Libertad, punto de encuentro

Libertad, punto de encuentro

La libertad es uno de los elementos constitutivos de las personas y los grupos sociales. Las distintas expresiones de esta libertad, se generan como consecuencia de las distintas circunstancias de los individuos, las culturas y la organización social que vehicula la convivencia entre las personas.

La libertad también puede ser entendida como el ejercicio desinhibido que complace las satisfacciones de las personas sin la presencia de ataduras al actuar, dejándose nortear por aquello que dicta la voluntad e intuición. Proceso que a menudo se realiza de manera consciente y razonada, pero en ocasiones, de manera inconsciente e irracional respondiendo a un impacto recibido.

Fotografía: Ignasi Batlle Molina

Ante esta variedad de acepciones, podríamos decir que la libertad se asemeja a un prisma poliédrico, y con cromatismos muy diversos. Pero esta variedad, no le resta a la libertad el ser un valor transversal en el desarrollo integral de las personas. En un solo valor queda englobado un conjunto de otros valores que facilitan el ejercicio de la libertad, y a la vez permiten el crecimiento de la persona en distintos ámbitos del ser.

Mucho se ha escrito y dialogado sobre las condiciones de la libertad, sobre las condiciones de posibilidad de su ejercicio, y también sobre la necesidad -o no- de un marco determinado mínimo y básico para poder ejercerla. Matizando el significado inicial, diríamos que la libertad es la facultad y el derecho de las personas para elegir de manera responsable la forma de actuar dentro de una sociedad.

En la definición anterior aparece asociado a la libertad, la responsabilidad enmarcada en el medio social de la persona. En algunas ocasiones no somos capaces de calibrar el impacto que el ejercicio de nuestra libertad puede llegar a producir en nuestro entorno. Ciertamente deberemos ejercer la corresponsabilidad en cada una de las decisiones que vayamos tomando.

Retomando la figura del poliedro, detectamos que una de las caras, es tomar conciencia de que en el ejercicio de la libertad se produce un acercamiento al otro, generando empatía, con el hacer de las personas cercanas. Por lo tanto, el devenir del actuar de las personas acaba desarrollando una libertad corresponsable.

Este acercamiento entre la personas, produce encuentro y convivencia. Una convivencia que se da entre seres limitados. Cuántas veces, no acertamos en el lenguaje o somos inoportunos… De ahí que la libertad corresponsable, deba complementarse con otro valor: el perdón. Generando un movimiento bidireccional: el de perdonar y el de ser perdonado.

Deberemos encontrar el equilibrio personal, para poder discernir entre aquella libertad que me acerca al otro desde el desarrollo del potencial del ser, y aquella libertad -o mejor dicho libertinaje- que supone una barrera en el crecimiento de esta potencialidad.

El ejercicio de la libertad corresponsable, conlleva una parte de renuncia personal; es por  eso que se requiere una autorreflexión personal honesta con uno mismo, para poder transformar esa renuncia en un elemento positivo. Cuando este proceso es negativo, se producirá el proceso contrario, es decir, el del alejamiento de las personas.

Por tanto, podríamos hablar de una co-libertad, como el proceso de respuesta libre que respondiendo a la esencia del ser, facilita y ayuda a crecer a la persona acercándonos a nuestro entorno.

Ignasi BATLLE MOLINA
Ingeniero
Barcelona
Diciembre de 2019

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