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	<title>saborear | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>saborear | Revista RE Castellano</title>
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		<title>La sabiduría: buscar el bien de la gente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2022 05:56:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[bien]]></category>
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		<category><![CDATA[Jordi Cussó Porredon]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jordi CUSSÓ</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2022/12/la-sabiduria-buscar-el-bien-de-la-gente/">La sabiduría: buscar el bien de la gente</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La información es el caudal de datos que le llega a una persona a lo largo del día. Datos que observa, que escucha, que percibe, y algunos de ellos quedan retenidos. Esto es lo que llamamos conocimiento. Es evidente que hay estrategias para conseguir el conocimiento y hay personas que acumulan tanto conocimiento que merecen la categoría de eruditos: aquellos que han acumulado mucho conocimiento, que no han dejado perder la información, y que tienen una cabeza clara y ordenada. Pero no nos equivoquemos: esto no es ser sabio. La sabiduría como dice el filósofo francés Edgar Morin es «saber aplicar en la propia vida todo lo que hemos conocido; en el fondo, crecer en humanidad, ser más persona, desplegar el talento que tenemos dentro». Me atrevo, a poner un pequeño matiz: es saber aplicar bien, el saber en la propia vida.</p>
<figure id="attachment_8649" aria-describedby="caption-attachment-8649" style="width: 400px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-8649" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien-300x200.jpg" alt="" width="400" height="267" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien-1536x1024.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien-1320x880.jpg 1320w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/buscar-el-bien.jpg 1920w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a><figcaption id="caption-attachment-8649" class="wp-caption-text">«Hay que pisar el terreno, caminar por las calles, oler las ciudades,<br />mirar y dialogar con las personas, contemplar &#8216;in vivo&#8217;<br />su belleza para saborear realmente las cosas.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Etimológicamente, sabiduría viene de la palabra latina <em>sapere</em>, de la que se derivan dos palabras: saber y sabor. Dos palabras que indican: aquel que sabe, y al mismo tiempo saborea lo que sabe (saboreando aquello de lo que trata su saber). Un saber que se alimenta de la vida, no puede ser sólo un saber teórico sobre las cosas, sino una experiencia conocida y vivida. Dice el poeta y sacerdote argentino Hugo Mujica: «Si la filosofía es la transmisión de lo pensado, la historia del pensamiento, la sabiduría es el testimonio de lo experimentado, la experiencia de la vida misma, de su gusto. El sabio no es quien pensó la vida sino quien dejó que la vida le diga lo que ella misma aprendió viviéndolo a él, quien dejó que la vida le entregue su sabor, le revele su sentido».</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Nuestro propio ser</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Algunos autores creen que la sabiduría es un atributo del ser y, por tanto, la primera experiencia de sabiduría debería empezar por conocer y paladear lo que es más cercano a nosotros mismos, nuestro propio ser. La sabiduría se potencia desde la soledad y el silencio, es decir, desde la contemplación profunda de la vida de las cosas que escuchamos y aprendemos. De esta contemplación que alienta la reflexión sobre nuestra interioridad, brota la conciencia, es decir, la ciencia de nosotros mismos. Esta conciencia que nace de nuestro diálogo interior nos permite saber quiénes somos y cómo somos, y ayuda a conseguir una aceptación plena, para poder utilizar y desarrollar en la vida, las potencias y capacidades de cada uno.</p>
<p style="text-align: justify;">Situarnos en la propia existencia como punto de partida para vivir lo que realmente somos y darnos cuenta de que existimos, cuando podíamos no haber existido nunca, nos abre la capacidad de sorprendernos ante la realidad, las personas y los eventos que nos rodean. Y esta admiración sorprendente es la que nos lleva a una sana curiosidad, que es el verdadero motor del aprendizaje. El doctor Alfred Rubio señalaba: «Aquel que está contento con ser lo que él es, ser un ser humano, encuentra que el universo es muy interesante, de una gran belleza, su hogar, del que hay que cuidar. El que está contento de vivir tal y como es, cuida del universo, de las cosas que tiene alrededor; está abierto a la ciencia, a una investigación amorosa, para ir descubriendo y disfrutando de los secretos de ese universo en el que se encuentra, del que forma parte, que lo constituye porque sin él tampoco sería». De la alegría de ser, en lugar de no ser, surgen muchas preguntas y sus posibles respuestas y sobre todo el deseo y la motivación por seguir aprendiendo. Me atrevería a decir que la sorpresa, la admiración por todo lo que existe y el saber ubicarse con alegría en la realidad, son la base para lograr la sabiduría.</p>
<p style="text-align: justify;">La sabiduría es una actitud que surge sobre todo de la experiencia, y ésta, está hecha de conocimientos, valores, acciones, creencias, emociones, deseos, principios, sentimientos, en definitiva, de una mezcla difícil de separar y que nunca es el resultado de amontonar todas estas cosas. Ni la sabiduría ni la verdad son valores exclusivamente intelectuales, ni actividades puramente racionales, sino sobre todo una forma de tocar la realidad y de recrearla.</p>
<p style="text-align: justify;">La sabiduría consiste en hacer más verdadera la vida y no escondernos en argumentaciones y raciocinios, que a menudo sólo quieren justificar supuestas verdades objetivas. No es de sabios validar verdades abstractas, inanimadas, desencarnadas, que están fuera de la vida. Una cosa es definir el amor y otra cosa es amar. Mirando la vida y sus obras, podemos saber si realmente amamos, si nuestro amor es verdadero.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La búsqueda de la verdad</strong></p>
<figure id="attachment_8653" aria-describedby="caption-attachment-8653" style="width: 267px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-8653" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear-200x300.jpg" alt="" width="267" height="400" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear-200x300.jpg 200w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear-684x1024.jpg 684w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear-1026x1536.jpg 1026w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2022/10/saber-y-saborear.jpg 1283w" sizes="(max-width: 267px) 100vw, 267px" /></a><figcaption id="caption-attachment-8653" class="wp-caption-text">«Sabiduría viene de la palabra latina &#8216;sapere&#8217;,<br />de la que se derivan dos palabras: saber y sabor.<br />Dos palabras que indican: aquel que sabe,<br />y al mismo tiempo saborea lo que sabe.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">En el prólogo del evangelio de Juan leemos: «La vida era la luz de los hombres y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron». La «vida era la luz», pero, con el paso del tiempo, se invirtieron los términos y, terminamos diciendo: «la luz era la vida de los hombres», con lo que identificábamos la luz con el conocimiento, con la verdad intelectual y racional. De esta manera la vida ha quedado supeditada a la verdad, como si vivir fuera ir tras la verdad, y ésta se convierte en la brújula de la vida. Sin negar toda la importancia que tiene la búsqueda de la verdad: «y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres», dice el propio evangelista, la sabiduría nos dice que debemos ser luz, y que la vida es la que ilumina. Así pues, contemplando la vida de la gente vamos descubriendo sus obras, sus gestos y acciones, y mirando los hechos de la vida, vislumbramos sus conocimientos, valores, ideales y creencias, lo que podríamos llamar su «verdad». Esto no implica un relativismo radical, sino que implica una noción humana de verdad que integra el intelecto con lo concreto y la experiencia. Entre el relativismo y una absolutización de una verdad abstracta hay un riquísimo margen por el que transita la sabiduría.</p>
<p style="text-align: justify;">A menudo, cuando la discusión se juega en el ámbito de la verdad siempre hay malentendidos y separaciones, pero cuando se realiza en el ámbito de la vida, a pesar de los obstáculos que brotan del miedo y del egoísmo, tendemos a buscar la unidad y la concordia. Esta constatación me hace entender que la sabiduría consiste en buscar el bien, llegar a la verdadera estima y concordia con los demás, y, desde esta plataforma, es de donde podremos iniciar también el debate de los valores, de los conceptos, de las ideas y de las grandes verdades. La verdadera sabiduría consiste en trabajar juntos, porque coexistimos, nos «co-constituimos», pues la vida va más allá de los conceptos.</p>
<p style="text-align: justify;">La sabiduría nos hace entender, que debemos sentir el bien de la gente, y que, desde la encarnación concreta de este bien, podremos hacer un discurso sobre la verdad. (Mientras la gente pasa hambre o muere de sed, hacer discursos sobre las grandes verdades puede llegar a ser imprudente e improcedente). Casi podríamos decir que lo bueno que hago es mi verdad concreta. Cuando siento que hago el bien y que ese bien lo es también para los demás, es cuando mi inteligencia encuentra y siente esta concreción como una verdad de la que es difícil dudar. Dice el filósofo Josep María Esquirol: «Si la verdad es lo que se muestra y se siente con más fuerza, más vivamente, entonces la verdad es la verdad de la vida, y del amor y del pensamiento que intensifican la vida. (&#8230;) La verdad es la verdad del ser capaz de vida. Y esto determina la falsedad: todo lo que estropea la vida, todo lo que la degenera, todo lo que la niega, todo lo que duele. Todo lo que en lugar de dar, quita, que no genera nada sino que lo degenera todo: indiferencia, insensibilidad, abstracción». Éste ser capaz de vida es la brújula que nortea la sabiduría.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mirada realista</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La realidad no podemos mirarla sólo desde el exterior, ya que existe el riesgo de teorizar con excesiva facilidad y expresar una serie de razonamientos tan abstractos que no reflejen la realidad de lo que somos y vivimos. Hay que pisar el terreno, caminar por las calles, oler las ciudades, mirar y dialogar con las personas, contemplar <em>in vivo</em> su belleza para saborear realmente las cosas y, después, poder hablar de ellas con seriedad y buscar soluciones adecuadas a los problemas que se plantean. La sabiduría se sitúa en la realidad, no podemos situarnos fuera de nosotros mismos, de una manera idealista y abstracta.</p>
<p style="text-align: justify;">Los sabios son maestros de vida, de libertad y de amor. Siempre hemos necesitado y necesitaremos del testimonio de hombres y mujeres capaces de enseñar, porque han conocido, probado y saboreado: la libertad, la amistad, la fraternidad, la familia, etc., todos aquellos valores que construyen personas y crean civilización. Ésta es la maestría de la sabiduría que nos hace crecer, que compromete la vida y que nos invita a transformarla.</p>
<p><em>Jordi CUSSÓ PORREDÓN<br />
</em><em>Director de la Universitas Albertiana<br />
</em><em>España<br />
Publicado originalmente en RE catalán núm. 108</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2022/12/la-sabiduria-buscar-el-bien-de-la-gente/">La sabiduría: buscar el bien de la gente</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Ágapes: saborear el encuentro</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/08/2536/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Aug 2017 05:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ni la cantidad ni la exquisitez de los alimentos logra nunca equiparar el buen sabor de boca que deja un encuentro en el que uno se siente atendido personalmente, con delicadeza y atención.</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/08/2536/">Ágapes: saborear el encuentro</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_2540" aria-describedby="caption-attachment-2540" style="width: 327px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863.jpg"><img decoding="async" class=" wp-image-2540" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863-300x199.jpg" alt="" width="327" height="217" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863-300x199.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863-1024x680.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863-600x398.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/08/DSC07863-331x219.jpg 331w" sizes="(max-width: 327px) 100vw, 327px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2540" class="wp-caption-text">Fotografía: Javier Bustamante</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Prácticamente en todas las culturas existen uno o varios tipos de encuentro social o familiar que tienen lugar alrededor de alguna clase de comida o bebida. Ni qué decir tiene que, en su origen, no se concibe que los alimentos en sí sean el centro del evento; seguramente, ni siquiera pueda afirmarse así en aquellos entornos agrícolas en los que este hecho coincide con la recolecta o cosecha de algún producto. En realidad, la comida es una parte importante del contexto que se crea para que tenga lugar un encuentro humano al que se da cierta importancia. De ahí que suelan tener un componente casi ritual, ya sea en las formas que se adoptan o en los alimentos que se toman.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, al observar cómo se han transformado algunos de estos acontecimientos, nos atrevemos a afirmar que han perdido su ingrediente fundamental: el encuentro humano. En unos casos, eso sucede por comportamientos insanos que hacen que administremos la comida de modo inadecuado por sus características o sus cantidades. De un modo que horrorizaría a nuestros antepasados, parece que nos juntemos para comer y no para celebrar algo conjuntamente.</p>
<p style="text-align: justify;">La comida adquiere su carácter cultural cuando sobrepasa su condición relativa a la supervivencia. Eso aporta la particularidad humana a un hecho que, de entrada, es meramente animal. Pero, sin embargo, el hombre ha desarrollado comportamientos que, en realidad, le desmerecen con respecto a los animales. Éstos, por ejemplo, habitualmente matan lo estrictamente necesario para supervivir. En cambio, los seres humanos estamos desperdiciando constantemente cantidades ingentes de comida, aun a sabiendas de que hay un parte importantísima de la población mundial que carece de la necesaria para sobrevivir. El orgullo guía este tipo de comportamientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Confundimos el sentido de agasajar con el de ofrecer una cantidad de comida desmesurada de la cual, casi inevitablemente, una considerable parte será desperdiciada. Para acoger a alguien y tratarle con atención y deferencia, lo más importante es la actitud personal que adoptemos al hacerlo. Dicha actitud nos dictará qué alimentos son los apropiados para ofrecer a nuestro invitado. Si es verdadero cariño el que le deparamos, lograremos ofrecerle un tipo de alimentos que convengan a su salud y le hagan sentirse a gusto no sólo en ese momento sino también después del encuentro.</p>
<p style="text-align: justify;">En otros casos, la pérdida de sentido con respecto de sus orígenes la denota el olvido de la sabiduría oculta en los ritmos tanto de la elaboración de la propia comida como del ágape en sí. Prisas que provocan malas digestiones y, lo que aún es peor, malos encuentros. Es bien sabido que las cocinas caseras son lugares donde tienen lugar algunas conversaciones enjundiosas, al ritmo de tareas manuales minuciosas o de seguimiento de un guiso que se cuece a fuego lento: como las buenas amistades.</p>
<p style="text-align: justify;">Las antiguas amas de casa o sus trabajadores preparaban con verdadera sabiduría los alimentos que tenían que acompañar un encuentro crucial para la familia, ya fuera por negocios o por asuntos personales como los enlaces matrimoniales, etc. Esa atención se traslucía luego en el desarrollo del encuentro en sí. La unión de comida y conversación es tan delicada como fructífera si se prepara equilibradamente. Es decir, tan importante es preparar lo uno como lo otro, y el efecto es multiplicador. Si el objetivo principal es atender a alguien y cuidar nuestra relación con él, no podemos contentarnos con preparar lo «material»: deberemos detenernos igualmente en pensar en lo «inmaterial», o sea, en la propia persona, en los temas de conversación, en sus gustos o habilidades, en aquello que nosotros conocemos y que puede serle de interés, utilidad o agrado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni la cantidad ni la exquisitez de los alimentos logra nunca equiparar el buen sabor de boca que deja un encuentro en el que uno se siente atendido personalmente, con delicadeza y atención; en el que la conversación transcurre amigablemente; en el que se produce un enriquecimiento mutuo y una agradable sensación de bienestar. Eso es, probablemente, lo que realmente distingue una comida de un ágape. El banquete lo es por la belleza y armonía de todos sus ingredientes.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Agosto de 2017</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/08/2536/">Ágapes: saborear el encuentro</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Escuelas del saborear</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/07/escuelas-del-saborear/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jul 2017 04:57:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Natàlia PLÁ</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/07/escuelas-del-saborear/">Escuelas del saborear</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>En ocasiones camuflamos en forma de esperanza y disponibilidad lo que, tal vez, más bien sea ambición. Queremos más, siempre más, de&#8230; </em></p>
<p style="text-align: justify;">A sabiendas de que es una brusquedad nada más comenzar, digámoslo sin ambages: <em>somos ambiciosos</em>; y aclaremos que <em>no sólo de bienes materiales, sino también de otro tipo</em>. Y por muy loables que puedan ser los objetivos, la ambición no deja de ser un vicio porque implica desmesura, inadecuación a la realidad. Un vicio que tiene expresiones contemporáneas que no necesariamente pasan por la cuenta corriente ni el inventario de bienes muebles o inmuebles.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Lo más ambicionado</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde esta clave, podemos afirmar que, básicamente, ambicionamos tiempo. Sí; echamos de menos tener más tiempo para hacer cosas que nos apetecería; cosas que, para más <em>inri</em>, suelen ser buenas. En esa lista aparecen deseos como el de hacer ejercicio, el de cuidar más nuestra alimentación y comer más sano, el de pasar más tiempo con nuestros seres queridos, el de disfrutar más a menudo de actividades de ocio gratificantes, el de atender mejor asuntos o personas que nos parecen importantes, etc.</p>
<figure id="attachment_2380" aria-describedby="caption-attachment-2380" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2380 size-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas-1024x768.jpg" alt="" width="660" height="495" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas-1024x768.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Escuelas.jpg 1120w" sizes="auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2380" class="wp-caption-text">Fotografía: Juan Miguel González-Feria</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Ciertamente, el ritmo de vida generalizado hoy, especialmente en las grandes ciudades, dificulta considerablemente la organización del tiempo de modo que nos alcance para hacer todo lo que deseamos. Pero, aun siendo así, a menudo la cuestión no radica tanto en la cantidad de tiempo del que disponemos, como en lo que pretendemos hacer en él.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay mucho de ambición en esos anhelos que con vehemencia expresamos una y otra vez. En primer lugar, porque nos empeñamos en querer hacer más cosas de lo que es preciso. Del mismo modo que solemos acumular más ropa, más libros, más objetos de los que necesitamos —rebasando hasta un margen magnánimo de «por si acaso» o incluso de lícito «capricho»—, acumulamos también exceso de actividad o de pretensiones de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo suyo sería que viviéramos con normalidad todo lo sensato y lógico del convivir, sin estar continuamente dando la impresión de que no tenemos tiempo suficiente para hacer todo lo que conviene. Esta sensación angustiosa rompe la paz, tanto la propia como la del entorno. Y a menudo echa a perder la calidad de lo que vivimos por no tratarlo adecuadamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, en segundo lugar, hay ambición porque cuando disfrutamos de algo bueno, nunca nos parece suficiente. Si tenemos un encuentro gozoso, en seguida nos lamentamos de que no nos veamos más a menudo; si nos cuentan algo, esperamos que nos cuenten todo; si vivimos una experiencia de plenitud, extrañamos que eso no sea lo permanente&#8230; ¡Como si pudiera vivirse en un continuo clímax! Qué pena amargarse buenos momentos de la vida porque no asumimos que son tan limitados como nosotros mismos, que «todo» y «siempre» no son términos que acaben de casar bien con la contingencia humana&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No confundir ambición y esperanza</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La fuente de donde mana esa paz deseada no es otra que la humildad; humildad que es adecuación con el ser limitado que somos. Esa es la virtud filosófica que brota de la asunción sosegada de lo que somos, de quienes somos.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajo la apariencia de esperanza, a menudo se oculta la ambición. Porque la esperanza, por realista, es humilde; mientras que la ambición denota inconformidad con las propias posibilidades que llevan a un «no parar» persiguiendo nuevas metas. La esperanza tiene objetivos claros y concretos, mientras que la ambición no tiene límites, solo quiere más y más y más&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">La diferencia entre una y otra está en que las primeras son saludables mientras que las segundas son, a veces, la expresión de una enfermedad profunda. La esperanza hace disfrutar mientras que la ambición amarga el día a día.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Apuntes terapéuticos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Conviene crear «escuelas» del saborear, entornos donde se generen actividades en que no se engulla lo vivido, sino que se saboree. Al igual que proliferan los cursos para aprender a catar vinos, tendremos que aprender a paladear con fruición las experiencias vitales cotidianas.</p>
<p style="text-align: justify;">Asimismo, estaría bien que intentáramos algo así como «deletrear» las vivencias. Que nos detuviéramos en desglosarlas de forma que nos diéramos cuenta de la riqueza y complejidad que hay en cada una. La ambición hace tratar las cosas como un <em>pack</em>, y así se pierde la percepción de la complejidad de la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último, habrá que educarnos en la normalidad de la diversidad, es decir, tomando conciencia de que lo «normal» es que haya muchas cosas y distintas, y que sea imposible que todas se den al tiempo. Ni somos todo, ni tenemos todo, ni es posible que lo seamos o tengamos, pero lo que somos y tenemos al alcance es mucho más de lo que somos capaces de digerir.</p>
<p><em>Natàlia PLÁ VIDAL<br />
</em><em>Asesora y acompañante filosófica<br />
</em><em>Barcelona (España)<br />
</em><em style="line-height: 1.5;">Publicado en RE núm. 68</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/07/escuelas-del-saborear/">Escuelas del saborear</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Una receta para repetir</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/03/una-receta-para-repetir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Alegre]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Mar 2017 05:57:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Habitat / caseidad]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[Claudia TZANIS]]></category>
		<category><![CDATA[cocinar]]></category>
		<category><![CDATA[estándares]]></category>
		<category><![CDATA[hábitos alimenticios]]></category>
		<category><![CDATA[recetario existencial]]></category>
		<category><![CDATA[saborear]]></category>
		<category><![CDATA[salud]]></category>
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		<category><![CDATA[Una receta para repetir]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Claudia TZANIS.</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/03/una-receta-para-repetir/">Una receta para repetir</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_1768" aria-describedby="caption-attachment-1768" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160917_161734285.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1768 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160917_161734285-300x169.jpg" width="300" height="169" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160917_161734285-300x169.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160917_161734285-1024x575.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160917_161734285-600x337.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-1768" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por Claudia TZANIS. </strong>Desde el vientre de nuestra mamá, primera casa humana, la cual nos nutre de todo lo necesario para comenzar esta aventura de existir, hasta nuestra última comida, estamos marcados por olores, sabores, encuentros y recetas, de esas incluso que con los años nos piden que repitamos.</p>
<p style="text-align: justify;">De pequeños vamos definiendo gustos y elegimos qué comer. También lo que consumir para días tristes o para celebraciones especiales. Así, nos pasamos más de la mitad de nuestra vida y nos gastamos buena parte del presupuesto en alimentarnos. Sin darnos cuenta, nos vamos comiendo la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">En este recetario existencial, sin duda juega un rol nuestro origen y cultura. Pienso en mi madre y en tantas mujeres que, al saber que están embarazadas o incluso antes, dejan de comer una serie de alimentos no saludables y empiezan a cuidar sus cuerpos para estar sanas para ese otro ser que acogen en sí. También pienso en los miles de personas que al cocinar cada día, lo hacen con amor para nutrir a sus familias; o al invitar a sus casas preparan sus mejores recetas para agasajar a sus invitados.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada casa, por muy sencilla que sea, cuenta con un espacio especialmente acondicionado para cocinar, desde allí la casa entera se perfuma según los manjares que se estén preparando y, como resorte, nuestros sentidos se activan. En invierno añoramos un buen caldo que nos abrigue los huesos y el alma, y en verano algo refrescante. Y ya sea que actuemos de comensales o de cocineros, el preparar los alimentos o el comerlos, tiene algo de intangible; no solo nos nutre, primer cometido, sino que nos alimenta el espíritu. La comida nos reúne y nos convoca.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, en esta sociedad actual, los trabajos que tenemos y los ritmos que llevamos, nos predisponen a comprar cualquier cosa, calentarla en el microondas y, en segundos, devorarla en solitario. Todo para tener tiempo, para seguir corriendo, hasta que nuestra «casa» —es decir, nuestro cuerpo— se resiente, se enferma y el presupuesto ahora va para la farmacia. Poco queda para el mercadito de verduras frescas.</p>
<p style="text-align: justify;">Para vivir necesitamos comer, pero más parece un acto reflejo para saciar un hambre que no se sacia. Es como si se hubiera perdido el apetito, ese «hambre» por reunirnos en torno a la mesa, en juntarnos sin pretextos, el sentirnos bien nutridos por otros. Hemos perdido el apetito, el gusto a saborear, el gusto —en extremos— incluso por la vida. Cada día son más los trastornos provocados por una sociedad anoréxica o bulímica, que nos sacia hasta el hartazgo pero que nos deja inapetentes y desnutridos.</p>
<figure id="attachment_1771" aria-describedby="caption-attachment-1771" style="width: 184px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160828_144811340_HDR.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-1771" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/03/IMG_20160828_144811340_HDR-169x300.jpg" width="184" height="326" /></a><figcaption id="caption-attachment-1771" class="wp-caption-text">Fotografía: Claudia Tzanis</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Las mil exigencias sociales de ser de una talla, de verte de una manera, de cumplir ciertos estándares, hacen que nos mal alimentemos. Ya no nos nutre un buen caldo casero, un domingo en la tarde bien conversado y acompañado. Sin embargo, tarde o temprano, nos veremos obligados a cambiar los hábitos.</p>
<p style="text-align: justify;">Las recetas, ahora médicas, nos devuelven la conciencia de lo que consumimos, en cantidad y en calidad. Qué gran oportunidad de volver a las recetas que mejoren nuestra salud tanto física como anímica también. Es una buena ocasión para resignificar la calidad de nuestros hábitos alimenticios, para hacernos cargo de lo bien o mal nutridos que estamos y del alimento que ofrecemos a aquellos que convocamos a nuestra mesa.</p>
<p style="text-align: justify;">Preguntarnos qué estamos comiendo, sano o chatarra, y cómo lo hacemos, corriendo o con tiempo y dedicación, nos ayudará a cuidar nuestra mejor casa, es decir nuestro cuerpo. Es una urgencia vital, para mejorar nuestra calidad de vida, el recuperar sabores y olores. Una invitación a recuperar espacios para el diálogo, para compartir, para agasajar a otros, para celebrar nuestra alegría de vivir y compartir; sobre todo, remirar lo que consumimos y lo que ofrecemos con nuestras preparaciones en todo el amplio sentido de la palabra. Que seamos nosotros mismos una receta para repetir sin enfermarnos o enfermar a otros.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Claudia TZANIS EISSLER </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Periodista, Santiago (Chile) </em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/03/una-receta-para-repetir/">Una receta para repetir</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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