La cultura del cuidarnos

La cultura del cuidarnos

Josep Alegre

Zarandeados, con resaca e indefensión colectiva en algunas dimensiones esenciales que creíamos controlar, la vida nos deja asuntos pendientes. Esta pandemia ha sacado a la luz problemas existentes y ha acelerado los procesos: ahora necesitamos un espacio de sensatez. Y surge una pregunta, ¿dónde está aquí la oportunidad de crecer que siempre aparece? El ser humano es un inmenso espacio de posibilidad y un reflejo de lo que la sociedad le presenta. Más allá de su dimensión superficial tiene raíces profundas que empapan la auténtica identidad. Su poder interior es capaz de transformarlo todo, si es soberano de su pensamiento y todo su ser queda fortalecido en las dimensiones que integran su vida. Lo que mira y piensa se convierte en lo que siente, dice y hace, y eso le ayuda a crecer y mejorar de forma solidaria. Nuestra existencia solo es posible como parte de un todo, ya que nuestra vida afecta a la realidad en la que vivimos. Si el ser humano se alimenta y cuida  desde su centro influye en lo que pasa, provocando una transformación expansiva que le impulsa a cocrear el futuro desde la confianza del presente.

Un nuevo nosotros inclusivo

Salir del estado de desidia en que vivimos y construir un nuevo nosotros inclusivo, exige un proceso de revelación e incubación. Cada uno tiene el cómo en su interior, queriéndose, creyendo, valorando, desafiando, apoyando y acompañando. Es necesario redescubrirse y reconocerse, parando, pensando, escuchando…, poniendo el foco y abrazando todo el legado profundo de la existencia. Hay que encender la luz del amor capaz de diluir el egoísmo que nos separa, de descontaminar el materialismo, de hermanarnos con la historia, de dejar vivir en libertad, de considerar las esperanzas propias y las de los demás… Ese AMOR con mayúsculas sin condiciones que activa la conexión con lo que nos rodea, que cuida la vida integral, que esta presente con todo el ser… Se hace urgente generar esta cultura del corazón, de amar por lo que se es, de reconocer mucho más que la conducta, de darse integralmente… Porque ese bien común contiene al todo y a las partes. Somos cuidado y, si no nos cuidamos todos,  moriremos sin cumplir nuestra función en la comunidad de la vida de la que formamos parte. Esta tarea central es compromiso común, solidario y participativo, es sustancia para nuestro corazón y revolución al desvivirse en todo ser humano complejo, sensible, solidario, amable y conectado con todo y con todos en el universo.

Josep Alegre

Las personas tenemos en el núcleo bondad, belleza…, pero nuestra mente nos limita y perdemos oportunidades. Urge reducir tóxicos emocionales, reparar relaciones, descubrir la verdad acerca de nosotros, reutilizar cualidades dormidas y activarlas superando el ego separador. Nuestro lenguaje ha de aprovechar su doble capacidad descriptiva y generativa para orientarse hacia la plenitud. Nuestro compromiso en el aquí y ahora, movilizará nuestro ser favoreciendo el desarrollo. Somos unidad, vamos juntos y caminamos en la misma dirección, pero cada uno recorre su propio camino y necesita sentirse habitado, amado y aceptado. Necesita tener claro quién es, confiar en si mismo y desde aquí relacionarse con el resto de existentes. La belleza también esta en descubrir lo que nos condiciona y lo que queremos cambiar en nosotros mismos. Ese movilización lenta hacia la transformación, fortalece nuestro interior y nos sitúa en el único y real sentido de la vida: ayudarnos y ayudar a los demás a expandir la capacidad de amar y ser amado. Comenzar es hermoso pero hay que hacerlo de acuerdo a nuestro ser más profundo, yendo a lo fundamental, desaprendiendo y trabajando el propio amor: quererse, conocerse, aceptarse, validarse, autocuidarse y perseverar en este camino pese a todo.

Un profundo sentido de comunión

No es bueno jugar al escondite con uno mismo. Empieza por tomar todo tu ser y descubrirte por dentro para conocerte, para empezar a entender el resto del mundo y llegar a ser aquello que quieres entregar a los demás. Pon atención para conectarte a la vida, al conocimiento y al amor. Busca el profundo sentido de comunión que brota del estar solo y con los demás. La esencia se manifiesta en lo escondido, en ese silencio que descentra y permite escuchar el sonido del mundo, creer en la autonomía del otro, acoger su situación y darle oportunidad de trabajarla. Al quedar quietos descubrimos que estamos inquietos y aparecen nuestras sombras y el inconsciente. Ese silencio es hermoso por lo que provoca: receptividad, descubrimiento, iluminación, disfrute… Meditar nos ayuda a ver que los problemas no están con los demás, sino en los miedos, debilidades y límites que hemos construido nosotros. Al liberarnos de las preocupaciones, sufrimiento, dolor, estrés, miedo…, somos conscientes de las maravillas que nos ofrece la vida y todo se va sosegando. Con la mente lucida y el corazón compasivo, el silencio y la luz se vinculan, actuamos con sosiego y mesura satisfechos porque todo está bien. Esa paz personal engendra energía y sensación de bienestar que favorecen la buena focalización en lo que sucede a nuestro alrededor.

Lo importante del volver a casa con la meditación es saber estar con uno mismo, metido dentro de la vida, tomándote tiempo para respetarte a ti mismo y establecer tu línea de acción. Cuando nos volvemos hacia nuestro interior descubrimos sentimientos positivos como la serenidad, la paz, la alegría, la bondad, la fortaleza, la solidaridad, el amor…, y negativos como la ansiedad, la impulsividad, el rencor, el odio, la ira… Que la realidad te toque significa que permites la autentica comunicación, que dejas espacio al otro, que estas dando algo de ti mismo, que te estas trabajando por dentro, que buscas el encuentro… Con todo ello el interior adquiere la fuerza poderosa imprescindible para asumir con responsabilidad lo que te va a suceder en la vida. El cambio real empieza por ti mismo, desde tu mundo interior, que es el motor que impulsa y gobierna nuestras acciones. El mundo interior y exterior son dos vertientes del mismo ser: si estas bien dentro estarás bien fuera. Los seres humanos podemos estar en ambos mundos y decidir en cual de ellos permanecer más tiempo. Bien equilibrado, orientado y aceptado todo lo que pasa en nosotros puede sernos favorable. El mundo exterior actúa como un espejo que refleja nuestro interior, que si esta sanado transforma también el exterior. Nuestro cuerpo inspira y expira, recibe y entrega.

Cultivar la calidad del pensar y el sentir

Josep Alegre

Todo empieza en ti cuando tomas conciencia y te comprometes con la luz que tienes dentro. Tu atención es selectiva y eso activa o no tus opciones. Has de mirar tu realidad de manera tierna y benevolente porque en ti está lo bueno y lo malo. Puedes reconciliarte con lo que tienes, trabajarlo, integrarlo para que te construya. En esta gestación tu actitud perseverante de permanente aprendizaje de todo y todos será tu éxito. Este refugio interior que cultiva la calidad del pensar y el sentir es capaz de devolvernos calma, tranquilidad, equilibrio y confianza. Si la voz interior es la referencia, nuestra vida se convierte en milagrosa ya que responde a la verdad original de nuestro ser y va unida inseparablemente a nuestro proceso de crecimiento. Has de desarrollar tu identidad positiva, y no es tarea fácil pero, al reconocerte descubres que todo se conjura para que seas lo que estas llamado a ser. Esto te va dando confianza y coherencia para vivir, entregar tu tiempo y seguir el estilo de vida que tú eliges. Cuando vives lo que eres vas desplegando tu autentica vida y te entregas a ella con entusiasmo y pasión, amando y sintiéndote amado, conviviendo con el ser más importante de tu vida: tú. Te sientes libre desde dentro y liberado para seguir el camino de la vida.

En nuestra vulnerabilidad asumida somos poderosos y podemos vivir en la plenitud del amor que se despliega en nuestro ser. Contemplando y dando somos felices y cada momento es una oportunidad para vivir la fiesta que es existir entre las cosas concretas que se visten de luz y de belleza por el amor que las envuelve. Esta opción libre por esta belleza y el compromiso de extenderla a todo y todos es expansiva y llena todo de armonía. Encontrarte a ti mismo y desarrollar también los talentos del otro es una predisposición que se enraíza y nos define como seres humanos en interrelación permanente. Esta obra de cuidado mutuo nos permite ser y gestarnos desde el único manantial que brota en la interioridad de todo ser humano. Cuidarse se convierte en la máxima expresión de comunicación por ser una presencia significativa, empática e interpersonal. Es la actitud hacia ese ser cercano al que te dedicas dejando tus cosas, sintiéndote útil y creativo ante ti y frente a todos. Ese valor colectivo nos hace fraternos, solidarios, personas de bien en esta familia universal. Esta experiencia amorosa, fruto de una decisión personal, es el camino de la felicidad que responde a tu sentir, a tu voluntad y a tu habilidad para manejar tus cualidades y límites.

Cosmovisión sanadora

El cuidado de las personas, de sí y del otro, es la tarea más plenificante de la vida. El bienestar que prestamos ayuda a mejorar a otros y nos vuelve multiplicado. Necesitamos conocer, escuchar, prestar atención…, porque eso implicará cuidar de todo lo que la persona puede llamar suyo. Para desarrollar actitudes favorables en esta línea primero uno ha de reflexionar y conocerse, orientando su vida en valores como: la paz interior, la autoestima, el respeto, la alegría, la solidaridad, el amor … que, además de llevarte a sentirte bien contigo mismo, ayudan a vivir en la armonía de comportamiento saludable para ti y los otros. Cuidar de sí supone hacerte cargo de ti, y elegir como y porque actuamos de una determinada manera. En este camino necesitamos del amor compasivo y tolerante que nos permita sentirnos bien en nuestra propia piel. Solo desde el amor a ti, puedes amar de verdad a los demás y potenciar la inteligencia interpersonal en valores como: la consideración,  el respeto, la tolerancia, la empatía, la compasión, la solidaridad… Todos somos seres frágiles con virtudes y defectos y hay que aceptarlo y comprenderlo así para que el acercamiento sea pacificador y sereno.

Cuidar es compartir nuestros miedos y eso rompe las máscaras y conecta con vínculos afectivos y efectivos. Aquí todos somos únicos y protagonistas y podemos ayudarnos en los problemas que nos afectan a todos. Puedo plantearme qué puedo hacer por esa persona para que su vida sea más plena y pueda desplegar mejor sus propios recursos. El dominio total de la vulnerabilidad es imposible pero podemos vivir desde ella si tenemos estructuras de acogida y orientación que nos ayuden en el desarrollo pleno. La familia es una estructura de acogida fundamental y después la escuela. Ambas instituciones se centran en el otro y tratan de ayudar en el desarrollo de sus dimensiones personales. Pero no hay que olvidar el carácter bidireccional de la educación por lo que en algunas ocasiones intercambiamos los roles en esta pedagogía de la vida y para la vida llena de referentes personales que afectan a todas y cada una de las dimensiones del ser. Por eso el encuentro físico, el contacto, el compartir tiempo y espacio son tan importantes.

Una humanidad humana y humanizante

Josep Alegre

Cuidar es reconocer la situación y compartir la carga. La raíz del cuidar es la compasión que interioriza el sufrimiento de otro ser humano, lo vive solidariamente como propio, haciendo todo lo posible en el desarrollo de esa persona. El cuidador se convierte en confidente: preserva la vida íntima, establece una relación de confianza, construye un vínculo de fidelidad… El cuidado de lo débil es de justicia. Todos somos frágiles por naturaleza pero solo quien asume su vulnerabilidad es capaz de comprender la del otro. En el cuidado se produce un encuentro de dos realidades personales singulares que se miran frente a frente dispuestas a no abandonar a su suerte al que sufre. Es un cuidar–curar unidos en el acompañamiento del que sufre y la respuesta activa que procura por el otro sin sustituirlo. También la madre tierra debe ser cuidada–curada, con una mirada que vaya más allá de lo inmediato.

La escuela es un lugar de experiencia del bien común y nos ayuda a avanzar en la construcción de un mundo mejor para todos. La comunidad educativa como comunidad de cuido, explora el bienestar cotidiano e impulsa el desarrollo de las facultades de sus integrantes no olvidando sus limitaciones y dificultades personales y sociales. Fomenta un modo de ser y estar en el mundo en relación con uno mismo, el otro y lo que le rodea, e incluye cuidados físicos, emocionales y sociales. Enseña a construir, reconstruir y afianzar vínculos que generen seguridad y confianza entre todos. El clima y las condiciones de convivencia se apoyan en relaciones de participación, valoración, respeto, confianza, ayuda mutua, solidaridad… Todos son responsables en el bienestar de todos. La presencia pedagógica está atenta a las condiciones y características individuales, a las necesidades específicas y dificultades… El destinatario exige gran cantidad de cuidos al mismo tiempo que aprenden a practicarlos en interrelación e interdependencia con los demás.

Cadenas globales de cuidados

En la escuela está el fomento de las buenas relaciones interpersonales y el sentido de identidad de acuerdo a unos valores que dirigen a cuidar, cuidarnos y cuidarse. El cuidado de la convivencia fortalece a los individuos y al grupo en el proceso de aprendizaje y orienta a los maestros en el descubrimiento de la forma particular de aprender de cada alumno para ayudarle mejor en el desarrollo de sus fortalezas, identificando sus ritmos y estimulando su crecimiento. Ayudando a los alumnos a conocerse a sí mismos y valorando sus propias habilidades se propicia el desarrollo colectivo basado en las diferencias. Se fortalece la participación, la red de relaciones sociales y de trabajo colectivo. Se aprender a no ser indiferente a las personas y al entorno. Los cuidados llegan a toda la persona: el conocimiento anatómico y biológico, las actitudes y practicas saludables, el autocuidado, la expresión y manifestación externa… Todo ha de llevarles a tener una visión positiva de la vida, a aprender a trabajar juntos y a ser profundamente solidarios.

Los valores y capacidades centrales son: la autonomía, la autoestima, el empoderamiento, la participación,  las relaciones afectivas, la empatía, el cuidado, la comunidad, la solidaridad… Este cuidado tiene doble vía porque también ellos pueden y deben cuidar y esta asociado al curar que conduce al bienestar. Su responsabilidad hacia los otros es también ayuda y obligación de ayudar a resolver la necesidad asumiendo por ejemplo responsabilidades de cuido con los más pequeños. Esta manera de intervenir va contribuyendo a la corresponsabilidad y al desarrollo del sentido de solidaridad como primer paso de un buen ciudadano: el cuidado como vínculo de respeto, confianza, ternura y amorosidad, que generan también libertad responsable. No solo los hechos sino también el lenguaje deben ser inclusivos para hacer visible que todo y todos somos iguales en el cuido a la hora de consolar, limpiar, explicar, participar…

Josep Alegre

Interdependientes y ecodependientes

Cuidar es poner atención y brindar esperanza en algo o alguien en quien previamente he pensado. En la educación cada actividad educativa implica una acción que cuida y acompaña: la apertura y flexibilidad para ponerse en lugar de otro esta en el inicio del cuido; el escuchar y escucharnos respetuoso y atento nos oxigena y tiende puentes de cooperación; el desarrollar la atención hacia las necesidades del otro crea vínculos de cuidado realistas y respetuosos. Esta ampliación de perspectivas y ensanchamiento del punto de vista personal esta en la base de cuidar y recibir cuidados. La elasticidad es especialmente importante en contextos de vulnerabilidad que provoca alteración de planes y  adaptación frecuente. El ser humano es interdependiente y ecodependiente y por eso el cuidado de las personas y de la naturaleza son imprescindibles en la sostenibilidad de la vida y en el avance de la humanidad de manera justa.

Cualquier intervención de la comunidad humana se basa en una metodología con los objetivos comunes. Necesitamos tiempo para conversar, para estar juntos, para compartir espacios comunes entre grupos distinto. El mundo es una red de relaciones que se retroalimentan. Nuestra condición social tiene efectos en sus acciones y omisiones. La cultura del cuidado debe incluir a todas las personas, atravesar todas las etapas y ámbitos de la vida. Ser creativos en este campo pasa por descubrir situaciones, fortalecer lazos, inventar acciones, que nos lleven a encontrar nuevamente lo esencial que nos ha de permitir encontrar soluciones colectivas a situaciones de descuido cada vez más urgentes.

Josep ALEGRE
Profesor, filólogo y educador socio-cultural
Barcelona, España
Noviembre de 2021

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