Ajuda i Esperança

Ajuda i Esperança

De una idea a más de 54.000 comunicaciones

El pasado 2025 la Fundación Ajuda i Esperança atendió 54.043 llamadas y conversaciones de chat mediante sus dispositivos de escucha, como el Teléfono de la Esperanza, el Teléfono de Prevención del Suicidio o los chats de apoyo emocional para jóvenes o personas cuidadoras a través de WhatsApp. Son miles de personas en situaciones de soledad no deseada, malestar emocional o con conductas suicidas que han recibido apoyo, empatía y contención de la mano de 400 personas voluntarias, formadas y supervisadas por profesionales de la salud mental.

Pero esas cifras no se alcanzan en un día. La entidad ha necesitado 40 años, que además de tiempo significa la labor incansable de varios patronatos y equipos, el apoyo de numerosas instituciones y, por supuesto, la generosidad y mimo de centenares de personas voluntarias que han consagrado su posesión más preciada –el tiempo– a escuchar y ayudar a quien más lo necesita.

Fotografía: guvo59 en Pixabay

El proyecto del Teléfono de la Esperanza nació en 1969 de la mano de un párroco barcelonés, Miquel Àngel Terribas, quien creó un teléfono similar al servicio que ya funcionaba en Inglaterra: Samaritans del también sacerdote Chad Varah. Se trataba de un servicio completamente anónimo de escucha a través de la línea telefónica gracias a la ayuda de personas voluntarias. El servicio evolucionó a lo largo de las primeras dos décadas muy ligado a la figura de Terribas hasta su muerte en 1986. Días después, el cardenal Narcís Jubany i Arnau, arzobispo de Barcelona en ese momento, enseguida detectó la necesidad de continuar con el proyecto.

En una reflexión radicalmente moderna, Jubany tuvo claro que el teléfono de apoyo emocional debía seguir su andadura, eso sí, en un contexto de completa independencia, respecto a la Iglesia, pero también a otras líneas telefónicas análogas que habían surgido en otros puntos del estado. Para trasladar a la realidad esa visión pidió ayuda a Agustí Viñas. Las claves del encargo: crear una fundación que se hiciera cargo del proyecto, dotarla de un patronato con representación de todos los ámbitos de la sociedad y un grupo nutrido de personas voluntarias que atendieran el servicio.

Y así, en 1987, nacía la Fundació Ajuda i Esperança de la mano de Viñas que, a día de hoy, sigue considerándose «un promotor de la idea, ni mucho menos fundador». Los valores de entonces continúan vivos ahora: un carácter laico, con un patronato diverso, poniendo el foco en la formación para proveer al voluntariado de las herramientas adecuadas para proporcionar una atención correcta. También se diseñó el sistema de entrevistas y selección del voluntariado, que continúa vigente en la actualidad, aunque se han depurado y modernizado algunos procesos.

Aquellos primeros años se consolidó un mínimo equipo profesional y un centenar de personas voluntarias que atendían unas 10.000 llamadas anuales. Esta primera etapa duró dos décadas hasta la retirada de Viñas, en la que se incorporaron distintos equipos directivos.

El salto a la modernización llegó –por desgracia– con la pandemia de COVID, cuando la atención a las personas usuarias –y más tarde la formación– se empezó a realizar de forma remota para que todo el voluntariado pudiera observar el confinamiento impuesto por las autoridades. Junto a este cambio, que permite a la entidad abrirse a personas voluntarias de todo el país (más allá de la limitación geográfica) se inicia asimismo la diversificación de los servicios y la profesionalización del equipo.

Imagen: htchnm en Pixabay

En los últimos seis años, han nacido nuevos dispositivos orientados a ofrecer atención especializada, bien por problemática o por el perfil de la persona usuaria. Todavía en 2020, el primer nuevo dispositivo en ver la luz fue el Teléfono de Prevención del Suicidio, un servicio pionero tanto por su especialización –dedicado de forma exclusiva a las conductas suicidas– como por su atención las 24 horas del día, todos los días del año. Este dispositivo contó con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona al que se ha sumado más recientemente la Generalitat de Catalunya. En 2022, la entidad ponía en marcha otro servicio innovador, el primer chat de apoyo emocional para adolescentes y jóvenes en formato chat y a través de la aplicación WhatsApp de nuevo en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona. En 2023, la Generalitat ampliaba el acceso a toda la juventud de Catalunya de este tipo de servicios con Obro Feel. En 2024, y tras comprobar las ventajas de esta comunicación –discreta, no lineal, accesible en cualquier momento o lugar– se puso en marcha el Chat de Apoyo Emocional para Personas cuidadoras.

Para desplegar esos servicios, lógicamente, se ha tenido que ampliar el equipo tanto profesional como voluntario. A lo largo de estos últimos años, la plantilla ha crecido hasta las 18 personas mientras que ya sumamos 400 personas voluntarias repartidas no solo por todo el territorio catalán, sino ¡por todo el mundo!

Cuatro décadas después, eso sí, los valores sobre los que se fundó el Teléfono de la Esperanza siguen vigentes en la entidad, como el respeto, la ayuda entre iguales, la empatía y, especialmente, el deseo de ayudar de centenares de personas anónimas que son el alma de la fundación.

Cristina DÍAZ ALMANZA
Responsable de comunicación Fundació Ajuda i Esperança
Barcelona (España)
Agosto de 2026

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