«Cuando quieres encontrarte es que ya te buscas, y la búsqueda nace del desconocimiento, del rechazo, de la falta de reconocimiento de no encajar, y por eso descubrirte en tu amplitud, o iniciarte en el viaje para llegar a ti, es la paz». Cuando la búsqueda nace del no encajar, entonces emerge la resistencia y desde ese lugar surge la mirada antirracista de la periodista y creadora Lucia Mbomio al escribir el prólogo del libro, Ser Mujer Negra en España de la escritora Desirée Bela-Lobedde.
Resulta desafiante plasmar, en líneas breves, el significado profundo de convivir cotidianamente con actitudes racistas en los distintos escenarios de la vida social. En la España actual, la violencia racista continúa siendo una problemática estructural. En 2023 se registraron cerca de 2.300 delitos de odio, de los cuales el 41 % estuvieron motivados por racismo y xenofobia. Estos datos evidencian que la discriminación por origen étnico o racial sigue siendo uno de los principales motores del odio.
El racismo, como otras formas de violencia estructural, no pertenece al pasado. Es una fuerza viva que moldea experiencias, oportunidades y expectativas de vida. No siempre se manifiesta de forma explícita: muchas veces se oculta en gestos cotidianos, en miradas que juzgan, en puertas que se cierran sin explicación.
El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, señaló que en 2025 se detectaron más de 740.000 contenidos racistas en redes sociales. A esto se suman los datos de la Federación SOS Racismo, que reporta más de 523 denuncias, evidenciando un progresivo deterioro en las condiciones de vida de las personas racializadas.
El fenómeno no es homogéneo ni aislado. La percepción de discriminación por origen racial o étnico ha aumentado, según estudios del Ministerio de Igualdad, que confirman un incremento de personas que afirman sentirse discriminadas por su origen. En ciudades como Barcelona, los informes municipales revelan que, de los 1.102 casos registrados en 2024, el racismo continúa siendo la causa más frecuente de denuncia, incluso por encima de la discriminación por género.
Mujeres negras: doble carga, doble resistencia.
Para las mujeres negras y racializadas, estas cifras no son abstractas: forman parte de una experiencia vital atravesada por múltiples opresiones. El informe anual de la Federación SOS Racismo señala no solo un aumento de denuncias de 347 a 523 en un periodo de cuatro años, sino también cómo estas vivencias se insertan en estructuras más amplias de desigualdad y prejuicio.

Habtam Broenn Castiñeira, integradora social de origen etíope, lo expresa con claridad:
«Ser mujer negra es convivir con prejuicios, con comentarios y miradas hirientes, donde el patriarcado y el racismo actúan como un solo cuerpo».
Este entrelazamiento entre racismo y sexismo, lo que las teorías feministas denominan racismo patriarcal, convierte la vida cotidiana de muchas mujeres en una lucha constante contra la invisibilización, la hipersexualización y la minimización de sus logros. La escritora y activista Quinny Martínez Hernández afirma: «Ser mujer negra no es solo existir en un cuerpo racializado, sino hacerlo en un contexto que te exige el triple esfuerzo para ser reconocida en espacios académicos, laborales y sociales que nunca fueron pensados para ti».
La discriminación no solo reproduce prejuicios, sino que también se traduce en desigualdades materiales. El acceso al empleo, la homologación de títulos, la vivienda y el reconocimiento profesional continúan marcados por la exclusión. Estudios sobre el mercado inmobiliario en Madrid revelan que hasta el 99 % de las agencias han ejercido algún tipo de discriminación hacia personas migrantes, reforzando la segregación social y económica.
Es en este contexto donde surgen iniciativas transformadoras y antirracistas. La exposición Mujeres Negras viviendo en un mundo paralelo, es un proyecto que nace del compromiso con la visibilización, no solo de las problemáticas, sino también de las voces, memorias y saberes históricamente silenciados. La exposición propone un espacio donde el relato no sea unidireccional, donde quienes han sido objeto de estereotipos puedan reescribir la narrativa colectiva. No se trata solo de mostrar realidades, sino de abrir posibilidades, de imaginar otros mundos y otras formas de convivencia.
Porque el antirracismo no consiste únicamente en oponerse al racismo, sino en afirmar con convicción que la diversidad no es una amenaza.
Katherine REYES
Fotógrafa
Barcelona (España)
Enero de 2026

