EL CARISMA. ¿Es una cualidad innata?

EL CARISMA. ¿Es una cualidad innata?

Existen muchas personas carismáticas que seguramente han dejado huella en nuestras vidas como son Martin Luther King, Nelson Mandela, Gandhi, la madre Teresa de Calcuta, el obispo Pedro Casaldáliga, Vicente Ferrer, etc. Algunos de ellos porque han sido el germen de importantes cambios sociales, otros por su bondad y generosidad sin límites y otros por su instinto visionario.

Muchas veces pensé que el carisma era algo innato, como un don, con el que algunas personas habían sido premiadas al nacer, como si de una lotería se tratase. Este pensamiento erróneo, se convertía en un obstáculo a la hora de plantearme nuevos retos personales de crecimiento personal y profesional.

Sin embargo, un día leyendo diferentes artículos, descubrí a Olivia Fox, escritora, conferenciante y experta en temas de liderazgo empresarial. Ella ha escrito un libro denominado El Mito del Carisma donde se muestra disconforme en considerar el carisma como algo puramente innato o mágico. Y plantea la importancia de ejercitar ciertos comportamientos específicos y competencias personales que pueden ayudar, a las personas, a desarrollar su propio carisma.

Y cuáles son estos comportamientos o competencias. Podríamos agruparlos en tres grandes grupos. Los que hacen referencia a la proximidad, los que son capaces de generar inspiración y por último los que crean afecto. Vemos cada uno de ellos.

Proximidad
Las personas carismáticas son aquellas que cuando te sientas con ellas, tienes la sensación de que no están con nadie más. No existe el teléfono móvil, ni las interrupciones, ni las miradas perdidas. Son personas que saben escuchar. Pero no de cualquier manera sino que lo hacen de forma activa. Están centrados en el mensaje del emisor, interesados en su contenido y su persona, enfocados hacia su mirada. Son personas empáticas a la vez que buenos comunicadores y sobre todo, son aquellas personas que le hacen sentir a uno como si fuera el centro de la creación.

Afecto
Una persona carismática no puede serlo si no es capaz de mostrar su afecto. Y cuáles son los elementos principales que permiten mostrar ese afecto. El primero es la sinceridad. Es demostrar que el otro nos interesa, que nos preocupamos por él. Consiste en poner de manifiesto que el otro nos importa de verdad.

Las personas que crean afecto evitan criticar a los demás. Son personas que cuando hablan lo hacen utilizando “el nosotros” en lugar de hablar del “yo”. Son tremendamente realistas, pero ello no es obstáculo para que sepan encontrar siempre lo positivo que hay detrás de cualquier situación.

Inspiración
Las personas carismáticas son aquellas que disponen de una gran capacidad para cambiar las cosas. Se sienten seguras de sí mismas y generan una gran confianza a su alrededor. Y esto lo consiguen no solo a través de sus palabras sino también de su ejemplo. Un ejemplo que va acompañado de un atrayente lenguaje no verbal basado en la coherencia que desprenden todas sus actuaciones.

Acostumbran a ser personas inconformistas, constantes, creativas y disfrutan construyendo una visión. Ello hace que sus acciones sean inspiradoras para otros. Mantener viva una visión, no es tarea fácil y muchas veces esta perseverancia, les lleva a ser arriesgados e incluso sacrificarse por su ideal.

Fotografía: David Martínez García

El carisma puede ser una perla maravillosa o puede convertirse en un arma muy letal. Al principio del artículo hemos destacado importantes personajes carismáticos que probablemente han dejado una huella positiva en nuestra existencia. Sin embargo, el carisma, por el hecho de ejercitarlo no provoca exclusivamente actos de bondad o generosidad. También existen famosos personajes de nuestra historia que han utilizado esta cualidad para sembrar, a su alrededor, el mal y la destrucción.

Hemos hablado de personajes carismáticos famosos, pero cuántas personas que viven a nuestro alrededor comparten también esta característica. El carisma no es una cualidad innata, ni algo extraordinario reservado únicamente para unos pocos escogidos.

Todos podemos en mayor o menor medida ejercitar los comportamientos y competencias que permitan desarrollar nuestro propio carisma. Pero solo si sabemos escuchar activamente y somos sinceros al mostrar nuestro afecto, podremos aprender de los errores propios y los de de los demás. Y una vez bañados por la humildad (humildeados), podremos ser fuente de inspiración para los que nos rodean.

David MARTÍNEZ GARCÍA
Economista
Barcelona (España)
Diciembre de 2017

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