Amistad que dure

Amistad que dure

En defensa de la conversación. Así se titula el último libro de la conocida investigadora Sherry Turkle, que ha dedicado más de quince años a estudiar el impacto de los medios digitales en las personas y en las relaciones entre ellas. En este volumen hace un encendido elogio de la conversación en directo, persona a persona, como espacio típicamente humano que nos constituye como individuos, nos dice quiénes somos, nos ayuda incluso a conversar también con nosotros mismos, y constituye la base de la auténtica relación entre personas, que es más que la simple conexión.

El contexto de ese libro es la sociedad de hoy en que además de «mediadas por tecnología», muchas relaciones interpersonales se han vuelto «líquidas», fugaces, pasajeras, efímeras, en parte porque no saben comunicarse. Pareciera que las personas ya no saben cómo integrar en su experiencia las contrariedades propias de cualquier relación humana, y la amistad se mantiene s6lo cuando es gratificante. De algún modo se contagia de la cultura de «usar y tirar».

Y sin embargo, la mayoría de las personas, al establecer un vínculo de amistad, si tiene visos de ser auténtico, desearía que este fuese duradero; anhelan, en el fondo, que se trate de una amistad «para siempre». Todos necesitamos tener alguien con quien contar, alguien que nos apoye, alguien a quien uno le importe, alguien a quien apoyar y querer. Pero muchos no logran hacer sobrevivir su vínculo durante mucho tiempo. Se desilusionan, o a su vez defraudan a la otra persona; viven mal los cambios que se dan en el otro, de algún modo dejan de reconocer en él o ella a esa persona con la que les unía una amistad gratificante.

Conversación amistosa
Da gusto ver cómo se quieren

¿Es posible sobrepasar esas dificultades? ¿Se trata de factores externos que favorecen la duración de la amistad? ¿Basta con que ambas partes lo decidan?

Yo he vivido y visto vivir amistades que han durado muchos años, a veces toda la vida de personas muy longevas. Y realmente da gusto ver cómo han superado dificultades, cómo se han apoyado cuando hacía falta, cómo siguen queriéndose a pesar a veces de años y distancia geográfica. ¿Cómo han hecho? Aquí algunas de mis observaciones.

Me parece que para mantener en el tiempo una relación de afecto y respeto recíprocos, de diálogo y mutuo apoyo, son necesarias algunas decisiones importantes:

  • * Valorar el «hoy» de uno mismo y de la persona, pero hacer una apuesta —necesariamente a ciegas— por el «mañana» de ambos. Somos seres que habitamos el tiempo; nos transformamos con la experiencia. Nadie puede garantizar su existencia mañana, y tampoco asegurar que seguirá idéntico a sí mismo. Así pues, la amistad de largo alcance supone dar un «sí» a la persona amiga, incluyendo a priori el seguir queriéndola con su progresiva transformación y envejecimiento.
  • * Aunque el cariño recíproco no siempre es 50% cada persona, hay que dar y recibir. La capacidad de amar a otros varía en cada individuo, así que ya de entrada en las relaciones de amistad puede haber una relativa asimetría entre el dar y el recibir, y también en los modos de dar y modos de recibir. Pero a lo largo del tiempo es necesario no cronificarse en una asimetría excesiva, sino lograr que el balance sea equilibrado, y ambos den y reciban. Es necesario amar y dejarse amar.
  • * Tener paciencia. Todos somos limitados; nadie entiende 100% a sí mismo ni a los demás. Por eso, cuando la situación se tuerce, la paciencia es de los factores más importantes para la duración de la amistad. Comprender que los procesos no son veloces, que las personas atraviesan momentos difíciles y debemos esperar a veces tiempo para recuperar el diálogo.
  • * Perseverar en la comunicación, encontrando los momentos y modos adecuados. La amistad no sobrevive sin comunicación. Cuando por cualquier motivo es difícil hablar, no hay que desesperar; un escrito o un mensaje breve, un gesto, pueden restablecer el flujo de la conversación para poder avanzar.
  • * Estar ahí cuando hace falta. La amistad se muestra particularmente en los momentos difíciles. Estar presentes en los momentos clave es un indicador sin el cual no podríamos hablar de auténtica amistad.

La amistad de larga duración es un regalo que nos hacemos unos a otros, y que siendo laboriosa de mantener, es fuente de una profunda felicidad interior.

Leticia SOBERÓN
Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICXCI)
Madrid
Junio de 2017

 

 

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