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	<title>Relaciones humanas | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>Relaciones humanas | Revista RE Castellano</title>
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		<title>Aprender a descansar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2026 04:59:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2026/04/aprender-a-descansar/">Aprender a descansar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Parece que debería de ser fácil e instintivo <strong>detenerse</strong> cuando la <strong>fatiga nos invade</strong>, pero nuestro entorno cultural <strong>no nos lo pone tan fácil</strong>. Tanto en tiempo laboral como en el así llamado «de vacaciones» estamos<strong> bombardeados por miles de mensajes</strong>, se nos ofrecen <strong>actividades de ocio</strong>, nuevas conexiones para explorar mundos virtuales o físicos. Se valora mucho «seguir activos», no parar, <strong>no parar</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Incluso con la mejor de las intenciones se mantiene un <strong>modo «seguir haciendo»</strong>, hablando sin parar, gestionando la convivencia, animando a los demás&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esta carrera infinita<strong> tiene un costo para nuestra persona</strong>. La actividad perenne <strong>nos desgasta y nos vacía de sentido</strong>. Terminamos por no saber el para qué de tanto esfuerzo, vamos corriendo hacia ninguna parte.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¡Somos limitados!</strong> Física, mental y anímicamente tenemos <strong>necesidad de detenernos</strong> y estar inactivos un tiempo. Nuestro <strong>cuerpo</strong> <strong>requiere descanso,</strong> quietud. Nuestro <strong>interior, silencio</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando <strong>callamos por un tiempo suficientemente largo</strong> permitimos que las aguas, agitadas río abajo, <strong>se remansen</strong> en nuestro lago interior. Que las partículas en suspensión vayan bajando al fondo y nos permitan<strong> ver el fondo a través de la transparencia del agua</strong>. Los acontecimientos y las experiencias vividas<strong> se decantan en nosotros</strong>, toman su lugar adecuado, sus <strong>dimensiones auténticas</strong>, su <strong>valor</strong> más allá de las primeras reacciones que suelen provocar en nosotros de manera espontánea.</p>
<figure id="attachment_30301" aria-describedby="caption-attachment-30301" style="width: 430px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-30301" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280-300x200.jpg" alt="" width="430" height="286" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/08/man-1156543_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 430px) 100vw, 430px" /></a><figcaption id="caption-attachment-30301" class="wp-caption-text"><em>Saber que no somos indispensables        Fotografía José Alba Pixabay</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Y con el panorama más claro y sereno, podemos tomar en el momento adecuado<strong> mejores decisiones</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Descansar es confiar</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Confiar en el <strong>poder reparador</strong> de nuestra propia<strong> biología</strong>. Confiar en que a pesar de nuestra ausencia temporal, <strong>los demás</strong> pueden gestionar la vida <strong>de manera adecuada</strong>. Confiar en esas personas que <strong>nos suplen</strong> y hacen las cosas <strong>de modo diferente.</strong> Confiar en que el inmediato futuro seguirá con una relativa estabilidad y <strong>podremos retomarlo</strong>. Incluso que <strong>sin nosotros</strong> las cosas pueden mejorar: ¡tantas veces <strong>nos creemos indispensables</strong> y a veces somos precisamente una<strong> fuente de problemas</strong>!</p>
<p style="text-align: justify;">Descansar es saber que seguimos siendo valiosos <strong>mientras no hacemos nada</strong>. Nuestro <strong>valor no está en el hacer, sino en el ser</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Descansar nosotros también es <strong>confiar en los demás cuando descansan</strong>. Permitirles ausentarse —evidentemente con el ritmo acordado para que las situaciones no se vean afectadas—, recordando que también en este caso, el valor de las personas no está en lo que hacen, sino en lo que son.</p>
<p style="text-align: justify;">Y éste es un ejercicio muy valioso para <strong>preparar la vejez </strong>—en que ya no podremos hacer casi nada— y<strong> la muerte</strong>, en que nos abandonamos completamente al límite de nuestro ser, confiando en que todo lo realizado adquiere su sentido pleno en ese momento.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Descansar es un gran acto de humildad</strong> que nos resitúa con alegría en nuestra condición humana.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>La Herradura (Granada), agosto 2025</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2026/04/aprender-a-descansar/">Aprender a descansar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>La moda y nosotros</title>
		<link>https://www.revistare.com/2025/07/la-moda-y-nosotros/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Jul 2025 04:59:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[ciberbullying]]></category>
		<category><![CDATA[moda]]></category>
		<category><![CDATA[salud mental]]></category>
		<category><![CDATA[vestido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/07/la-moda-y-nosotros/">La moda y nosotros</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>La moda</strong> es un elemento importante de todas las culturas. El vestido es mucho más que una protección ante el clima y las miradas indiscretas. <strong>El atuendo</strong> y los accesorios se convierten constantemente en <strong>lenguaje</strong>, modo de comunicación inmediata hacia quienes nos rodean. Sea con plumas y hojas de árbol, con lana, algodón y fibras locales, o con seda e hilo de oro, <strong>vestirse también nos expresa</strong>. Es una forma de decir quiénes somos y cómo nos sentimos. Esta sería la <strong>dimensión individual</strong> de la vestimenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero también hay una <strong>dimensión colectiva</strong>. En cada sociedad, vestirse es un elemento cultural en el que las personas hacen visibles sus similitudes y sus diferencias. La vestimenta suele <strong>expresar pertenencia a grupos</strong>, niveles de ingresos, deportes o preferencias ideológicas &#8230; Las personalidades famosas suelen crear un efecto imitador, generando tendencias que se convierten en modas y estilos de vida, y finalmente <strong>criterio para medir la aceptabilidad social</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso sucede porque en todas las sociedades las personas <strong>se comparan entre sí</strong> y se imitan unas a otras, <strong>copian</strong> lo que de los otros les gusta y les <strong>parece atractivo</strong>. Cuanto más visibilidad y autoridad —en cualquiera de sus formas— parezca tener una persona, posiblemente más gente la imitará e intentará parecerse a él o ella. Y hacerse <strong>deseables, aceptables</strong>, más atractivos. Esto es la moda. Y hasta aquí, nada que objetar.</p>
<p style="text-align: justify;">En nuestro tiempo, sin embargo, es necesario hacer una <strong>mirada crítica</strong> sobre toda una industria organizada en torno a estas características humanas. Cuanto más se propongan <strong>modelos de belleza considerados perfectos</strong>, y cuanto más jóvenes sean las personas, más intentarán parecerse a esos modelos, y en la inmensa mayoría de los casos no les será posible. Sea porque su tipo corporal no se adapta al parámetro fijado de belleza, o porque el precio de las prendas es inalcanzable para ellas.</p>
<figure id="attachment_27602" aria-describedby="caption-attachment-27602" style="width: 322px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/06/fashion-9464657_1280.jpg"><img decoding="async" class=" wp-image-27602" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/06/fashion-9464657_1280-200x300.jpg" alt="El atuendo nos expresa" width="322" height="483" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/06/fashion-9464657_1280-200x300.jpg 200w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/06/fashion-9464657_1280-682x1024.jpg 682w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/06/fashion-9464657_1280.jpg 853w" sizes="(max-width: 322px) 100vw, 322px" /></a><figcaption id="caption-attachment-27602" class="wp-caption-text">A través del vestido nos expresamos</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><strong>El impacto</strong> de esos modelos de moda no es igual entre las personas de <strong>distintas edades</strong>. Por ejemplo, en la adolescencia la propia <strong>identidad está aún en desarrollo</strong>; no se tiene una personalidad totalmente definida. De modo que la mayoría a esa edad se viste <strong>imitando a sus personajes-modelo</strong>, o a sus amigos (sus pares). Como decimos, también está <strong>buscándose a sí misma</strong>; imita, pero quiere diferenciarse de sus padres y modelos de infancia; está explorando personalidades o maneras de presentarse o dimensiones de su personalidad. Es enormemente <strong>insegura o inseguro</strong>, no sabe aún quién es, y puede ser muy cambiante.</p>
<p style="text-align: justify;">En esas primeras edades toda la cuestión de <strong>la autoestima</strong> respecto al cómo los demás nos ven y qué tanto nos aprecian o valoran o aceptan por la manera como nos vestimos está constituyendo nuestro ser. ¡Hay mucho en juego! Por eso las <strong>redes sociales</strong> a esa edad tienen tanto impacto. <strong>No se ahorran críticas</strong> respecto al cuerpo de los demás, puede haber ciberbullying, acoso digital, y todas las personas que no logran<strong> adecuarse al modelo</strong>, se sienten excluidas, inferiores, <strong>inaceptables</strong>. Y desde hace tiempo que los educadores y trabajadores de la salud notan<strong> los estropicios</strong> que provoca la canonización de un <strong>estilo físico</strong> completamente<strong> inalcanzable</strong> para el 99% de la humanidad, que es el de la <strong>mujer hiperdelgada</strong>, asexuada, casi sin caderas y sin pechos, además triste (porque las modelos tienen que poner cara de <strong>hastío</strong>).  Instaurados esos modelos, en las tiendas la ropa habitualmente va poniendo tallas cada vez más pequeñas pues las niñas comen cada vez menos, sobre todo las adolescentes. Se facilita así<strong> la anorexia, las autolesiones</strong>: el fantasma de la soledad es terrible para cualquier persona, pero para una adolescente, más.</p>
<p style="text-align: justify;">Con la <strong>progresiva madurez</strong>, las personas usualmente vamos eligiendo, en el marco de nuestra cultura,<strong> un estilo de vestir</strong> y de <strong>presentarnos más personalizado</strong>. Vamos sabiendo quiénes somos y <strong>definiendo</strong> <strong>qué queremos proyectar</strong> hacia los demás. Aunque con mucha frecuencia es a contracorriente con los modelos presentados por la industria textil.</p>
<p style="text-align: justify;">La buena noticia es que cada vez más empresas están creando <strong>modelos de ropa para diferentes tipos de cuerpo</strong>, para diferentes modos de entender la vida, para <strong>diferentes edades, preferencias, visiones del mundo</strong>. Su esfuerzo es siempre <strong>conservar una estética propia</strong>, con gusto, <strong>con arte, con creatividad</strong>, pero para <strong>cuerpos que existan realmente</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Está claro que<strong> no corresponde</strong> a las industrias de la moda <strong>evitar que la gente se compare</strong> y sufra si se ve menos aceptable que los demás, pero sí puede <strong>difundir modelos corporales variados</strong>, cultualmente diversos, para distintas edades y modos de entenderse, de modo que haya menos exclusión social por carecer de referencias estéticas consideradas aceptables.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, junio 2025</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/07/la-moda-y-nosotros/">La moda y nosotros</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Interdependencia sin dependencia</title>
		<link>https://www.revistare.com/2025/04/interdependencia-sin-dependencia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Apr 2025 04:59:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Interdependencia sin dependencia]]></category>
		<category><![CDATA[madurez emocional]]></category>
		<category><![CDATA[Maria Mercé Conangla]]></category>
		<category><![CDATA[pareja]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María Mercé CONANGLA</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/04/interdependencia-sin-dependencia/">Interdependencia sin dependencia</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4><strong>El individualismo, una estrategia agotada</strong></h4>
<p style="text-align: justify;">Demasiada soledad, demasiado egoísmo, demasiada dispersión. Poco a poco, y, sin darnos cuenta, <strong>nos vamos desconectando</strong> de nosotros mismos y de los otros hasta que acabamos <strong>siendo ajenos</strong> unos de otros.</p>
<p style="text-align: justify;">El individualismo como estrategia de supervivencia está condenada al fracaso. Y si bien mantener la identidad es necesario para no diluirnos en el grupo, la persona individualista apela al propio bien en detrimento del bien de los demás. El egoísmo, aparentemente ganador, acaba siendo el gran perdedor.</p>
<p style="text-align: justify;">En momentos de crisis y dificultades será la interdependencia colaborativa, lo que nos debe permitir<strong> aunar la fuerza del grupo</strong> para el bien de cada uno de sus miembros.</p>
<h4 style="text-align: justify;"><strong>Nadie es una isla</strong></h4>
<p style="text-align: justify;"><em> Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es una parte del continente, una parte de la masa. Si el mar se lleva un pedazo, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa señorial de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por tanto, nunca preguntes por quién tocan las campanas: tocan por ti</em>. (John Donne, Devociones en ocasiones emergentes, Meditación XVI).</p>
<p style="text-align: justify;">No somos islas. Podemos ser personas autónomas, pero no somos autosuficientes, y nos necesitamos para satisfacer nuestras necesidades. La cuestión es que, a veces, no tomamos conciencia de ello hasta que probamos el sabor amargo de la soledad.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos agrupamos en comunidades por supervivencia, por interés o por afinidad. En todos los casos nos mueve una <strong>mezcla de egoísmo y generosidad</strong> porque, cuando nos sentimos unidos a los demás, el miedo se reduce. Confiamos en que, lo que no pueda uno, podrán los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero cuando aparece la<strong> soledad</strong>, se reproducen todos los <strong>miedos atávicos</strong> y se amplifican los miedos aprendidos. Afloran sentimientos de pérdida y de inseguridad sobre qué será de nosotros, cómo saldremos adelante, cómo podremos lidiar con los avatares de la vida; sentimientos de exclusión y abandono; tristeza y pena; desesperanza e incluso desesperación.</p>
<p style="text-align: justify;">No somos islas. <strong>Necesitamos puentes</strong> que nos unen a los demás y que nos permitan generar el sentimiento que interesamos y que somos importantes en la comunidad humana.</p>
<h4 style="text-align: justify;"><strong>Intersomos</strong></h4>
<p style="text-align: justify;">Es un concepto que utilizamos en el modelo Ecología Emocional para expresar el hecho de que todos los seres vivos del planeta estamos vinculados de tal manera que lo que nos ocurre a unos tiene impacto en toda la cadena de la vida. Somos interdependientes.</p>
<p style="text-align: justify;">En nuestro último libro <a href="https://ecologiaemocional.org/5/Libros?only=76"><em>Cambio climático emocional</em> </a>hacemos inciso en que uno de los cambios urgentes de modelo, que como sociedad humana hemos de realizar, es lo que nos debe llevar a este<em> «interser»</em> y realizar el tránsito que va de una sociedad ausente, indiferente y en soledad, al «<em>intersomos»</em> y a las redes bondadosas de<strong> apoyo mutuo</strong>.</p>
<h4 style="text-align: justify;"><strong>La soledad emocional</strong></h4>
<p style="text-align: justify;"><em>Nuestra gran tormenta en la vida proviene del hecho que estamos solos, y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad. (</em>Guy de Maupassant).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La soledad</strong>, justamente es una de las <strong>epidemias</strong> más graves del siglo XXI. Estamos hablando de la soledad destructiva, de esa que nos deshumaniza, que nos hace sentir excluidos y que nos lleva a la ansiedad, a la angustia, a la depresión y a la desesperación. De esa soledad que hace que no queramos seguir viviendo. Y este tipo cada vez hay más.</p>
<p style="text-align: justify;">La soledad emocional tiene mucho que ver con la distancia afectiva. Tiene que ver con la falta de tacto y de contacto, con el hambre de &#8216;piel&#8217;.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuánto tiempo llevas sin que alguien te acaricie, te toque o te abrace? ¿Cuánto tiempo sin que alguien te llame, sencillamente, por el sencillo motivo de escuchar tu voz, saber que estás bien, para hacerte saber que eres importante en su vida? ¿Cuánto tiempo sin que alguien escuche a las<strong> pequeñas cosas</strong> que le quieras contar<strong> sin mirar al reloj</strong>, sin gestos de impaciencia? ¿Cuánto tiempo sin compartir risas o llantos con alguien? ¿Cuánto tiempo? Mucha pantalla, y demasiado WhatsApp desincronizado.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy en día parece ser que una<strong> llamada directa</strong> es considerada una <strong>invasión de la intimidad</strong> y poco menos que una agresión. Y no estamos hablando de las llamadas de operadoras telefónicas o agentes de venta varios que irrumpen indeseadamente en nuestra intimidad a diario. Un &#8216;te abrazo&#8217; escrito o escuchado no es lo mismo que un abrazo sincero, real: <strong>dos cuerpos</strong> que voluntariamente <strong>se unen, se sienten</strong>, corazón con corazón, manteniendo brevemente el contacto y una caricia.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto es lo que puede aliviar el sentimiento de <strong>soledad emocional</strong>. No se trata de hacer sólo que a alguien no le falte &#8216;de nada&#8217;. Este &#8216;de nada&#8217; sólo para el cuerpo físico o mental no es suficiente. Nuestro cuerpo emocional debe ser bien atendido. Esta soledad emocional afecta a niños, adolescentes y adultos, pero de forma muy especial dos colectivos: las personas mayores que viven solas o en residencias y los colectivos con diversidad funcional o intelectual. Ambos sufren esa ausencia de &#8216;piel&#8217;. Esta soledad emocional nos afecta a todos y todos necesitamos encontrar formas de <strong>cubrir las necesidades afectivas</strong>, de tacto, de contacto, de presencia, de pertenencia y de amor.</p>
<figure id="attachment_25336" aria-describedby="caption-attachment-25336" style="width: 475px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280.jpg"><img decoding="async" class=" wp-image-25336" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280-300x200.jpg" alt="Intersomos con todo lo que existe" width="475" height="316" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/bees-7873791_1280.jpg 1280w" sizes="(max-width: 475px) 100vw, 475px" /></a><figcaption id="caption-attachment-25336" class="wp-caption-text"><em>Ninguna gota sabe de qué flor viene             Foto: Annette Meyer en Pixabay</em></figcaption></figure>
<h4 style="text-align: justify;"><strong>Los precios que estamos dispuestos a pagar</strong></h4>
<p style="text-align: justify;">Éste es el tema. Y la respuesta no puede ni debe ser<strong> nunca vender nuestra libertad</strong> a cambio de cariño y de calor. Porque caeríamos en las redes de la <strong>dependencia emocional</strong>, aquella que nos convertiría en esclavos de los demás y de sus manías.</p>
<p style="text-align: justify;">Asumir la soledad, no la soledad-desconexión, sino la soledad-conexión con uno mismo, aquel espacio de silencio y encuentro necesario para reflexionar, para crear, para recuperar nuestro equilibrio, es algo que debemos entrenar desde pequeños.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso es necesario aprender a trabajar nuestra autonomía personal: la intelectual, la emocional y la relacional; aprender a desobedecer todo aquello que juega en contra del respeto y que invade el espacio que necesitamos para crecer y para florecer como personas; ser valientes para decir, para discrepar, para abandonar lo que pueda terminar siendo una losa o una cárcel.</p>
<p style="text-align: justify;">Somos seres<strong> interdependientes</strong>, no sólo respecto a los demás humanos sino <strong>con todos los seres</strong> con quien compartimos el planeta. Debemos serlo conscientes. Debemos saberlo valorar. Sólo así podremos cuidarnos, no desde el poder, ni la lástima&#8230; sino desde la compasión más tierna al saber que intersomos y que juntos tejemos la trama de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque lo que yo hago en la trama, me lo hago a mí mismo y viceversa.</p>
<h4 style="text-align: justify;"><strong>Un texto final para reflexionar</strong></h4>
<p style="text-align: justify;">En los Upanishads, hay un bello texto que refleja el interés:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>«Las abejas toman el néctar de distintas flores y después fabrican la miel. </em><em>Una gota de miel no puede pretender que viene de una flor y otra gota de miel que viene de otra flor; la miel es un todo homogéneo. Del mismo modo, todos los seres son uno, aunque no sean conscientes de ello. </em><em>El tigre y el león, el lobo y el jabalí, el gusano y la mariposa, la mosca y el mosquito, todos vienen del alma y pertenecen al alma».</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>María Mercé CONANGLA<br />
</em><em>Psicóloga clínica, enfermera y escritora.<br />
</em><em>Presidenta de la Fundación Ecología Emocional<br />
</em><em>Barcelona, abril 2025<br />
</em><em>www.fundacioecologiaemocional.org</em></p>
<p style="text-align: justify;">(Artículo tomado de la Revista Re Catalá, abril 2025).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Nota informativa:<br />
</strong><em>Cada vez hay más personas que viven y vivirán solas en España. Según el INE, en 2019 había 4.793.700 personas viviendo solas, </em><em>de las que más de dos millones (2.009.100) tenían más de 65 años. Esto suponía un 41,9%, del que un 72,3% (1.452.300) eran mujeres.</em><br />
<em>Para 2035, la previsión es que continúe la tendencia al alza. El INE proyecta que dentro de 15 años uno de cada tres hogares será unipersonal, </em><em>al pasar de los 4,8 millones en la actualidad a los 5,7 millones.</em><br />
<em>https://cenie.eu/es/blogs/silver-economy-una-realidad-abierta/la-soledad-epidemia-del-siglo-xxi. Juan Carlos Alcaide</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Bibliografía:<br />
</em></strong>Cambio climático emocional Mercè Conangla y Jaume Soler. Editorial Amat, 2023</p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/04/interdependencia-sin-dependencia/">Interdependencia sin dependencia</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>La gestión del deseo</title>
		<link>https://www.revistare.com/2025/02/la-gestion-del-deseo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Feb 2025 05:59:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[deseos]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[La gestión del deseo]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></category>
		<category><![CDATA[necesidades básicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/02/la-gestion-del-deseo/">La gestión del deseo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Todo ser humano, por el hecho de ser <strong>corpóreo</strong>, tiene <strong>necesidades</strong>. Necesidades <strong>biológicas</strong> (de alimento, limpieza, cercanía física&#8230;) y también <strong>psicológicas</strong> (atención, pertenencia, cariño&#8230;). Pero si en la primera infancia esas necesidades se expresan de modo muy básico, conforme nace el lenguaje y el pensamiento surge el deseo, que tiene un componente simbólico importante.</p>
<p style="text-align: justify;">Necesitamos alimento, sí, pero no es lo mismo <strong>comer solos que acompañados</strong>, y más aún si es con las personas a las que más amamos. <strong>Deseamos</strong> estar con ellas en el <strong>momento de comer</strong> porque <strong>la comida se vuelve un símbolo</strong> de cercanía, de unidad, de afecto compartido. Es un ejemplo de cómo la <strong>necesidad</strong> se transforma en<strong> deseo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, el deseo <strong>inicia con la necesidad</strong>, pero luego puede incluso separarse de ella; hay deseos que <strong>se desconectan</strong> con una auténtica <strong>necesidad</strong>. Por ejemplo, cuando vamos al cine después de comer. Estamos<strong> satisfechos</strong>, pero en la sala compramos una buena <strong>ración de palomitas</strong>. El olor de las palomitas se asocia con la diversión, las emociones compartidas en el cine, las vivencias infantiles. No las necesitamos, pero las deseamos. El<strong> deseo es algo profundamente humano</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y todo esto qué importancia tiene? Que toda persona, camino de su adultez, debe <strong>aprender a gestionar los deseos</strong>. La constante satisfacción del deseo conlleva entrar en el <strong>circuito deseo-placer</strong>, que cuando consigue satisfacer el deseo, renace una y otra vez sin lograr una serenidad interna. Este circuito conduce fácilmente a <strong>prácticas adictivas</strong>, aunque no se trate de drogas duras. El cuerpo humano se adhiere fácilmente a los <strong>satisfactores primarios</strong> -la neurociencia lo confirma- y es frecuente que quede <strong>encadenado a ellos</strong>. El deseo por sí mismo no nos conduce a un<strong> desarrollo personal</strong> más armonioso, más comunitario, <strong>más libre</strong>. El deseo es un elemento clave de nuestra condición humana que <strong>no debemos negar ni aplastar</strong>, pero tampoco someternos a él de manera acrítica.</p>
<p style="text-align: justify;">Las personas que son <strong>esclavas de sus deseos</strong> terminan <strong>esclavizando también a los demás</strong>, en una dinámica egocéntrica y destructiva. En el polo opuesto, quienes ignoran y<strong> reprimen sus deseos</strong>, sufren y pueden desembocar en situaciones de <strong>desequilibrio psicológico</strong>. En ambos casos, las relaciones humanas se empobrecen, se deterioran, quedan marcadas por una mala gestión de los deseos.</p>
<figure id="attachment_23364" aria-describedby="caption-attachment-23364" style="width: 445px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-23364" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-300x200.jpg" alt="" width="445" height="296" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/02/colorful-1284475_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 445px) 100vw, 445px" /></a><figcaption id="caption-attachment-23364" class="wp-caption-text"><em>Es necesario conocer los propios deseos           Foto Pexels en Pixabay</em></figcaption></figure>
<h3 style="text-align: justify;">Mi humanidad para mi yo</h3>
<p style="text-align: justify;">En la infancia, eso que llamamos «educación» debería ayudar a los pequeños a detectar cuáles son sus deseos, y ayudarles a gestionarlos con realismo. Deben <strong>aprender a conocerse</strong>, también en lo que les atrae, sabiendo qué deseos pueden ser satisfechos y cuáles no -porque producen daño, o riesgos, o perjudican a otros-. Es necesario conocer y gestionar los propios deseos para <strong>convivir sana y libremente</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Se ha extendido en muchos ambientes educativos la creencia de que no deben ponerse límites al deseo del niño o niña, sino satisfacerlos «a demanda». Pero esta práctica les da la<strong> falsa sensación</strong> de que sus deseos serán y deberán ser <strong>siempre satisfechos</strong>. No aprenden a gestionar los momentos, las ocasiones y la medida en que esos deseos pueden satisfacerse.  Lejos de generar una mayor seguridad en ellos, se les convierte fácilmente en<strong> tiranos inseguros</strong>. Su «yo» está a remolque de una serie de <strong>pulsiones que no controlan</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y cómo se les enseña entonces a conocer y gestionar los deseos? Pues apoyando la maduración de su «yo», esa<strong> instancia</strong> que surge en todo ser humano como<strong> árbitro</strong> entre lo que se siente por dentro y lo que sucede fuera de él o ella. El yo puede ser fortalecido acompañando la <strong>toma de pequeñas decisiones</strong>, enseñándole a <strong>posponer la satisfacción</strong>, eligiendo los satisfactores que <strong>no dañan a uno mismo ni a los demás</strong>&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Es humano tiene necesidades y deseos, pero la humanidad de cada uno tiene quien dirija la pequeña barca que es el individuo. Ese <strong>«yo»</strong>, incluso con sus límites, puede plantearse <strong>propósitos más amplios</strong> y conducir esa humanidad a una <strong>mayor madurez</strong>, a unas relaciones humanas saneadas y gratificantes. No es el yo para su humanidad, sino<strong> su humanidad para su yo</strong>.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, febrero 2025</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/02/la-gestion-del-deseo/">La gestión del deseo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Los vínculos invisibles</title>
		<link>https://www.revistare.com/2025/01/los-vinculos-invisibles-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jan 2025 05:59:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[cáncer]]></category>
		<category><![CDATA[cariño]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[Los vínculos invisibles]]></category>
		<category><![CDATA[quimioterapia]]></category>
		<category><![CDATA[solidaridad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/01/los-vinculos-invisibles-2/">Los vínculos invisibles</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Estoy en pleno <strong>proceso de quimioterapia</strong> tras la cirugía de un pequeño <strong>tumor</strong> canceroso en <strong>un pecho</strong>. Como cientos de miles de mujeres, enfrento el desafío de <strong>asumir mis límites</strong> y los molestos <strong>efectos secundarios</strong> de un tratamiento que a veces nos hace sentir peor que la enfermedad misma. Pero ese recurso de la medicina de nuestro tiempo ha mostrado su <strong>eficacia estadística</strong>. Prolonga la vida unos meses o años, y convierte algunos tipos de cáncer en <strong>enfermedades curables</strong> o al menos crónicas.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá del buen pronóstico, <strong>mi experiencia</strong> en estos meses ha sido la de experimentar <strong>malestares nunca antes vividos</strong>, una gran <strong>debilidad</strong>, una variedad de síntomas inesperados, la inseguridad sobre cómo te vas a sentir al cabo de unos días cuando los efectos se acumulen.</p>
<p style="text-align: justify;">Y al mismo tiempo que todo eso, una <strong>experiencia preciosa</strong> ha sido<strong> palpar esa red invisible de personas</strong> queridas que <strong>se han volcado en apoyarme</strong> de las maneras más variadas. Desde la sola presencia, cálida y acogedora, a sugerencias de alimentación o remedios caseros. Desde las técnicas para <strong>elaborar las emociones</strong>, al transporte para el hospital, diálogo, oración o energía a distancia. <strong>Todo ello es acompañamiento</strong>, ofrecido con amistad y cariño sinceros.</p>
<figure id="attachment_21095" aria-describedby="caption-attachment-21095" style="width: 488px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/12/volunteer-2729723_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-21095" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/12/volunteer-2729723_1280-300x200.jpg" alt="" width="488" height="326" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/12/volunteer-2729723_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/12/volunteer-2729723_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/12/volunteer-2729723_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 488px) 100vw, 488px" /></a><figcaption id="caption-attachment-21095" class="wp-caption-text"><em>Esos hilos invisibles nos sostienen               Fotografía Gerd Altmann &#8211; Pixabay</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Y ante esta situación paradójica, que a la vez es tremenda y un don maravilloso, me surgen tres reflexiones.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>Los momentos y la experiencia del <strong>malestar físico</strong>, las náuseas, la imposibilidad de comer, la caída del cabello, las neuropatías&#8230; <strong>nos conectan</strong> misteriosamente, aunque sea en una escala ínfima, con <strong>millones de personas</strong> <strong>que sufren en su cuerpo </strong>por distintos motivos.<strong> Otras enfermedades, los efectos de las guerras</strong>, del maltrato, de los cataclismos atmosféricos. Este sufrimiento nos conduce a una vivencia <strong>más honda y verdadera sobre la condición humana</strong> y nos hermana con quienes padecen. Nos ayuda a <strong>ser más solidarias de modo práctico y efectivo</strong>. <strong>No es que sufrir sea deseable;</strong> simplemente que a veces es <strong>connatural al hecho de vivir</strong>, siendo seres corporales, sensibles, conscientes de sí. Y si lo sabemos elaborar, es un <strong>aprendizaje muy importante:</strong> la vida <strong>vale la pena de ser vivida</strong>, a pesar de estos momentos de dolor, <strong>dificultad y debilidad</strong>.</li>
<li>En una sociedad que <strong>valora muchísimo la autonomía</strong> y miles de personas están solas,<strong> es un privilegio</strong> contar con <strong>amigos y amigas</strong> que se hacen presentes <strong>de manera gratuita y generosa</strong> en el momento oportuno. Están allí y misteriosamente nos mantienen <strong>activas y despiertas</strong>, nos animan, nos avivan<strong> la esperanza</strong>. Esta <strong>red de vínculos invisibles</strong> nos sostiene realmente. Es algo que va más allá de la materialidad de lo que recibimos; es un intangible que nos recuerda <strong>cuán conectados estamos entre nosotros</strong>. El bien de uno hace bien a los demás. Su pena, nos apena. Por eso acompañarnos genera dinamismos de serenidad y alegría que se pasan de una persona a otra y cambia el color de la vida. El cariño, la palabra oportuna, un mensaje de acompañamiento&#8230; expresan algo que no se ve pero que nos constituye en el fondo: s<strong>omos seres sociales desde que fuimos concebidos</strong>. Nos necesitamos unos a otros.</li>
<li><strong>Todo gesto de amor es gratis</strong>. En ese -a veces asimétrico- <strong>dar y recibir</strong>, las personas nos regalan su tiempo, su apoyo, <strong>porque quieren</strong>. Son libres, pueden hacerlo o no. <strong>Nada puede exigirse</strong>. Y <strong>mucho menos</strong> reclamarse <strong>como «pago»</strong> por algo que uno hizo en momentos anteriores por esa persona. Todo don se da<strong> porque se quiere dar</strong>. Y toda respuesta o correspondencia, es <strong>también gratuita</strong> por parte de los otros. El dinamismo de <strong>una gratuidad de cariño</strong> es difusivo y alcanza mucho más allá de los inmediatos. Llega lejos, irradia hasta quienes no conocemos, por esa <strong>indefinible conexión</strong> que existe entre las personas.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto, ¡<strong>cuánta gratitud</strong> tenemos que tener hacia quienes nos están acompañando en momentos duros!</p>
<p style="text-align: justify;">Y qué gran deseo de <strong>corresponderles a ellas mismas</strong> cuando lo necesiten, también estando atentas hacia otras personas, a veces muy solas y sin nadie más, acompañándolas cuando estén en <strong>horas bajas</strong> y requieran algo tan sencillo como <strong>estar ahí sabiendo estar</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué mejor regalo de Navidad podemos dar y recibir?</p>
<p style="text-align: justify;">¡<strong>Feliz Navidad a todos</strong>!</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, 7 de diciembre 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/01/los-vinculos-invisibles-2/">Los vínculos invisibles</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El tesoro del tiempo</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/08/el-tesoro-del-tiempo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Aug 2024 16:59:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[El tesoro del tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[estilo de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></category>
		<category><![CDATA[minduflness]]></category>
		<category><![CDATA[tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Letícia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/08/el-tesoro-del-tiempo/">El tesoro del tiempo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Increíble, pero cierto: el único tesoro auténtico de que disponemos -el <strong>tiempo</strong>, que es <strong>vida</strong>-, nos pasa <strong>inadvertido</strong> la mayoría de nuestros días. ¡Parece tan normal vivir!, incluso hablamos de «<strong>matar el tiempo</strong>» cuando afrontamos una tarde sin quehaceres&#8230; ¡Qué despropósito!</p>
<p style="text-align: justify;">Porque el tiempo es el <strong>recurso</strong> <strong>escaso e imprescindible</strong> que nos es dado como regalo el día de nuestro nacimiento. No sabemos cuánto tendremos. Cada día es un milagro; el tiempo es el don más maravilloso del que disponemos. Un bien que además es decreciente. Es por definición, <strong>limitado para nosotros.</strong> Nuestra vida transcurre entre nacimiento y muerte, y sin embargo pasamos por la vida <strong>como si nunca</strong> <strong>fuera a terminarse.</strong> Como personas que disponen de un lote limitado de dinero, pero lo despilfarran en tonterías, sin aquilatar su valor.</p>
<p style="text-align: justify;">En el <strong>extremo contrario</strong> de esta banalización del tiempo, estaría la angustia del «instante fugaz», que vería con desasosiego el vivir como un flujo de instantes que se nos <strong>escapan entre los dedos</strong> sin lograr retenerlos. El «<strong>Carpe diem</strong>» que conduce a una avidez de vivir experiencias, aturdiéndose y llenándose de acontecimientos y estímulos para <strong>escapar</strong> a la toma de conciencia de ser limitados.</p>
<figure id="attachment_17727" aria-describedby="caption-attachment-17727" style="width: 462px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-17727" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280-300x226.jpg" alt="" width="462" height="348" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280-300x226.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280-1024x772.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280-90x68.jpg 90w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/08/hourglass-1875812_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 462px) 100vw, 462px" /></a><figcaption id="caption-attachment-17727" class="wp-caption-text"><em>Es un recurso escaso y decreciente                        Foto FunkyFocus Pixabay</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ni una ni otra nos conducen a la paz,</strong> ni nos hacen sentir la plenitud de vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Es necesario tomar conciencia de que <strong>somos nosotros</strong> quienes <strong>damos sentido al tiempo</strong>. Nuestro tiempo. Nuestra vida. Sólo nosotros llenamos de contenido o vaciamos de sentido los minutos que en el reloj parecen siempre iguales.</p>
<p style="text-align: justify;">No es así. El tiempo es <strong>más flexible de lo que pensamos</strong>. No todas las horas son idénticas; la medida del tiempo varía según nuestro modo de vivirlo. Los años corren más lentos en la infancia y son mucho más veloces en la edad adulta. <strong>Un minuto puede durar años</strong>; y <strong>varios años </strong>pueden pasar en <strong>unos minutos</strong>. Depende del <strong>contenido</strong> que le demos, depende de la<strong> importancia</strong> de lo vivido; depende de que nos <strong>percatemos de su valor</strong>. Puede ser en soledad o en compañía. Pero es importante aprender a valorar y <strong>paladear el tiempo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Usualmente nos sucede que empezamos a valorar el tiempo cuando<strong> lo vemos amenazado</strong>: por<strong> una enfermedad</strong>, por la muerte de algún ser querido, por el <strong>riesgo de morir en un accidente</strong>&#8230; Sólo entonces tomamos conciencia de cuánto lo hemos menospreciado e incluso desperdiciado.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero podemos <strong>entrenarnos</strong>. Contemplar y sorprendernos del milagro que significa estar, vivir, ser tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Así nos «bajamos de la aceleración» tomando conciencia de él. Compartiéndolo amorosamente. Degustando y permaneciendo en las cosas sencillas de la vida. <strong>Un beso</strong>, una caricia, pueden hacernos <strong>gustar la eternidad</strong>.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, agosto 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/08/el-tesoro-del-tiempo/">El tesoro del tiempo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>El esfuerzo de conocerse</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/06/el-esfuerzo-de-conocerse/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 04:59:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Secciones]]></category>
		<category><![CDATA[autoconocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[El esfuerzo de conocerse]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[relfexión]]></category>
		<category><![CDATA[soledad y silencio]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.revistare.com/?p=16725</guid>

					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/el-esfuerzo-de-conocerse/">El esfuerzo de conocerse</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A lo largo de los años me he encontrado a muchas personas que expresaban <strong>incomodidad</strong> en los <strong>espacios y tiempos vacíos</strong>, porque el <strong>silencio y la soledad</strong> les exponía a los <strong>ecos incómodos</strong> provenientes <strong>de su interior</strong> que preferían no escuchar. Unos y otros encontraban escapatorias fáciles en nuestros días: ruido / música constantes, conversación a toda costa y con cualquier persona, trabajo sin fin, entretenimiento, series, redes sociales&#8230; dispersión para no ver ni escuchar eso que les venía de dentro.</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las muchas <strong>consecuencias</strong> de esta <strong>fuga constante</strong> es que la persona <strong>no se conoce a sí misma</strong>. No sabe por qué actúa como lo hace, no toma conciencia sobre sus propios <strong>patrones repetitivos</strong> de pensamiento y conducta, <strong>no aprende de sus errores</strong>, no se toma tiempo para <strong>valorar sus propias reacciones</strong> o conocer sus <strong>emociones dominantes</strong>, y si considera <strong>cambiar o mejorar</strong> en algún sentido, es probable que elija un <strong>objetivo poco realista</strong> y <strong>no concorde</strong> con sus capacidades reales&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando uno no se conoce a sí mismo, <strong>va ciego por la vida</strong>, no tiene una noción clara de <strong>lo que le motiva</strong>, y es normal que <strong>se tope con paredes u obstáculos</strong> que no vio mientras caminaba.</p>
<figure id="attachment_16726" aria-describedby="caption-attachment-16726" style="width: 419px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-16726" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280-300x200.jpg" alt="" width="419" height="279" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/man-2564902_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 419px) 100vw, 419px" /></a><figcaption id="caption-attachment-16726" class="wp-caption-text">Foto Stocksnap en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Otra consecuencia es que las <strong>reacciones de los demás</strong> también le<strong> toman por sorpresa</strong>: no dedica tiempo a reflexionar sobre cómo son las personas de su entorno, qué les gusta o motiva, cómo son sus reacciones. Y es entonces cuando surge, con gran carga emocional, el interrogante: <strong>«¿Por qué me pasa esto a mí?»</strong> No debería de sorprendernos que las cosas nos sucedan impreparados, si no dedicamos atención y tiempo a ver nuestra propia trayectoria.</p>
<p style="text-align: justify;">Conocerse a uno mismo no es tarea fácil, ni siempre grata. Solemos tener una<strong> idea vaga</strong> —y con frecuencia negativa— sobre nosotros mismos, tomada en gran parte de lo que nos <strong>dijeron en la infancia</strong>, de <strong>cómo nos trataron</strong> y qué experiencia tuvimos durante <strong>la fase escolar</strong>. En la <strong>adolescencia</strong> esa imagen seguramente <strong>cambió mucho</strong>, y empezó a depender del tipo de cuerpo que desarrollamos en esa etapa, lo que nos expresaban los amigos y amigas, la comparación con los modelos de referencia (actrices y actores, cantantes, futbolistas, influencers, etc.)&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Pero de nuevo: no podemos tener un conocimiento de nosotros mismos a base de mensajes más o menos inconexos, divergentes a veces, emitidos con mayor o menor afecto y lucidez. Es necesario tomarse tiempo para analizarlos y asimilarlos de manera personal, filtrar lo más veraz y dejar fuera lo falso. Y sobre todo: para <strong>construir nuestra propia</strong> y <strong>madura</strong> <strong>imagen de nosotros mismos</strong> necesitamos ver cómo es nuestra actuación real en la vida. Qué es lo que realmente hacemos. Allí nos conocemos con nitidez.</p>
<h4 style="text-align: justify;">Una dinámica de vivencia/aceptación/conocimiento</h4>
<p style="text-align: justify;">¿Por dónde se empieza?</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>Curiosamente, por la <strong>experiencia de vivir</strong>. La <strong>vivencia de ser</strong> es el «clavo» del que pueden colgarse la aceptación y el conocimiento de sí mismos. El<strong> conocimiento de sí no es</strong> antes que nada un <strong>ejercicio intelectual</strong>, sino <strong>previamente es vital</strong>. Experimentarnos vivos es pararse, tomar conciencia de existir, paladeando el momento presente. Y para ello requerimos silencio.</li>
<li>Al paladear el simple hecho de existir, si lo valoramos, surge la experiencia de que es algo bueno, algo en realidad sorprendente y valioso: viene entonces<strong> la aceptación</strong> <strong>de ese estar existiendo</strong>. Si no nos damos un «sí» de entrada, difícilmente nos atreveremos a entrar en el conocimiento de los detalles. Esa aceptación que nos damos por el simple hecho de ser, es condición necesaria para dar el siguiente paso.</li>
<li>Entonces podemos adentrarnos en <strong>conocer y comprender</strong> la maraña del cómo somos, qué nos pasa, por qué nos pasa&#8230; y empezar a procesar lo que los demás nos indican sobre nosotros mismos. Soy quien soy y como soy&#8230; o nada. ¡Y ver que, al existir, estamos en constante transformación (hacia adelante o no, depende de nosotros&#8230;). Soy lo que soy, más lo que puedo llegar a ser. Tengo en mi interior la semilla de mi propio futuro.</li>
<li>Para ello es también necesaria la<strong> amistad auténtica</strong> con personas que te ayuden en este no fácil proceso. Alguien <strong>que te quiere y acepta</strong>, ojalá, <strong>tal como eres</strong>, para poder sostenerte cuando es difícil asumir eventos o decisiones de tu propia vida que desearías no haber tomado.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Parte clave de la <strong>madurez en las personas</strong> consiste precisamente en <strong>aceptarnos</strong> <strong>sabiendo quiénes somos</strong>, en un proceso progresivo y dinámico entre aceptarse / conocerse / transformarse / aceptarse / conocerse&#8230;.</p>
<p style="text-align: justify;">Este es un <strong>camino esforzado</strong>, pero nos ayuda a vivir cada día con<strong> mayor paz y sosiego</strong>, dejando que el silencio no sea un enemigo a evitar, sino el gran compañero que nos ayuda a entendernos mejor y desarrollarnos como personas.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, junio 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/el-esfuerzo-de-conocerse/">El esfuerzo de conocerse</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Cuatro errores al escuchar</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Feb 2024 05:59:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Cuatro errores al escuchar]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[escucha]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Silencio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/">Cuatro errores al escuchar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Tocamos de nuevo el<strong> tema de la escucha</strong> porque es <strong>realmente clave</strong> en las relaciones humanas. Parece una cosa sencilla, pero&#8230; ¡qué difícil es encontrar personas realmente «<strong>escuchatanas</strong>» (versus «charlatanas»).</p>
<p style="text-align: justify;">En el diálogo, cuando alguien desea compartir algo importante, solemos <strong>caer una y otra</strong> vez en <strong>frases rutinarias</strong> y <strong>respuestas estandarizadas</strong> que rompen el puente, <strong>aplanan el deseo</strong> de <strong>compartir</strong> algo que con frecuencia <strong>tiene mucho de impreciso</strong> en el interior de la persona.</p>
<p style="text-align: justify;">La escucha es muchas veces una especie de «<strong>ayuda al parto</strong>» de algo que está dentro de la persona que intenta expresarlo, pero <strong>no siempre lo tiene bien definido</strong>, no encuentra las palabras que le hagan justicia a un sufrimiento, a una vivencia, a un deseo, a una desilusión. Quien escucha bien, ha de tener <strong>mucha </strong><b>sensibilidad</b> para <strong>acoger con la mirada y el silencio</strong>, los intentos de la persona que se esfuerza en expresar algo difícil de formular.</p>
<p style="text-align: justify;">Traigo aquí algunas de esas <strong>rutinas erróneas</strong> que solemos introducir en la conversación que pretende ser «de escucha» y que suelen producir el efecto contrario al deseado: la persona que quería ser escuchada se calla, o cae a su vez en frases rutinarias que parecen satisfacer al supuesto escuchador.</p>
<ol>
<li style="text-align: justify;"><strong>Responder contando mi propio caso</strong> o un caso similar. Ante las primeras frases de quien expresa algo, rápidamente saltamos expresando nuestra propia experiencia, ilustrando cómo resolvimos una situación que nos parece similar, o evocando algún caso próximo que nos parece encajar bien en la narración de la persona. ¡<strong>Qué gran error</strong>! Quien está intentando decir algo que para ella o para él es una<strong> situación única</strong>, personal, irrepetible, <strong>no gana nada</strong> porque le digan que es un<strong> caso frecuente</strong> y no tiene nada de original. El abc de la escucha es dejar que la persona se explique, se explaye <strong>poniendo palabras a una vivencia interior</strong>. Es justamente <strong>eso lo que le ayuda</strong>. Cualquier respuesta que <strong>desvíe el foco</strong> hacia el escuchador o hacia un tercero, impide este vital proceso interior que realmente puede marcar la diferencia.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Evaluar la situación desde nuestra jerarquía de valores</strong>. Precipitarse a dar una <strong>calificación ética</strong> o práctica a lo que nos están contando, es un <strong>error muy frecuente</strong> en las conversaciones de confianza. Pero esa valoración -sea positiva o negativa- provocará casi de inmediato<strong> la justificación y la defensa de sus acciones</strong>, o directamente el silencio, cuando no el maquillaje de la narración para lograr un «aprobado». Es clave <strong>acallar nuestro hábito de enjuiciar</strong> las cosas. Claro que uno tiene una opinión, pero no ayuda nada el expresarla si no se nos pide explícitamente. Hay que <strong>dejar que sea la propia persona quien valore</strong> por ella misma lo que está en juego.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Intercalar frases hechas y rutinarias</strong>. Los<strong> refranes y las frases prefabricadas</strong> son frecuentes en nuestras conversaciones: «tenía que pasar, estaba escrito», o «todo será para bien», o «ánimo, échale ganas». Nada de esto ayudará a una persona que debe lidiar con sus propios claroscuros, <strong>con sus límites, con su incoherencia</strong>. Es mucho mejor <strong>plantear preguntas</strong> adecuadas para que la persona pueda formular de varias maneras diferentes lo que está viviendo, pues eso le ayudará mucho más que nuestras frases genéricas. Por ejemplo: «¿Y cómo te sientes con esa decisión?», o bien «¿Te había pasado algo similar en otras ocasiones?» o «¿Qué cosas te han dado resultado en momentos similares?».</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Interrumpir para hablar de otra cosa</strong>. Incluso aunque uno diga que es «entre paréntesis», <strong>una cuña sobre otro tema</strong> en el contexto de una conversación importante, <strong>esterilizará la vivencia de acogida</strong> que se pudiera haber establecido. Es muy difícil luego retomar el hilo, <strong>recrear el clima</strong> -tantas veces frágil y volátil- <strong>de confianza,</strong> que permita a la persona expresarse. En este sentido también interrumpen y dañan la conversación los quehaceres simultáneos (ver el móvil, mover platos o tazas, ofrecer café&#8230;). Todo lo que haga poner en duda la «atención plena» por parte de quien escucha, deteriora ese vehículo invisible de la conversación significativa, que es la <strong>acogida incondicional</strong>.</li>
</ol>
<figure id="attachment_13931" aria-describedby="caption-attachment-13931" style="width: 399px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-13931" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-300x201.jpg" alt="Mirar a los ojos ayuda mucho" width="399" height="267" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-300x201.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-1024x686.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 399px) 100vw, 399px" /></a><figcaption id="caption-attachment-13931" class="wp-caption-text"><em>             Los gestos muestran el interés real en el otro</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Los<strong> gestos, la mirada, la quietud</strong> de quien escucha, pueden ser enormemente elocuentes y expresar el auténtico interés que se tiene en comprender al otro, en dejar que se explique, en ayudarle a reacomodar las piezas mal situadas en su propio interior.</p>
<p style="text-align: justify;">El <strong>silencio es el recurso por excelencia</strong>, de la escucha auténtica. Un<strong> silencio acogedor</strong>, un silencio que recibe, que no juzga, que anima a continuar, que expresa sin decirlo ese «cuéntame» que permite a la otra persona ser protagonista de su propia narración y encontrarle su sentido, a veces muy evidente para quien escucha, pero que debe emerger en el corazón del narrador.</p>
<p style="text-align: justify;">Entrenémonos en el <strong>arte de escuchar</strong>, pues ya con ese solo gesto, podemos ayudar mucho a personas que, de otro modo, se sentirían profundamente solas.</p>
<p style="text-align: justify;">Y todos tenemos necesidad, en algún momento de nuestra vida, de un <strong>corazón sabio</strong> que, <strong>sin juzgarnos</strong> ni darnos recetas, simplemente nos <strong>regale tiempo de escucha</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, febrero 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/">Cuatro errores al escuchar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El mejor regalo para el bebé</title>
		<link>https://www.revistare.com/2023/12/el-mejor-regalo-para-los-bebes/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Dec 2023 05:59:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[bebé]]></category>
		<category><![CDATA[El mejor regalo para el bebé]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[regalos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/12/el-mejor-regalo-para-los-bebes/">El mejor regalo para el bebé</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Estamos en<strong> período navideño</strong>. Todo el mundo busca regalos para la familia. Los encuentros festivos merecen dedicación.</p>
<p style="text-align: justify;">Y a los bebés, ¿qué les damos? ¿Ropita, juguetes, dulces?</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá. Pero el mejor regalo, el de más largo alcance, es ofrecerles a los pequeños <strong>las condiciones</strong> para que experimenten la<strong> confianza básica</strong> de que están en un <strong>entorno seguro</strong> y<strong> ellos son dignos de amor</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">¿En qué consiste esa «confianza básica» que les ayudará a lo largo de sus vidas?</p>
<p style="text-align: justify;">Todos conocemos personas con <strong>seguridad en sí mismas</strong>, que confían en sus propias capacidades, <strong>se arriesgan</strong> a explorar experiencias e iniciativas nuevas; se sienten confortables en el entorno social, <strong>establecen vínculos</strong> con quienes les rodean y están convencidos de que <strong>superarán las adversidades</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">En el otro extremo estarían aquellos que viven su vida en un<strong> tono de inseguridad</strong> y desconfianza general, <strong>temen a ser engañados</strong>, generan tendencia al aislamiento y en ocasiones dificultad para emprender cambios y superar obstáculos.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre estos dos extremos podemos situarnos la mayoría de las personas.</p>
<p style="text-align: justify;">Estas actitudes de <strong>confianza/desconfianza</strong> se desarrollan a base de las<strong> experiencias previas</strong>, que condicionan el modo como desplegamos nuestra vida. Y las experiencias más originarias se sitúan en la primerísima infancia.</p>
<p style="text-align: justify;">En la jerga psicológica -siguiendo la escuela de Erik Erikson- se habla de la “<strong>confianza básica</strong>” como origen de esas actitudes. Esa confianza o seguridad básica se genera <strong>entre los 0 y los 3 años</strong>; se empieza a desarrollar desde el momento mismo del nacimiento en que la supervivencia del bebé depende por completo de los cuidados que reciba de quienes lo rodean.</p>
<figure id="attachment_12973" aria-describedby="caption-attachment-12973" style="width: 524px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-12973" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280-300x200.jpg" alt="El mejor regalo es la confianza" width="524" height="349" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/12/bed-1839564_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 524px) 100vw, 524px" /></a><figcaption id="caption-attachment-12973" class="wp-caption-text"><em>Lo mejor es dar amor incondicional y límites                                 Imagen de Pexels </em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Del parto en adelante, las <strong>relaciones del neonato con su entorno</strong> dejan de ser<strong> sólo biológicas</strong> (como sucedía en el vientre materno), y empiezan a ser, además, <strong>simbólicas</strong> (gestos, tono de voz, lenguaje). El recién nacido se encuentra en situaciones que pueden ir desde la <strong>aceptación y la acogida</strong>, o la relativa <strong>indiferencia</strong>, hasta el <strong>rechazo</strong>, con todos los matices intermedios.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa acogida o el rechazo de los adultos hacia el niño se manifiestan en la <strong>calidad de la relación</strong> que establece con ellos, y en los <strong>cuidados</strong> que le otorgan. Éstos pueden ser <strong>satisfactorios</strong> (limpieza, alimentación, cuidados, estímulos, cariño) y ofrecidos de manera rítmica y <strong>sostenida</strong>, o<strong> insatisfactorios</strong> en el sentido de escasos,<strong> arrítmicos</strong> o aleatorios, imprevisibles e incluso hostiles.</p>
<p style="text-align: justify;">La <strong>acogida</strong> al bebé genera un<strong> vínculo fuerte</strong> con quien lo cuida. La aceptación incondicional de esa nueva persona fundamenta la <strong>experiencia</strong> -por supuesto <strong>previa al pensamiento</strong> y las palabras- de seguridad y confianza. Entonces el bebé <strong>percibe el entorno</strong> como un lugar amable en el que se puede vivir, y él o ella como <strong>alguien digno de ser amado</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El<strong> rechazo</strong>, por el contrario, genera la aparición de vivencias de precariedad e inseguridad. El entorno se vive como hostil y peligroso, y él o ella como indigno de recibir amor.</p>
<h4 style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Amor incondicional y límites</strong></span></h4>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de los primeros tres años, estas experiencias se van consolidando, desde los <strong>modos más elementales</strong> a unos más elaborados, configurando la <strong>experiencia individual de seguridad ante el mundo</strong> y confianza ante la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto que este proceso está modulado, además, por el <strong>temperamento</strong> innato del niño: activo/pasivo, explorador/desinteresado, alegre/melancólico. Y en las progresivas interacciones con el ambiente, desde su estilo propio, irá <strong>construyendo su personalidad</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Para gestionar estas vivencias, el pequeño desarrolla <strong>mecanismos de defensa</strong> e integración cada vez más conscientes, y se van asociando progresivamente algunas palabras que describen lo que siente.<a href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a></p>
<p style="text-align: justify;">A este proceso fundamental siguen <strong>otros desafíos</strong> (autonomía vs. vergüenza y duda, industriosidad vs. pasividad…) que irán configurando a la persona como alguien más o menos capaz de <strong>gestionar la vida</strong>, crear vínculos con quienes le rodean y lograr unos objetivos.</p>
<p style="text-align: justify;">Todas estas consideraciones hacen ver lo vital -y en cierto modo, no tan difícil- que es hacerle a los recién nacidos este regalo de largo alcance: las <strong>condiciones de atención, de cuidados y de acogida</strong> para que crezcan con una vivencia de confianza básica.</p>
<p style="text-align: justify;">Estas condiciones <strong>no implican</strong> que el adulto que cuida al pequeño deba <strong>estar atado a él</strong>, ni que satisfaga <strong>instantáneamente</strong> todas sus necesidades; la acogida sincera y <strong>la aceptación incondicional</strong> pueden convivir con <strong>momentos de ausencia</strong> o de postergación de la atención, y también progresivamente con el establecimiento de límites. Cuando el pequeño empieza a moverse y deambular, tendrá que saber hasta dónde y en qué condiciones hacerlo, dónde están los límites que le aportan seguridad y una vivencia de estar protegido.</p>
<p style="text-align: justify;">Los límites deben ponerse <strong>sin ira</strong> y <strong>sin complejos de culpa</strong>, pues siempre encontrarán resistencia. Pero está visto que los pequeños que han vivido sin haber sido confrontados con límites desarrollan actitudes tiránicas e incapacidad para posponer la satisfacción de sus deseos.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo importante es que la tónica general sea de<strong> afecto, regularidad y estabilidad</strong> en los ritmos de alimentación, limpieza, juego, sueño. Y los mensajes verbales, el tono de voz, las interacciones entre los adultos alrededor del niño, cuanto más serenidad y armonía transmitan, mejor.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El mundo ideal no existe</strong>, y siempre habrá<strong> roces</strong>, diferencias, <strong>situaciones incómodas</strong> que el bebé de algún modo percibirá. Pero como digo, si la tónica general es de acogida y de serenidad, le estaremos dando a esa nueva persona <strong>el regalo más importante</strong> y fundamental: las condiciones para que viva con seguridad y confianza básica.</p>
<p style="text-align: justify;">Éste es el <strong>primer cimiento</strong> de una vida vivida con experiencia de plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 10pt;"><a href="#_ednref1" name="_edn1">[i]</a> Cfr. E. Baca: <em>Breviario del animal humano</em>. Triacastela, 2019. ISBN 978-84-17252-08-3</span></p>
<p><em>Leticia SOBERÓN  MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, diciembre 2023</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/12/el-mejor-regalo-para-los-bebes/">El mejor regalo para el bebé</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Yo soy mi cuerpo?</title>
		<link>https://www.revistare.com/2023/10/yo-soy-mi-cuerpo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Oct 2023 04:59:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[Un mundo injustamente desigual]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/10/yo-soy-mi-cuerpo/">¿Yo soy mi cuerpo?</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Se suele decir que uno no «tiene un cuerpo», sino que «<strong>es su cuerpo</strong>«. A mi entender es una gran verdad, aunque <strong>parcial</strong> como veremos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada persona es irrepetible, <strong>Empieza a existir</strong> a partir de la configuración de su código genético único, cuando se unen ese espermatozoo y ese óvulo precisos que dieron lugar a su existencia. <strong>El cuerpo y su dotación genética</strong> son factores básicos que determinan, en gran medida, lo que la persona experimenta como su<strong> identidad individual</strong>. Y es la sede inevitable de todo el desarrollo de nuestra vida: complexión, color de piel, ojos y cabello, responsividad básica del sistema nervioso, genética de partida en cuanto a nuestra salud&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo, <strong>somos seres sociales. Nacemos e interactuamos</strong> desde antes de nacer, <strong>con otras personas</strong>. Primero con la madre, e inmediatamente después, con quien nos cuida, en un ambiente más o menos positivo, seguro y estimulante. Empezamos a entrar en una <strong>simbología propia de la cultura</strong> en que nacimos: gestos, ritmo de cuidados, <strong>lenguaje</strong>, tipo de alimentación. Y todo ese entorno es la base para <strong>construir el significado, el valor mayor o menor</strong> que nos daremos <strong>a nosotros mismos</strong>, a los demás y a lo que nos rodea.</p>
<p style="text-align: justify;">Sucede que <strong>en torno a los 3 años</strong>, en situaciones normales, <strong>emerge un «yo» individual</strong>, que es la vivencia subjetiva de uno mismo, que empieza a <strong>«darse cuenta» de que existe</strong>; empieza a recoger <strong>información para valorar</strong> (asignar la calificación de «amable» o «rechazable») a ese cuerpo, al conjunto de lo que se es. De pequeños vamos <strong>interpretando lo que nos sucede</strong>, y que nos orienta, nos sitúa.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de la infancia, cuando uno dice «yo», es <strong>un yo en construcción</strong>, en desarrollo. La identidad personal se desarrolla en un <strong>diálogo interno y externo</strong>, consigo mismo y con los demás. La persona va siendo, va sintiéndose sí misma en relación con los «tú» que le rodean.</p>
<p style="text-align: justify;">En este diálogo y en esa construcción, incide fuertemente <strong>el entorno cultural</strong> en el que vivimos.</p>
<p style="text-align: justify;">El factor social aquí es importante. Primero, porque el ambiente familiar más cercano <strong>nos hace de espejo</strong>. Y <strong>no siempre</strong> es un <strong>espejo amable</strong>. Con frecuencia, niños que <strong>han vivido en su casa el rechazo</strong> a su persona o a alguien que convive cercanamente, <strong>son a su vez rechazantes y generadores de bullying</strong> o acoso.  En las escuelas y en las redes, el bullying suele referirse a la <strong>valoración negativa</strong> sobre<strong> la corporalidad</strong> de las víctimas. ¡Cuánto sufrimiento inútil e injusto con los que lo padecen! Todos estamos inextricablemente unidos a nuestro cuerpo, no podemos vivir sin él. Nadie tiene mérito ni culpa sobre su dotación genética ni de cómo fue tratado en la infancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra<strong> sociedad digital y de la imagen</strong> da un gran valor a los <strong>modelos de belleza en boga,</strong> y millones de personas dedican mucho tiempo -si pueden- a modelarse a sí mismas de acuerdo con esos parámetros. Para la mayoría de las personas, si empiezan a vivenciar una sensación <strong>de extrañeza y rechazo</strong> del propio <strong>cuerpo,</strong> padecen<strong> infelicidad y desazón</strong>. Y origina en muchos de ellos, en nuestro tiempo, la decisión de realizarse <strong>cirugías estéticas</strong> más o menos invasivas, que <strong>homologan</strong> cada cuerpo con el estándar admitido como bello. Tratan su piel como si fuera plástico que se puede cortar por aquí o por allá sin consecuencias.</p>
<h3 style="text-align: justify;">La decisión clave</h3>
<p style="text-align: justify;">Por eso, cuando culmina su desarrollo personal, la persona se ve abocada a tomar <strong>una decisión</strong> más o menos consciente: <strong>ser ella misma queriendo serlo</strong> y acogiendo su realidad, o <strong>ser ella misma rechazándose</strong> y despreciando sus fundamentos (su cuerpo, su genética, su yo).</p>
<p style="text-align: justify;">Esta opción, según lo que decidamos hacer, nos conduce por <strong>caminos vitales muy distintos</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Asumir con sencillez nuestra realidad</strong> <strong>de base</strong> nos ayuda precisamente a <strong>desarrollar lo más posible nuestras capacidades, y </strong>comportarnos del modo que elijamos. Nos facilita cuidar el cuerpo -ese que nos configura y en el que vivimos hasta la muerte-, gestionando sus límites con<strong> buen humor</strong> y flexibilidad. A esta opción la llamamos autoestima. Conocerse, aceptarse y quererse.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Rechazar nuestro cuerpo</strong> y <strong>desarraigarnos</strong> de él, nos conducirá finalmente a un<strong> callejón sin salida de desencanto</strong> e infelicidad, aunque lo transformemos en un <strong>maniquí aparentemente perfecto</strong>. Esa perfección no se alcanzará nunca porque está en nuestra mente. Y esta escasa estima de la propia realidad nos empobrece también <strong>en las relaciones con los demás</strong>.</p>
<figure id="attachment_12239" aria-describedby="caption-attachment-12239" style="width: 458px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-12239" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280-300x200.jpg" alt="Ser bella según el estándar" width="458" height="305" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280-331x219.jpg 331w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/10/pretty-woman-635258_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 458px) 100vw, 458px" /></a><figcaption id="caption-attachment-12239" class="wp-caption-text"><em>Nos queremos homologar a la belleza estándar</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Así que se suele vivir, sobre todo en la juventud, entre el deseo de aprecio por parte de otros, y el fastidio de que eso no se logra del todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Es<strong> difícil entendernos a nosotros mismos</strong>. Los seres humanos somos de una complejidad extraordinaria. Solemos <strong>valorar muy poco</strong> lo que nos muestran los <strong>sorprendentes descubrimientos</strong> de la neurociencia sobre cómo funciona el cerebro, cómo todo en nuestro sistema nervioso está conectado también con el sistema digestivo, cómo emergen las emociones y de qué manera y todo el resto de avances científicos acerca de la genética, la epigenética, la microbiota&#8230; Todo ello <strong>puede pasar inadvertido</strong> a quien sólo desea <strong>tener una imagen aceptada por otros</strong>.</p>
<h3 style="text-align: justify;">¿Qué hacer, entonces?</h3>
<p style="text-align: justify;">Ya que nuestro &#8216;yo&#8217; es capaz de <strong>tomar conciencia de sí</strong>, capaz de «darse cuenta de que se da cuenta», valorarse y plantearse objetivos, avancemos en la<strong> aceptación de los fundamentos de nuestro ser y que no podemos cambiar.</strong> Y entonces tendremos la energía y la alegría para desarrollarnos del mejor modo posible, eligiendo ser nuestra «mejor versión».</p>
<p style="text-align: justify;">Asumir que somos nuestro cuerpo, pero también somos la actitud que tenemos respecto a él; nos configura nuestro modo de acoger la realidad o rechazarla, y en síntesis, nuestra capacidad de ser felices.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, octubre 2023</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/10/yo-soy-mi-cuerpo/">¿Yo soy mi cuerpo?</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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