Sentir

Sentir

Iniciamos el mes de septiembre, y en el hemisferio norte, dejamos atrás las semanas de agosto donde hemos disfrutado de las siempre deseadas vacaciones. Han sido unos días de vivir la sensación de plena libertad, disponiendo del tiempo a nuestro antojo. Sin embargo, septiembre anuncia el inicio de un nuevo curso, y por lo tanto llegan las planificaciones de actividades, programaciones y nuevos objetivos para cumplir. Y sobre todo llegan nuevas expectativas de lo que nos gustaría que sucediera en los próximos meses.

A lo largo del curso las expectativas se irán convirtiendo en realidades, no coincidiendo algunas de ellas con las que habíamos imaginado. Por ello se nos generará un dialogo entre la razón y los sentimientos. A la vez que nos posicionará de qué manera vamos haciendo frente a la realidad. En este momento cabría preguntarse hacia dónde nos empuja la razón, y hacia dónde los sentimientos.

Vivimos en un mundo donde los sentimientos están ganando terreno a la razón. No solo esto, sino que las sensaciones dirigen nuestro comportamiento. Con la razón llegan las seguridades, los argumentos, las planificaciones, y porque no decirlo, también los objetivos. Pero es en el sentir donde se amontonan las percepciones en forma de intuición y clarividencias difíciles de entender.

Fotografía: Ignasi Batlle

Esta razón que nos acompaña desde tiempos inmemoriales nos ha moldeado a través de la cultura y las tradiciones que nos han tocado vivir. Pero el sentir se despierta de manera inesperada. Es ese hermano pequeño, que tiempo atrás solo estaba reservado para los artistas o creativos de la época.

Este sentir que se afianza en nuestro interior nos enaltece en momentos inesperados, y de igual forma también nos desploma sin saber cómo, ni por qué. Por ello cuando el sentimiento nos arrastra sin remedio, nos vemos prisioneros por las circunstancias que nos rodean. Este sentimiento nos agarrota y paraliza en todo lo que hemos de hacer. Del mismo modo, somos incapaces de ejercitar nuestra libertad. Y es por eso por lo que nuestras expectativas se convierten en losas pesadas difíciles de arrastrar.

Como un niño pequeño que inicia su aprendizaje en la lectura y descubre con ilusión el grafismo del abecedario, nosotros descubrimos una paleta de expresiones que permiten desplegar aquello que en nuestro foro interior sentimos, y que a menudo desconocíamos. Sin duda, este aprendizaje no depende de nuestra edad, sino mas bien de nuestra capacidad de abrir puertas en esa coraza gobernada por la razón.

Este aprendizaje nos lleva a tender puentes entre esa razón argumentada y firme, y esos sentimientos que generan sensaciones etéreas e intensas. Y en este diálogo interior somos capaces de ir ajustando la razón con los sentimientos. Gracias a esto somos capaces de hacer converger en algunos puntos, la realidad y las expectativas soñadas. Esto también permitirá que vayamos rompiendo las ataduras que hemos ido generando, encontrando el equilibrio entre esa razón enraizada en nuestra historia, y el sentimiento despertado por nuestra esencia.

Al llegar al final de este recorrido ya no me alimentan las expectativas generadas, sino que se impone la realidad, distinta a lo imaginado, pero mi realidad concreta. Seguiremos avanzando en este ejercicio de desatar los nudos para poder seguir ejerciendo la capacidad de nuestra libertad. Y con ello irán convergiendo razón y sentimiento.

Ignasi BATLLE MOLINA
Ingeniero Civil
Barcelona
Septiembre de 2022

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