Entusiasmo vital

Entusiasmo vital

Era muy agradable y simpática la conversación con aquella elegante señora, ya mayor, cuando explicaba, con su acento andaluz, refiriéndose a algunos extranjeros del norte de Europa, que sería bueno que estas personas para exteriorizar su alegría tuvieran rabo; como los perros que manifiestan su gozo, tan evidentemente, moviendo su cola. No se trata —decía— de que las personas tuviéramos rabo para manifestar admiración, miedo o apasionamiento. Sino que quizás fuera oportuno que, aún sin rabo, las personas podamos “entusiasmarnos” con lo que nos conmueve y además manifestarlo.

El entusiasmo se contagia, demuestra pasión por la vida y disfrutar del momento presente.
Fotografia de Sebastian Voortman en Pexels

De hecho, la palabra entusiasmo procede del griego enthousiasmós (palabra formada por: “en-Zeus”), que viene a significar etimológicamente procurar una fuerza divina. En efecto, el sustantivo griego está formado sobre la preposición “en” y el sustantivo “theós”, ‘dios’.

En la historia de la humanidad ha habido, ¡y existen hoy!, mujeres y hombres que manifiestan su entusiasmo en los proyectos que realizan. El entusiasmo es un estado de ánimo; es una emoción que denota alegría y gozo; alegría ante una expectativa y un gozo en ver cumplido el deseo.

El entusiasmo es considerado como un impulso o un estímulo que proviene de lo profundo de uno mismo que hace que la persona sienta el deseo de realizar actividades, sentirse alegre por ello e incentivada al mismo tiempo.

En el fondo, dejarse llevar por el entusiasmo es como si un espíritu celestial entrara en la persona y se sirviera de uno para manifestarse, como les ocurría —creían los griegos— a los poetas, a los profetas e incluso a los enamorados. Endiosados, merecían el respeto y la admiración de las gentes, las cuales no podían ni vislumbrar tal magnificencia.

A entusiasmarse ante la realidad existente enseñó a los cercanos, en diversos libros y escritos, el Dr. Alfredo Rubio de Castarlenas (Barcelona 1919-1996), buen pedagogo, realizando y fomentando un existencialismo vitalista. Le recordamos este año en el 26 aniversario de su defunción (el 7 de mayo), él que con gran entusiasmo vivió su existencia, comunicando vitalmente el gozo de vivir; incluso en las mismas puertas de su muerte, mencionando aquellas palabras que nos quedaron bien grabadas: “la muerte [propia] también es una fiesta”.

Esta actitud puede vencer la angustia existencial y el resentimiento desculpabilizando los lastres del pasado y se vuelca a vivir con gratitud, agradeciendo la vida recibida. La filósofa Dra. Begoña Roman lo menciona, resaltando el vitalismo de Rubio sobre otros como el de Nietzsche. Partiendo de la gratitud a la eclosión de la vida que surgió a causa del momento actual aquel, que posibilitó la existencia.

En esta misma línea del espíritu vitalista lo remarca el Dr. Salvador Giner diciendo que Rubio tenía un espíritu cristiano, altruista e incansable, con proyectos educativos y formativos, de carácter incluso lúdicos, como el “San José de la Mar”, goleta que durante años sirvió de enseñanza a jóvenes para entrar en el mundo de la mar. También mencionaba el sociólogo Giner que Alfredo Rubio tenía una conversación profunda y constante. No imponía su filosofía existencial, sino que su persona era la que seducía a los de su alrededor.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Existe una actitud fundamental para potenciar el entusiasmo, que es la de saber “estar presente” en el día a día y en toda circunstancia, tanto en el recibir como en el dar, ya sea información o comunicar lo que realmente es necesario. Es la coherencia obligada en la realización de cada persona.

En palabras del Prof. Vicent Igual: “Es un gozo inmenso conocer a personas que tienen unas cualidades que ayudan a descubrir una vida abierta a los valores humanos dando fuerza gracias a su presencia, a su acogida, su trato y sus palabras. De tal manera que con el paso de los años no se borran sus huellas, sino que las hace más más profundas.”

Y para lograr este entusiasmo, el silencio es el lugar natural y privilegiado del encuentro entre las personas. Como dice Michele Federico Sciacca: “No hay palabra sin silencio. El silencio está en el interior de cada palabra”.

Un silencio en el que Rubio de Castarlenas dice que lo decisivo es sentir el milagro constante e irrepetible de la vida, del existir. Y el Dr. Armando Pego lo reafirma diciendo que la visión poética no oscurece la realidad, más bien la ilumina desde dentro. Y de una manera veraz y estética, menciona que la contingencia no es un límite ni obstáculo; pues la limitación es una invitación a vivir a fondo la aventura de existir.

Con esta óptica, el gran acontecimiento de existir es lo que nos puede hacer vibrar y entusiasmar por la vida.

Josep Lluís SOCÍAS BRUGUERA
Mayo del 2022

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