a las inclemencias climáticas y a las fieras depredadoras. La cooperación debiese ser un sello humano movilizador, un ámbito que aglutine a nuestras comunidades, que nos fortalezca como especie y nos haga mirar el porvenir con tranquilidad y no con la profunda desazón con la que pensamos el futuro en estos días.</p>
<p style="text-align: justify;">La competencia nos hace ver en los demás a rivales, a enemigos a quienes tenemos que vencer, controlar, dominar, como sugiere el brutal corto animado “A Brief Disagreement”<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> de Steve Cutts. Una sociedad que pierde la capacidad de comunicarse, de reflexionarse, de escucharse y caminar juntos, está condenada a su ocaso y este proceso lleva intrínseco el fenómeno de la violencia. Encontrarnos en nuestras diferencias es un camino hacia la paz y la paz, dado el actual escenario internacional, es la única alternativa que nos permitirá trascender como especie.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Pedro TORRES QUINTREL<br />
</em><em>Profesor de Educación General Básica<br />
</em><em>Académico Adjunto Universidad de las Américas (UDLA)<br />
</em><em>Pedagogo Social<br />
</em><em>Coach Ontológico<br />
</em><em>Santiago de Chile, Chile<br />
</em><em>Abril de 2024</em></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Julio Olalla es creador de Newfield Network, institución pionera en la práctica del coaching ontológico en Chile y el mundo.<br />
<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Maria Bori Soucheiron (1964 – 2019) Educadora. Directora de Gestión Educativa Casabierta COANIQUEM, Santiago de Chile<br />
<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Humberto Maturana, (1928 – 2021)“La realidad ¿objetiva o construida?. Editorial Anthropos, 1995. España<br />
<a href="applewebdata://7A4ACA0A-B517-4D6E-9C83-308091051263#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> A Brief Disagreement, “Un breve desacuerdo”. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9x7FGbW3IVc" target="_blank" rel="noopener">Disponible en el enlace.</a></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/04/interculturalidad-el-encuentro-en-nuestras-diferencias/">Interculturalidad: el encuentro en nuestras diferencias</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Caseidad encarnada</title>
		<link>https://www.revistare.com/2019/12/caseidad-encarnada/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Alegre]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Dec 2019 05:57:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Habitat / caseidad]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[Caseidad encarnada]]></category>
		<category><![CDATA[María BORI]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[regalo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Maria BORI</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/12/caseidad-encarnada/">Caseidad encarnada</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Georgia, Palatino;"><em>Hace un año, se publicaba este artículo de Maria Bori Soucheiron, una de las responsables de la sección de Hábitat/Caseidad. El pasado 13 de noviembre, María fallecía tras una rápida enfermedad que apenas dio tiempo para asumir que esa era una posibilidad real para este momento. Vivió con confianza y serenidad el proceso. Intentó cuanto estuvo de su mano porque su pasión por la vida era enorme y fue coherente con ella hasta el final. Lo vivió todo intensamente. Hasta el morir. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Georgia, Palatino;"><em>Ahora impresiona ver cómo terminaba ella este artículo hace un año: «Estas son las personas que encarnan la caseidad en su diario vivir tan vitalmente que incluso después de la muerte se percibe su acogedora presencia.» </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt; font-family: Georgia, Palatino;"><em>Este es ahora el consuelo de quienes la extrañamos: que podemos percibir su acogedora presencia; también en esta sección tan querida y cuidada por ella. </em><em>Gracias por haber hecho de la caseidad, uno de los ejes de tu vida, Maria. </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<figure id="attachment_3914" aria-describedby="caption-attachment-3914" style="width: 312px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-3914" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002-300x169.jpg" alt="" width="312" height="176" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002-300x169.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002-1024x576.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002-600x338.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/12/IMG-20181212-WA0002.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 312px) 100vw, 312px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3914" class="wp-caption-text">Fotografía: Luisa Alegre</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La navidad se acerca. En la cultura cristiana es tiempo de preparación para vivir el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Tiempo de reflexionar sobre el misterio que plantea la Iglesia en dicha cultura, de que Dios quiso hacerse hombre. Tiempo de experimentar esa presencia viva de Dios entre nosotros a través del Jesús. Tiempo de paladear todo aquello que nos habla de la encarnación, a través de una mujer, María de Nazaret.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer al estar encinta siente que en su vientre se gesta alguien que es carne de su carne. De un modo u otro al aceptar una nueva vida, la mujer encarna a otro ser humano y se hace su primera casa.</p>
<p style="text-align: justify;">El libro infantil “Mi mamá tiene una casa en la barriga” (Cabban y Andreae, 2001) nos muestra la evidencia de la naturaleza, que especialmente los niños son capaces de ver. La primera casa de todo ser humano es otro ser humano, una mujer, quien, siendo primera casa, desarrolla unas experiencias -dada su condición biológica- que iluminan el ejercicio y las actitudes propias del arte de la caseidad. Nos indica con toda frescura un aspecto de gran relevancia en el hecho de ser mujer, que es el don de ser habitables. También Esquirol (2005) se refiere a ello citando a Lévinas que considera que el primer calor que uno siente es el que desprenden los otros que me reciben, y que la primera morada del mundo es una morada humana. Esta capacidad de ser casa para otros es la que Rubio (1989) define como un “plus” del ser mujer. “El plus femenino se basa en que la mujer es casa, es la primera casa de todo ser viviente”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esquirol plantea también que la casa se relaciona con lo cóncavo, con el don, con lo gratuito, con el regalo. “La casa es la concavidad del cobijo, del mismo modo que el cuenco hecho con las manos lo es del don” (2015:43), esas mismas manos son cuenco que recogen y contienen. Desde esta perspectiva la caseidad, parafraseando a Esquirol, se relaciona con la entrega a los demás, “darse es servir a los demás de alimento, de compañía de ternura o cobijo” (2015:45). “La mano tendida o la mano haciendo un poco de receptáculo o de abrazo: son gestos fundamentales de la filosofía del don” (2015:44). En este sentido la caseidad se relaciona con la acogida del otro, de ese otro que siendo ser humano es vulnerable, desde la gratuidad, desde el don.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuántas personas iluminadas por este tiempo de navidad encarnan y se acercan a ese saber hacer de María Nazaret y de Jesús, el hijo del carpintero, queriendo ser cóncavo o receptáculo para el otro, queriendo dar cobijo a tantas realidades y experiencias vitales que requieren ser vividas en comunión, queriendo ser don para los demás. Estas son las personas que encarnan la caseidad en su diario vivir tan vitalmente que incluso después de la muerte se percibe su acogedora presencia.</p>
<p><em>Maria BORI<br />
</em><em>Educadora<br />
</em><em>Directora de Gestión Educativa COANIQUEM<br />
</em><em>Santiago &#8211; Chile<br />
</em><em>Diciembre de 2018</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/12/caseidad-encarnada/">Caseidad encarnada</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Hablan de caseidad</title>
		<link>https://www.revistare.com/2018/03/hablan-de-caseidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Alegre]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Mar 2018 05:57:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Habitat / caseidad]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[cobijo]]></category>
		<category><![CDATA[cuenco]]></category>
		<category><![CDATA[espacios habitables]]></category>
		<category><![CDATA[guarida]]></category>
		<category><![CDATA[Hablan de caseidad]]></category>
		<category><![CDATA[hogar]]></category>
		<category><![CDATA[hospitalidad]]></category>
		<category><![CDATA[María BORI]]></category>
		<category><![CDATA[ser casa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Maria Bori</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/03/hablan-de-caseidad/">Hablan de caseidad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_3122" aria-describedby="caption-attachment-3122" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Casona-del-campo_Claudia-Tzanis.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3122 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Casona-del-campo_Claudia-Tzanis-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Casona-del-campo_Claudia-Tzanis-300x168.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Casona-del-campo_Claudia-Tzanis-1024x575.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Casona-del-campo_Claudia-Tzanis-600x337.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3122" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sin decirlo, otros también hablan de caseidad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">“Recogimiento, interioridad, intimidad, concreción… son las categorías que definen el lugar antropológico de la casa” (Esquirol 2005:24). El origen de la caseidad nos remonta al momento en que el ser humano se empieza a asentar y progresivamente concibe el espacio donde vive como un espacio habitable y de convivencia, tal como lo señala la expresión “de la guarida al hogar”, utilizada en la tarjeta de invitación de los XXXVI Coloquios de la Punta de la Mona<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> (2013), referidos al tema. Este tránsito de la guarida hacia el hogar se puede producir también en cualquier sociedad del siglo XXI.</p>
<p style="text-align: justify;">Si bien hay espacios habitados que no son más que guaridas donde refugiarse en algún momento del día, normalmente al anochecer, también, encontramos espacios habitables donde se respira “caliu”, como se expresa coloquialmente en catalán, que traducido sería el llamado “calor de hogar”, que nos remite a la intimidad, al reposo, al recogimiento y al acogimiento. Este “calor de hogar” es el centro donde se experimenta la calidez, donde “se cocinaba la cazuela” alrededor de la cual se reunían los integrantes de la casa. Es el centro, no de naturaleza geométrica, sino existencial, que reúne y orienta (Esquirol, 2015). La caseidad tiene mucho que ver con este tránsito desde la guarida al “caliu”, con este tránsito existencial, que no es espontáneo.</p>
<figure id="attachment_3123" aria-describedby="caption-attachment-3123" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3123 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Cueva_Pixabay.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3123" class="wp-caption-text">Fotografía: Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">El origen del neologismo “caseidad”, lo encontramos a Alfredo Rubio (1993) que al respecto nos dice: “la mujer está constituida, anatómicamente, fisiológicamente y psicológicamente, para ser casa. Porque todo hijo, todo ser humano que ha nacido, ha tenido una primera casa que ha sido el vientre de su madre. (…) para los padres el hijo es un huésped que llega a la casa y que será recibido”. Esa protección se prolonga, después del nacimiento, en un lugar donde guarecerse y aprender a convivir armónicamente y en paz. La convivencia y la vida social son, por tanto, connaturales al ser humano y requieren de espacios adecuados en cada fase del ciclo vital.</p>
<p style="text-align: justify;">Esquirol plantea que la casa se relaciona con lo cóncavo, con el don, con lo gratuito, con el regalo. “La casa es la concavidad del cobijo, del mismo modo que el cuenco hecho con las manos lo es del don” (2015:43), esas mismas manos son cuenco que recogen y contienen. Desde esta perspectiva la caseidad, parafraseando a Esquirol, se relaciona con la entrega a los demás, “darse es servir a los demás de alimento, de compañía de ternura o cobijo” (2015:45). “La mano tendida o la mano haciendo un poco de receptáculo o de abrazo: son gestos fundamentales de la filosofía del don” (2015:44). En este sentido la caseidad se relaciona con la acogida del otro, de ese otro, desde la gratuidad, desde el don.</p>
<p style="text-align: justify;">Un  gran número de personas que <em>per sé</em> tienen un grado de vulnerabilidad mayor, por lo que requieren ser contemplados en la declaración de los derechos humanos. Véase los niños, las mujeres embarazadas, las personas en situación de enfermedad, las personas privadas de libertad o en situación de conflicto bélico, entre otros. En estas situaciones de extrema vulnerabilidad, también puede hacerse presente la caseidad a través de la hospitalidad o del acogimiento. Esquirol también relaciona el don y la entrega con la hospitalidad que se practica en las casas de misericordia, casas de caridad y hospitales. Dice textualmente que “la solidaridad tiene forma de casa. Una casa no hospitalaria, no es casa” (2015:45).</p>
<p style="text-align: justify;">La necesidad de cobijo en la especie humana es más patente que en otros seres. Su indigencia desde el momento del nacimiento, nos hace reflexionar en su necesidad de ser acogido y cuidado en manos de otros -normalmente sus progenitores-. Como refiere la Dra. Pallás (2014) en el cuidado de neonatos, este tiene la necesidad de estar en un nido en momentos de máxima vulnerabilidad para poder desarrollarse y que otros le provean todo lo necesario para vivir: alimento, calor, cuidado, amor. Aspectos todos ellos relacionados con el hecho de ser casa para otro.</p>
<figure id="attachment_3120" aria-describedby="caption-attachment-3120" style="width: 168px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Mesa_Claudia-Tzanis.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3120 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Mesa_Claudia-Tzanis-168x300.jpg" alt="" width="168" height="300" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Mesa_Claudia-Tzanis-168x300.jpg 168w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Mesa_Claudia-Tzanis-575x1024.jpg 575w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Mesa_Claudia-Tzanis-600x1068.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 168px) 100vw, 168px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3120" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">El libro infantil “Mi mamá tiene una casa en la barriga” (<a href="http://www.casadellibro.com/libros-ebooks/vanessa-cabban/34024">Cabban</a> y <a href="http://www.casadellibro.com/libros-ebooks/giles-andreae/35447">Andreae</a>, 2001) nos muestra la evidencia de la naturaleza, que especialmente los niños son capaces de ver. La primera casa de todo ser humano es otro ser humano, una mujer, quien, siendo primera casa, desarrolla unas experiencias -dada su condición biológica- que iluminan el ejercicio y las actitudes propias del arte de la caseidad. Nos indica con toda frescura un aspecto de gran relevancia en el hecho de ser mujer, que es el don de ser habitables. También Esquirol (2005) se refiere a ello citando a Lèvinas que considera que el primer calor que uno siente es el que desprenden los otros que me reciben, y que la primera morada del mundo es una morada humana. Esta capacidad de ser casa para otros es la que Alfredo Rubio (1989) define como un “plus” del ser mujer. <em>“</em>El plus femenino se basa en que la mujer es casa, es la primera casa de todo ser viviente”.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal como Rubio expresa en la conferencia La mujer en el 2000<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, “su constitución está para tener en su seno el nuevo ser”. Tanto si engendra como si no lo hace, el hecho es que la mujer tiene la capacidad de ser habitada, es un ser habitable. Seguidamente, el autor nos refiere un segundo paso a modo de círculo concéntrico, en que la mujer ejerce la caseidad cuando el niño “nace y lo tiene en sus brazos en la lactancia”, entregando cobijo y alimento, lo que recae principalmente todavía en la mujer, pero en forma más compartida con otros adultos que se inician en la caseidad, en la acogida de este nuevo ser. Un tercer nivel concéntrico es que “luego, lo tiene que educar”; responsabilidad que históricamente fue depositada principalmente en las mujeres y en la actualidad se comparte entre los adultos responsables a cargo del nuevo ser, extendiendo la acción de la caseidad a todo ser humano.</p>
<p style="text-align: justify;">En el estudio de Martins y cols. (2015) se afirma que la idea tradicional de una paternidad sin participación en la vida doméstica va en declive y que el papel de los varones en la paternidad se ha ido desarrollando cada vez más y con mayor implicación afectiva. Otro aspecto relevante en esta materia es la constatación de que también se afirma que en la sociedad postmoderna hay nuevos tipos de familias, jugando un papel preponderante la nueva paternidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Los modelos familiares actuales nos llevan a un mayor y gradual compromiso del varón en temáticas relacionas con la caseidad, aspectos que durante siglos fueron única y exclusivamente resorte de la mujer. Sin embargo, en la misma conferencia citada con anterioridad, Rubio planteaba derechamente que a consecuencia del plus femenino “la casa no es más que la prolongación de la mujer” y que “la caseidad, a la mujer le sale de dentro el ser una buena casera, tener la casa en orden, tenerla limpia, tenerla eficiente”, afirmaciones ambas dignas de ser reformuladas, dada la mayor integración del varón en todas las acciones relacionadas con la casa y todo lo que en ella se desarrolla. Se podría derivar de la afirmación de Rubio, que los espacios habitables reflejan a las personas que en ellas habitan, y que en la medida que una persona vaya desarrollando la caseidad, acogiendo a otro en diferentes espacios habitables, se cuidará también de que estos espacios sean bellos, agradables y bien dispuestos, para que el otro se sienta como en casa.</p>
<p style="text-align: justify;">En relación con lo anterior también Lèvinas relaciona el ser mujer con la acogida y lo que en palabras de Rubio sería la caseidad: “Y el Otro, cuya presencia es discretamente una ausencia y a partir de la cual se lleva a cabo el recibimiento hospitalario por excelencia que describe el campo de la intimidad, es la Mujer: La mujer es la condición de recogimiento, de la interioridad de la Casa y de la habitación” (Lévinas citado en Esquirol 2005:29)</p>
<p style="text-align: justify;">El actual Obispo de Roma en la Carta Encíclica “Laudato si”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> sobre el cuidado de la casa común, afirma que “para que pueda hablarse de un auténtico desarrollo, habrá que asegurarse que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana y esto implica analizar el espacio donde transcurre la existencia de las personas. Los escenarios que nos rodean influyen en nuestro modo de ver la vida, de sentir y de actuar”. La caseidad se relaciona de este modo con todos los espacios humanos habitables, no solamente con la casa de cada uno, sino que también se desarrolla en otros espacios habitables como los lugares de trabajo, las residencias o casas de acogida, las ciudades y finalmente, como dicen algunos, en la casa común.</p>
<figure id="attachment_3121" aria-describedby="caption-attachment-3121" style="width: 168px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3121 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis-168x300.jpg" alt="" width="168" height="300" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis-168x300.jpg 168w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis-575x1024.jpg 575w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis-600x1069.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/03/Papa-y-su-hija_Claudia-Tzanis.jpg 1985w" sizes="auto, (max-width: 168px) 100vw, 168px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3121" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La iniciativa catalana “Casa nostra es casa vostra”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> (2017) es un claro ejemplo de querer acoger a personas que huyen de las guerras y del hambre, que sufren persecución y tienen dificultades para desarrollar una vida digna, lo hace ver que el sentido de casa, de caseidad, se amplía a nivel social. González Feria (2001:1) lo ratifica diciendo que “se necesita también caseidad en la organización de las ciudades y del estado: urbanismo, política, etc., pero se empieza por los hogares. Mala política o mal urbanismo hará aquella persona que primero no colabore en llevar ‘su guarida’.”</p>
<p style="text-align: justify;">Todo ello nos hace ver el amplio abanico que se despliega desde este neologismo que es la caseidad: el seno materno, el abrazo de los padres, la casa familiar; los departamentos compartidos, el piso de soltero, los hogares de menores y las residencias de ancianos; los lugares de trabajo y los colegios; los barrios, las plazas, los pueblos, las ciudades, los países y la tierra. El objetivo último de la caseidad se refiere a todo lo que en estos espacios acontece, especialmente lo concerniente al desarrollo personal y social, con el fin de que cada persona pueda vivir autónoma, solidaria y gozosamente según la definición de salud integral de Jordi Gol<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, sumándose así a los muchos autores que nos hablan de caseidad sin decirlo.</p>
<p><em>Maria BORI </em><br />
<em>Educadora-Directora de Gestión Educativa COANIQUEM<br />
</em><em>Santiago – Chile<br />
</em><em>Marzo de 2018</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Coloquios Punta de la Mona: Coloquios de reflexión sobre la música, la poesía, la arquitectura la pintura o la religión, organizados por la Fundación Prieto Moreno en la Ermita de San José y Santa Rita de la Urbanización Los Berengueles, (La herradura) en Granada, desde el año 1975 durante la época estival.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Conferencia pronunciada en Casa Teatro de Republica Dominicana 1989</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Enciclíca Laudato si. Cap III</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a><em> “</em><em>Casa nostra, casa vostra”</em> (2017) es una campaña que nace de un grupo de personas independientes en Catalunya, con la finalidad de acoger a refugiados y hacer tomar conciencia de esta realidad a toda la sociedad</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Definición de salud de Jordi Gol Gurina 1978</p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/03/hablan-de-caseidad/">Hablan de caseidad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La caseidad, algo de toda la vida</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/12/la-caseidad-algo-de-toda-la-vida/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Alegre]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Dec 2017 05:57:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Habitat / caseidad]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[casa]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[espacios habitables]]></category>
		<category><![CDATA[La caseidad algo de toda la vida]]></category>
		<category><![CDATA[María BORI]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María BORI</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/12/la-caseidad-algo-de-toda-la-vida/">La caseidad, algo de toda la vida</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_2837" aria-describedby="caption-attachment-2837" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2837 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_1.jpg 960w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2837" class="wp-caption-text">Fotografía: María Bori</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Hay un lugar en la vida que es íntimo, de uno, propio y comunitario al mismo tiempo, que reconocemos y nos identifica personalmente. Es aquel lugar donde moramos, donde nos sentimos más nosotros mismos que en ningún otro lugar. Es la casa. Esta afirmación que inicialmente pudiera parecer que se refiriera a nuestro propio cuerpo, la hacemos sobre la casa. Nuestro cuerpo es también espacio habitable de nuestra interioridad. También Hugo Mujica presenta esta semejanza entre dos realidades de tanta relevancia para el ser humano, como son el cuerpo y el espacio en que se habita, estableciendo la casa como un lugar de vida, un lugar donde podemos encontrarnos. Dice así:</p>
<p style="text-align: justify;">“Lo más cercano, lo idéntico a mí, es mi cuerpo y, curiosamente, es vivido, experimentado, ambigua y doblemente: soy mi cuerpo, y a la vez, tengo un cuerpo”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Algo semejante a esta experiencia es la casa que habitamos, dentro de la cual, y gracias a la cual, somos”</p>
<figure id="attachment_2835" aria-describedby="caption-attachment-2835" style="width: 225px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_2-e1512467501842.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-2835" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_2-e1512467501842-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_2-e1512467501842-225x300.jpg 225w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_2-e1512467501842-600x799.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_2-e1512467501842.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2835" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Al parafrasear lo anterior, podemos deducir que, al tener casa donde recogerme puedo ser casa donde acoger al otro, haciendo vida la idea que expresa el poeta: “La casa es algo así como la geografía de nuestra extensión”, de lo que se puede desprender que el ser humano tiene la capacidad de “ser casa para otro ser humano”, lo que, asimismo, nos remite a la capacidad de la mujer de ser nuestra primera casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro cuerpo está en el origen de nuestra existencia —de cada uno de nosotros—, así como la casa lo está en el origen de la conciencia del ser hombre, en el proceso que el ser humano hizo hacia el sedentarismo, al asentarse y, progresivamente, concebir el espacio donde vivía, como un espacio habitable y convivencial, en ese tránsito que algunos han nombrado “de la guarida al hogar ”.</p>
<p style="text-align: justify;">La casa, el techo, el cobijo, se han ido conformando en algo que nos es connatural de tal manera que, si alguien no tiene casa, siente que va perdiendo su dignidad de ser “ser humano”. De ahí que tantas organizaciones, gubernamentales o no gubernamentales, trabajen por los niños “sin hogar”, por los hombres y mujeres “sin techo” o por los refugiados, con eslóganes que contienen palabras referidas a los espacios habitables, como por ejemplo el de “casa nostra, casa vostra ” («nuestra casa, vuestra casa») o algunos de los referidos.</p>
<figure id="attachment_2836" aria-describedby="caption-attachment-2836" style="width: 159px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_3-e1512467682915.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-2836" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_3-e1512467682915-225x300.jpg" alt="" width="159" height="212" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_3-e1512467682915-225x300.jpg 225w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_3-e1512467682915-600x799.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/12/La-caseidad.-algo-de-toda-la-vida_3-e1512467682915.jpg 720w" sizes="auto, (max-width: 159px) 100vw, 159px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2836" class="wp-caption-text">Fotografía: Coloración Pyxabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La capacidad del ser humano de acoger la vulnerabilidad de otro ser humano, generando ámbitos de acogida desde la habitabilidad y la convivencia, es lo que los hombres y mujeres, desde que tienen conciencia de serlo, han ido procurando a lo largo de la historia. La finalidad última del desarrollo de esta capacidad es propiciar el mayor desarrollo personal y comunitario —la sabiduría de vivir—, para experimentar el amor y el gozo de existir en cada circunstancia de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">A esta capacidad algunos la nombramos con el neologismo «caseidad», acuñado por el Dr. Alfredo Rubio de Castarlenas.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>María BORI SOUCHEIRON</em><br />
<em> Educadora &#8211; Directora de Gestión Educativa COANIQUEM</em><br />
<em> Santiago (Chile)</em><br />
<em> Diciembre de 2017</em></p>
<p>&nbsp;</p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/12/la-caseidad-algo-de-toda-la-vida/">La caseidad, algo de toda la vida</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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