Ventilando nuestra casa emocional

Ventilando nuestra casa emocional

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Aprendiendo a reconocer mis emociones en tiempos de cuarentena

 Este tiempo de confinamiento y de cambios en nuestras vidas para muchos ha significado tener que hacerse cargo de temas tanto personales como familiares, que en el antiguo contexto era posible “evadir”, pero que de un momento a otro se hicieron más presentes que nunca.

Algunos de las situaciones que he podido reconocer desde mi consulta como Psicóloga Clínica, ahora virtual, y desde casa, son dificultades en las relaciones laborales, adaptación a un nuevo ritmo y modalidad de trabajo, dificultades en la relación de pareja y relaciones entre hijos y padres que ahora deciden transformar su dinámica relacional. Más que nuevas problemáticas, parecen ser situaciones que ya estaban ocurriendo, pero que hoy son notoriamente más visibles.

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Pareciera que la pandemia nos envió a un “callejón sin salida” donde no tenemos más que hacernos cargo de nuestras emociones, las cuales culturalmente nos han enseñado a ocultar para no “parecer débiles” o para sólo dejar espacio a lo “racional”. Sin embargo, en palabras del biólogo chileno Humberto Maturana, las emociones serían imposibles de reprimir o esconder ya que “existimos en un flujo de emociones, son modos de estar en la relación, modos de conducirnos y relacionarnos unos con otros” (Maturana, 2004). Por ende todo lo que guía nuestra conducta es una emoción y si cambia esa emoción, se transforma nuestra manera de relacionarnos.

Desde ahí se hace tan relevante comenzar a aprender respecto de nuestras emociones, pensar este tiempo como una gran oportunidad para comenzar a reconocer las emociones que habitamos y cómo algunas de ellas pueden guiarnos hacia el bienestar o, por el contrario, hacia el malestar.

Algunas características de las emociones que nos pueden ayudar a sobrellevar este periodo son:

  1. Las emociones guían nuestras conductas, todo lo que hacemos está guiado por una emoción, cuando nos relacionamos con otros siempre lo hacemos desde una emoción que puede ser la calma, la alegría, la rabia, la frustración u otra. Reconocer desde qué emoción me estoy relacionando con mi jefe o pareja, es fundamental para comprender el espacio relacional al que lo estoy invitando a compartir y las consecuencias que puede tener una emoción u otra.
  2. Una misma situación puede provocar distintas emociones en cada persona, es por esto que en un mismo hogar o espacio laboral las personas pueden transitar por distintas emociones, la baja en la carga laboral para algunos puede significar alegría o calma y para otros, mucha preocupación y ansiedad.
  3. Los seres humanos transitamos por distintas emociones momento a momento, las emociones son dinámicas, podemos comenzar el día desde la emoción de la tristeza y luego con una noticia o un llamado de alguien importante, podemos transitar rápidamente a la emoción de la calma.
  4. Las emociones no son ni buenas, ni malas en sí mismas, son más bien manifestaciones de nuestro cuerpo ante ciertos estímulos que percibimos, son señales que nos permiten distinguir qué necesitamos y cuándo lo necesitamos. Por ejemplo la emoción de la tristeza es positiva cuando perdemos a un ser querido porque nos permite estar reflexivos y vivir la pérdida oportunamente, sin embargo puede no serlo si estoy en una fiesta familiar, ya que puede estar mostrándonos que no nos sentimos cómodos y preferimos irnos, por ejemplo.
  5. Las emociones se contagian, los seres humanos tenemos la capacidad de movernos entre distintas emociones y al mismo tiempo transformarnos en la convivencia unos con otros. Por tanto, el espacio emocional que habitamos está siempre en coherencia con nuestro entorno: “afectamos” a nuestra familia con nuestras emociones y también ellos “nos afectan” a nosotros.

A raíz de estas características, es importante recordar que no existe una única manera de sentirnos en este período, algunas personas están sintiendo agobio, estrés, tristeza, angustia o miedo, otras personas se sienten contentas de pasar más tiempo en casa, agradecidas quizás por tener un lugar para pasar este periodo, esperanzadas que esta situación será de aprendizaje para sí misma y para su entorno. Etc.

Si bien no hay emociones buenas o malas existen estados de bienestar y malestar que pueden ser causados por distintas emociones. Esto puede ocurrir porque el cuerpo cuerpo detecta una incoherencia respecto de la manera de conducirse y lo que siente. Por ejemplo, algunas personas revisan a diario el reporte de contagios en el país, sin embargo cada vez que lo ven se sienten tristes y frustrados y eso instala una sensación de malestar en el cuerpo. Es importante reconocer que cuando surgen estados de malestar pueden estar alertando de una desarmonía, una incomodidad de la que podemos tener la oportunidad de hacernos cargo.

Por otro lado, el bienestar es un estado que aparece cuando somos conscientes de nuestras emociones y actuamos en coherencia. Eso significa estar conectados con nuestro cuerpo y si nos sentimos incómodos o en malestar, tomar acciones para cuidarnos.

Contar con educación emocional respecto de cómo reconocer tus emociones y hacerte cargo es vital para pedir ayuda si lo necesitas y aprovechar este tiempo para generar nuevos aprendizajes acerca de ti mismo. Algunos pasos para caminar hacia ese nuevo destino son:

  1. Comienza a poner atención en tus emociones
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Tómate un minuto para reflexionar acerca de estados de malestar en este periodo, revisa cuáles son las emociones que habitas más frecuentemente, piensa cuándo surgen, en qué momento o con quiénes. Quizás por tu historia de vida, sueles tener ciertas emociones más disponibles, que hoy no te están ayudando.

  1. Reconoce cuáles son tus respuestas automáticas

Recuerda alguna situación en la que se presenta esa emoción que hoy tienes más disponible y revisa cuáles son tus conductas o respuestas automáticas.

  1. Explora nuevas respuestas

La próxima vez que ocurra detente algunos segundos para identificar cómo te sientes, respira e intenta reconocer qué emoción es la que sientes. Luego, observa cuál es tu primera reacción o ganas de actuar. Cuando lo hayas identificado, intenta no hacer lo de siempre, probar una nueva estrategia, a veces una acción distinta, puede cambiar todo el panorama.

  1. Conversa con tu familia acerca de emociones

Recuerda que las emociones se contagian, si la mayoría de los integrantes está enojado y en malestar probablemente el espacio emocional será incómodo, las conversaciones difíciles y el estrés aumentará. Te sugiero abrir un espacio con la familia o compañeros de trabajo para conversar acerca de cómo se han estado sintiendo y qué les podría ayudar a cada uno para sentirse mejor.

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También pueden conversar acerca de lo que no les ayuda, cuando no se sienten bien. Por ejemplo, a veces cuando una persona está cansada o triste, prefiere que no le hablen.

Por último, recuerda que todas las emociones son válidas y legítimas. Al abrir espacios de conversación es importante acordar cómo lo abordarán, poner atención en las burlas, críticas o sutiles formas de negar las emociones en el otro, es importante para generar un espacio libre y útil para todos.

Recuerda que estamos viviendo un momento inesperado y ninguno de nosotros estaba preparado o tiene recetas para abordarlo de la mejor manera, estamos todos aprendiendo en el camino.

Nelly HUERTA
Psicóloga Clínica – Magister en Biología – Cultural
Santiago de Chile
Septiembre de 2020

 

Referencias

  • Maturana H. (2004). Transformación en la convivencia. J.C. Sáez editor. Santiago, Chile.
  • Maturana H. & Bloch S. (2014). Alba Emoting. Biología del emocionar. Uqbar Editores. Santiago, Chile.
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