Cada perfume es una obra de arte. Más allá de que la perfumería haya evolucionado hasta convertirse en una industria altamente lucrativa, cada perfume contiene un proceso creativo que requiere de imaginación, técnica, experimentación, relato… Hay memoria en las fragancias, así como elección de combinaciones y una intención clara de crear o recrear emociones.
En el diseño de perfumes se emplean procesos creativos semejantes a los de otras artes, como la música o las artes visuales. Además de la técnica propia de esta disciplina. Toda creación, más que gestar cosas de la nada, pone en relación elementos de la realidad en combinaciones nuevas o inéditas. Muchas veces las creaciones surgen como alegorías, inspiraciones, reacciones, continuidad, investigaciones o accidentes. Lo cierto es que la creación aporta nuevas versiones o perspectivas de la realidad como respuesta al momento histórico en que aparecen.
En cuanto a la música, los perfumistas hasta hace muy poco, contaban con un mueble al que llamaban “órgano de perfume”. Actualmente se valen también de la informática en la elaboración de las fórmulas. Este mueble tiene forma de semicírculo con repisas dispuestas en varios niveles, donde se distribuyen ordenadamente las materias primas. El diseño, que hace alusión a un órgano de tubos musical, permite “componer” combinaciones de aromas. En el argot perfumista se habla de los distintos olores como “notas olfativas”, así, cada frasco representa una nota. La combinación de varias notas crea acordes, que vendrían a ser las composiciones que conforman cada uno de los perfumes que conocemos.
Continuando con la manera de diseñar perfumes musicalmente, se habla de que cada elaboración consta de tres notas: la nota de salida, que es la más fresca y la primera que el olfato percibe al abrir el frasco e impregnar el aroma en la piel. Después se revela la nota media o corazón, que es la que da cuerpo a la creación y la que está presente durante más tiempo. Y, por último, la nota de base, que es la residual con la cual el perfume se despide.
En cuanto a la arquitectura del perfume, existen de dos tipos: las fragancias por fases, como la que hemos descrito en el párrafo anterior, y las monolíticas, que son de un solo aroma que se mantiene igual durante el tiempo que permanece.
Para la creación de combinaciones de aromas, los perfumistas se valen del “círculo de fragancias” o “rueda de aromas”. Este dispositivo nos recuerda al círculo cromático que emplean los pintores, diseñadores y en general los artistas visuales. Permite, conceptualmente, crear familias de aromas y ponerlos en relación para conseguir combinaciones equilibradas. O, como mínimo, para orientar las combinaciones en un comienzo permitiendo estructuras que obedecer o que romper, según el estilo creativo del o la perfumista.
En la creación del perfume, así como en su uso, acaban confluyendo el olfato, el gusto –los aromas también se asilan en el paladar–, el tacto y, como hemos visto, el sonido y la vista en su manera de elaborar. Además de las asociaciones emocionales y mentales que produce un aroma. Asociaciones con momentos de la vida, con personas, con mensajes publicitarios, con roles de género, con estatus económicos, con personajes mediáticos.
La palabra perfume proviene del latín per, ‘por’, y fumare, ‘humo’: a través del humo. Hacía referencia, en tiempos muy antiguos, al aroma que desprendía un humo al ser quemadas hierbas o elementos fragantes en él. Se usó originalmente como ofrenda a los dioses, después se fue aplicando a la cosmética corporal, otorgando estatus, hasta que se fue popularizando. Se perfuman no sólo las personas, sino también los espacios y objetos.
Sin embargo, se mantiene fiel a su etimología, ya que el perfume viaja a través del aire emitiendo un mensaje. El lugar de la ofrenda, su altar, es la propia piel desde la cual se desprende para alcanzar el olfato de quienes lo perciban. En la actualidad, el perfume es una proyección de la personalidad de quien lo porta. Viene a ser una declaración de intenciones, a la vez que un espejo donde se refleja el propio ego.
De la industria del perfume hoy en día se derivan, desde el diseño de las botellas y empaques, hasta todo el aparato publicitario y económico. Esto muestra el lugar que ocupa el uso de fragancias en la vida cotidiana. Lugar, sobre todo simbólico, que nos conecta con emociones y recuerdos, interpretando notas de sentido.
Javier BUSTAMANTE ENRIQUEZ
Poeta
Ciudad de México, México
Marzo de 2026

