El Encuentro

El Encuentro

Fotografía: Evarist Boxeireu

 

— Buenos días, qué hermoso es el río… se ve limpio y transparente.

— Sí, resulta agradable estar aquí. Hoy hace sol… otros días es más complicado con niebla y frío… y aun así el río es espectacular.

¿Quién eres?  O cómo dicen aquí, ¿de quién eres?

— Soy lo que dirían un Ángel, un Espíritu… de hecho ya no necesito nombre.

— No sé por qué, pero no tengo dudas… Capto paz, serenidad, tu voz es armoniosa… ¡Caray…! ¿Ya me vienes a buscar?

— No, tranquilo, todavía no, pero puede ser que algún día sí, y sí que te acompañaré, pero será eso, un acompañamiento; no hay ángeles de la muerte como tú piensas, sólo hay ángeles de vida, de vida por la vida, como un pequeño cambio en el estado de la materia solamente, nada grave.

— Pero, se habla de muerte, de calavera, frialdad… de la nada de nada.

— Sí, los humanos sois extraordinarios en este tema, vuestra expresión va desde la tristeza más profunda a la fiesta más espectacular, pero no, sólo muere quien no quiere vivir y en este punto, en el de la muerte, no hace falta acompañamiento; ya en la vida os limitáis la vida, tenéis miedo, generalmente no justificado, que os limita la vida. Es el miedo a tomar decisiones, el de no hacer, el de no dar el paso; confundís frecuentemente prudencia con miedo y os dejáis llevar por la racionalización excesiva, y no meditáis las cosas. Meditar es vivir, es ser, escuchar la vida, poner atención, conectarse, captar. Es necesario lograr el equilibrio entre realidad y espíritu. La vida os habla en un idioma universal y personalizado, pero la mayoría de vosotros no escucháis.

— Sí, puede que tal vez dediquemos demasiado tiempo a observar, analizar, medir e investigar la realidad… Pensamos y razonamos, y de ahí todas nuestras ciencias, cultura y arte… Hemos conseguido conquistar todos los ecosistemas y salir al espacio exterior, los avances en medicina son hoy en día espectaculares… pero tengo que admitir que no captamos la realidad en toda su dimensión.

— Es que el orden, sin embargo, es otro; la verdad ya está dada y la tenéis a vuestro alcance y, si bien vuestra ciencia y tecnología participan, lo hacen sólo parcialmente. Vuestro egocentrismo os hace pensar y creer que sois la inteligencia suprema, el ombligo del mundo, y os hace falta humildad en la participación. Por poner un ejemplo cercano, en un embarazo se hace presente toda la ciencia y la técnica, toda la bioquímica, la física, todos los estructuralismos posibles, hidráulica, electricidad, etc. Y en nueve meses nace un ser vivo, bien ensamblado, operativo y en continuo proceso de crecimiento; un ser vivo, además, con capacidad de auto repararse y de aprendizaje.

¿Quién puede decir que es un milagro? Para vosotros es milagroso… por ignorancia, pero no, no hay milagro, es una realidad fruto de una inteligencia primera, la original; por eso a pesar de los avances técnicos no llegáis todavía ni a 5% de lo que podríais llegar a saber.

— Lo que me dices es muy potente, es un cambio copernicano del saber de los humanos, ¡somos aprendices! Y todavía nos queda muy lejos la verdad de las cosas, porque nuestras verdades, incluso las más fundamentadas, son parciales; un amigo siempre me dice que él no pondría la mano en el fuego ni su vida para defender sus verdades, porque podría estar equivocado… Así que aún menos por su verdad, pondría la vida de otros en riesgo. Si todos buscamos la verdad nos entenderemos, pero sí sólo atendemos a nuestras verdades, nos dispersaremos en la soledad y el dolor.

— Equivocado no necesariamente, pero no tiene toda la información; de hecho, todas las posibilidades, los humanos sólo la podéis saber parcialmente, de manera consciente; os falta humildad, porque si no el ego os puede… Imagina que pudierais leer la mente de los demás; esto haría imposible la libertad porque hace falta un punto 0, de vacío, para poder fluir, por el movimiento; si no fuera así quedaríais bloqueados, no podría haber diálogo, y la vida es diálogo, diálogo positivo de creación, es vida de vida, es actitud hacia lo positivo.

No hacerlo, sin embargo, es muerte, pero hablamos de muerte de la buena, la del sufrimiento. No es sólo de dejar de existir, también es dejar de ser y por eso no son necesarios esos ángeles de la muerte… ya os lo hacéis todo solitos. El sufrimiento, las injusticias se redimen en el no dejar de ser.

— Uff… ¿muerte de la buena? ¿Mejor buena vida y vida buena no? …. ¡Hey!  ¿ya no estás? Hasta pronto entonces… siento que volverás.

Evarist BOIXEREU PELLICER
Asistente Social
La Pobla de Segur (España), 22 de enero de 2026

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