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	<title>Josep Just Sabater | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>Josep Just Sabater | Revista RE Castellano</title>
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		<title>Confianza de igual a igual</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Sep 2024 17:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Josep SABATER</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/09/confianza-de-igual-a-igual/">Confianza de igual a igual</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_17212" aria-describedby="caption-attachment-17212" style="width: 380px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-17212" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280-300x197.jpg" alt="" width="380" height="250" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280-300x197.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280-1024x673.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/children-7782100_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 380px) 100vw, 380px" /></a><figcaption id="caption-attachment-17212" class="wp-caption-text">«Afortunado quien tiene un amigo<br />en quien puede confiar, pase lo que pase.»<br />Imagen de Trung Nguyễn en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Vaya de antemano este inciso, sea a modo de aclaración y justificación: no es mi propósito ni deseo de tratar cuestiones de confianza en el mundo laboral, empresarial, comercial, mercantil y, en fin, en todas las interrelaciones contractuales, pactos políticos, sociales, sindicales y otros, incluidas las conyugales. Mi tratamiento sobre el tema es estrictamente personal; eso sí, en su sentido más &#8216;universal&#8217;. Me cuesta imaginar un trato interpersonal que no parta o presuponga la confianza mutua. Implícita o explícitamente, esta está, o debería estar, presente en cualquier intercambio entre individuos que se tienen a sí mismos aptos para la comunicación en el medio socio-humano que ocurre y con la necesidad de entender y hacerse entender. Y es justamente la confianza la condición necesaria para que esto suceda. El soporte basal para construir y desarrollar cualquier encuentro entre semejantes —o co-semejantes—, los cuales, sin embargo, dejan de ser tales tan pronto como no se perciben y valoran en términos de igual a igual, con sus diferentes singularidades y únicas características individuales.</p>
<p style="text-align: justify;">A mi juicio, sin embargo, con la confianza sola no es posible abrirse plena y honestamente al otro. Pues la alteridad, propiamente concebida, exige también el respeto, es decir, la justa consideración hacia el otro. Confianza y respeto, pues, constituyen la columna vertebral de toda relación co-responsable, su condición necesaria y suficiente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Confispecto</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Con el vocablo —o neologismo— <em>confispecto</em> propongo designar la conjunción de las dos cualidades éticas, ya referidas anteriormente, indispensables para una comunicación genuinamente personal y libre. Es decir: que se sostenga en la confianza y el respeto en una balanza donde la una no pese más que la otra, en ningún sentido. Que sería el caso tan frecuente y a menudo inadvertido en que la confianza se convierte en excesiva y degenera en abuso. Y por el otro lado, cuando el respeto bordea el temor o desemboca en él.</p>
<p style="text-align: justify;">Poner la confianza en alguien, sin embargo, no equivale a tener barra libre para pedirle lo que te venga de gusto y cuando crees conveniente, ni exigirle que te complazca y responda gratamente a tus solicitudes, caprichos y antojos, y hasta impertinentes molestias.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, respetar al otro no implica no estorbarlo o importunarlo nunca por nada ni en ninguna circunstancia, ni pedirle permiso cada vez que se relaciona, o guardarle una distancia improcedente y exagerada para que el contacto no se extienda a sus manos ni en ningún caso se haga físico con apretones de manos, abrazos y besos.</p>
<p style="text-align: justify;">Que en toda interrelación debe haber normas mínimas de cortesía no supone que se tenga que abordar con pies de plomo y con un tacto escrupuloso y timorato. Y no hace falta decir que el miedo está reñido con la confianza y no debería confundirse ni asimilarse nunca con el respeto.</p>
<p style="text-align: justify;">Hacerse respetar, en este contexto, no es algo que se pueda imponer a nadie, ni tampoco un &#8216;derecho&#8217; que se debe ganar, por mucho que se acepte comúnmente la expresión &#8216;ganarse el respeto&#8217; del otro. Y eso mismo vale para la confianza, subyacente en la voluntad primordial de comunicación. Intuitivamente se tiende a sopesar, al alza o a la baja, el grado de confianza que puede permitirse ofrecer y de concederse a sí mismo, y sentir si merece o no la pena hacer &#8216;partícipe&#8217; al otro, es decir, dejarse conocer sin más reservas que la necesaria prudencia (virtud hoy bastante devaluada, si no ignorada) que &#8216;aconseja&#8217; no abrirse a nadie de repente y todo de golpe, en un primer encuentro.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Se puede confiar en todo el mundo, pero&#8230;</strong></p>
<figure id="attachment_17219" aria-describedby="caption-attachment-17219" style="width: 360px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-17219" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280-300x199.jpg" alt="" width="360" height="239" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280-300x199.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280-1024x679.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/portrait-119851_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" /></a><figcaption id="caption-attachment-17219" class="wp-caption-text">«No son pocos los casos en los que de buena fe<br />se pone la confianza en la persona o personas equivocadas.»<br />Imagen de Mar en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Se puede confiar en principio en todo el mundo, pero a la hora de la verdad no es fácil mantener viva la confianza en aquellas personas que dicen una cosa y hacen otra, que los hechos desmienten sus palabras y éstas no apoyan en un mínimo sentido del compromiso y conciencia coherentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, ya no es tanto incumplir la palabra dada o una promesa hecha como la incapacidad e indisposición de comprometerse, es decir, de darle un digno valor moral. Y esto lleva inevitablemente al descrédito de la palabra y de la persona que la dice, con la desconflencia que resulta. Poco o mucho, a un individuo así no se le puede tomar en serio y el respeto que se le deba, en tanto que ser humano, desgraciadamente no irá acompañado de la confianza, ya que ésta se habrá &#8216;perdido&#8217; en el camino de una relación que ya no promete.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Vivir en la superficie de la realidad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No creo que sea fruto de una apreciación desacertada afirmar que seguimos el hilo de un tiempo en el que las palabras dichas (y también escritas en no pocos medios) de tan repetidas e intercambiables ya no sabemos qué signifiquen y en muchos casos confundimos conceptos, mezclamos términos, mistificamos ideas, replicamos pensamientos y reproducimos expresiones que nos hacemos nuestras sin sentirlas propias. Y al revés.</p>
<p style="text-align: justify;">Más que inmersos en una crisis general de valores —¿quién lo negará? — vivimos en la superficie de la realidad digitalizada por la que vamos transitando creyendo que no hay nada más, ni por encima ni por debajo, ni elevaciones metafísicas, ni profundidades ontológicas, ni válida simbología de lo trascendente, tal vez nos moviéramos en una existencia totalmente plana y tan virtual como desvirtuada.</p>
<p style="text-align: justify;">Liquidada la sociedad líquida, evaporada la sociedad gaseosa, nos encontramos en una encrucijada humana en la que este atributo esencial de nuestra condición no parece poder sostenerse sin la muleta de uno u otro prefijo <em>-trans, post, meta, neo, para, supra&#8230;</em> Y de esta manera, lamentablemente, la confianza de un día se convierte en difidencia al día siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Confianza y amistad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Afortunado quien tiene un amigo en quien puede confiar, pase lo que pase. Al fin y al cabo, ¿qué es la amistad sino el ámbito de expresión libre de afectos, pensamientos, sentimientos, confidencias y, en definitiva, la manera de ser más auténtica y abierta de cada uno sin otro interés que el del bienestar mutuo? Podríamos decir que la única relación —no consanguínea— donde la confianza prevalece por encima de cualquier otro valor se da en la amistad. Y este rasgo sustancial y distintivo es el que la hace precisamente más deseada y a la vez más difícil de alcanzar.</p>
<figure id="attachment_17223" aria-describedby="caption-attachment-17223" style="width: 430px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/friends-5709444_1280.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-17223" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/friends-5709444_1280-200x300.jpg" alt="" width="430" height="645" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/friends-5709444_1280-200x300.jpg 200w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/friends-5709444_1280-682x1024.jpg 682w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/07/friends-5709444_1280.jpg 853w" sizes="(max-width: 430px) 100vw, 430px" /></a><figcaption id="caption-attachment-17223" class="wp-caption-text">«Una comunicación genuinamente personal y libre.<br />Que se sostenga en la confianza y el respeto en una balanza<br />donde la una no pese más que la otra, en ningún sentido.»<br />Imagen de nextbike en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">A menudo lo que se quiere más intensamente también es lo que más cuesta de obtener. Y a mi parecer, esto es así porque solemos equiparar la voluntad con el deseo, como si fueran sinónimos convertibles y, por tanto, significaran básicamente lo mismo. Pero la confianza que se pueda tener en el otro no durará mucho ni irá demasiado lejos si no pasa de ser un mero desiderátum.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es en el marco de un vínculo amistoso donde tal vez se hace más patente la voluntad de dar lo mejor de uno mismo (sin miedo a que a uno también le salga lo peor) con palabras, actos, silencios, gestos, actitudes inspiradas en la confianza y veladas por el respeto. Nunca empujados por el simple deseo frívolo de agradar, caer bien, la ilusión pasajera de vivir una aventura emocional, intelectual o sexual con alguien o la necesidad cuando no urgencia de llenar un vacío relacional.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Poner la confianza en la persona equivocada</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No son pocos los casos en los que de buena fe se pone la confianza en la persona o personas equivocadas que de entrada se muestran amigables, pero de las que se acaba saliendo escamado, decepcionado, desengañado y hasta traicionado. Individuos que no habían tenido nunca la intención de hacer recíproca la confianza puesta en ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">No diré que el mundo va lleno, de esos sujetos y que sólo haya una posible conclusión rotundamente negativa respecto a esta penosa situación: no se puede confiar en nadie. Si fuera así, en pura lógica, todo el mundo sería difidente. Y toda relación intersubjetiva se convertiría en un intercambio de sospechas, recelos y evasivas nutridas por prejuicios y temores infundados, arraigados en una idea no ya pesimista del ser humano, sino de su intrínseca maldad. Y por desgracia, triunfaría el dicho: &#8216;mal piensa y no errarás&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">Es evidente que una sociedad compuesta de individuos fundamentalmente malévolos se desintegraría a sí misma más pronto que tarde, fuera cual fuera el régimen político bajo el que se rigiera (democrático, autocrático, teocrático, monárquico, tiránico, etc.). No habría lugar para ninguna utopía. Y más que distópica, sería una sociedad &#8216;cacotópica&#8217; (malo), &#8216;demonotópica&#8217; (demoníaca), o &#8216;teratotópica&#8217; (monstruosa).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Voto de confianza en la humanidad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La supervivencia de la especie humana, en un mundo cuanto más va más pequeño y atravesado por viejas y nuevas crisis y conflictos de todo tipo, está más que nunca en juego. Y nuestra extinción una probabilidad lo suficientemente alta si se recurre a falsas salidas y engañosas esperanzas proporcionadas por grupos de poder biotecnológico al servicio y beneficio de una élite de gurus irresponsables que ya se ven viajando por el espacio y viviendo en otros planetas, riéndose de los pobres terráqueos mortales desde su nuevo mundo sideral.</p>
<p style="text-align: justify;">Con todos los respetos por los lectores, yo recomendaría no confiar en estos tipos tan desmesuradamente ambiciosos y arrogantes, ni en sus quiméricos proyectos y planes futuristas. Megalómanos másteres del universo que alucinan polvos estelares.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy seguro de que conservar una sana suspicacia en todos ellos no sería desaconsejable y dudo mucho que perjudicará a nadie que aún confié que la humanidad sabrá sobreponerse a los graves estragos producidos por las crisis presentes, afrontar el futuro con las herramientas correctas y hacer un uso justo, inteligente y equilibrado de los ingenios más tecnológicamente avanzados, sin otorgarse mérito alguno interesado ni excluyendo a los colectivos sociales más desfavorecidos.</p>
<p style="text-align: justify;">A mi criterio, los humanos no nos saldremos de los serios callejones planetarios en los que nos encontramos, a menos que hagamos un voto de confianza realista, intrépido y tenaz en nuestras capacidades de reparar los daños causados a todos los niveles sin causar otros peores.</p>
<p><em>Josep Just SABATER<br />
</em><em>Poeta<br />
</em><em>España<br />
</em><em>Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 117, edición catalana, en enero 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/09/confianza-de-igual-a-igual/">Confianza de igual a igual</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Más desigualdades de las que se pueden contar</title>
		<link>https://www.revistare.com/2023/12/mas-desigualdades-de-las-que-se-pueden-contar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Dec 2023 05:56:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[carencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Josep JUST</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/12/mas-desigualdades-de-las-que-se-pueden-contar/">Más desigualdades de las que se pueden contar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_12320" aria-describedby="caption-attachment-12320" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/vagabundo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-12320" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/vagabundo-240x300.jpg" alt="" width="300" height="375" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/vagabundo-240x300.jpg 240w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/vagabundo-819x1024.jpg 819w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/vagabundo.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-12320" class="wp-caption-text">«&#8230;contribuir a corregir las desigualdades mundiales, <br />cuando menos en los aspectos más escandalosamente<br />dañinos y negadores de derechos y servicios básicos <br />y esenciales de las personas&#8230;»<br />Imagen de Leroy Skalstad en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">En toda interrelación humana se echa en falta, de una manera u otra y lo reconozca o no, &#8216;aquello&#8217; que nuestra voluntad de comunicación más genuina nos empuja a satisfacer: la rigurosa igualdad entre los hablantes o interlocutores. Esta es, conceptualmente, bastante clara y sencilla de comprender. Sin embargo, vivencialmente, la igualdad está lejos de ser sentida e integrada como realidad presente en toda interacción humana, independientemente de las diversas y a menudo discordantes u opuestas formas de ser, de pensar y de hacer de los individuos.</p>
<p style="text-align: justify;">No estoy afirmando, pues, que no crea ni, menos, que no quiera la plena igualdad entre los humanos. Lo que intento señalar es que, lo que en teoría queríamos para todos como punto de partida, principio ético y derecho universal, no es: la isonomía o igualdad de todo ser humano ante toda ley, no es tal. Pues su contrario, la desigualdad, es desgraciadamente todavía el punto de llegada para mucha, demasiada gente, después de haberla sufrido toda la vida. Los que sufren desigualdad desde el día que vinieron al mundo. Para ellos, el punto de partida es también la igualdad, pero por defecto. Y obviamente, estos son los que más la encuentran a faltar y los primeros (¿y únicos?) que pueden denunciar con más fuerza, credibilidad y dramatismo existencial, su falta.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabido es que vivimos en una sociedad en la que las desigualdades no brotan por generación espontánea, sino de las estructuras fundamentalmente injustas de un sistema capitalista –neoliberal– en el que el <em>homo economicus </em>prima por encima del <em>homo solidarius</em>, los intereses del <em>homo competitivus y corporativus </em>pasan delante de los del <em>homo cooperativus</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Dudo que haya nadie que se exclame de disfrutar de una condición, situación o estado de igualdad respecto a su vecino. Pero no dudo que haya quien se queje de su desigualdad. Al fin y al cabo, querer ser igual al otro es muy lógico y natural. Sin embargo, si no sabemos o no podemos responder a la pregunta, ¿igual en qué?, nos será muy difícil captar el sentido profundo de la igualdad, que no consiste principalmente en tener lo mismo o tanto como otro. Y a medir aquella sólo en términos cuantitativos y patrones comparativos.</p>
<p style="text-align: justify;">Yendo de derecho a los derechos –y deberes– humanos, la verdadera igualdad se convierte en una necesaria utopía en el contexto de nuestras sociedades altamente individualistas y utilitaristas, hedonistas, materialistas y consumistas.</p>
<p style="text-align: justify;">Son, por el contrario, las desigualdades las que ponen en entredicho y gravemente en cuestión el sentido de la justicia. Tantas y tantas desigualdades que claman al cielo, sufridas por tantas y tantas personas concretas, comunidades y pueblos enteros que hace poco menos que imposible (a no ser que se sea un individuo con escasa conciencia moral) no pensar que no vamos bien a estas alturas de la historia humana. Y seguimos &#8216;normalizando&#8217; y aceptando las pequeñas y grandes iniquidades de cada día en tantos lugares y en tantas circunstancias, resignándonos al &#8216;hecho creencia&#8217; –¿fatalidad?– que siempre ha sido así (o peor) y demasiado a menudo lo despachamos con un displicente y conformista &#8216;es lo que hay&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Flagrante carencia </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bastante evidente: cualquier persona puede sentirse, en un momento dado, que no recibe un trato de igual a igual con otro, en el pulso de un tú a tú respetuoso, correcto y equilibrado. Y tal vez es así porque no cree ser tenido en cuenta, no ya como interlocutor válido, sino en su única singularidad y singular unicidad. Y no puede evitar verse, paradójicamente, discriminado por ser quien es. Discriminación quizá involuntaria, ciertamente. Pero no menos sentida por quien lo experimenta como una desigualdad que no deja de ser infravaloración tácita de su persona. Y eso hace daño.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que ninguna relación personal acaba de ser moralmente satisfactoria cuando la objetividad no parte de una estricta igualdad intersubjetiva. Es decir, de la justa y consciente apreciación del medio ético o <em>ethos</em> en que aquélla se despliega y desenrolla. En este aspecto, cualquier forma de desigualdad pone de relieve una falta –leve o grave– de equidad entre humanos, concebidos como co-semejantes.</p>
<figure id="attachment_12326" aria-describedby="caption-attachment-12326" style="width: 410px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/lujo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-12326" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/lujo-300x200.jpg" alt="" width="410" height="274" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/lujo-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/lujo-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/lujo.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></a><figcaption id="caption-attachment-12326" class="wp-caption-text">«Las desigualdades manifiestas en tantas esferas de la sociedad,<br />con toda la pobreza, exclusión, sufrimiento, abusos y <br />discriminaciones que originan, los deja indiferentes.»<br />Imagen de Engin Akyurt en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Es obvio que aquí no me refiero a aquellas desigualdades que tienen lugar en el intercambio, comercio y transacciones tangibles y otros &#8216;trajines&#8217; de la vida cotidiana, pues aquellas abundan. Si bien también se presupone que los beneficios o perjuicios, las ganancias y las pérdidas que se producen pueden generar grandes satisfacciones, así como también fuertes frustraciones. Éstas, sin embargo, no afectan, por decirlo así, al &#8216;fondo&#8217; ontológico de la persona, ya que no la hace menos igual a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Se puede aspirar legítimamente a la igualación social, económica, política, de género, cultural, etc., pero no a la igualación ontoética, pues ésta &#8216;subyace&#8217; en el seno humano en tanto que humano. Cabe decir claramente que el concepto de humanidad, si no es universal, predicable y aplicable a todo hombre y a toda mujer, deja de tener contenido y cualquier igualdad de derechos –y deberes– se convierte en una falacia del peor tipo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y respecto al concepto de desigualdad es innegable su ascendente negativo, el cual designa la carencia más flagrante cuanto más acentuado es su contraste con el término positivo de igualdad. Pero no está en el terreno de abstracciones conceptuales ni teóricas que se puede afirmar y, sobre todo, vivir la igualdad que quiere o sueña, ni criticar y rechazar la desigualdad que detesta y encuentra inaceptable en cualquier ámbito público o privado, y en cualquier campo individual o colectivo.</p>
<p style="text-align: justify;">En el orden de la &#8216;polis&#8217; (del griego antiguo ciudad) y, por extensión, el gobierno y el estado de un país y una nación, la desigualdad de sus habitantes, sólo la ve quien no puede dejar de sufrirla, y &#8216;sólo&#8217; la sufre quien no puede mirar hacia otro lado. Quien, en el malvivir que le causa tal nociva situación, se pregunta cómo es que en una sociedad democrática donde los ciudadanos tienen los mismos derechos –y deberes– en un plano, pues, de igualdad <em>universal</em>, hay más desigualdades de las que se pueden contar, que afectan a tantas vidas que no parecen contar. Pregunta que debería ser el móvil primero de todo político profesional digno de su cargo, y responder con acciones, decisiones, leyes e iniciativas con una voluntad de servicio capaz de mantener a raya la siempre tentadora, perniciosa y perfidiosa voluntad de poder.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Iguales en la desigualdad </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por otro lado, no hay ningún motivo para no creer que ser iguales en la desigualdad, puede crear fuertes vínculos y valiosas complicidades en la solidaridad de los de abajo. &#8216;Estatus&#8217; de poder de los despoderados, empoderamiento de los de abajo confrontados al poder preeminente de los de arriba.</p>
<p style="text-align: justify;">Aludo al <em>homo politicus</em> sin atribuciones de gobernanza ni retribuciones crematísticas, ni influencias mediáticas. He aquí la fuerza del latido humano, desde la calle, desde la más viva y comprometida cotidianidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por suerte o por desgracia, el día a día de la mayoría de la población mundial, que ya suma ocho millones de habitantes (incluyendo quien esto escribe), no creo que lo pase con la percepción de que vivimos en el mejor de los mundos, pero sí el único.</p>
<figure id="attachment_12318" aria-describedby="caption-attachment-12318" style="width: 380px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/desigualdad.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-12318" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/desigualdad-300x192.jpg" alt="" width="380" height="243" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/desigualdad-300x192.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/desigualdad-1024x654.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/desigualdad.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 380px) 100vw, 380px" /></a><figcaption id="caption-attachment-12318" class="wp-caption-text">«Cualquier forma de desigualdad pone de relieve una falta<br />–leve o grave– de equidad entre humanos, concebidos como<br />co-semejantes.» Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Claro que hay notorias excepciones, aquellas que vienen de las clases dominantes, las élites corporativistas, reducidos grupos de intereses centrípetos, oligarquías financieras e individuos obscenamente opulentos que han amasado inmensas fortunas, alcanzado altísimas cotas de poder y por los que este mundo ya no puede ser mejor. Y encima, tienen la desvergonzada, malsana ambición de &#8216;conquistar&#8217; un futuro solamente para ellos, y colonizar y ocupar otros &#8216;mundos&#8217; en forma de planeta.</p>
<p style="text-align: justify;">No hace falta decir que las desigualdades manifiestas en tantas esferas de la sociedad, con toda la pobreza, exclusión, sufrimiento, abusos y discriminaciones que originan, los deja indiferentes. No se hacen ningún problema. Por el contrario, de la desigualdad de los demás, viven&#8230; la mar de bien. Perfectamente instalados y acomodados en el mundo, además, tienen la obsesión y delirio prepotente de pagarse expediciones de lujo a otros &#8216;cuerpos&#8217; planetarios del sistema solar, mientras van creciendo las desigualdades en la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">Es bastante constatable que el estado actual del mundo no presenta un panorama muy halagüeño. Sin entrar en análisis socioeconómicos –que no me corresponden– no creo que haya que señalar que la disparidad clamorosa entre las rentas más altas y las más bajas va aumentando en una relación inversamente proporcional, y en claro retroceso –o estancamiento– de las rentas medias.</p>
<p style="text-align: justify;">Vista esta tan descompensada situación general, soy de la opinión, ni única ni tampoco nueva, que no iría nada mal la socialización democrática de las riquezas impulsada por una sostenida movilización social y política. Esto podría contribuir significativamente a corregir las desigualdades mundiales, cuando menos en los aspectos más escandalosamente dañinos y negadores de derechos y servicios básicos y esenciales de las personas (salud, educación, vivienda, acceso y participación en la vida pública y cultural, etc.). Un enfoque integral, centrado en la erradicación de la pobreza, sobre todo la más extrema, que arraigue en una nueva mentalidad abierta a la transformación de la sociedad en clave radicalmente igualitaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Dadas las múltiples crisis que nos tocan tan de cerca, se impone un cambio de paradigma y de modelo socioeconómico, energético y medioambiental. De entrada, creo que habría que revisar el concepto de propiedad privada, indisociable del capitalismo sistémico el cual se sostiene en las desigualdades legitimadas por el <em>corpus</em> jurídico del derecho positivo y de las leyes impersonales –y, por tanto, pseudomorales– del mercado. Pero como no hay ninguna ley humana que sea eterna, no se hace nada sobre todas las luchas que favorezcan su cambio o mejora, su supresión, derogación o abolición, tomando el pulso y la fuerza de los movimientos históricos de las sociedades humanas.</p>
<p style="text-align: justify;">El primer problema de la propiedad privada yo diría que radica en el obsesivo sentido de posesión que se le otorga y, lo que es peor, con que se vive, se defiende y protege y a menudo con un celo crudamente inhumano. La propiedad, entonces, presenta el riesgo real de acabar siendo privadora de otros. Y en muchos casos no deja de tener un rasgo excluyente, por una razón tan sencilla como descarnada: la afirmación visceral del posesivo personal &#8216;mío&#8217; o &#8216;mía&#8217; respecto a una determinada propiedad, sea cual sea. Y la separación y cierre hacia los de fuera. Y, en definitiva, a la exacerbación &#8216;posesivista&#8217; del individuo o individuos que justifican lo injustificable: la perpetuación de las desigualdades.</p>
<p><em>Josep JUST SABATER<br />
Poeta<br />
</em><em>Publicado originalmente en revista RE catalán núm. 113</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/12/mas-desigualdades-de-las-que-se-pueden-contar/">Más desigualdades de las que se pueden contar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>No es fácil vivir con sentido</title>
		<link>https://www.revistare.com/2022/12/no-es-facil-vivir-con-sentido/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2022 05:57:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[autoconocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[era digital]]></category>
		<category><![CDATA[Josep Just Sabater]]></category>
		<category><![CDATA[No es fácil vivir con sentido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Josep JUST</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2022/12/no-es-facil-vivir-con-sentido/">No es fácil vivir con sentido</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Sumidos en las corrientes espasmódicas y volubles de la era digital donde todo parece que pase para, seguidamente, dejar de pasar y la apariencia de cambio constante pasa a ser la única realidad que «reclama» nuestra atención y participación activa o pasiva, hablar de profundizar sobre nuestro vivir puede dejar perplejo a más de uno e incluso incomodarlo, pues cuanto más fuerza totalizadora toma el paradigma tecnológico exponente de una forma de vida cuyo el sentido se persigue en la superficie brillante de las cosas, en la instantaneidad de las experiencias, en el <em>presentismo</em> (virtual o no) de las interrelaciones personales&#8230;</p>
<figure id="attachment_8661" aria-describedby="caption-attachment-8661" style="width: 400px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-8661" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido-300x200.jpg" alt="" width="400" height="267" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido-1536x1024.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido-1320x880.jpg 1320w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/encontrar-el-sentido.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a><figcaption id="caption-attachment-8661" class="wp-caption-text">«Se busca un sentido que venga del interior de uno mismo y lo llene de<br />algún contenido … para hacer la existencia más significativa y valiosa.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Se diría que nuestra condición de <em>homo viator</em> en la tierra (donde estamos de paso) se haya mutado en la de ser simples “pasajeros” temporales. Siendo nuestro &#8216;pasaje&#8217; el tiempo que nos toca vivir, no importa que nos pasemos toda la vida en el mismo lugar (casa, ciudad, pueblo, país&#8230;) y por mucho que viajemos, o bien que no paremos de hacer de trotamundos.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8216;Pasajeros&#8217; que no mostramos mucho o nada de interés ni consideración hacia ningún plan de existencia trascendente que vaya, pues, más allá y más a fondo de lo que se nos presenta a nuestros sentidos y sensaciones siempre ávidos de novedades y &#8216;negados&#8217; para la exploración íntima, profunda y comprometida con las capas más intrincadas y complejas de la realidad, empezando por la que concierne más directamente y singular a nuestro ser personal.</p>
<p style="text-align: justify;">De nuevo resurge el miedo a conocernos. Un miedo, a su vez, más temido y temible cuanto más hondo se convierte. Hasta el punto de que preferimos que los demás nos conozcan a su manera que conocernos a nosotros mismos de ninguna manera.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de todo, siempre podemos cuestionar y desmentir el conocimiento que el prójimo tenga de nosotros. Pero no podemos escaparnos de hacer frente a nuestro propio autoconocimiento. O lo encaramos o nos engañamos. &#8216;Convivimos&#8217; o lo ignoramos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El precio a pagar, la pena a pasar</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Puede que todavía resonara en nuestra mente y en nuestro corazón la máxima del oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Y que ésta fuera toda la sabiduría alcanzable en el mundo. De hecho y bien mirado, no existe ninguna interacción humana que contenga la clave de acceso a la esencia de nuestra existencia, a nuestro núcleo óntico, es decir, a lo que verdaderamente somos.</p>
<p style="text-align: justify;">En el mejor de los casos, se dan tentativas de llegar a los demás genuinamente, es decir, sin querer sacarle sólo un provecho egoísta e interesado. A lo sumo, serán aproximaciones a su manera de ser, la cual siempre es diferente a la nuestra, por muchas semejanzas que haya entre dos individuos humanos. Y por incontestable que sea nuestra igualdad fundamental, en cuanto a miembros de la misma especie o congéneres.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie negará que se hace difícil vivir con sentido. Cierto. Y más cuando se busca un sentido que venga del interior de uno mismo y lo llene de algún contenido que estime positivo, pero no primariamente para hacerle la existencia más llevadera, práctica y feliz, sino sobre todo para hacérsela más significativa y valiosa. Lo suficiente para decirse, sencilla y honestamente: «¡Vale la pena vivir!». Esta expresión tan común y, también, tan sudada, si se toma textualmente, lo resume todo. Y presenta este corolario: la vida tiene un precio a pagar: la pena que toca pasar junto al valor que proceda de darle. Algo tan aparentemente simple pero de un calado humano muy profundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se puede, ciertamente, querer tener una vida fácil y pensar que no hay ningún mal en hacer todo lo posible para conseguirlo. Otra cosa es que sea consciente del contrasentido en el que incurre si no cree que su desiderátum o propósito, legítimo y natural, podría estar revestido de una dificultad ineludible que no se encuentra bajo su control y que viene de la vida misma. Y por tanto, le es intrínseca. Dicho de otro modo, querer tener una vida fácil (permítanme la redundancia) no es nada fácil.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en mi opinión, se podría ahorrar tal dificultad, la reconozca o no, asumiendo el marcado distanciamiento entre el deseo y la realidad y haciéndose cargo de la tensa fricción que tan a menudo se da entre querer y poder. Desgraciadamente, sin embargo, seguimos creyendo que es mejor no escarbar demasiado en nuestro interior. Y no ya porque cada vez parece que vaya ganando más predicamento la pseudo-idea materialista que interiormente no tenemos más que vísceras y órganos vitales, sino porque profundizar en nada es perder el tiempo para acabar yendo perdidos y autoengañados, creyendo habernos encontrado a nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el hecho es que nadie se encuentra si no se busca primero. Y sin embargo, no hay búsqueda que garantice ningún descubrimiento, pues la incertidumbre inherente a aquélla nos sale al encuentro, por así decirlo, en cada encuentro o &#8216;hallazgo&#8217; realizado.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Entendernos un poco más</strong></p>
<figure id="attachment_8659" aria-describedby="caption-attachment-8659" style="width: 350px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-8659" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido-300x200.jpg" alt="" width="350" height="234" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido-1024x684.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido-1536x1026.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido-1320x881.jpg 1320w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/vivir-con-sentido.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px" /></a><figcaption id="caption-attachment-8659" class="wp-caption-text">«No podemos escaparnos de hacer frente<br />a nuestro propio autoconocimiento.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, creo que lo que cuenta a la hora de entendernos un poco más a nosotros mismos y los demás es no subestimar a nadie por ser (o aparentar ser) superficial en sus hábitos, comportamientos, criterios, opiniones y valoraciones sobre su vivir diario, en particular, y el mundo en general. Ni a sobreestimar a aquellos que viven inclinados a ir siempre al fondo de las cuestiones, sean cuales sean.</p>
<p style="text-align: justify;">Las razones con las que funcionan de ordinario los primeros, por triviales que aparezcan y por mucho que éstos no crean necesario profundizar en nada, en contraposición a los segundos (por los que cualquier experiencia, evento, hecho y realidad se presta a ser objeto de pregonas reflexiones y a ser pensadas hasta el límite de sus posibilidades de sentido), serán suficientemente válidas, al menos en términos pragmáticos, para configurar su biografía personal e itinerario existencial.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la pregunta de peso es, qué han sacado de sí mismos, qué aprendizaje, conocimiento, etc. han reunido de su trayectoria vital, y si todo ello les ha merecido la pena. Y saber que la respuesta que se den, buena o mala, sólo les servirá a ellos o ellas. Lo cual podría ser más dificultoso de lo que piensan, incluso, más que el camino que hayan hecho hasta este punto&#8230; (¿final?)</p>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, aquellos que han tendido por sistema hacerse preguntas e indagar en los <em>quids</em> de las cuestiones más propiamente humanas fuera de las corrientes efímeras y superfluas de la sociedad digital, podrían quedarse <em>in albis</em> en el momento primordial de hacer recapitulación de su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que profundizar sobre el vivir tiene sus riesgos, como toda aventura humana digna de tal nombre y puede llevar a la persona a permanecer a oscuras y demasiado encerrada dentro de sí misma. Pero no hacerlo (por miedo, pereza, incomodidad, inepcia&#8230;) puede llevarla a encontrarse en la vacuidad más estéril e insustancial.</p>
<p style="text-align: justify;">Y no parece haber un término medio. A menos, por supuesto, que se opte por nadar entre dos aguas en todas las situaciones decisivas de su existencia. En otras palabras: a no aclararse existencialmente y a dudar de todo lo que crea tener claro. Y entonces la pregunta sería: ¿se puede vivir así?</p>
<p><em>Josep JUST SABATER<br />
</em><em>Poeta<br />
</em><em>España<br />
</em><em>Publicado originalmente en RE catalán núm. 108</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2022/12/no-es-facil-vivir-con-sentido/">No es fácil vivir con sentido</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Ningún paso en vano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2020 06:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[bienestar social]]></category>
		<category><![CDATA[creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>
		<category><![CDATA[equitativo]]></category>
		<category><![CDATA[Josep Just Sabater]]></category>
		<category><![CDATA[Ningún paso en vano]]></category>
		<category><![CDATA[recursos planetarios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Josep JUST</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2020/12/ningun-paso-en-vano/">Ningún paso en vano</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_5948" aria-describedby="caption-attachment-5948" style="width: 357px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/10/Sasin-Tipchai-en-Pixabay.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5948 " src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/10/Sasin-Tipchai-en-Pixabay-331x219.jpg" alt="" width="357" height="236" /></a><figcaption id="caption-attachment-5948" class="wp-caption-text">«¿De qué sirve que se avance lo más posible si no le importa<br />ni poco ni mucho dejar a los otros atrás o que se queden?»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">El vocablo “creativo” funciona tal vez como el adjetivo que más rápidamente asociamos con algo que somos capaces o estamos dotados de hacer en clave innovadora, positiva y fructífera. A pesar de que también se puede ser creativo con acciones de vena negativa que persiguen, expresamente o no, el perjuicio de otro en beneficio propio, o simplemente por puro y crudo sadismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, si hablamos de ser creativos para avanzar creo que nos vendrá más a mano emprender acciones que, procurando satisfacer una aspiración personal del tipo que sea y en el terreno que sea necesario, tienen en cuenta el bien y el interés del otro, o al menos no lo ignoren, desestimen ni subestimen.</p>
<p style="text-align: justify;">Bien mirado, podemos preguntarnos: ¿de qué sirve que se avance lo más posible si no le importa ni poco ni mucho dejar a los otros atrás o que se queden? En esta línea de reflexión, cualquier acto genuinamente creativo conlleva un cierto grado de solidaridad y co-implicación con el destino y la suerte o desgracia de los demás. Y me atrevería a decir que especialmente con los más desfavorecidos, pobres y los sin voz; y con muchos menos recursos, herramientas y medios para avanzar, si es que disponen de alguno. En otras palabras, los actos creativos tienen o deberían tener un componente ético y social bien concreto.</p>
<p style="text-align: justify;">En mi opinión, la creatividad está siempre abierta y orientada a alguna realidad que se quiere cambiar, transformar, descubrir o cuestionar. Por lo tanto, toda acción creativa contiene una implícita intencionalidad de crítica y un ánimo y actitud de descontento e inconformismo frente al estado de cosas existentes. Y un motivo, consciente o no, para avanzar.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo el mundo a su manera puede ser creativo, en mayor o menor medida, al menos en cuanto a la habilidad y aptitud de elegir entre dos o más opciones y tomar la decisión correspondiente ante una situación determinada que presenta retos inesquivables a su vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Se podrá o no tener la sensación de que se avanza a base de ir realizando posibilidades. Pero seguro que no aceptará sin más el hecho de que cuando le toque cotejarse a algún dilema y cruce existenciales y debe actuar para alcanzar una meta incierta, puede terminar auto-engañándose respecto a sus expectativas y aptitudes reales para avanzar y conformarse a vivir de ilusiones.</p>
<p style="text-align: justify;">Incidiendo en lo ya apuntado más arriba, se tiende comúnmente a pensar que la creatividad es exclusiva de las actividades o dedicaciones artísticas vocacionales y/o profesionales. Y también, más propio de las búsquedas, investigaciones, estudios y descubrimientos científicos y tecnológicos.</p>
<figure id="attachment_5947" aria-describedby="caption-attachment-5947" style="width: 331px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/10/Gerd-Altmann-en-Pixabay01.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5947 size-bd-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/10/Gerd-Altmann-en-Pixabay01-331x219.jpg" alt="" width="331" height="219" /></a><figcaption id="caption-attachment-5947" class="wp-caption-text">«Ser creativos para avanzar en actitudes,<br />hábitos y pautas de conducta.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Pero no es menos cierto que para ser creativo no hay que tener un talento o don especial para las artes ni por las ciencias ni para nada. Y a propósito de nada, nadie es libremente ni plenamente creativo a partir de la nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Por otra parte, cuando calificamos la obra de alguien de original (entendido tal concepto en su significado más amplio), fácilmente obviamos que, en rigor, el origen de dicha obra es anterior a ésta y a su autor. Con esto vengo a decir que la fuerza inspiradora que consideramos motor generador de una tarea original &#8216;nace&#8217; mucho antes que nosotros hayamos intuido y captado su espíritu, origen de todo lo que somos y móvil y sentido de lo que hacemos .</p>
<p style="text-align: justify;">¿No será que en cada acto creativo, por insignificante que parezca y por desapercibido que pase, late el anhelo íntimo de revelar humildemente la verdad de aquel?</p>
<p><strong>Transición crítica</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hoy día nos encontramos abocados a una transición crítica hacia un mundo más complejo y multidiverso en que la riqueza y el poder de unos pocos, una élite invisible de dueños (la oligarquía económica y financiera), escondidos tras unos líderes políticos a su servicio, se imponen desde arriba dando soluciones falsas y respuestas simplistas a problemas y conflictos globales y que, por tanto, afectan a todos, mientras nos hacen creer que así avanzamos más y mejor. Cuando de hecho sólo piensan en mantener y perpetuar sus privilegios e intereses lucrativos, alimentados por una ambición y codicia obscenas.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante este escenario en que las desigualdades de todo tipo van creciendo en relación inversamente proporcional a la acumulación de grandes fortunas y de dominio económico y tecnológico se hace más necesario que nunca apostar por ser creativos -tanto en el ámbito individual como colectivo- para avanzar de otro modo y en otra dirección que apunte a revertir las tendencias e instintos depredadores de aquellos que ponen en último término el bienestar de las personas, el equilibrio de los ecosistemas, la calidad ambiental y la biodiversidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho de otro modo, ser creativos para avanzar en actitudes, hábitos y pautas de conducta. Y en definitiva, marcos mentales y ético-sociales que prioricen el decrecimiento compensado y sostenible en todos los ámbitos de relación, intercambio, transacción, gobernanza y gestión en el reparto equitativo de los bienes y recursos planetarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegados aquí, a mí no se me ocurre otra forma creativa de avanzar humanamente. Mal que así se exponga y arriesgue a traspasar el umbral de la muerte, el cual siempre permanece abierto a todos y nunca invita ni llama a nadie a dar un paso en vano.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Josep JUST SABATER<br />
</em><em>Poeta<br />
</em><em>Publicado originalmente en RE catalán núm. 99</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2020/12/ningun-paso-en-vano/">Ningún paso en vano</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>Los límites de la corporeidad</title>
		<link>https://www.revistare.com/2020/06/los-limites-de-la-corporeidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2020 04:56:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[corporeidad]]></category>
		<category><![CDATA[cuerpo social]]></category>
		<category><![CDATA[dimensión física]]></category>
		<category><![CDATA[eternidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Josep Just Sabater]]></category>
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		<category><![CDATA[Los límites de la corporeidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Josep JUST</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Si no reducimos el cuerpo a desnuda y cruda estructura anatómica, el cuerpo humano aparece como una viva materialización orgánica suficientemente consistente y concreta, aun siendo, paradójicamente, la menos sólida del mundo físico. Y es que su presencialidad, bien visible y patente, se resiste a ser tratada como una realidad material más. Uno, ciertamente, no puede relacionarse con su propio cuerpo como si fuera un objeto exterior ajeno a sus sentidos, pensamientos y sensaciones. Y no lo puede hacer sencillamente porque cualquier relación que tenga le pone delante los mismos límites de su corporeidad, se dé cuenta o no.</p>
<figure id="attachment_5437" aria-describedby="caption-attachment-5437" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5437 size-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad-1024x645.jpg" alt="" width="660" height="416" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad-1024x645.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad-300x189.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad-600x378.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad-1536x967.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/04/limites-corporeidad.jpg 1729w" sizes="auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5437" class="wp-caption-text">«La corporeidad no se agota en su dimensión física, material, social, y espacial.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La expresión “hacer lo que el cuerpo me pide” lleva a la conciencia de la persona el deseo más perentorio de ser libre en todo aquello que le proporcione placer corporal y directa gratificación de los sentidos. Más que una demanda del cuerpo, quizás sería más adecuada una orden suya. Una especie de orden incondicional a su poseedor para dejarse mandar con clara complacencia por éste sin poner objeciones ni resistencias. Así, por lo tanto, a su gusto. En efecto, todos pueden atribuirse el derecho de hacer lo que le plazca con su propio cuerpo sin tener que justificar a nadie el trato que le dé, guste o no a los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">La corporeidad que le constituye, sin embargo, no es un valor absoluto. Y en cuanto el individuo entra y se sitúa dentro de un marco de relaciones intersubjetivas, deja en cierta manera de lado, sin desdoblarse, su cuerpo físico para formar parte de un cuerpo social. Y es en él donde uno se puede encontrar mejor o peor consigo mismo y con los otros individuos que conformen este cuerpo social.</p>
<p style="text-align: justify;">En la dialéctica del ser y el tener, entre afirmar que somos o tenemos cuerpo no hay demasiada diferencia a pesar del calado ontológico que conferimos al ser delante del simple tener, entendido generalmente en sentido de posesión, pertenencia o propiedad. Pues si afirmamos que somos cuerpo no es para negar que tenemos un cuerpo sino para remarcar la soberanía y primacía de éste en tanto que real por el sujeto personal que se hace, por decirlo así, amo y señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Su corporeidad le es intrínseca como ser humano por mucho que pague tributo a todas las servitudes, fragilidades, limitaciones, chacras y debilidades connaturales a su contingencia. Y por mucho que uno pueda sentirse y pensarse separado del cuerpo, o bien talmente se viviera como una mente con la conciencia inquietante y no exenta de sufrimiento de cargar su cuerpo sobre sí.</p>
<p style="text-align: justify;">Con todo, uno también intuye que en sí hay alguna cosa más que el cuerpo que es y tiene. Digámoslo espíritu, fuerza interior, energía interna, etc. que habita en su cuerpo sin hacerse extraño. Entonces, cualquier experiencia comportará no sólo la visibilidad objetiva de las expresiones propias del lenguaje corporal sino también la invisibilidad subjetiva de lo que se vive para uno mismo, por abierto, receptivo y sensible que sea con los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que la corporeidad no se agota en su dimensión física, material, social, y espacial. El hecho que nuestro cuerpo ocupe necesariamente un lugar en el mundo, y que interactúe, no tiene por qué hacer creer que una vez muramos lo perdamos todo: cuerpo, lugar y mundo. Que nuestra vida en la tierra tenga su tiempo largo o corto no convierte nuestra finitud en definitiva. Ni la infinitud, en una ilusión. O la eternidad, en una invención ingeniosa de la mente humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Es, curiosamente, nuestro cuerpo que, sabiéndose mortal, nos informa de su fin temporal en cada acción y movimiento, evidenciando así mismo en cada latido del corazón su corruptibilidad y a la vez su perdurabilidad en un nuevo estado que, nunca mejor dicho, está por ver. Y a mi parecer, es bueno creerlo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Josep JUST SABATER<br />
</em><em>Poeta<br />
</em><em>Publicado originalmente en RE catalán núm. 98</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2020/06/los-limites-de-la-corporeidad/">Los límites de la corporeidad</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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