
que nos ubica a analizar por qué estoy sintiendo eso.»
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Hay pequeños miedos que nos acompañan de manera cotidiana y que quizás los pasamos por alto, pero que nos crean unos niveles de estrés muy valorables. Hay muchos autores o profesionales e, incluso, algunas personas en consulta, que cuando hablan del miedo consideran esta emoción como un estado negativo. El miedo nos invita a tener un reto de autoconocimiento y un reto de explorar cuáles son nuestros conocimientos internos, de quién soy, qué valores tengo, qué herramientas he creado a lo largo de mi vida.
Además, si tantas personas están interesadas en este tema, quiere decir que somos sufridores de este proceso del miedo y queremos tener herramientas, compañía y cariño para poderlas exponer y tener la valentía de explicar cuáles son nuestros miedos más generalizados y qué podemos hacer con ellos.
Las personas que me atendieron cuando era pequeña tenían enfermedad mental y para reconocerse ellas mismas si los amaba, me abandonaban y me dejaban en medio de una plaza o en un parque y observaban qué hacía, pero desde una patología.
¿Qué pasa cuando una persona desde muy pequeña debe enfrentarse a la soledad y a la desprotección? Hay dos caminos, una época en la que parece que te vuelves loco y otra en la que empiezas a crecer y te das cuenta de que gracias a estos cuidadores me brindaron la posibilidad de autodescubrirme y ver que tenía un potencial donde podía autoprotegerme.
El miedo es un proceso que debemos aprovechar para autoconocernos y para redescubrir qué salidas tan valiosas podemos tener. El miedo es una emoción que nos puede salvar en un momento dado, pero también es una emoción que nos puede paralizar y dejar muchas experiencias fuera de nuestra vida. Si pasamos toda esta energía a la cabeza y nos bloqueamos, nos perderemos muchas cosas valiosas. Hay una protección que es saludable y un miedo que paraliza, que es el que genera ansiedad y angustia.
Hace diecisiete años creé el espacio terapéutico Mujeres que acunan, inspirado en el ofrecimiento de calma y protección que hace una mujer cuando mece a su bebé. Entre otras técnicas gestálticas hacen la cuna, en lo que acaricias, abrazas y te sientes acompañado. Atiendo a un grupo de mujeres en proceso oncológico y en diferentes estados emocionales, como es el tránsito final de la vida, procesos de pérdidas.
Todas explican anatómicamente dónde sienten la angustia y coinciden en que la ansiedad la sienten en el centro del pecho y la angustia en la boca del estómago. La angustia es como la antesala que detecta un miedo que no tenemos controlado.

que es el que genera ansiedad y angustia.»
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También atendemos a mujeres en situación de maltrato, y les advertimos que por la protección de todas no den nunca la dirección. Pero un día estábamos en la sala y una de las mujeres empezó a entrar en un proceso de taquicardia sin que hubiera pasado nada, se la atendió y acto seguido una compañera salió de la sala y vio que había entrado en el Centro el maltratador. Qué maravilloso es nuestro cuerpo, nuestra energía y la intuición, para detectar a distancia cuando tenemos un peligro.
Es muy importante el control del pensamiento automático, que es el primero que sentimos cuando tenemos miedo, también es un pensamiento que no tiene tanto desgaste de energía. Así nuestra mente y nuestro ego lo que hacen es no consumir tanta energía. Muchas veces vamos a la memoria remota, a la memoria del trauma que hemos vivido y a situaciones que no nos alientan a enfrentarnos a ese miedo. La parte saludable sería ir al pensamiento reflexivo, que nos ubica a analizar por qué estoy sintiendo eso. Cuando una persona de nuestro entorno nos manifiesta que tiene miedo, lo más recomendable es que no le demos consejos, ni le neguemos lo que está sintiendo sino acompañarla, crear autonomía, alentarla a que ella misma sea autoprotectora.
El cuerpo es el único que nos conecta con la realidad, con el presente. El cuerpo nos salva de muchas situaciones de miedos anticipatorios, imaginarios, traumáticos. El aquí y el ahora es lo único que nos determina que estoy en seguridad y fuera de peligro. ¿Cómo se pueden rebajar los efectos más patológicos de los miedos? Cuando los trastornos son más serios con medicación y con terapia, con varias técnicas de relajación (yoga, taichi, la respiración consciente, sofrología…).
Dios o el universo no dudan de nuestras infinitas posibilidades delante de transitar los miedos. Sólo nosotros dudamos. La vida no nos da quizás lo que queremos, pero las situaciones de miedo que nos presenta nos hacen crecer en empatía, en compasión con todo nuestro entorno. El agradecimiento sería el camino más dulce para la aceptación de lo que toca vivir y agradecer lo que soy, mi existencia y transmutar el miedo en aprendizaje, en amor y entrega a los demás.
Montse PUJOL CORTÉS
Terapeuta en psicología Gestalt
Badalona (España)
Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 123, edición catalana
