
controlar o modular la cantidad de sustancias activadoras
frente a tantos estímulos ansiógenos.»
Foto de Rudy and Peter Skitterians en Pixabay
El miedo es en esencia una emoción completamente normal, intensa y adaptativa, que nos salva la vida. Todos los mamíferos tienen miedo, desde que nacen hasta que se mueren. Es una respuesta incondicionada del cerebro, es decir, no se aprende pues la llevamos ‘de serie’ y supone una conducta de huida ante una situación de peligro. Cualquier estímulo brusco y amenazante, sea sensorial, visual, acústico o táctil, inmediatamente nos puede producir una respuesta de miedo, desde que nacemos hasta que morimos. Todo esto sigue un circuito, el estímulo pasa por un cruce que es una estación de enlace, que es el tálamo y éste lo envía hacia la corteza cerebral, para mandar a la musculatura lo que tiene que hacer y hacia el sistema límbico, que cambia todas las aferencias al sistema vascular, porque en vez de pasar la sangre al sistema digestivo, que vaya toda a la musculatura y facilite la huida.
El miedo viene definido por la huida. Lo vemos en los documentales de animales del Serengueti, cuando están bebiendo en un charco de agua y de golpe levantan la cabeza porque huelen –eso lo hemos perdido nosotros– que hay un depredador cerca, huelen un poco más y marchan corriendo. Eso es lo que hace todo ser vivo mamífero que tiene percepción de un estímulo de amenaza y por lo tanto tiene miedo: inmediatamente se produce la huida.
El miedo deja de ser adaptativo cuando se condiciona con otros estímulos ambientales y estos producen una respuesta similar, no igual, que llamamos ansiedad. Así lo muestran los experimentos de Pavlov, como el del perro que cuando le pones alimentos delante segrega saliva y ácido clorhídrico. Estímulos que previamente son neutros y que no le producen ningún tipo de respuesta como es una luz o un sonido, si se asocian repetidamente con la comida, al final producen la misma respuesta que la comida. Es lo que se llama condicionamiento simple. Es la forma más elemental de condicionamiento, pero se produce constantemente, porque cuando sufrimos una situación de miedo, hay cosas alrededor, personas, colores, hay contexto, una habitación, una carretera, etc., que se puede condicionar con este miedo. Y es lo que puede producir la ansiedad, que es el miedo condicionado.

a qué hacemos caso para modificar este exceso
de estímulos ‘amenazantes’ que nos rodean.»
Foto de Besno Pile en Pixabay
Además, no tendremos miedo sólo con estos elementos del contexto que son condicionados, sino de todos los elementos que se parezcan, es lo que se llama fenómeno de generalización. Y con esto los seres humanos somos los que tenemos más capacidad de generalización, tanto que cuando un clínico intenta analizar de dónde viene el condicionamiento es casi imposible saber de dónde viene el primario. El propio Pavlov cuando explica el condicionamiento sencillo o simple, también dicho pavloviano, nos explica que si se deja totalmente de asociar el miedo con estos estímulos que antes eran neutros y ahora producen ansiedad se puede llegar a perder este vínculo. Es lo que se llama extinción. Resulta que en patología humana este vínculo no se pierde casi nunca, por no decir nunca. Es necesario que haya otro tipo de condicionamiento. Es lo que hace que este miedo se mantenga, es lo que se llama condicionamiento operativo, instrumental o skinneriano, ya que Skinner fue quien lo definió.
Condicionamiento operativo quiere decir que cuando se aplica un refuerzo positivo, cuando se da una recompensa a un ente vivo, el comportamiento que hace en ese momento tendrá tendencia a reproducirse, a presentarse con más frecuencia. Hay dos tipos de reforzador, el positivo que es el premio, la recompensa y el reforzador negativo, que hace aumentar la frecuencia del comportamiento cuando desaparece. El reforzador negativo universal y omnipresente es la ansiedad. En el momento que se produce el miedo condicionado (ansiedad), todo aquello que lo hace desaparecer queda inmediatamente reforzado y se presenta con más frecuencia. Esto explica en gran parte porqué las patologías de ansiedad, que tratan a los psiquiatras, no se extinguen habitualmente de una forma espontánea.
El ejemplo más entendible es la situación fóbica. Si una persona tiene miedo a volar en avión, a medida que se acerca al embarque, la ansiedad irá aumentando hasta que será máxima cuando esté a punto de subir. Si en este momento da media vuelta y se aleja del avión, la ansiedad irá mermando hasta desaparecer. La consecuencia es que huir del avión quedará reforzado y en consecuencia la fobia a volar.
Por otro lado, el condicionamiento del miedo se puede producir en una sola ‘sesión’ de condicionamiento simple si la intensidad es lo suficientemente importante y la cantidad de sustancias activadoras (como el ácido glutámico, noradrenalina y dopamina) es muy alta. Es el caso del trastorno de estrés postraumático que se puede producir después de una gran catástrofe, durante una guerra, en un choque colectivo en la autopista o en un accidente aéreo.
¿Qué puede llegar a producir el desánimo?

percepción de un estímulo de amenaza y por lo tanto
tiene miedo: inmediatamente se produce la huida.»
Foto de Julia Schwab en Pixabay
Con una mezcla de miedos condicionados y miedos que estamos viviendo en el actual contexto sociológico. Llegamos al desánimo cuando nuestro cerebro no es capaz de controlar o modular la cantidad de sustancias activadoras frente a tantos estímulos ansiógenos.
Uno de los grandes sistemas de neuromodulación del cerebro es el sistema serotoninérgico. Lo que hace es regular y por tanto reducir la actividad de estas sustancias excitatorias. Cuando su actividad no es suficiente para evitar que se liberen demasiadas se produce la anhedonia y el desánimo. El modelo animal de anhedonia nos demuestra esta relación. La parte positiva es que los modernos antidepresivos serotoninérgicos son capaces de revertir esta situación, tanto a nivel experimental como en la vida cotidiana, en todo caso sólo es un ‘pegado’. Hay que abordar cómo vivimos, cómo nos informamos y a qué hacemos caso para modificar este exceso de estímulos ‘amenazantes’ que nos rodean.
Finalmente, como conclusión diremos, que si bien la depresión es una enfermedad que tiene una constelación de síntomas que se escapan de los conceptos de los que estamos tratando, se puede producir una especie de depresión funcional en situaciones de estas que estamos mencionando. Cuando nuestro sistema neuromodulador no es capaz de modular todas estas sustancias excitatorias que suben por los miedos condicionados y la misma ansiedad, sí que la anhedonia y otros síntomas depresivos pueden aparecer, porque es una forma funcional de crear una depresión, aunque no es exactamente igual pero se parece mucho y el grado de sufrimiento puede ser notable.
Enric ÁLVAREZ MARTÍNEZ
Doctor en Psiquiatría
Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 123, edición catalana
