Fértiles gotas de bondad en Bogotá (segunda mitad)

Fértiles gotas de bondad en Bogotá (segunda mitad)

En febrero de 2026 publicamos la primera mitad de este artículo.
Ahora les ofrecemos la continuación.

¿QUIENES SOMOS?

Un grupo de personas, invitadas por Moisés Pedraza, Mary Luz Isaza, Diana Pedraza y Daniel Pedraza, quienes reconocieron que a lo largo de sus vidas habían recibido ayuda de diferentes personas e instituciones y que una forma de devolver, tantas bendiciones y oportunidades, era ayudar a niñas, niños y jóvenes que, queriendo salir adelante, no lo pueden hacer porque les falta apoyo. Desde un comienzo se unieron a esta causa amigos, amigos de los amigos, colegas, familiares y jóvenes líderes comunitarios de Patio Bonito, sin tinte político, ni religioso. En la actualidad se siguen uniendo personas, tanto de Colombia como del exterior, con el único objetivo de servir. La Fundación es un espacio que acoge a los más necesitados de ayuda y a aquellos que quieren ayudar, haciendo que unos y otros se beneficien.

El primero en recibir el documento básico, que contiene el origen, orientación y delineamientos fundamentales de lo que ha sido y es hoy la Fundación, fue Agustín Viñas, quien por entonces y en su visita a Colombia, nos reunimos en mayo de 1998 y su primera expresión al referirse a la propuesta fue; “estáis pariendo mundo” y desde su visión de servicio, acogió la propuesta en su totalidad, se comprometió a colaborar para que este sueño se hiciera realidad y hasta hoy así ha sido, tal que en noviembre el 2025 visitó las sedes de patio Bonito y Bosa, en compañía de Teresa Algans, con el fin de mostrarle a ella lo que estamos haciendo y lo que podemos hacer con esta población vulnerable.

La Fundación se ha constituido también en un espacio que da la oportunidad de servir, y es así es como quienes hoy pertenecemos al núcleo central tanto en la parte administrativa, como académica, nos hemos unido a la Fundación, porque podemos desplegar nuestras capacidades y hacer un aporte significativo, además de aprender y crecer y ser mejores seres humanos.

Para iniciar el trabajo con las niñas, niños y jóvenes recibimos el aval del Estado Colombiano, mediante la resolución # 0916 del 7 de junio del 2002 expedida por el ICBF- Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, y luego, la DIAN, nos dio el Registro Único Tributario – RUT 830104271-8, que nos reconoce como entidad sin ánimo de lucro – ESAL.

¿POR QUÉ LO HACEMOS?   

Fotografía: Moisés Pedraza Robayo

En primer lugar, porque, si bien esta no es una obra confesional, estamos profundamente convencidos que vale la pena dedicar la vida a cumplir la voluntad de Dios, expresada en el mandato de “Ayúdense entre ustedes y amaos los unos a los otros”, con el profundo convencimiento que la relación con Dios está mediada por el otro. “¿Si no amas a tu prójimo a quien ves, como amas a Dios a quien no ves?”. Asumimos entonces que Dios está en cada una de las niñas, niños, jóvenes, en sus mamás y tutores que llegan a la Fundación.

Además, si Dios está en cada uno de nosotros, esto significa que somos sus manos, somos la presencia real y directa, somos la misericordia de Dios para ellos. No podemos ir a un lugar a decir “Dios te pedimos para que cese el hambre en el mundo”, cuando Dios nos ha dado la capacidad y los medios para que nosotros lo hagamos, mitigando el hambre y necesidades vitales de estas personitas. Dios nos dice; “Ven a mi diestra porque tuve hambre y me disté de comer …”.

¿QUÉ NOS PROPONEMOS?

La propuesta fundamental desde el origen de la Fundación es la lucha contra la pobreza, creando un modelo de organización, en el que los más necesitados puedan vivir en comunidad, como estrategia para solucionar sus problemas fundamentales. Tenemos claro que la realidad de pobreza, de desigualdad y de violencia, no se debe solamente a la estructura social básica de familias, grupos e incluso de los países. La realidad es más profunda, se debe a un sistema macro, que todo lo define y lo impone y en la actualidad a los dos sistemas económicos imperantes en el mundo. De un lado el capitalista o economía de mercado, que estimula y de qué manera el egoísmo, la acumulación y el derroche, por parte de quienes logran controlar el poder económico. Por otro lado, Marx, estudiando a profundidad el sistema capitalista, descubrió sus limitaciones y se inventó el marxismo, socialismo y en la etapa más avanzada el comunismo. Este sistema, basado en la lucha y odio de clases y la supresión del enemigo, que es todo aquel que no comulgue con las ideas del partido, concentra el poder en el Estado, controlado por un pequeño grupo de burócratas, que se apoderan indefinidamente del poder, para controlar la vida privada y decir a cada uno qué es lo que debe hacer, tal que, en últimas, el remedio resultó peor que la enfermedad.

Fotografía: Moisés Pedraza Robayo

Es por ello por lo que desde un comienzo en la Fundación se pensó en ir lentamente ensayando una forma diferente de vivir, intentando superar semejantes dificultades que presentan estos dos modelos imperantes y por ello, decidimos que todos somos voluntarios y no nos vinculamos a la Fundación buscando un bienestar económico, nos unimos para crear un espacio de oportunidades para la población vulnerable.

A medida que las niñas y niños en la Fundación aprenden algo nuevo, bien en lectura, escritura, matemáticas, artes u otras áreas lo van compartiendo con los menores que le siguen en el proceso, a lo cual denominamos aprendizaje en cascada, de modo que así aportan para que todo no sea gratis. Los jóvenes que ingresan al preuniversitario y luego a la universidad, reciben la financiación de su carrera hasta máximo 1.000 euros por semestre y aportan en contraprestación 20 horas semanales, ayudando a los niños.

Esta serie de pequeñas acciones va cambiando lentamente la tan arraigada idea que todo debe hacerse por dinero. Claro que esta transición requiere diferentes tipos de recursos y las familias van comprendiendo que hay otras formas de vivir dignamente. Desde luego que algunos de los voluntarios que se dedican de tiempo completo a la Fundación, requieren un auxilio para suplir sus urgencias básicas y que puedan, con relativa tranquilidad, dedicar su vida a lo que han decidido como opción y vocación, que es servir, construyendo un modelo diferente de existencia.

Esta atmósfera se hace evidente, para personas que llegan y observan lo que allí sucede.  Así lo expresa Sam Rieder, un voluntario americano, en su testimonio de despedida, luego de meses de voluntariado en la Fundación en el 2023-24: “La Fundación Zuá es más que una fundación que ayuda a la juventud colombiana; es una comunidad de administradores, docentes, tutores y estudiantes. El espíritu de comunidad se palpa en cada una de las tres sedes de la Fundación: se puede ver las mesas del almuerzo llenas de estudiantes y tutores. Se puede oír en las risas de los niños que aprenden con los docentes. Se siente en los abrazos de despedida al final de cada día. La Fundación Zuá crea espacios de amor, aprendizaje y crecimiento. Es un lugar que prepara a los niños para ser más que estudiantes, para ser ciudadanos con la capacidad y el conocimiento de ayudarse a sí mismos y a los demás”.

Invitamos a quienes sueñan en la necesidad y posibilidad de un mundo en el que haya oportunidades para todos a sumarse para seguir haciendo realidad esta utopía.

¿Y LOS RECURSOS?

Fotografía: Moisés Pedraza Robayo

Una parte fundamental de los recursos viene de quienes nos juntamos para hacer comunidad de vida, pues lo normal para cualquier organización es que una porción importante de los ingresos se usa para pagar sueldos y prestaciones sociales. Esto no sucede en la Fundación Zuá gracias a este concepto de voluntariado, lo cual permite que los aportes de los amigos se dedican a los programas de: a) Nutrición, para la compra de víveres para la preparación de los alimentos. b) Aprendizaje, para la adquisición de material didáctico, libros, cuadernos y computadores para las labores escolares. c) Artes, para la adquisición de instrumentos musicales. d) Educación Superior, para el pago de matrículas universitarias y transporte para los universitarios y también pago de servicios públicos como agua, electricidad, gas, Internet e impuestos.

Si bien trabajamos con familias de muy escasos recursos y con mujeres que deben hacer un gran esfuerzo para sostener sus hogares, es importante que ellas puedan además de recibir aportar, pues esto también dignifica tanto o más que el recibir. Es por ello por lo que les pedimos a las mamás su aporte semanal en tiempo de 4 horas para ayudar a preparar los alimentos, arreglar, o acompañar a los niños y si no pueden porque están reciclando, o en otro tipo de trabajo, entonces que hacen un aporte en víveres cada mes, por un valor aproximado de 10 euros.

Otra parte fundamental de los recursos, provienen de quienes desean ayudar, pero no tienen tiempo, entonces ven la oportunidad de unirse a través de su aporte económico, lo cual es vital y así es como estas personas hacen parte esencial del equipo, quiere decir que sin ellos no podemos impulsar la transformación de vidas y de entornos. Gracias a esa presencia solidaria y a las ayudas económicas que recibimos es que podemos ayudar.

Dado que la cantidad de personas que requieren de nuestra presencia es muy grande, se hace cada día más urgente que el grupo de apoyo crezca y que más corazones sean tocados por la realidad de Dios y sean capaces de mirar con ojos de misericordia a los más necesitados y se sumen al equipo, aportando recursos para suplir las más urgentes necesidades de la Fundación, haciendo posible que más y más personas puedan soñar y hacer realidad sus sueños.

Moisés PEDRAZA ROBAYO
Representante Legal – FUNDACIÓN ZUÁ
info@fundacionzua.org
Bogotá (Colombia)
Mayo de 2026
La primera parte de este artículo se publicó en febrero de 2026

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