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	<title>virtudes | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>virtudes | Revista RE Castellano</title>
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		<title>Velar por la calidad de los vínculos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Mar 2021 05:58:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[carácter]]></category>
		<category><![CDATA[el sentido de la vida]]></category>
		<category><![CDATA[encuentro]]></category>
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		<category><![CDATA[Francesc Torralba Roselló]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francesc TORRALBA</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/velar-por-la-calidad-de-los-vinculos/">Velar por la calidad de los vínculos</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_6327" aria-describedby="caption-attachment-6327" style="width: 331px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/comprension-manos.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-6327 size-bd-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/comprension-manos-331x219.jpg" alt="" width="331" height="219" /></a><figcaption id="caption-attachment-6327" class="wp-caption-text">«Tiene sentido velar por la calidad de los vínculos,<br />porque es el primer paso para disfrutar de<br />entornos agradables, donde valga la pena vivir.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Hay un cúmulo de circunstancias que, ciertamente, no depende de nosotros. Hay hechos que no podemos cambiar, que debemos asumir y afrontar con serenidad. Nadie puede cambiar, por ejemplo, a sus padres, ni a sus hermanos, ni el día en que nació, ni su pasado. Puede olvidarlo o, mejor dicho, intentar olvidarlo, pero no puede cambiar lo que se sucedió en el tiempo pretérito.</p>
<p style="text-align: justify;">Es mucho lo que se nos ha dado en nuestras vidas o, según se mire, mucho lo que hemos recibido, que sencillamente no hemos decidido. Intentar cambiar lo que no se puede cambiar es de necios, pero no hacer todo lo que es humanamente posible para mejorar lo que puede mejorarse es de cobardes. La cuestión puntiaguda radica en discernir una cosa de la otra. No siempre es fácil discernir lo que es pétreo de lo que es líquido. A veces, lo que aparentemente no podía cambiar nunca, cambia; pero también ocurre lo contrario, que lo que supuestamente mejoraría queda igual de manera indefinida. [&#8230;]
<p style="text-align: justify;">Tiene sentido velar por la calidad de los vínculos que, lentamente, tejemos a lo largo de la existencia personal. Esta manera de dar sentido a la vida no entra en colisión con el acto de dar vida y acogerla, sino que está plenamente relacionada. De hecho, sólo puede haber una buena acogida si entre los padres y el recién nacido se establece un vínculo de calidad. Velar por la calidad de los vínculos es cuidar de los lazos afectivos, de los lazos invisibles que nos unen a las personas que amamos.</p>
<p style="text-align: justify;">No somos átomos aislados, ni vivimos de manera autosuficiente. Nos necesitamos mutuamente. El lazo es constitutivo de la vida humana. Venimos de un vínculo originario, crecemos primeramente vinculados a un ser humano que es nuestra madre y tendemos a abrirnos creativamente a los otros, a establecer relaciones, interacciones de naturaleza muy diversa. Somos, en parte, los vínculos que establecemos y no podemos quedar al margen de los demás, aunque nos empeñemos. Tiene sentido velar por la calidad de los vínculos, trabajar a fondo las relaciones interpersonales, porque de la calidad de las interacciones depende, en gran parte, la calidad de la propia vida y de la vida de los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Es diferente vivir con una persona amable y atenta que vivir con un déspota amargado. Es diferente levantarse cada día junto a alguien comprensivo y generoso que levantarse al lado de alguien que sólo piensa en él y en nadie más. La calidad de la vida está directamente relacionada con la calidad del vínculo que establecemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Para dotar de sentido la vida, no hace falta tener muchas interacciones, ni conocer muchas personas, ni disfrutar de una gran vida social. Lo único que hace falta es profundizar en los vínculos, ir al fondo y darse cuenta de los misterios que esconde el otro y que, solo si se exploran con delicadeza, querrá mostrarnos. No es la cantidad de relaciones lo que dota de sentido una vida, sino la calidad de los vínculos, la exquisitez del trato que somos capaces de dispensar. Muy a menudo se busca en una nueva relación lo que no se encontró en la anterior. No hay ninguna relación superficial que llene la sed de sentido. Tenemos sed de profundidad y, a veces, la buscamos estúpidamente patinando por la superficie, cuando lo que hay hacer es descender verticalmente hasta el fondo del otro.</p>
<p style="text-align: justify;">En ocasiones, nos damos cuenta que lo que dota de sentido a la vida no es ni el trabajo, ni el éxito social, ni el dinero, ni el reconocimiento público. Es sencillamente, una amistad, una relación de mutua benevolencia, de confidencialidad y de intimidad compartida. Saber que puedes confiar en alguien, que hay alguien en el mundo dispuesto a escucharte; tener la convicción de que alguien quiere tu bien y que, en la más remota de las distancias, piensa en ti, dota por sí mismo a la vida de sentido. Cuando se experimenta una certeza como ésta, no hay que ir de un lugar a otro mendigando afecto; no se percibe la necesidad de tejer más relaciones, ni de vaciar la intimidad en cualquier contenedor. Entonces no se sufre la desazón por ampliar la red, para conectarse una y otra vez, por conocer más y más personas, porque aquel vínculo es tan potente por sí mismo, tan sólido y profundo, que él —por sí sólo— justifica haber nacido y embellece la existencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La calidad de los vínculos depende, esencialmente, de nosotros. No hay excusas en esto. Depende de la profundidad que proyectemos en cada relación. Podemos patinar de un lugar a otro, podemos intentar contentarnos con el trato superficial y con la cortesía social, pero tenemos la capacidad de ir al fondo, de descender a las entrañas intangibles del otro, de visitar su universo personal y de abrir la puerta de nuestro pequeño mundo. La calidad de una relación es consecuencia de la penetración, del cuidado y del respeto.</p>
<figure id="attachment_6326" aria-describedby="caption-attachment-6326" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-6326 size-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-1024x678.jpg" alt="" width="660" height="437" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-1024x678.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-300x199.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-600x397.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-1536x1017.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/vinculo.jpg 1920w" sizes="(max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-6326" class="wp-caption-text">«Cada vínculo es único, porque cada persona es única y nadie puede sustituir a la persona ausente, pero hay que <br />trabar lazos de nuevo, buscar confidentes, amar y dejarse amar, para que la vida siga teniendo sentido.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">No siempre podemos elegir las personas que nos acompañan en el vagón, pero podemos esforzarnos para que, mientras dure el trayecto, sea agradable el encuentro. A veces será fácil, porque espontáneamente nos sentiremos empáticamente unidos a los otros; mientras que otras veces será muy arduo, ya que los caracteres no congeniarán. No siempre tenemos cerca a las personas que amamos, pero de nosotros depende la calidad del entorno humano. Depende de lo que decimos, de lo que hacemos, del gesto que los demás vean reflejado en nuestro rostro. Depende de cómo administremos los silencios, los espacios, de todo lo que hacemos y dejamos de hacer frente a los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Es diferente viajar en un vagón de tren con personas generosas, dispuestas a compartido lo que tienen, discretas y atentas, que viajar con personas groseras, poco fiables y escandalosas. En el primer caso, el trayecto se hace agradable, incluso a través de él, puede llegar a nacer una nueva amistad, una relación fecunda en el futuro. En el segundo caso, el trayecto es penoso y largo y esperamos con avidez la hora de la llegada.</p>
<p style="text-align: justify;">La calidad de los vínculos es determinante para sentirse bien en el vagón, para vivir el viaje de una manera agradable. No es tan importante adónde se va, sino con quién se va. No sabemos con certeza, hacia dónde va el tren de la historia, pero sabemos que nos encontramos en un vagón con otras personas. Podemos hacernos agradable este tiempo de interludio; pero también podemos hacernos la vida imposible. Depende de nosotros y de nadie más. La relación es, pues, determinante para que el viaje sea una aventura maravillosa, digna de ser recordada.</p>
<p style="text-align: justify;">La calidad de una relación depende, esencialmente, de las virtudes de las personas que entran en interacción. No depende de sus cuerpos, ni de la riqueza material que atesoran, tampoco depende de la condición sexuada, ni del rango social, menos aún de su raza o de la lengua materna. Depende de las virtudes, del carácter, de su excelencia ética.</p>
<p style="text-align: justify;">La persona virtuosa es amada y deseada por sí misma, porque su presencia y conversación son agradables. Sentimos el deseo de sentarnos junto a alguien paciente, humilde y generoso; tolerante y prudente. No es necesario buscar artificiosamente el encuentro; la buscamos inconscientemente. Las virtudes son la esencia de la calidad humana y, por esto mismo, la raíz de una óptima interacción. Quien se hace el propósito de trabajar interiormente las virtudes y, de manera especial presta atención a las habilidades de carácter social, como la amabilidad, la simpatía, la cortesía o la escucha, teje buenas relaciones y su presencia es deseada. [&#8230;]
<p style="text-align: justify;">A través del encuentro con el otro, aflora la pregunta del sentido y en el encuentro podemos tratar de responderla con más perspectiva que individualmente. La conversación sincera y abierta, lejos de formulismos y de envaramientos institucionales, es una de las mejores creaciones humanas. Aparentemente es muy poco y, sin embargo, en el intercambio franco y amoroso de palabras, que el pensamiento toma nuevas dimensiones, porque en el transcurso de la conversación, el otro nos ayuda a ver más claro.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad está en el estrato más profundo de la persona y se abre camino, cuando con detenimiento y coraje, cada uno enfila el camino hacia su propio centro. Muchas veces son los demás quienes nos ponen en camino hacia lo más nuclear. El sentido no se pone desde fuera; es escuchado desde dentro. Hay que poner el oído del espíritu y estar atento. Hay que hacerse sumamente receptivo, convertirse en un recipiente vacío, para que la llamada tenga lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">En la entraña más profunda del ser humano tiene lugar una llamada personal, única e intransferible, llamada a vivir una vida valiosa, bella, verdadera y noble. No se trata de convertir la vida en lo que los demás esperan que hagamos con ella. No se trata de vivirla como algo sabido, predeterminado, como una retahíla de días completamente previsibles. Para vivir una vida con sentido, hay que permanecer atento a la propia interioridad y escuchar qué es lo que estamos llamados a hacer en este mundo. El amigo que escucha y habla al oído propicia este viaje, sin retorno, al núcleo más íntimo de nuestro ser.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay que pararse, tomar aliento, observar meticulosamente la realidad, contemplarse a sí mismo y entrar en diálogo con los demás, porque en este encuentro con los demás tomamos conciencia de que todos intentan proyectar un sentido a su vida y, por contraste, aprendemos a aclararnos a nosotros mismos. Cada ser humano es, en definitiva, su proyecto, un proyecto fallido o exitoso, esbozado o coronado, brutalmente interrumpido por la muerte o alcanzado en la vejez.</p>
<figure id="attachment_6340" aria-describedby="caption-attachment-6340" style="width: 375px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/personas-tren.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-6340 " src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/personas-tren-331x219.jpg" alt="" width="375" height="248" /></a><figcaption id="caption-attachment-6340" class="wp-caption-text">«No siempre podemos elegir las personas que nos<br />acompañan en el vagón, pero podemos esforzarnos para que, <br />mientras dure el trayecto, sea agradable el encuentro.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La calidad de los vínculos y la calidad de nuestra vida individual están íntimamente relacionados. Ya sabemos que la calidad de la vida de una persona depende de muchas variables, del factor salud, de los recursos económicos de que dispone, del bienestar emocional y del entorno medioambiental en el que vive, de una convergencia de elementos, pero deriva —esencialmente— de la calidad de los vínculos. La persona no es un ser aislado, ni una isla independiente de todo. Es un ser comunicativo y social, un proyecto abierto al futuro y los demás, un nudo de relaciones, y la calidad de estos vínculos incide decisivamente en su vida emocional, en el estado de ánimo y en su salud psicosomática.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiene sentido vivir en un entorno donde sentirse querido y reconocido, donde los demás no pasan de todo. Cuando una persona experimenta, en su interior, que es amada tal como es, que es aceptada y valorada, desea vivir, siente que su vida tiene sentido. Cuando, en cambio, se siente olvidada por todos, dejada de la mano de Dios o es objeto de un trato humillante y vejatorio, experimenta que su vida no tiene ningún sentido. Entonces siente deseos de morir, de anonadarse. La calidad de los vínculos no es un hecho irrelevante a la hora de determinar el sentido de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiene sentido trabajar activamente para que nuestras interacciones sean agradables y sensatas. Hay que cuidarlas, como si fueran un tesoro, porque, de hecho, lo son, aunque sea muy frágil y fácilmente se puede dañar. Después de todo, la belleza del mundo depende, en gran parte, de la calidad de los vínculos que hemos sido capaces de mantener a lo largo de la vida. [&#8230;]
<p style="text-align: justify;">No podemos esperar que el otro sea la única fuente de sentido, tampoco podemos vivir una vida llena de soledad. Incluso los hombres más solitarios se sienten vinculados a otra entidad, a un todo mayor que les habla en el interior. Viven empáticamente unidos a los espíritus más grandes de la humanidad, a la naturaleza, a Dios, a los seres espirituales. Los solitarios se aíslan del mundo para vivir más intensamente aquella relación originaria, porque el ruido mundano les priva de centrarse en aquel vínculo fundamental.</p>
<p style="text-align: justify;">Forjar vínculos, sin embargo, es arriesgarse a padecer, a sufrir el drama de la ausencia. Amar a alguien es estar dispuesto a darse totalmente, es exponerse al dolor, es dejar de ser autosuficiente. Los vínculos son fuente de sentido, pero la disolución de los vínculos no puede hundirnos en el absurdo. Fácil de decir, pero difícil de asumir, porque cuando el otro lo es todo y desaparece del vagón, el vacío que queda es inmenso.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada vínculo es único, porque cada persona es única y nadie puede sustituir a la persona ausente, pero hay que trabar lazos de nuevo, buscar confidentes, amar y dejarse amar, para que la vida siga teniendo sentido. Quede claro, pues: la ausencia de una persona es un vacío inmenso que ningún otro, ni en el presente ni en el futuro, puede llenar nunca. La ausencia de la persona amada comporta una grave crisis de sentido, activa el vértigo existencial, un «no saber a qué atenerse», una caída libre en la desesperación.</p>
<p style="text-align: justify;">Sólo puede estar ausente el que, previamente, ha estado presente. La muerte de la persona desconocida no es percibida como ausencia, porque nunca había estado presente en la propia vida, pero la muerte del ser querido propicia una dolorosa ausencia. No es tan sólo el vacío que deja en el espacio físico del hogar el que duele, sino el vacío que abre en el alma. Aquella ausencia nunca nadie puede llenarla porque cada ser es único. Es posible rehacer la vida, experimentar otros encuentros, entusiasmarse con otras presencias, pero aquel vacío nadie, en la historia futura, podrá rellenarlo nunca.</p>
<p style="text-align: justify;">La vida tiene sentido cuando está trabada por vínculos sólidos. Las relaciones líquidas, efímeras e inconsistentes no llenan a la persona. La satisfacen, tal vez, momentáneamente, pero este ser de profundidad que es la persona no se contenta con vínculos líquidos. Desea solidez. Cuando una persona se sabe amada incondicionalmente, cuando sabe que puede contar con el amigo siempre y en todo momento, experimenta una serenidad interior que ninguna otra cosa le puede ofrecer. Esta experiencia interior es el estado de felicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">La relación con el otro es inquietante por otro motivo. Su manera de vivir suscita la pregunta del sentido. Al ver cómo come, como ama, hacia dónde va, cómo viste, me pregunto qué sentido tiene su vida y por qué doy otro sentido a mi vivir. Desde esta perspectiva, la presencia del otro es un estímulo para reflexionar sobre el sentido de la propia vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Tiene sentido hacer agradable la vida a los demás, ser cuidadoso en el trato, elegante en las formas y discreto cuando conviene. Es un buen propósito esforzarse por mejorar las interacciones: hay mucho en juego. Cuando falta el debido trabajo, los vínculos se deshilachan y lo único que queda es la soledad, un montón de yos aislados.</p>
<p style="text-align: justify;">La consecuencia final de la dejadez en los vínculos es la soledad no deseada, aquella soledad que roba el corazón y no deja vivir. Quedarse solo puede ser un acto libre, una manera de fugarse de las relaciones efímeras y de buscar una relación originaria; pero también el fruto amargo de no haber cuidado, suficientemente los vínculos.</p>
<p style="text-align: justify;">Velar por la calidad de las relaciones es un objetivo que podemos proponernos. Es un sentido incluyente, porque nadie quede al margen por principio. Tiene sentido velar por la calidad de los vínculos, porque es el primer paso para disfrutar de entornos agradables, donde valga la pena vivir.</p>
<p><em><strong>*</strong> Texto cedido por su autor publicado en el libro El sentido de la vida.</em></p>
<p><em>Francesc TORRALBA ROSELLÓ<br />
Filósofo<br />
</em><em>Publicado originalmente en RE catalán núm. 95</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/velar-por-la-calidad-de-los-vinculos/">Velar por la calidad de los vínculos</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>Defectos: virtudes vueltas locas</title>
		<link>https://www.revistare.com/2018/10/defectos-virtudes-vueltas-locas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Oct 2018 04:59:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[armonía]]></category>
		<category><![CDATA[defectos]]></category>
		<category><![CDATA[equilibrio]]></category>
		<category><![CDATA[virtudes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN M.</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/10/defectos-virtudes-vueltas-locas/">Defectos: virtudes vueltas locas</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es frecuente que nos quejemos de los demás a causa de lo que consideramos sus “defectos”. O incluso que nos sintamos incómodos con nosotros mismos, en el constante intento de armonizar nuestras capacidades y límites para lograr una convivencia grata y pacífica, para un trabajo fecundo, para una ciudadanía activa.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá no nos hemos dado cuenta de que lo que calificamos como “defectos” muchas veces son virtudes que se han “vuelto locas”, que se desmesuran, que se exageran y dejan de ser virtudes para convertirse en obstáculos al desarrollo personal y para la convivencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo: la laboriosidad es una virtud, pero si la persona se vuelve incapaz de estar quieta porque siente que debe estar continuamente haciendo algo, termina desasosegada y suscitando desasosiego alrededor. O el orden, que es también es una gran virtud; pero si una persona se obsesiona por tener todo bien organizado y empieza a poner esa virtud por encima de todo lo demás, se convierte en una tiranía que intenta doblegar a todos para que se plieguen al orden establecido. O la generosidad: extraordinaria virtud la de dar y darse uno mismo. Únicamente que si se exagera y se vuelve incapaz de aceptar que otros nos den, la persona se convierte en un “dador universal” que no sabe recibir e infantiliza a los otros que quieren a su vez corresponder y dar lo que tienen.</p>
<figure id="attachment_3702" aria-describedby="caption-attachment-3702" style="width: 1920px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-3702" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920.jpg" alt="Equilibrio y armonía" width="1920" height="1280" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920.jpg 1920w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/guitar-2276181_1920-600x400.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3702" class="wp-caption-text"><em>Es necesario armonizarnos, como las cuerdas de una guitarra</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Así que para armonizarnos por dentro y por fuera es importante ir buscando el equilibrio, ejerciendo las virtudes en su grado adecuado en relación con las demás capacidades personales. Este progresivo y cotidiano afinar es como templar las cuerdas de la guitarra, que debe hacerse cada vez que se genera música con ellas. El trasiego diario, el esfuerzo de llevar a cabo la vida que hemos elegido, genera desarmonías más o menos leves entre nuestras capacidades; es normal que unas virtudes tomen la delantera y otras queden rezagadas. Esto hace necesario ir «templando» cada cuerda, modulando nuestras actitudes para no desequilibrarnos progresivamente de manera ya habitual.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso en nuestro cotidiano encuentro silencioso con nosotros mismos, ese ámbito donde revisamos qué hemos hecho y por dónde deberíamos continuar, podemos preguntarnos qué virtudes estamos privilegiando y si hay que afinar, hacia arriba o hacia abajo, el sonido de cada cuerda, para no ser monótonos o cacofónicos, para dar un acorde variado, agradable y armónico para nosotros mismos y para los demás.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Leticia SOBERÓN M.<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, Octubre 2018</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/10/defectos-virtudes-vueltas-locas/">Defectos: virtudes vueltas locas</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Saber jugar</title>
		<link>https://www.revistare.com/2017/11/saber-jugar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Nov 2017 05:56:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Realismo existencial]]></category>
		<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[habilidades sociales]]></category>
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		<category><![CDATA[virtudes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Natàlia PLÁ</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_2816" aria-describedby="caption-attachment-2816" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2816 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133-1024x768.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/11/Imagen-133-90x68.jpg 90w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2816" class="wp-caption-text">Fotografía: Esther Borrego</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La partida de la vida es, ciertamente, la más compleja de las que hemos de jugar. Nos encontramos de lleno en ella como auténticos inexpertos afrontando situaciones de todo tipo, intentando salir con éxito de ello. La vida no deja de ser una combinación de planificación e imprevisibilidad. ¡Y la cuestión es que uno no puede desentenderse para dejar de jugar! Hay que tomar cartas una y otra vez y ver qué se puede hacer con ellas.</p>
<p style="text-align: justify;">A menudo vinculamos nuestra felicidad a tener una buena mano, a que nos hayan repartido buenas cartas. Y, por tanto, cuando estas son malas, nos sentimos condenados a pasarlo mal, a salir perdiendo… Sin embargo, no es exactamente así. Hay gloriosos ejemplos de personas que con unas cartas más que dudosas, han sabido jugarlas de modo que han logrado salir adelante con bastante soltura. Quizá no acaben siendo ganadores de la partida, pero tampoco salen “desplumados”, como suele decirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que gran parte del secreto radica en ser buenos jugadores. Un mal jugador, ni con las mejores de las cartas logra un buen juego. Pasa como con un mal cocinero que es capaz de estropear las mejores materias primas porque no sabe tratarlas convenientemente: se le seca un pescado de primera, cuece en exceso unas verduras recién salidas del huerto…</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso hay personas que se pasan el día renegando de su vida, aunque todos los de su alrededor vean que tienen motivos para estar contentos. No saben hacer justicia a las condiciones favorables que les han dado. Es gente que se sitúa siempre en que les corresponde más de lo que tienen (aunque esto ya sea mucho) y son incapaces de apreciar adecuadamente aquello de lo que disfrutan.</p>
<p style="text-align: justify;">En cambio, hay gente admirable, capaz de hacer un juego bonito con unas cartas algo justitas. Como quien sabe hacer un buen guiso con materias sencillas tratadas con mucho mimo. Es gente hábil hasta para lanzar un órdago a los contrincantes, haciéndoles creer que tiene mucho mejores cartas de las que realmente hay. Personas capaces de vivir como un don lo que reciben y sentirse afortunados; hábiles para manejar las dificultades y sacar de ellas una esquiva parte buena. Y, aún, fuertes para no caer en la trampa irresoluble de compararse con las cartas del vecino.</p>
<p style="text-align: justify;">No. Para jugar la partida de la vida, no se trata solo de que las condiciones de juego sean otras: básicamente, porque esto no siempre está a nuestro alcance. Más bien la cosa está en que seamos mejores jugadores. Sobre todo, cuando vienen malas manos, que es algo que, en un momento u otro, sin duda nos llegará.</p>
<p style="text-align: justify;">No conviene soñar partidas con muchos ases, ni un tiempo por delante carente de tropiezos, sino trabajar para tener comodines que nos saquen de más de un mal paso.</p>
<p><a href="https://www.nataliapla.com/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Natàlia PLÁ </em></a><br />
<em>Acompañante filosófica</em><br />
<em>Barcelona</em><br />
<em>Noviembre 2017</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/11/saber-jugar/">Saber jugar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Virtudes locas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Aug 2017 04:57:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[buenos hábitos]]></category>
		<category><![CDATA[equilibrio personal]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[José Luis Socías]]></category>
		<category><![CDATA[vicios]]></category>
		<category><![CDATA[virtudes]]></category>
		<category><![CDATA[Virtudes locas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>José Luis SOCÍAS</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/08/virtudes-locas/">Virtudes locas</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Recuerdo, en mi infancia, la actuación de un funámbulo en un circo que, con gran equilibrio, avanzaba por la cuerda floja sosteniendo una larga vara que le ayudaba en su caminar vacilante. ¡Qué emoción me produjo aquel evento! Qué curioso que fuera una sensación de vértigo y, a la vez, la creencia que uno mismo sería capaz de deslizarse sobre el cable con la misma facilidad que lo realizaba el acróbata.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos equilibristas son unos buenos acróbatas desplazándose de punta a punta del recorrido. Sin duda estos deportistas se ejercitan diariamente y, lo que para nosotros podrá ser absolutamente difícil, para ellos no es más que uno de los ejercicios que habitualmente ensayan.</p>
<figure id="attachment_2396" aria-describedby="caption-attachment-2396" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-2396 size-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes-1024x768.jpg" alt="" width="660" height="495" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes-1024x768.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes-300x225.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes-600x450.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2017/07/Virtudes.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-2396" class="wp-caption-text">Fotografía: Alberto Jiménez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">A veces pienso que todos los humanos somos también como estos funámbulos que recorremos nuestra vida, haciendo equilibrios como estos atletas, desde nuestro nacimiento hasta nuestro ocaso.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo cierto es que todos, en nuestro actuar diario, vamos conformando nuestra manera de ser. Nos habituamos en actuar de una manera determinada y esto hace que este hacer repetitivo, nos acostumbre a los propios hábitos.</p>
<p style="text-align: justify;">A estas conductas que practicamos habitualmente, en la moral y en la ética, se las clasifica como virtudes o vicios según sean buenas o malas usanzas.</p>
<p style="text-align: justify;">Las virtudes, para que funcionen debidamente—como sucede con puertas y ventanas—, tienen que estar engarzadas en unas firmes bisagras. Estas son las cuatro virtudes cardinales (del latín <em>cardo,-inis</em> que significa, precisamente, gozne). Son las principales, las fundamentales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Cualquier virtud que no se ejerza prendida de todas ellas a la vez —no solo de una, sino de las cuatro—, deja de ser virtud para convertirse en vicio.</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha dicho con razón que los vicios no son más que virtudes que se han vuelto locas, por descolgarse precisamente de alguno de estos goznes. ¿Quién duda de que la dadivosidad es una virtud? Pero —recuerdo nos decía aquel profesor de ética— «<em>si un padre de familia al cobrar su mensualidad la da al primer mendigo que encuentra y condena así a su mujer e hijos al hambre durante un mes, falta a la prudencia al ejercer esa virtud; falta a la justicia del cumplimiento de sus deberes con la familia que él ha constituido y engendrado; no ha sido fuerte a las trampas aduladoras, acaso, del pedigüeño; y no ha tenido templanza en la administración de sus legítimos bienes cuya familia también debe ser administradora. Su dadivosidad ha enloquecido, y se ha convertido en vicio de prodigalidad.»</em></p>
<p style="text-align: justify;">En la vida vamos caminando como funámbulos tratando de ser equilibrados para no caer por una banda o por otra, ni por exceso ni por defecto. La armonía es lo que nos ayuda a ir con confianza de un extremo al otro del cable de nuestra existencia.</p>
<p><em>José Luis SOCÍAS BRUGUERA<br />
</em><em>Área Cultural Oriol<br />
</em><em>Santa Coloma de Gramenet (España)<br />
</em><em>Publicado en RE núm. 68</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2017/08/virtudes-locas/">Virtudes locas</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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