El arte de documentar la realidad

El arte de documentar la realidad

Fotografía: Javier Bustamante

La realidad nos está hablando todo el tiempo de sí misma. En este sentido nos aporta documentación rica sobre la vida. Desde los detalles aparentemente más simples, hasta los procesos más complejos y maravillosos. El ser humano, desde que comenzó a nombrar la realidad, se ha dedicado a documentarla. El hecho de hablar de ella, asignarle palabras para describirla y representarla en su interior, dar explicación a los fenómenos naturales, ha producido infinidad de documentos materiales e inmateriales. 

En el proceso de evolución de la documentación de la vida, se pasó de la simple pronunciación sonora de ésta a su representación en imágenes. Nos queda herencia en pinturas rupestres, petroglifos, códices, la invención de la escritura, la reproducción de textos y grabados… La historia es larga y rica, mostrando cómo el ser humano necesita plasmar qué piensa y qué siente ante la realidad. Y darle a esto un soporte material que perdure en el tiempo y que transmita un mensaje que se difunda.

A fines del siglo XIX, con la invención del cine, comenzó el germen de lo que hoy conocemos como “cine documental”. En aquel entonces no existía banda sonora, pero la evolución de este arte se encargó de poner voz a las imágenes. Con justicia, puede considerarse a Louis Lumière como el pionero del cine documental.

En la historia del cine, lo que conocemos como “cine ficción” ha cobrado gran relieve, entre otras cosas porque implica un negocio y porque ofrece el plus de la actuación. Es el símil de la novela, donde la imaginación y la creación literaria no tiene límites. Pero bien se dice que “la realidad siempre supera la ficción”. Y el cine documental no es el hermano menor del cine de ficción, simplemente son dos géneros distintos que comparten el mismo soporte audiovisual. Además de prestarse un sinnúmero de recursos.


En el cine documental son básicos varios aspectos

La historia que se retrata parte de algún acontecimiento o aspecto real. Puede ser la vida una persona o grupo de personas, un pueblo. Tratarse de un acontecimiento puntual que deja huella. Una tradición, una fiesta, una práctica habitual. Un hecho lamentable al que se quiere dar voz y trascendencia… El abanico es tan amplio como la misma realidad.

– Obviamente, el soporte audiovisual del documental. Esto implica todo el trabajo creativo y la puesta en escena del oficio. Su producción, con todos los momentos que conlleva, desde la semilla que origina el tema, pasando por la recolección de imágenes y sonidos a través de entrevistas, horas de filmación que ilustren el tema y aporten material de recurso, hasta llegar al momento de la edición final. Generalmente y aunque no lo parezca, casi todos los documentales, al menos los de cierta duración, implican años.

– El trabajo posterior a la creación también es arduo. Implica la difusión del documental. Lograr que acceda a los circuitos donde se muestran este tipo de género, tanto nacionales como internacionales. De esta manera la obra cumple con su doble misión: documentar la realidad y difundirla.

– Otro aspecto básico es la financiación. Al tratarse de un cine “no comercial”, es sumamente difícil sufragar una creación de este tipo. En alguna ocasión puede tratarse de una obra de encargo, pero generalmente no es así. Muchos documentales, por no decir la mayoría, nacen de iniciativas particulares. Del encuentro de la persona con una realidad que merece no quedar en el olvido. O sea, que hay mucho de altruismo y de gratuidad. Y otro tanto de denuncia y solidaridad. Por lo mismo, implica mucho de dedicar horas “por amor al arte” por parte de los creadores y productores. Y también de buscar ayudas privadas, institucionales y hasta de familiares y amigos para poder salir adelante. Pero sí se puede y se puede con mucha calidad. Cada vez más se aprecian documentales que realizan milagros con muy poco.

– Por último, un aspecto vital: el documentalizador/a (por llamarle de alguna manera). La persona o grupo de personas que realizan el documental, con toda su humanidad como herramienta creativa. La visión de quien realiza el documental es la que acaba delimitando el enfoque sobre la realidad que se comparte. Acerca el zoom y el micro hacia aquellos detalles que serán la esencia del documental, las perlas que se engarcen en el hilo argumental. Aquí cabe resaltar que el componente emocional es inseparable de todo documental. Esto no quiere decir que se pierda objetividad en el planteamiento, sino que es vital la parte humanizadora. Toda creación documental transmite emociones, ya sean de felicidad y apego total a lo que se muestra o de rechazo e indignación. Y este aspecto pasa totalmente por la sensibilidad del creador o creadores y su implicación con la realidad que documentan.

 



Doqumenta
, un festival con mucho amor a la camiseta

Llegado a este punto quisiera hablar de Doqumenta, un festival internacional de cine documental que tiene sede en la ciudad de Querétaro, México. Lo he descubierto este 2019 en su séptima edición y confieso que me ha emocionado hondamente.

No sólo por sus documentales, que son el fin en sí de la muestra y son ricos en calidad y en diversidad de temas –dejo link de su web para que se pueda ver lo que digo–, sino por la organización que lo sustenta. www.doqumenta.org

Para mí cumple un círculo virtuoso. Doqumenta es una asociación sin ánimo de lucro que, entre otras actividades que realiza durante el año, da vida a este festival. Lo que es de admirar es que pone en diálogo a los diversos actores de la sociedad: instituciones oficiales de cultura donde se presentan los documentales, entidades independientes que también ofrecen sus espacios, la iniciativa privada en forma de restaurantes y otros negocios que apoyan el festival en especie acogiendo a los invitados… y, finalmente, el público general al que va dirigido. Con todo esto consiguen que casi toda la muestra sea de entrada gratuita, con excepción de algunas actividades complementarias que enriquecen el programa, como talleres y algún evento especial. 

Un lugar esencial merece el grupo humano, formado en buena parte por voluntarias y voluntarios y prestadores de servicio social. Ellas y ellos, te dan la bienvenida con la mejor sonrisa, introducen los documentales y presentan a los invitados especiales, pasan el micrófono, venden productos para autofinanciar el festival o esperan con una alcancía al final invitando a colaborar y te dan las gracias con sinceridad –hayas aportado o no–, se encargan de los aspectos técnicos, coordinan, cubren los eventos para las redes sociales, reparten programas por las plazas y calles… Ante un tejido humano así, te dan ganas de ponerte la camiseta y disfrutar como lo hace todo el equipo. 

Doqumenta, bajo el lema “Donde los caminos se encuentran”, crea un puente verdadero entre las realidades que los creadores presentan y los espectadores, los cuales dejan de serlo porque gracias a la emoción y la reflexión crítica nos acercan a otras latitudes de la vida. 

A la proyección de documentales también se añade una gran oferta cultural. En algunos de ellos también se desarrollan conversatorios o diálogos con especialistas en los temas o con los realizadores e integrantes de los mismos, talleres de aproximación al documental, charlas formativas, itinerarios por la ciudad, colaboraciones con festivales de otras geografías y eventos especiales. Las producciones se han agrupado en varios ejes temáticos y se da también un espacio destacado a la creación local. La cobertura por las redes sociales es de elogiar, en cada momento está actualizándose la información y puedes disfrutar cuando quieras de los conversatorios, ya que quedan “documentados”.

Larga vida a Doqumenta y, desde este espacio, agradecer a cada persona que lleva bien puesta esa camiseta porque también son dignos de ser documentalizadas y documentalizados.

Javier BUSTAMANTE ENRIQUEZ
Poeta
Querétaro (México)
Septiembre de 2019

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