Soy y existo, ¡con amor y con humor!

Soy y existo, ¡con amor y con humor!

En la inmensidad del universo y en la intemporalidad de todos los tiempos, hace nueve meses y cincuenta y un años, un óvulo y un espermatozoide concretos de mis padres, entre millones, coincidieron precisamente en ese instante y no en otro, como única posibilidad entre miles de millones; soy menos que un insignificante suspiro en medio de la existencia universal, y, sin embargo, aquí estoy, ¡soy y existo! ¡Es un regalo de vida maravilloso, extraordinario! A partir de aquí todo viene rodado, ¡todo cuelga de esta realidad tan entusiasmante y entusiasmadora!

Y a medio camino de esta existencia, hace treinta y tres años mi sistema inmunitario empezó a tambalearse, se estropeó y por sorpresa irrumpió en mi vida la esclerosis múltiple, que tengo médicamente diagnosticada desde hace diez años y que me ha -y nos ha- cambiado la vida, de una manera especialmente directa a mi esposa Montserrat, a nuestros hijos y a mí mismo. Es del tipo recurrente-remitente, actualmente en fase secundaria progresiva, y, por ello, estoy cada día un poco peor. Es una enfermedad que va avanzando cada día poco a poco, silenciosa, sin hacer mucho ruido, pero a pesar de ello cada nuevo día al levantarme, haga sol o llueva, digo: «qué día tan precioso que hace hoy, gracias, Buen Padre Dios por regalárnoslo, a mí y a todos».

«Procuro aprender a convivir con la enfermedad
en clave de Paz y Fiesta, con Amor y con Humor,
por dignidad y respeto a mí mismo y a los que me rodean.»

Hace años que no lucho contra una enfermedad que es crónica y degenerativa. Mi esfuerzo es intentar cada instante seguir aprendiendo a convivir con ella. Aprendo a vivir viviendo desde la plena conciencia de la contingencia. Aprendo a descubrir la enfermedad con gozo como una magnífica oportunidad para aprender a mirar y disfrutar de la vida desde otra óptica, que me haga feliz a mí y a los que me rodean.

Aprendo a vivir y a convivir con la enfermedad, que me ha cambiado y nos ha cambiado radicalmente la vida sin pedir permiso, como una oportunidad de crecimiento y de ir más allá.

Aprendo que la enfermedad nunca tiene la última palabra y que el mérito ya no es no caer sino, pese a caer, levantarme una y mil veces, y con más fuerza aún, cada día con energías renovadas y renovadoras.

La enfermedad condiciona mi existencia; si no tuviera la enfermedad no sería yo, sería otro, fantástico, genial, extraordinario… Yo estoy profundamente feliz y agradecido del regalo de existir y de ser.

Los pilares, ¡grandes pilares!, de mi existencia son el Misterio que me acompaña en el caminar, la Comunidad de Amor Trinitaria, que hago especialmente presente en un Espíritu Santo que tanto me habla al oído con un suave susurro tierno y amoroso como, a veces, un auténtico tsunami de Amor. Montserrat, Oriol y Pol, la familia y la familia extensa, los amigos y amigas, entre los que estáis todos los que leéis estas palabras, somos todos, por encima de todo, hermanos en la existencia.

Lo más sencillo sería quejarme por mi desdicha: la enfermedad; instalarme en la queja; pero no me sale del corazón, y más cuando abro los ojos a la vida, una aventura genial que me ha sido regalada.

Procuro aprender a convivir con la enfermedad en clave de Paz y Fiesta, con Amor y con Humor, por dignidad y respeto a mí mismo y a los que me rodean.

Puedo compartir hoy estas reflexiones, una vez que he aprendido a pasar por un proceso de duelo y de pérdida, en el que tanto pasas por un camino llano como de repente, estás en unas auténticas montañas rusas. Actualmente estoy empezando a saborear la dulzura del aprendizaje de la experiencia de la resiliencia. Amo y me aman profundamente; ¿qué más le puedo pedir a la vida? Aun así, alguien puede preguntarse de dónde saco la fortaleza para avanzar.

Jep ALCALDE BARALDÉS
Abogado y afectado de esclerosis múltiple
Publicado originalmente en RE catalán núm. 88

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