Dinamismos de esperanza

Dinamismos de esperanza

Las personas podemos ser motivo e impulso para la esperanza porque somos necesarias: las buenas cosas requieren dinamismo, concordia, esfuerzo, dedicación. Imagen de Scott Neil de Pexel

Ante las incertidumbres que nuestro momento histórico nos plantea, es fácil quedarse inmóviles a la expectativa de lo que va a pasar. Como un cervatillo deslumbrado en una carretera nocturna por las luces de un automóvil, la parálisis puede ser la opción más peligrosa.

La esperanza no actúa así. Las personas que viven esperanzadamente no suelen ser pasivas ni aguardar estáticamente que algo bueno suceda.

Vivir con esperanza supone, en cambio, tomar decisiones, actuar con libertad junto con otros para ponerse activamente al servicio de eso bueno que se espera y se confía en que puede ocurrir.

En otras palabras, las personas podemos ser motivo e impulso para la esperanza porque somos necesarias: las buenas cosas requieren dinamismo, concordia, esfuerzo, dedicación.

Pongamos un ejemplo muy reciente. El Papa León XIV se ha atrevido a lanzar un mensaje serio y universal a propósito de la inteligencia artificial en el que advierte sobre algunos de sus peligros, pero él mismo se pone al servicio de lo más importante -las personas-. Ese mismo hecho suscita inmediatamente otras voces e iniciativas en esa misma dirección.

Y nos recuerda que podemos edificar el bien sin ser perfectos ni superhéroes. El único modo como podemos hacerlo es aceptando los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir.

Corresponsables

Y nadie puede hacerlo en solitario. Edificar una sociedad al servicio de todos, exige “una corresponsabilidad valiente”. Nadie se basta por sí solo para afrontar los desafíos de nuestro mundo; y nadie es tan débil como para no tener nada que ofrecer.

La corresponsabilidad es un concepto incómodo en una sociedad individualista que exalta la total autonomía de cada persona como si tuviera que responder únicamente por ella misma. Pero esa imagen es falsa: nadie puede sostenerse en solitario, somos radicalmente sociales. Autónomos en gran medida -responsables de nuestros actos- pero co-existentes, necesarios para construir con los otros un entorno adecuado para el encuentro, el diálogo, la convivencia pacífica. Y sabemos que es posible porque ha sido realidad durante toda la historia humana en alguna medida, aunque haya coexistido con guerras, luchas y destrucción. Nunca ha dejado de haber, en distintas formas y medidas, espacios favorables a la amistad, al arte, la belleza y la concordia. Por lo tanto es posible. ¡La esperanza no es ingenua!

Pongámonos, pues, manos a la obra. Lograr una sociedad más amigable también depende de nosotros.

Junio de 2026

Publicaciones relacionadas

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *