Libertad social

Libertad social

Erich Fromm escribía en 1941, justo cuando EEUU anunciaba su participación en la 2ª Guerra Mundial, su libro El miedo a la libertad. En el libro Fromm analiza la situación del hombre en la moderna sociedad industrial y la paradójica noción de libertad/esclavitud que se produce al liberarse de los vínculos de la sociedad tradicional, cayendo preso de las nuevas trampas del consumo y la estandarización cultural. El miedo a la libertad es un análisis de la sociedad de consumo cuya lucidez y profundidad siguen vigentes en la actualidad. El autor llegó a afirmar que «sólo hay un significado para la vida: el acto de vivirla», pero a la vez advierte que para estar verdaderamente en contacto con la humanidad es necesario estar en contacto con aquellos con los que se comparte el mundo, nuestros contemporáneos. Lo que Fromm quería recalcar es que, en todo tipo de cultura, el hombre necesita cooperar con sus semejantes, y sentir su ayuda, para poder sobrevivir. En otras palabras, el ejercicio de la libertad debe llevar a la solidaridad con los contemporáneos.

Libertad y responsabilidad son las dos caras inseparables de una misma cosa. La libertad o es responsable o no es libertad. Y para que una persona pueda ser responsable, ha de ser libre. La historia de la humanidad es una muestra del debate entre dos extremos: el individualismo feroz y el sojuzgamiento obediencial antihumano. Todas las estructuras y grupos humanos se debaten orgánicamente entre estos dos extremos, y para defenderse de uno, caen en el otro.

Como ya apuntaba Fromm, el individualismo lleva al desplazamiento, no sólo de toda posible sociedad, sino también de los propios individuos, que irán cayendo víctimas los unos de los otros. Es evidente y no hace falta insistir en la necesaria sociabilidad del ser humano como contexto necesario para el pleno desarrollo del individuo. Por ello la libertad no puede ser un atributo meramente individual. Lo es también de la colectividad. De ahí que se haga necesario ahondar en la dimensión social de la libertad.

Lo verdaderamente humano y razonable es la libertad colectiva, comunitaria. Una libertad individualizada es tan monstruosa y estéril como un individuo en medio de la selva, absolutamente solo. De igual modo, unas libertades esclavizadas por un dictador es tan monstruoso y estéril como lo anterior, pues tampoco hace sociedad, que es lo esencial del ser humano.

Lógico es que un niño, al aflorar su autoconciencia, subraye durante un tiempo su individualidad y su libertad individual. Pero si se queda en este estadio, será siempre un inmaduro. Si el individuo no es capaz de superar este estado de la libertad individual y abrirse a la dimensión social, grupal de la libertad, fácilmente se convertirá en un dictador de los que sean menos inteligentes que él. Lo propio de la madurez humana es llegar a participar en equipos, contribuyendo con su libertad a esa libertad propia de los seres humanos sociales: la libertad social.

La libertad social, sin esclavizar a nadie, ni quitar a nadie su libertad personal, permite sumar voluntades en aras de una gozosa colaboración fecunda, eficaz y plenificante, incluso de la propia libertad personal.

Para entender la libertad social, dos coses nos pueden ayudar: la primera es superar la sentencia de Sartre mi libertad termina donde empieza la de los demás, para darnos cuenta de que es precisamente con los «otros» que podemos desarrollar nuestra libertad. Porque nadie es sin los otros ni libre de los otros. Deberíamos nombrar la libertad con dos conceptos más que le son indivisibles: libertad-responsable-corresponsable. La segunda es superar la idea de que la libertad es un fin en sí misma; superar la idea de libertad como una mera ausencia de coerción, y  entender la libertad como «libertad para». Es decir, la libertad es condición de posibilidad, pero no es un fin en sí misma. El fin de la libertad es la solidaridad, es el bien común y la construcción de un mundo más justo y gratificante… para todos.

Una libertad que no incluya la corresponsabilidad y que no nos lleve a ser solidarios con nuestros contemporáneos, no es auténtica libertad.

Maria VIÑAS PICH
Trabajadora Social
Barcelona
Diciembre de 2018

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