Gratitud de ser, apertura a creer

Gratitud de ser, apertura a creer

Si algún sentimiento he compartido muchas veces con la gente que me rodea, es que estoy contento de ser, de existir. Estoy agradecido de este gran tesoro que es la existencia, de poder ver la creación, sentir el calor del sol, contemplar la luna y las estrellas, bañarme en el mar o en un río, o simplemente disfrutar de tantas cosas maravillosas que nos ofrece cada día la naturaleza. Y especialmente poder disfrutar de las personas, de tantos amigos que a lo largo de toda mi vida han hecho posible que vivir, sea agradable y alegre. Cuando pienso que podía no haber existido y no haber conocido a tantos seres queridos, ni haber vivido tantas cosas, se me encoge el corazón, y todavía agradezco más la maravilla estar aquí y existir.

Cuando pienso estas cosas, a menudo pienso en mis padres. Ellos decidieron, por su cuenta, darme el don de la vida. Lo decidieron ellos, porque a mí no me lo podían consultar. Aunque hubieran querido, era literalmente imposible, por el simple hecho de que yo no existía. Para empezar a ser, necesitaba de ellos. Yo soy una decisión suya, ellos se aventuraron a darme la vida, a pesar de que no podían saber si yo más tarde lo agradecería y estaría contento de su decisión.

Me pregunto cuántos padres pueden estar esperando oír, sentir, que sentir que sus hijos están contentos de existir, que les confirmen con un sí aquella decisión que un día ellos tomaron. Es como cuando unos padres bautizan a su hijo; también la comunidad espera que un día aquel hijo confirme el bautismo con el sacramento de la confirmación. No es imprescindible que lo digan, o lo proclamen, pero dar este paso nos hace maduros en la fe y nos compromete a vivir en cristiano. Confirmar la vida, no añade nada, pero nos lleva a la madurez, al compromiso de vivir en plenitud. Ya sabemos que no es necesario decirlo explícitamente, que nuestra vida ya muestra a los demás sí estamos contentos o no, pero ¡es tan sencillo expresarlo, y genera tanta paz y alegría!

Agradezco la maravilla de existir
Estoy agradecido de este gran tesoro que es la existencia

Recuerdo cuando tenía veinte años aproximadamente y un sacerdote amigo me animó a hacerlo. Invité a mis padres a cenar a un restaurante (que pagaron ellos). Estaban un poco sorprendidos y, por qué no decirlo, un poco asustados pensando qué querría ahora este muchacho.  En un momento de la cena les dije (como pude) que estaba contento de vivir, que les agradecía de todo corazón que me hubieran dado la existencia y que además me alegraba mucho que ellos fueran mis padres. Que desde ese día además de ser hijo por los vínculos de sangre, por la biología, quería serlo también desde la libertad, es decir, yo me alegraba de ser hijo suyo y que estaba contento de que ellos fueran mis padres. Importaba poco si éramos así o asá, yo estaba contento y quería agradecer toda aquella fuente de agua fresca que sentía en mi interior. No he vuelto a hablar más de ello con mis padres, pero me parece que ya no es necesario. La manera como vivimos reconfirma las palabras, y ellos pueden ver en mi manera de vivir que aquellas palabras siguen vigentes. Además, nos queremos y aquella conversación nos dio ánimos para seguir andando, incluso ahora en la vejez de mi madre y cuando mi padre hace tiempo que ya partió a la Casa del Padre. Una vez confirmado ese sí a la vida, vayamos donde vayamos, estemos cerca o lejos, incluso el cielo, sabemos que este hecho nos une para siempre.

Parece algo muy simple, pero estoy convencido de que es muy necesario. Y del mismo modo que lo tienen que oír y notar nuestros padres, creo que Dios también espera este sí de nosotros. No sólo un sí a creer en Él, a vivir la fe. Es un si a vivir la vida, a entender el don de la existencia, a saber, apreciar y valorar todo lo que cada día recibimos. Estoy convencido de que la primera oración de una persona es admirarse de todo lo que existe y de todo lo recibido y la segunda es agradecerlo. Cuando sabemos admirarnos de todo lo que hay y sabemos ser agradecidos es cuando estamos en condiciones de acoger ese otro don que es la fe. Pero antes hay que agradecer la vida tal y como es, y agradecerla es vivirla con alegría, con intensidad, con entusiasmo. De esta manera le decimos a Dios que estamos contentos y que nos abrimos a acoger al autor de todo lo creado. Pienso que esto debe ser lo que quieren decir los teólogos cuando hablan de instalarse en la gratuidad, como fundamento para vivir la fe.

Jordi CUSSÓ
Sacerdote y economista
Santo Domingo Rep. Dominicana
Marzo 2018

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