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	<title>sin techo | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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		<title>Sin Techo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Mar 2021 05:59:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencias religiosas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jordi CUSSÓ</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/sin-techo/">Sin Techo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hace unas semanas nos levantamos con la noticia de que, cerca de donde resido, un “sin techo” había muerto en la calle. Parece que los vecinos escucharon algunos gritos, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que ocurrió. Estoy convencido de que esta persona fallecida no me era del todo desconocida, porque estos transeúntes a los vecinos nos son muy familiares. Forman parte del paisaje de nuestra sociedad, los hemos visto y saludado en la puerta de nuestras iglesias, por las calles, en las plazas en las entradas de los supermercados de los pueblos y ciudades. Ellos están ahí, hacen su vida, de vez en cuando nos agobian, porque nos piden dinero o alguna otra cosa, o porque algo pasados ​​de alcohol nos dedican comentarios desagradables. Pero no hay duda de que son personas que tienen derecho a ser atendidas para que puedan desarrollar su vida con dignidad.</p>
<figure id="attachment_6537" aria-describedby="caption-attachment-6537" style="width: 427px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-6537" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920.jpg" alt="" width="427" height="534" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920-240x300.jpg 240w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920-819x1024.jpg 819w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920-600x750.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/homeless-845709_1920-1229x1536.jpg 1229w" sizes="(max-width: 427px) 100vw, 427px" /></a><figcaption id="caption-attachment-6537" class="wp-caption-text"><em>                  Tienen derecho a ser atendidos por la sociedad</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Ya sé que no es fácil ayudar a los sin techo. Unas veces porque no tenemos los recursos sociales, y otras porque ellos mismos no quieren ser ayudados, o la ayuda que nosotros les ofrecemos, ellos la rechazan. Hay un conflicto de voluntades, la de la sociedad que no quiere verlos en esta situación, y la de ellos que se esfuerzan para que los veamos lo más posible en nuestros barrios. Es necesario exigir a los poderes públicos unas buenas políticas sociales y nosotros como ciudadanía generar unas iniciativas que sean creativas y lo suficientemente valientes, para encontrar soluciones a un problema complejo y delicado.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más importante es que nadie le dé la espalda a esta realidad, que seamos conscientes de que está ahí, y con la crisis económica derivada de la pandemia, su presencia irá en aumento. No vivir de espaldas comporta mirar y afrontar la realidad; intentar conocer a estas personas, cuáles son sus problemas y, en la medida de lo posible, intentar paliar su situación.</p>
<p style="text-align: justify;">No dudo que la presencia de estas personas es un buen aviso para despertar las conciencias un poco dormidas de nuestra sociedad del bienestar. Estoy seguro que si sabemos acercarnos a su realidad, podemos recoger muchas cosas buenas. Cuando he tenido que coger el fruto de algún árbol o de alguna mata llenas de espinas, he salido con arañazos y heridas en la piel. Pero, ello no me ha importado cuando he saboreado el buen gusto de aquel fruto que la naturaleza me regalaba. En la vida también hay hombres y mujeres que cuando te acercas a ellos, tienen espinas y hieren la piel de la convivencia. Es cierto que a veces tenemos una piel excesivamente sensible y, cualquier cosa nos molesta y desagrada. Tendremos que remediar esta hipersensibilidad, para distinguir lo que realmente hiere, de lo que sólo es una pequeña molestia y se cura con un poco de buen humor. Y, aunque a algunas personas la sociedad las pueda ver como unas espinas, eso no ha de ser motivo para que despreciemos el tesoro que tienen en su interior. ¡Cuántas cosas tiene para ofrecer, y que nuestro rechazo imposibilita!</p>
<p style="text-align: justify;">Además, con el tiempo, vamos descubriendo que esas espinas, las ha plantado la misma sociedad, cuando ha hecho sufrir a estas personas situaciones que ellas jamás escogieron ni desearon. Progenitores que no los amaron, situaciones de pobreza, marginación, alcoholismo, y tantas otras que ellos quizá heredaron y ahora nadie les quiere reconocer las cargas que esa herencia comportaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos toca a todos aceptar y acoger estas espinas, y si nos hieren cuando nos acercarnos a ellos, tenemos que ser humildes, y por justicia, intentar remediar, en la medida de los posible, la vida de estas personas. Porque no hay otra manera de curar el corazón de las personas que viven al margen, que ser compasivos y misericordiosos, es decir tocando su realidad sin escandalizarse y sin miedo a contaminarse. Curiosamente es lo contrario de lo que nos demanda, desde el punto de vista sanitario, la pandemia que estamos padeciendo.</p>
<p><em>Jordi CUSSÓ PORREDÓN<br />
</em><em>Sacerdote y economista<br />
</em><em>Barcelona, marzo de 2021</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/sin-techo/">Sin Techo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Hospitalidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Apr 2017 04:56:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[Social / Solidaridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esther BORREGO</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/04/hospitalidad/">Hospitalidad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Durante un año trabajé en el proyecto “Rosalía Rendu”, Vincles, de la Compañía de las Hijas de la Caridad, en que cada noche tres o cuatro parejas de voluntarios salían a la calle a visitar a las personas que duermen bajo el cielo, aquellas que lo han perdido todo, los llamados “sin techo”, con la única intención de estar un rato con ellos y conversar si es el momento, o si no, al menos, desearles buenas noches.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy segura que para muchas de las personas que visitábamos esta era una de las pocas visitas amables que recibían durante el día, y eso que, no llevábamos nada, no dábamos nada, solo les mirábamos a los ojos y los llamábamos por su nombre, si lo sabíamos, pero, sin duda, el poder sentirse reconocido y el hecho de saber que lo íbamos a buscar a él en concreto era ya un cambio respecto a todo lo que había conocido hasta entonces.</p>
<figure id="attachment_1924" aria-describedby="caption-attachment-1924" style="width: 281px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/interior.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-1924" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/interior-225x300.jpg" alt="Hospitalidad" width="281" height="326" /></a><figcaption id="caption-attachment-1924" class="wp-caption-text"><em>Fotografía: Esther Borrego</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Mientras los grupos de voluntarios salían a pasear por las diferentes rutas preparadas, en el pequeño espacio que hay en pleno centro del barrio del Raval de Barcelona, nos quedábamos una voluntaria y yo que estaba cada noche acogiendo a las personas que venían a dormir o a tomar alguna cosa caliente.</p>
<p style="text-align: justify;">He de reconocer que los primeros días no me fue fácil entender el papel que tenía mi presencia allí, yo, trabajadora social, allí no estaba como tal, pero a la vez tampoco como educadora, allí sólo recibía, acogía, acompañaba&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">De repente, una noche llamaron a la puerta, al abrir en la pared de enfrente mismo estaba Cristian apoyado. Un señor que había venido algún día, casi siempre lo habían traído los voluntarios porque su estado no le permitía llegar él sólo caminando, bebía mucho, pero aquel día, allí, apoyado en la pared con una sonrisa que le llenaba la cara me dijo: “Señora, hoy no estoy borracho, ¿puedo entrar?” estaba muy contento, muy satisfecho y me lo quería decir. Entró y estuvimos charlando y riendo como siempre que venía. Es una persona alegre y disfruta de la vida a pesar de todo o quizás gracias a todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquella noche entendí que lo que yo hacía en aquel pequeño y austero espacio acogedor, era posibilitar que aquel que te abre la puerta, que te acoge, te reconozca y a la vez y quizás más, que tú le conozcas, que al decirle “hoy no estoy borracho” sin saber lo que pasará mañana, entienda la profundidad de esa expresión y comparta contigo la alegría del éxito conseguido hoy, porque te ha visto otros días en otro estado y te ha acogido.</p>
<p style="text-align: justify;">Al pensar en hospitalidad, puedo pensar en abrir las puertas de casa y seguramente, en hacerlo para alguien que es diferente a mí, que tiene características que le hacen vivir de otra forma, costumbres que le hacen valorar otras cosas, alguien que no forma parte de mi día a día.</p>
<p style="text-align: justify;">Y hay que pensar como dice el filósofo Daniel Innerarity “… la idea de hospitalidad nos recuerda algo peculiar de nuestra condición: nuestra existencia es quebradiza y frágil, necesitada y dependiente de cosas que no están a nuestra absoluta disposición, expuesta a la fortuna. Por eso, sufrimos penalidad, necesitamos de los otros&#8230;” cosa que no tenemos demasiado presente y menos cuando nos encontramos delante de alguien que vive sin nada, que en su historia lo ha perdido todo y eso se hace demasiado evidente.</p>
<figure id="attachment_1919" aria-describedby="caption-attachment-1919" style="width: 382px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-1919" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada-1024x680.jpg" alt="Hospitalidad" width="382" height="254" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada-1024x680.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada-300x199.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada-600x399.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/04/destacada.jpg 1072w" sizes="(max-width: 382px) 100vw, 382px" /></a><figcaption id="caption-attachment-1919" class="wp-caption-text"><em>Fotografía: Esther Borrego</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Agradezco profundamente el tiempo que he podido compartir la vida con personas que llevan mochilas llenas de sufrimiento, de dolor&#8230; personas que lo han perdido todo y no una vez sino muchas, algunos han intentado levantarse pero vuelven a caer y aún así lo intentan de nuevo, quizás hasta que ya no pueden más.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguramente lo primero que aprendí es que no hay nada que nos haga tan diferentes, cualquier hombre o mujer delante de otro tiene muchas más cosas que los hace iguales que no las que los hagan diferentes, pero nosotros remarcamos tanto lo que nos diferencia que incluso nos matamos por ello, ¡cuando hay tanto que nos iguala!</p>
<p style="text-align: justify;">El mejor regalo ha sido poder comer cada día en una mesa con personas que habían tenido vidas muy diferentes pero que todos habíamos nacido de una madre y un día moriremos. Y en aquella mesa todos éramos uno más y, como expresa Josep María Esquirol al inicio de su ensayo <em>La resistencia íntima, </em>“renovamos la vida juntos y la fruición de los alimentos la sintetiza la dimensión más anímica: sentarse alrededor de la mesa y compartir palabra y gesto”.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es al encontrarte cara a cara, de tú a tú, con alguien con una historia de vida tan diferente a la tuya, cuando puedes valorar todo lo recibido y a la vez situarte en que si él o ella lo ha podido perder, quizás tú también puedes hacerlo. Sí, ahora soy muy consciente de que quedarse en la calle no es tan imposible y que en muchas circunstancias lo único que nos lo puede evitar es la red familiar y/o social que tenemos. Porque todos nacemos extremadamente vulnerables y sin los otros no sobreviviríamos, pero eso lo olvidamos con demasiada facilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás para mí la hospitalidad es abrir el corazón al otro, ofrecer un espacio de intimidad donde pueda ser él, donde descansar, reposar,&#8230; tiene más que ver con ser cobijo para el otro&#8230;</p>
<p><em>Esther BORREGO LINARES<br />
</em><em>Trabajadora social<br />
</em><em>Barcelona (España)</em></p>
<h6><em>* Artículo publicado originalmente en catalán en la Revista Valors, febrero 2017</em></h6><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/04/hospitalidad/">Hospitalidad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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