Encuentro de culturas: un nuevo tejido social

Encuentro de culturas: un nuevo tejido social

El día a día de la memoria histórica tiene cosas curiosas. A veces se tratan algunos temas como si fuera la primera vez que se dan en la historia, cuando, en realidad, nosotros mismos somos fruto de situaciones que responden a ellos. Así, cuando ya desde hace unos años se está hablando del fenómeno de la interculturalidad, la multiculturalidad, el mestizaje, la inmigración, etc. en muchos casos se hace como si fueran fenómenos nuevos, exclusivamente contemporáneos aunque, por supuesto, no es así. La historia de nuestras familias, de nuestros países, se teje con hilos de fenómenos migratorios de distinto signo, gracias a los cuales, los presentes existimos.

Diseño: Luis Felipe Rivera

Sin perder de vista esta referencia histórica que puede iluminar el presente, es cierto que, en cada momento, dichos fenómenos presentan características, implicaciones o consecuencias diferentes. Y hay que atender a todo ello, en una reflexión que pretenda ser seria y atinada. Además, deben saber tomarse en su justa medida algunos hechos que, bien por su fuerza bien por el tratamiento mediático que reciben, pueden llevar a acentuar algunos aspectos en detrimento de otros que son igualmente importantes a pesar de ser, tal vez, menos dramáticos o impactantes.

De acuerdo con el estilo de la RE, consideramos importante que, cuando se producen contextos de tanta ebullición, se aporten reflexiones serenas que contribuyan a enfocar las situaciones, así como a prevenir otras semejantes en el futuro. Ciertas reflexiones elaboradas sin exceso de presión ambiental aportan un tipo de enfoque que, por vigente, merece ser recogido.

El encuentro de culturas supone el encuentro de los sujetos que viven en ellas. Y la cultura no es algo estático, sino que evoluciona al ritmo de la vida. Entenderla como un museo dedicado a conservar las reliquias adquiridas en el pasado es una restringida concepción de la misma. Parece conveniente conocer nuestras raíces y respetar los parámetros en los que vivimos, pero entendiendo que no por el hecho de ser se deduce que sean todos necesariamente buenos. El encuentro con personas que provienen de otros entornos culturales hace que unos y otros nos planteemos qué es lo que de bueno hay en la propia cultura y qué es lo que merecería ser relegado a los libros de antropología. Sobre todo, lo que parece inaceptable es instalarse en cuestionar la viabilidad de la relación con otras personas por el hecho de responder a distintas referencias culturales, en lugar de buscar el modo de acercarnos y entendernos. Como escribe A. Rubio «lo hermoso […] es ir unos hacia otros fundiendo nuestras respectivas coordenadas y hacer de nuestro centro uno cada vez mayor».

Extracto del Editorial de RE 55

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