Motivos para la esperanza

Motivos para la esperanza

Los últimos 70 años han sido ejemplo de una laboriosa construcción de acuerdos, equilibrios de intereses, marcos legales e instituciones mundiales. Y muchas sociedades han alcanzado un bienestar sin precedentes en la historia. Imagen de Eray en Pexels.

Nuestro planeta, visto desde la luna por los astronautas, les produce una combinación de asombro y estremecimiento por su belleza. Esa perspectiva les hace evidente que es la casa de todos los seres vivos, y que los humanos están ligados por un vínculo de hermanos, sin distinción.

Pero en este momento tan convulso, la humanidad tropieza con la misma piedra de siempre, en la que lleva milenios tropezando: ambición, envidia, ansias de dominio, resentimientos antiguos. Y así, la guerra vuelve a marcar la vida cotidiana de todos. Muertes inútiles e injustas, gasto desmesurado, tiempo y esfuerzos perdidos, sufrimiento, miedo al futuro. Además de la verdad, primera víctima de las guerras, flaquea también en la población mundial la esperanza, esa íntima convicción de que el ser humano es capaz de mejores actitudes.

Y hay que decir que la esperanza tiene fundamento. La historia nos muestra innumerables ejemplos de guerras de todo tipo y escala, pero también han existido y existen ejemplos reales en que los pueblos y sus líderes han mostrado su capacidad de dialogar y negociar para mantener un marco estable de convivencia. Ningún tratado es perfecto, todos han roto costuras por algún sitio, pero es indudable que la humanidad ha caminado en su conjunto hacia modelos más inteligentes de convivir y gestionar sus diferencias a escala planetaria.

Los últimos 70 años han sido ejemplo de una laboriosa construcción de acuerdos, equilibrios de intereses, marcos legales e instituciones mundiales orientadas a defender a los débiles y poner contrapesos a los poderosos.

Ha sido real, aunque frágil. Y muchas sociedades han alcanzado, en ese período de estabilidad, un bienestar sin precedentes en la historia. Aunque con mucho menos equidad, también en los países menos desarrollados algunos logros importantes en educación y reducción de la pobreza.

Todo eso está ahora mismo en peligro. Lo que llaman «el viejo orden internacional» parece ya inservible, se le presenta como superado u obsoleto.

Pero no está superado de ninguna manera. Está siendo vulnerado e ignorado por parte de sectores sociales y líderes primitivos y sin escrúpulos que pretenden ejercer un predominio de la fuerza bruta para acaparar los bienes de la Tierra.

La capacidad de respetar a los adversarios, de dialogar, negociar y concordar equilibrios que moderen los poderes políticos, no es una ficción. Es posible recuperar este modelo de convivencia. Quienes viven con esperanza se esfuerzan en promover con realismo esas dinámicas de diálogo inteligente, aunque el viento por ahora esté soplando en contra.

Abril de 2026

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