El arte de leer la realidad

El arte de leer la realidad

Foto: Javier Bustamante

 

El Didascalicon es un libro escrito por el francés Hugo de San Víctor hacia el 1128. La didascalia es un término griego que podría traducirse como los “asuntos relacionados a la instrucción”, a la didáctica. El Didascalicon es un texto que en la Edad Media pretendía enseñar el arte de la lectura.

En el siglo XX otro gran escritor, Ivan Illich, le dedica un libro para comentarlo: En el viñedo del texto. Entre sus páginas encontré lo siguiente: “Para el lector monástico, a quien Hugo se dirige, la lectura es una actividad mucho menos fantasmagórica y mucho más carnal: el lector comprende las líneas moviéndose según su latido, las recuerda recuperando su ritmo, y piensa en ellas como si las colocara en su boca y las masticara”.

Para Hugo de San Víctor la lectura se encarna. Se incorpora, se hace movimiento. En el párrafo que destaco, Ivan Illich nos habla de tres acciones: comprender –moviéndose según su latido–; recordar –recuperando el ritmo–, y pensar – masticando las palabras o las ideas. ¡Toda una visión vitalista!

Asociar la comprensión al latido nos acerca a los sentimientos. Esto es un descentrar de lo racional. Comprender desde la emoción.

El hecho de recordar lo deja en manos del ritmo. Como si se tratara de una coreografía. Dicen que recordar es volver a pasar por el corazón. O sea que nos volvemos a encontrar con lo emotivo. Esto no destierra la labor intelectual en absoluto, sino que la asocia al factor emotivo. ¿Quizás un remoto antecedente de la inteligencia emocional?

Al acto de pensar lo desplaza a la boca. Pensar es masticar, rumiar. Las mandíbulas, la lengua, los dientes, la salivación intervienen en este pensar.

Hugo de San Víctor compartió época con otro grande: Alberto el Magno. Para Alberto la naturaleza, la realidad, es un libro sobre el cual leer y del cual podemos aprender siempre. Alberto también sabe moverse sobre el terreno de las “interrelaciones”. Todo nos habla o nos hace referencia a todo.

Para quienes dicen que la Edad Media fue oscura, hay mucho por descubrir en ella. No sólo en las esferas llamadas cultas, sino en la vida cotidiana de la gente y en muchos aspectos sociales. Es una edad de la humanidad que, como todas, está llena de matices. Pero si la revisamos, desprende mucha luz.

Comprender, recordar, pensar. Estos tres movimientos son importantes para Hugo en el momento de leer. Si queremos leer la realidad, ¡qué importantes son también estos tres movimientos!

Si soy capaz de moverme siguiendo el latido de lo que sucede en mi familia, en mi entorno, en mi sociedad, entonces puedo mirar con otros ojos lo que acontece.

Si al recordar, al evocar los sucesos que originaron mi existir o las condiciones que sustentan mi presente, soy capaz de leer el ritmo, el fluir que los ha hecho posibles, entonces puedo situarme en este presente de una forma más certera, más humilde y orgánica también.

Si puedo degustar, saborear, digerir aquello que está siendo, aquello que soy, puedo descubrir cómo me nutre la realidad, cómo hay un continuo entre lo que sucede “fuera de mí” y “dentro de mí”. No hay discontinuidad. Formo parte de lo que me rodea.

¡Qué importante es saber leer! Leer la realidad también es un arte y, como tal, hay que aprender a practicarla. Y eso lleva años… Una lectura atenta de la realidad nos ayuda a encarnarla, sintonizar con su latido, intuir sus ritmos, masticarla hasta digerirla. En definitiva, sentirnos parte de esa realidad.

Javier BUSTAMANTE ENRIQUEZ
Poeta
Ciudad de México (México)
Octubre de 2018

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