El arte de posponer

El arte de posponer

Cuando escuchas que alguien califica a un grupo de procrastinista, se queda uno paralizado ante esta palabra difícil de pronunciar y que, además, no es un término de rápida comprensión como si hubiera dicho numeroso, alegre, con éxito…

Una actitud de procrastinación en un grupo limita el desarrollo del mismo.

Casi de inmediato te remite a buscar en Google información para entender lo que ha querido decir. Según la Wikipedia “La procrastinación (del latín procrastinate: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o el hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables por miedo a afrontarlas”. Es decir, dejar para el futuro aquello que sabes que tienes que hacer en el presente.

Hay mucho escrito sobre este tema, principalmente centrados en la procrastinación y la persona: su origen, qué mecanismos tiene, qué conductas lo detectan, qué hay detrás del posponer tareas, desde el miedo al fracaso al perfeccionismo o el estrés o no el afrontar responsabilidades; y, naturalmente también pautas o estrategias para evitarlo, solucionarlo o superarlo, sobre todo considerándolo un problema de autocontrol y gestión del tiempo. Algunos señalan que conductas adictivas como la televisión, internet, el móvil o las redes sociales pueden contribuir al trastorno de evasión. También se trata la procrastinación como síndrome, tipo de conducta, trastorno; como el arte de postergar y la procrastinación positiva.

Charlotte Lieberman, en su artículo del 26 de marzo del 2019 “Procrastinar no es un asunto de holgazanería, sino de manejo de las emociones” publicado en el New York Times, indica que, sin embargo, procrastinación es más que postergar voluntariamente, que también se deriva de la palabra del griego antiguo akrasia, hacer algo en contra de nuestro mejor juicio.

Añade que para el profesor de psicología Tim Pychyl “La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión de tiempo”. Es una forma de enfrentar las emociones buscando el bienestar inmediato, aunque produzca malestar por no afrontar aquello que se pospone. No es no hacer nada, sino hacer cosas con resultados más satisfactorios y que sirvan de justificación para aplazar aquellos que produce mal estar.

Desafortunadamente, no podemos simplemente decirnos a nosotros mismos que dejemos de procrastinar. Y a pesar de la abundancia de los “trucos de productividad”, que se enfocan en cómo hacer más trabajo, estos no abordan de raíz la causa de la procrastinación.

Según Lieberman en esencia, la procrastinación es un asunto de emociones, no de productividad. La solución no involucra descargar una aplicación de gestión de tiempo o aprender nuevas estrategias de autocontrol. Tiene que ver con manejar nuestras emociones de una manera diferente. Y el cambio ha de ser interno.

La procrastinación no es simplemente cuestión de gestión del tiempo.

Quizá también una aportación aplicable en la gestión personal, de grupos, equipos laborales… se puede encontrar en la publicación, bajo el título de Dichos al paso (1), de algunas pinceladas de Alfredo Rubio sobre el buen hacer cotidiano. «Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio» Pero esto no basta. Ya hemos añadido algo importante sin lo cual lo dicho primero no sirve para nada, y es lo siguiente: «un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo». Si esto no se hace, por mucho lugar que tengamos a nuestra disposición, las cosas nunca estarán en su sitio y tontamente se generará el caos. Y una cosa previa, sin la cual también sería inútil lo segundo dicho de «un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo» sería que hay que empezar por lo primero, por lo más material. Por ejemplo, a un niño lo primero que hay que hacer es darle de mamar, limpiarlo, etc. antes de tratar de enseñarle algo.

La procrastinación no es exclusivamente personal, esta actitud se da también en los grupos sociales, en instituciones, en empresas… Se aplazan asuntos pendientes o no se empiezan y se terminan cuando conviene, se centran en los pequeños detalles pequeños y se pierde de vista los objetivos. El reto es descubrir en estas realidades las actitudes de procrastinación y sus causas para ponerles solución desde dentro. Puede ayudar el situar la persona y las cosas, los temas, los trabajos… dentro de las dimensiones del tiempo y del espacio, un tiempo y un espacio que, como nosotros, son limitados.

Barcelona, febrero 2020

(1) Publicado en: Revista Re, Época 5, No 44.
www.universitasalbertiana.org

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