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	<title>prisa | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>prisa | Revista RE Castellano</title>
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		<title>La enfermedad del tiempo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Oct 2019 04:57:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medicina global]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[estrés]]></category>
		<category><![CDATA[prisa]]></category>
		<category><![CDATA[soledad y silencio]]></category>
		<category><![CDATA[Sosiego]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Remedios ORTIZ JURADO</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/10/la-enfermedad-del-tiempo/">La enfermedad del tiempo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El término lo acuñó Larry Dossey en 1982. Se anticipaba así a la aceleración que marca estas décadas del siglo XXI.</p>
<p style="text-align: justify;">En una ocasión escuché una expresión curiosa “&#8230;este hace nada, muy rápido”, un modo un tanto irónico de expresar que la rapidez no siempre es sinónimo de eficiencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La inmediatez, la velocidad, es un valor muy apreciado en la sociedad actual y se exige en casi todos los ámbitos de nuestras vidas. Familia, trabajo, amigos e incluso ocio están constreñidos en agendas aglomeradas, mostrándonos que el tiempo es un bien escaso.</p>
<p style="text-align: justify;">Las nuevas tecnologías con Internet favorecen esta cultura del “ya, ahora mismo”. Sin duda que tiene muchas ventajas; se acortan distancias y se permite una mayor fluidez en las relaciones humanas tanto familiares como laborales, con la riqueza que aportan. Pero esta cualidad que caracteriza nuestra sociedad hay que vivirla con prudencia: un exceso de aceleración comporta riesgos.</p>
<p>Y es que una de las enfermedades más frecuentes a nuestro alrededor es <strong>el estrés derivado de la escasez de tiempo</strong> para realizar la gran cantidad de actividades que planificamos o nos son demandadas cada día. Este estrés se expresa en <strong>patologías</strong> diversas: digestivas, cardiovasculares, psicológicas o de otra índole.</p>
<figure id="attachment_4850" aria-describedby="caption-attachment-4850" style="width: 1280px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-4850" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280.jpg" alt="La prisa nos marca" width="1280" height="853" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280.jpg 1280w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2019/10/waiting-410328_1280-600x400.jpg 600w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></a><figcaption id="caption-attachment-4850" class="wp-caption-text"><em>La inmediatez es un valor muy apreciado en la sociedad actual                                                                Imagen de JESHOOTS en Pixabay</em></figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha ido normalizando el lograr objetivos en lapsos mucho más breves que hace cincuenta años y, aunque parezca ventajosa, esta inercia nos empuja, nos acelera interiormente y nos puede hacer perder el control de nuestras vidas. Por ello, es importante tomar conciencia de nuestros ritmos, escuchar nuestro cuerpo, comprender que ciertos cambios son lentos, entender que hay una cadencia adecuada para cada cosa y compases muy diversos que tenemos que armonizar.</p>
<h3 style="text-align: justify;"><strong>Maestros del tiempo</strong></h3>
<p style="text-align: justify;">En mi experiencia como médico en atención primaria podemos caer en ese extremo: aplicar velocidad para ver a más pacientes. Pero resulta evidente la diversidad de ritmos que hay considerar según cada situación. No es igual el que aplicamos al atender la urgencia de alguien con un dolor agudo o que entró en fibrilación, que la pausada dedicación requerida por un anciano o una persona que va a la consulta por problemas laborales y tiene ansiedad. Tiempo: ¡qué necesario entregarlo, compartirlo del modo adecuado a cada necesidad!</p>
<p style="text-align: justify;">Es un aprendizaje que se va interiorizando, de algún modo, similar a los cambios en las marchas cuando conducimos. Se arranca despacio, se va acelerando progresivamente; se frena cuando es necesario. No siempre podemos ir a toda velocidad, ni forzando constantemente la marcha, porque hay el riesgo de sobrecalentar.</p>
<p style="text-align: justify;">El antídoto para la enfermedad de la aceleración permanente pasa por evitar la multitarea, concentrar la atención en cada acción que realizamos y nutrirnos diariamente de espacios de soledad y silencio donde misteriosamente se restaura nuestro sistema bloqueado y se recupera nuestro ritmo vital.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas iniciativas sensibles a este problema apuestan por reconquistar la lentitud: realizar cada actividad, cada tarea, desde la paz y el sosiego; ahondar en el instante conscientes de su riqueza, recuperar el gusto por lo que hacemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Entienden que una vida más pausada expresa control de los ritmos de la vida y muestra la capacidad para decidir la velocidad que conviene a cada situación. Evitar que la prisa se convierta en un piloto automático que rija nuestra vida. Ir despacio nos permite encontrar el sentido de lo que hacemos y conectar con ese pozo interior que nos habita. En definitiva, se trata de ser libres, maestros del tiempo para establecer nuestros ritmos interiores y de relación con los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">El desafío requiere de gran intrepidez porque en muchas circunstancias el entorno no lo facilita y nos arrastra… pero merece la pena intentarlo. Se trata de la salud, no sólo personal sino de toda la sociedad.</p>
<p><em>Remedios ORTIZ JURADO</em></p>
<p><em>Médico de familia</em></p>
<p><em>Madrid, Octubre 2019</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2019/10/la-enfermedad-del-tiempo/">La enfermedad del tiempo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title></title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/04/1915/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Apr 2017 05:00:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[limitación humana]]></category>
		<category><![CDATA[peregrinar]]></category>
		<category><![CDATA[prisa]]></category>
		<category><![CDATA[Resituarnos]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempos y espacios reales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tiempos y espacios reales, en que paladear, decantar, reposar, madurar, orientar la vida.</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/04/1915/"></a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_1958" aria-describedby="caption-attachment-1958" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-1958 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-300x290.jpg" alt="resituarnos" width="300" height="290" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-300x290.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-1024x990.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4-600x580.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/resituarnos4.jpg 1648w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-1958" class="wp-caption-text">Diseño: Luis Felipe Rivera Lezama</figcaption></figure>
<p><strong>Resituarnos: tiempos y espacios reales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Son frecuentes las voces que se lamentan por cuestiones relacionadas con el espacio y el tiempo. Seguramente, en ciertas ocasiones, también las nuestras —colaboradores y lectores de RE— se cuentan entre ellas. Aun a riesgo de generalizar en demasía, las relativas al tiempo, qué duda cabe que se centran en la angustia por sentir que nos faltan horas, la premura, el trabajo pendiente, el caos de nuestras agendas, el final de la vida… Por su parte, las relativas al espacio oscilan entre la dificultad de acceder a un espacio propio por la carestía de la vivienda y el sentimiento personal de necesidad de un espacio personal de privacidad, preservado de la injerencia de otros, o de espacios apropiados para experiencias y vivencias humanas concretas.</p>
<p style="text-align: justify;">Vivimos en espacio y tiempo, pero no debemos confundirnos: no son iguales. El espacio es algo que «está ahí», es el mismo; lo tenemos todo a la vez y nos queda irlo administrando, distribuyendo, etc. En cambio, hablando de una misma dimensión de tiempo, distintas personas se refieren a diversas cantidades de tiempo; además, el tiempo no lo tenemos todo a la vez, sino que se va dando. Hay palabras que pueden llevarnos a engaño. Por ejemplo, utilizamos «d-espacio» para hablar de algo temporal. Es inadecuado transponer los criterios del espacio al tiempo, y viceversa.</p>
<p style="text-align: justify;">El manejo con holgura de tiempos y espacios, es una —casi— paradójica respuesta efectiva a tantos quebraderos de cabeza provocados por la supuesta escasez. Se trata de señorear ambas cosas, es decir, de manejarlas con elegancia, de vivirlas con libertad. No necesitamos la absolutez ni del uno ni del otro. Con un tiempo limitado y un espacio concreto podemos, en realidad, actuar mucho más congruentemente. La mayor parte de nuestros problemas derivan de la disociación entre nuestro ser limitado y nuestro comportamiento como si no lo fuéramos. Ahí se produce el cortocircuito.</p>
<p style="text-align: justify;">Es urgente que hagamos una inversión que, sin ninguna duda, nos aportará valiosos beneficios. En lo primero que tenemos que invertir es en tiempos y espacios en los que paladear, decantar, reposar, madurar, orientar nuestra vida. Cuando un caballo va desbocado, galopando a toda prisa en una dirección, en realidad no sabe adónde va. Su jinete no puede hacer otra cosa que intentar mantenerse en la silla sin caerse. ¡Qué diferente del trote placentero que permite disfrutar el camino, alternando los distintos andares según convenga y se desee! Quien quiere vivir el futuro, pasa la vida galopando. Y no. Hay que saber vivir la alegría de vivir la vida. Entonces el tiempo dura todo su tiempo; es como si este pasara por el alma, deslizándose, dejándose saborear y convirtiéndose en base de felicidad. Quien así sabe vivir, detecta cuándo es realmente preciso actuar deprisa.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo así es lo que experimentan tantos caminantes que recorren sendas por todo el mundo. Esos peregrinos saben que ese no es un trozo de vida más, un segmento de tiempo igual que los otros, no. Es un tiempo, una vida, unas acciones, relaciones, incluso unos espacios que son significativos. Quien decide salir a <em>hacer camino</em>, separa un tiempo y elige un espacio para ese menester. Este ámbito personal es tan fundamental para la construcción y armonía del propio ser que verse privado de ello es como si nos faltara el aire para respirar o el agua para nuestra sed. Su falta provoca un resentimiento más o menos consciente o explícito contra quienes nos privan de algo tan vital. Los hogares, así como las escuelas, universidades y los mismos lugares de trabajo, deberían contemplar en sus instalaciones la existencia de lugares apropiados para esos momentos de soledad y silencio personales. Unos deben respetar a otros ese tiempo y ese espacio cuyos beneficios redundarán en bien de todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso fracasan tantos matrimonios. Por eso se corrompen tanto las relaciones de padres y de hijos, así como entre hermanos, o amigos cuando conviven: no se respetan mutuamente en este punto. La maduración de un ser humano es lenta, por eso conviene proveer de espacios para su crecimiento cuanto antes. Son los ámbitos apropiados para la creatividad y el desarrollo de la libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda inversión, tan o más atrevida, si cabe, es la dirigida a fomentar los tiempos y espacios de fiesta, de fiesta de verdad. Tenemos derecho —y hasta deber— a tener un espacio-tiempo diario para el goce en su expresión más pura, para el afecto. Como reza aquella canción, «para la ternura siempre hay tiempo». Hay que ofrecer y dedicar espacios y tiempos para que la gente prepare a su gusto cada fiesta pues en la preparación comienza ya la fiesta si se quiere que esta resulte viva y auténtica. Si de la inversión anterior ganamos madurez y orientación, de esta obtenemos energía a mansalva.</p>
<p style="text-align: justify;">La prudencia, aunque parezca sorprendente, es la que nos aconseja que aumentemos nuestros fondos de inversión en estos aspectos. Por lo pronto, porque parece que nuestro capital se está quedando en número rojos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>RE n. 65, Julio 2007</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/04/1915/"></a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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