
Acudir a la soledad para después saborear la compañía. Disfrutar de la compañía sabiendo que también podré colmarme de soledad. Ninguna me atemoriza ni tampoco me secuestra. Ambas van encontrando su ritmo en mí o, mejor dicho, yo voy encontrando el ritmo de vivir en ellas.
Luis Barragán, arquitecto mexicano, creía y trabajaba creando espacios para la soledad. Valoraba mucho el que las casas proporcionaran armonía, belleza y soledad a sus moradores. Sobretodo en grandes urbes, donde la convivencia humana se intensifica, la soledad ofrece refugio a las personas y les permite encontrarse consigo mismas, tomar distancia del bullicio y de la prisa. Para Barragán era más importante el muro con pequeñas aberturas para que entre la luz o enmarcar el exterior, que aquellos grandes ventanales o muros completamente de cristal que exponen la intimidad de las personas.
La soledad trae consigo intimidad y, por consiguiente, libertad. Libertad de pensamiento, de percepción, de sentimiento, de expresión. Grandes creaciones artísticas e intelectuales se han parido en soledad. Porque la soledad no aísla, sino que permite una comunicación más honda con la realidad. Da perspectiva y esta permite valorar, encontrar relaciones, distinguir.
Para Barragán también eran importantes los jardines privados, esos que crecen al interior de las casas y que se convierten en una estancia más. Para él, estos jardines incorporaban la naturaleza a la casa y viceversa. Valoraba el que fueran privados porque se convertían también en lugares para la soledad. Igualmente desarrolló importantes jardines públicos, pero estos ya constituían espacios para la convivencia.
Alternar entre la soledad y la compañía va conformando la propia personalidad y las relaciones con las demás personas. Cuando estoy solo resuena en mí todo aquello que vivo en compañía, no sólo de personas, sino acompañado de la realidad que me rodea. Resuena hasta que el eco se va apagando, dejando emerger lo esencial. Cuando me encuentro acompañado, las capacidades que he desarrollado en soledad me ayudan a comunicarme más honestamente, desde lo más esencial de mí, con lo que me va aconteciendo.
A medida que voy haciendo conscientemente la alternancia entre soledad y compañía, voy sintiendo cómo una no interrumpe a la otra, sino que son continuidad. La soledad impregna la compañía, la atiende, la entiende. La compañía nutre a la soledad, le da contenido, la sostiene. Una a la otra se son. La soledad es para la compañía y la compañía es para la soledad. Encuentran en su complementariedad razón para ser.
Los seres humanos somos soledades acompañadas, a lo largo de la vida nos vamos constituyendo así. El aprendizaje es ir armonizando ambas capacidades para ir encontrando cada persona su propio equilibrio. No todos necesitamos la misma cantidad ni cualidad de soledad o compañía. Hasta en eso somos diferentes.
Javier BUSTAMANTE ENRIQUEZ
Poeta
Ciudad de México, México
Enero de 2026
