Rescatar lo humano

Rescatar lo humano

Mucha gente se pregunta si el uso de la IA (ChatGPT, Claude, Gemini, etc.) nos convertirá en dependientes e incapaces de pensar y crear por nosotros mismos, o nos hará desarrollarnos mucho más que antes. Es una pregunta importante. Y difícil formular una respuesta al respecto.

Los usuarios actuales de ChatGPT alcanzan en 2026 los 600 millones de personas. Gemini, ligado a Google, asegura tener ¡mil millones de usuarios! Las demás marcas de inteligencia artificial (IA) más populares también se cuentan por millones.

Estas plataformas inteligentes (llamadas Agentes) responden preguntas, recopilan y sintetizan información, redactan muy bien, gestionan presupuestos y mejoran complicadas tablas de cuentas, reelaboran contenidos, hacen presentaciones… mucho más rápido y mejor que muchos humanos.

Ese interlocutor recién llegado a nuestras conversaciones soluciona muchos problemas cotidianos, sobre todo a quien estudia o trabaja a través de ordenador. Pero también se busca llenar con la IA el vacío de compañía. El 4% de los adultos norteamericanos lo hacen. ¡Y el 72% de los adolescentes de ese país ha buscado esa forma para sentirse acompañados! En este mes de 2026 se pueden encontrar casi 500 aplicaciones de IA como forma de compañía.
Foto Pixabay

La pregunta ya no es cómo usar la IA, sino qué actividades delegamos en esos agentes tan cómodos porque les vamos descargando nuestras tareas más engorrosas. Hacen en unos minutos lo que decenas de personas no lograrían en días.

Podemos llegar a delegarles la capacidad de resumir enormes cantidades de textos, pero leer al menos algunos, deberíamos de hacerlo.

Podemos delegarles la creación de presentaciones, pero las indicaciones deberían de ser nuestras.

Podemos delegarles el control numérico de las cuentas, pero las decisiones de gasto deberían ser nuestras.

Pongo aquí algunas de las funciones humanas más importantes que pienso deberíamos preservar, sobre todo en los pequeños, pero también en las personas mayores.

  1. El lenguaje, cuanto más rico y variado, mejor. Cultivar la expresión oral de lo que se piensa. El aprendizaje de las palabras y la capacidad de traducir en ellas nuestro mundo interior es el primer paso de lo que será la capacidad de pensar críticamente y tener opiniones propias. Y es un aspecto importante -no el único- de la comunicación con los demás, que nos hace humanos y comunitarios.
  2. La lectoescritura. Primero la lectura, que es importante. La lectura es una actividad enormemente potente para generar imaginación, ampliar el vocabulario, desplegar el pensamiento, además de entretener e informar. También la escritura, y a mano sobre todo en la primera infancia. La coordinación y la motricidad fina de la escritura consolidan los circuitos neuronales ligados a la expresión y el pensamiento.
  3. La comunicación no verbal. Estimular y vivir las innumerables maneras de comunicarnos de persona a persona. La mirada, la caricia, el abrazo, compartir comida y bebida, reír juntos… Todo esto es imprescindible y ancla para nuestra vida en la era de la inteligencia artificial.
  4. El contacto con la naturaleza. Que nos recuerda que somos naturaleza y tenemos un enlace ontológico con todo lo vivo. Que no podemos separarnos de la tierra, del aire, de los animales -no sólo los de compañía-. Tenemos, como todos los seres vivos, un ciclo vital que debemos conocer y asumir.
  5. El cultivo de la interioridad. Guardar silencio y aprender a contemplar lo que sucede dentro y fuera de nosotros, primero que nada sin juicio y luego valorándolo según el sentido que hayamos decidido darle a nuestra vida. Sin silencio no lograremos enontrarnos a nosotros mismos.
  6. Las decisiones importantes. Lo que decido sobre mi vida no puedo delegarlo. Ni en la IA ni en otras personas. Escuchar sí, comentar sí, deliberar con otros sí, pero siendo responsable y co-responsable, con mis personas cercanas, de mi propia existencia.

Estas y otras capacidades específicamente humanas son claves para que, en este despliegue de la IA, no quedemos convertidos en meros acompañantes o sometidos a unos entes que no tienen experiencias, sino sólo datos. Por muy inteligentes que sean.

Leticia Soberón Mainero

Psicóloga y doctora en comunicación

Madrid, 7 de noviembre 2029

 

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