La Fundación Zuá de Bogotá está generando vida y futuro, desde el año 1998, a niños, niñas y jóvenes que, debido a su condición social, caerían fácilmente en redes del narcotráfico, de la prostitución y violencia.
Les ofrecemos una reseña de lo qué hacen, cómo lo hacen, qué han logrado y quiénes son. Puesto que el artículo es un poco largo les presentamos una primera mitad en esta edición de febrero y la otra mitad saldrá en el próximo mes de mayo.
¿Qué hacemos?
Trabajamos con niñas, niños y jóvenes de cinco años en adelante, de hogares donde normalmente la cabeza de hogar es una mujer sola, con varios niños quien al menos intenta sostenerlos en condiciones de vulnerabilidad, que viven normalmente en un cuarto rentado y que se dedican al reciclaje por las calles de Bogotá y normalmente lo hacen en las horas de la noche, tal que salen de su casa hacia las seis de la tarde y están regresando a la madrugada.
Entonces es muy difícil para ellas que, una vez ha terminado su jornada de trabajo, logren levantarse para enviar a los niños a la escuela. Y ahí comienzan los problemas, porque no hay quien los cuide en la noche, ni los levanten temprano, no hay quien les prepare algo de desayuno y no hay quien los mande a la escuela. Esta situación los expone al riesgo de abandonar la escuela, quedando expuestos a ser reclutados por las bandas de expendio de drogas, y las niñas fáciles presa de las redes de explotación sexual, embarazos tempranos y todos ellos al consumo de estupefacientes y otros peligros.
Cabe mencionar que la educación pública en Colombia está organizada de tal manera que en cada escuela funcionan dos jornadas, una en la mañana con unos profesores y unos niños y otra en la tarde, con otros profesores y otros niños. Esto hace que la jornada sea muy corta, de cinco horas más o menos de siete a doce y de dos a seis de la tarde, dejando a los niños demasiado tiempo libre.
La Fundación ejecuta 4 programas que son los pilares para avanzar en Programa Nutrición, Programa de Aprendizaje, Programa de Artes, Programa de Educación Superior
¿Cómo lo hacemos?

Hacemos presencia en dos barrios del sur de Bogotá, una en Patio Bonito y otra en Bosa, con una casa en cada uno de estos dos sectores, donde acogemos los niños, en dos jornadas, una en la mañana y una en la tarde. Lo primero es brindarles alimento, luego asesorarles en la elaboración de los deberes escolares y desarrollar sus capacidades reforzando el aprendizaje de las matemáticas, la lectoescritura, el inglés, las artes y el deporte. En forma paralela se hace un trabajo de acompañamiento a las mamás, para que colaboren con la formación de sus hijos. Varias de ellas han decido, con la ayuda de la Fundación, terminar sus estudios de la secundaria y algunas de ellas seguir estudios en la universidad.
A las niñas y niños que terminan la secundaria y quieren seguir estudiando les ofrecemos un curso preuniversitario de un año para mejorar su puntaje de las pruebas de Estado y para prepararlos para un buen desempeño a su ingreso a la universidad. A los que aprueban el preuniversitario se les financia una carrera universitaria con la condición de que dediquen veinte horas semanales dependiendo de sus jornadas universitarias, para atender a los niños en las sedes.
Desde 2018, y a partir del acuerdo de paz del gobierno con las guerrillas, iniciamos un programa para atender a jóvenes del Departamento del Cauca quienes antes del acuerdo terminaban su bachillerato y se vinculaban a la guerrilla. Una vez firmado el acuerdo, quedaron sin “futuro” y enterados de los programas de la Fundación Zuá, solicitaron ayuda. Así creamos este Programa Joven Porvenir del Cauca, destinado a acoger a jóvenes de aquella región que quieren ir a la universidad, tal que los acogemos en la sede rural, allí cursan el preuniversitario en forma virtual y luego van a la universidad.
En la actualidad las dos sedes urbanas y la rural son dirigidas por personas que han pasado por el proceso de formación dentro de la Fundación. La coordinadora de la sede de Patio Bonito, perteneciente a una familia que vivía y aún vive en el sector, se vinculó en el año 2003 cuando estaba terminando la secundaria y luego cursó la carrera siendo financiada por la Fundación. En el 2014 asumió la coordinación y años después cursó la Maestría en Gerencia Social.
La coordinadora de la sede de Bosa se vinculó a la Fundación en el 2017 cuando inscribió a tres de sus hijos en los programas de la Fundación y luego, con la ayuda de esta, cursó en forma virtual la primaria y secundaria, logrando un excelente puntaje en las pruebas de Estado, lo que le permitió ingresar a la Universidad Pedagógica, donde cursa en la actualidad la Licenciatura en Pedagogía Infantil.
La coordinadora de la sede rural ingresó a la Fundación en el 2014, inició con un curso de auxiliar en enfermería, luego se graduó como psicóloga, después, hizo una primera Maestría en Neuropsicología y recientemente, con sus propios ingresos, hizo en la modalidad virtual, una segunda Maestría virtual en Trastornos del Neurodesarrollo, en el ISED de España.
¿Qué hemos logrado?

Acompañar a aproximadamente 3000 niñas y niños, quienes recibieron una acogida amorosa, que les ayudó a bajar los niveles de violencia, que era la norma en estos grupos familiares y barriales, que les quedó la imagen de una señora amable que a primera hora de la mañana les ofrecía, con cariño y respeto, una bebida caliente (muy significativa en las frías mañanas bogotanas) o que al volver de la escuela al mediodía, encontraban un delicioso plato de comida. Les quedó grabado que no todo el mundo los gritaba y maltrataba, que se sentían mejor en la Fundación y no se querían volver a casa, porque allí no había ni comida y menos amor.
En su ADN ha quedado impreso el recuerdo de varias presentaciones, a final de cada año, en que o participó tocando un instrumento, cantando, bailando o representando un personaje en una obra de teatro, y cuando al final de la obra, el público lo premiaba con un atronador aplauso, que quizá todavía retumbe en su mente, descubría que podía hacer frente a retos tales como subirse a un escenario y desempeñarse aceptablemente bien. Desde luego, quizás ella o él, no alcanza a comprender, cuánto estas largas horas de ensayos, correcciones y ajustes, lo llevaron a desarrollar su disciplina, su organización del tiempo, su capacidad de trabajar en equipo y de aceptar retos grandes en la vida, que hoy son claves para su éxito donde quiera que esté. Sin embargo, sabemos que, de no haber sido por ello, la inmensa mayoría de estos chicos, no hubieran logrado los niveles de desempeño en los diferentes campos donde hoy se encuentran.
Si bien es cierto que a la casi totalidad de mamás de estos niños se les orientó en temas básicos como las pautas de crianza, la necesidad de acompañamiento y presencia suya en la vida de los niños, solamente un pequeño grupo de no más de cincuenta de ellas, han estudiado, varias de ellas desde aprender a leer, otras a cursar su primaria y secundaria y otras, como en el caso de la coordinadora de Bosa, a cursar una carrera universitaria. Quizá uno de los momentos de mayor transformación de estas mamás y familias, es cuando al final de cada año, ellas asisten a la presentación artística de sus hijos, atrás mencionada, y descubren de cuánto son capaces sus hijos, evidencian sus talentos y comienzan a verlos y tratarlos de manera más humana. De todas formas, todas estas mamás son diferentes, gracias al acompañamiento desde la Fundación y logran ser multiplicadoras en sus familias.
Grandes cambios en lo personal y en lo comunitario constituye la labor que se ha realizado con el Programa de Educación Superior, con el preuniversitario y la financiación de estudios universitarios, gracias al cual hoy aproximadamente cincuenta jóvenes han terminado sus estudios universitarios, o lo están haciendo, y son ingenieros, psicólogos, profesores, diseñadores, enfermeras, etc. Siendo en la mayoría de los casos, el primer miembro de la familia con título profesional, demostrando que la educación es la clave para romper las cadenas de pobreza y violencia. Y qué decir del programa Joven Porvenir del Cauca, mediante el cual le hemos quitado, más de treinta jóvenes hombres y mujeres, a los grupos violentos, dedicados al narcotráfico y que siembran de muerte y destrucción aquella región de la Colombia olvidada.

Hemos logrado comprender que estos grupos humanos tienen un extraordinario potencial, niños y jóvenes con extraordinario potencial, que hace falta un poco de ayuda, de guía, de potenciar, lo cual es suficiente para que las personas y familias se empoderen y sigan adelante, y lo más importante, ayuden a otros a hacerlo, más con su ejemplo y optimismo que con dinero.
Pero no solo los residentes de las comunidades en esos sectores marginales han ganado con la presencia de la Fundación, somos todos quienes en contacto con esta realidad hemos cambiado y hoy somos seres más humanos, pues hemos visto que con grandes dificultades y limitaciones estos chicos y jóvenes resuelven problemas y salen adelante, y que nosotros quizá con muchas más opciones y oportunidades, no soñamos ni desarrollamos todo nuestro potencial.
Los donantes agradecen porque anualmente atienden la invitación para ver la presentación de los niños y se les mueve el corazón y el alma al evidenciar como se potencian las capacidades de ser y hacer de estos niños, tan solo con un poco de ayuda. Ellos, esos niños y jóvenes son los que se transforman y nos transforman y retan. Lo mismo ocurre con tantos voluntarios, nacionales y extranjeros, estudiantes o profesionales, que con frecuencia hacen presencia para ayudar a estos niños.
Esto niños tienen la magia para tocar corazones y para influir profundamente, con sus testimonios y actitudes, en la vida de miles de estas personas que vienen con la voluntad de ayudar y ellos son quienes, al conocer las realidades, retos y luchas de estos niños, terminan por cambiar sus realidades y visiones y se van profundamente agradecidos.
Moisés PEDRAZA ROBAYO
Representante Legal – FUNDACIÓN ZUÁ
info@fundacionzua.org
Bogotá (Colombia)
Febrero de 2026
Este artículo tendrá una segunda parte que se publicará en mayo de 2026
