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	<title>diálogo | Revista RE Castellano</title>
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	<description>Revista de pensamiento y opnión</description>
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	<title>diálogo | Revista RE Castellano</title>
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		<title>El diálogo como un espacio de encuentro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Apr 2025 04:58:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[autismo]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Empatía]]></category>
		<category><![CDATA[pedagogía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pedro TORRES</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/04/el-dialogo-como-un-espacio-de-encuentro/">El diálogo como un espacio de encuentro</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_25401" aria-describedby="caption-attachment-25401" style="width: 896px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/DSC08924-scaled.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class=" wp-image-25401" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2025/04/DSC08924-1024x680.jpg" alt="" width="896" height="573" /></a><figcaption id="caption-attachment-25401" class="wp-caption-text">Fotografía: Javier Bustamante</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Hace unas semanas, en la Región del Ñuble, en el sur de Chile, se produjo un serio incidente. Un estudiante de 14 años, agredió a una profesora dejándola gravemente hospitalizada con fractura de cráneo incluida.</p>
<p style="text-align: justify;">La brutal noticia podría haber quedado sólo en la página roja de los noticieros y haber generado debates sobre lo mucho que hemos perdido los y las profesoras en cuanto a condiciones de trabajo, a seguridad laboral, a valoración social, en un mundo cada vez más irrespetuoso e irreflexivo respecto de la importancia de los procesos educativos que se viven en la escuela.</p>
<p style="text-align: justify;">El hecho que amplía la reflexión y que le da sentido a este texto es que el estudiante en cuestión se encuentra en el espectro del autismo, lo que en ningún caso disminuye la gravedad de lo ocurrido, pero que, al calor de la reacción de la opinión pública, en las redes sociales y en los diversos espacios de debate y reflexión, abre matices complejos que tienen que ver con el cómo estamos, avanzadas las primeras décadas del siglo XXI, conviviendo con las diversidades que resultan ser los otros y las otras, independientemente del apellido que lleven esas otredades: inmigrantes, personas con movilidad reducida, adultos mayores, diversidades sexuales, neurodiversidades, diversidades culturales, idiomáticas, de clase social, de género, religiosas, raciales, en fin.</p>
<p style="text-align: justify;">En este caso específico la discusión en las redes sociales comenzó desde lo básico:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Que la profesora había ocupado un trato despectivo, provocando al estudiante y favoreciendo su desregulación</li>
<li>Que los profesores no están preparados ni capacitados para esta suerte de ola de estudiantes con Trastorno del Espectro Autista (TEA)</li>
<li>Que el gobierno no facilita los recursos para implementar adecuadamente la integración de estudiantes neuro diversos en las escuelas.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Enseguida, tras esta primera andanada de discursos que adquirían cada vez mayor virulencia, comenzamos a entrar en el fondo y en lo más preocupante del debate y que da cuenta de nuestra fragilidad ciudadana frente a lo que entendemos como lo diferente a nosotros, lo distinto a nuestro sistema de creencias, o simplemente lo distinto tan distinto que no somos capaces de comprender, un mar de prejuicios y estereotipos que definen una parte sustancial de nuestra cultura.</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Estos niños no deberían estar en los colegios “normales” y deberían estar en lugares “especiales” para ellos y ellas</li>
<li>Estos niños y niñas son peligrosos</li>
<li>Yo envío a mi hijo/a para que aprenda y esté tranquilo en la escuela</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Estos comentarios y otros más extremos aún, forman parte de una cadena discursiva que no considera que la agresividad no es una característica exclusiva del mundo autista. La agresividad es una condición natural de la especie humana, rastros, presentes aun, de nuestra etapa más primigenia, cuando debíamos combatir a muerte por el alimento y la vida dependía de nuestra fortaleza. Y la agresividad existe y se manifiesta, en mayor o menor medida debido a múltiples factores, muchos de ellos externos a la propia persona. Pero el problema, para la opinión pública, tan visceral y poco empática, es el mundo autista, ese mundo tan desconocido, extraño, inentendible, de niños, niñas y adultos peculiares, ajenos a nuestra realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Una semana después del incidente señalado, se produjo otro acto de violencia, esta vez contra una estudiante, también en el espectro del autismo. Esta joven, frente a su impávida profesora y grabada en todo momento por las cámaras de algunos teléfonos celulares de sus compañeros y compañeras para las que la situación era todo un espectáculo, fue brutalmente golpeada por una compañera, tras recibir insultos y amenazas por largos minutos.</p>
<p style="text-align: justify;">Entremedio de estos dos incidentes, aparentemente aislados, las redes sociales ardían. La mayoría de los comentarios centrados en la necesidad de culpar a alguien, sea persona o institución. Esa profunda pulsión humana por tener alguien en quien descargar nuestra molestia o nuestra ira en los casos más extremos y una carencia absoluta de propuestas racionales para resolver conflictos, pero sobre todo, en la ausencia de empatía.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que el debate, en su ruidosa exposición no deja ver, es la necesidad de contar con herramientas discursivas que nos permitan expresar nuestra opinión, sin que esto signifique denostar la dignidad del otro/a. Una discusión, entendida en contexto actual, busca imponer mi modo de pensar en el otro, lo que naturalmente provoca una reacción, y esa reacción cierra las posibilidades del encuentro.</p>
<p style="text-align: justify;">El diálogo, esa necesidad de expresar a través de la palabra hablada, es la experiencia crucial que, a ojos del biólogo chileno Humberto Maturana, fortaleció nuestro despegue cognitivo y es algo mucho más complejo que una mera conversación.</p>
<p style="text-align: justify;">Vincularnos en el diálogo es lo que nos hace profundamente humanos, lo que abre nuestro campo emocional, lo que nos hace resonar, vibrar, estar en sintonía, conectar con la experiencia del otro/a; es lo que le da sentido al aprendizaje, lo que abre la posibilidad de conocer al misterioso e intrincado mundo que resulta ser la otra persona. Es el camino para generar relaciones respetuosas, empáticas que disuelvan prejuicios que pudieran haber estado anquilosados en el tejido social. Y Chile y América en general, desde el proceso colonizador europeo, somos un laboratorio digno de análisis profundo pues el prejuicio, el miedo, el desprecio hacia el otro, forman parte sustancial de nuestro ethos.</p>
<p style="text-align: justify;">El diálogo es el espacio natural que nos permite interactuar, generar cultura, vivir la diversidad que implica escuchar a otros mundos diferentes al nuestro. El diálogo, en contextos de resolución de conflictos, es la herramienta primordial para activar los resortes de la mediación, lo que permite lograr acuerdos significativos, duraderos y respetuosos de las partes en tensión.</p>
<p style="text-align: justify;">En el contexto de la América de nuestros pueblos ancestrales el diálogo era un espacio de profunda connotación ritual. Al ser, la mayoría de nuestras culturas, incluida la mapuche, culturas ágrafas, el diálogo no era una cuestión menor. Era una estructura con diversas categorías relacionales, que construía consensos y acuerdos permanentes. Baste recordar que, en el contexto de la llamada Guerra de Arauco, en la que el pueblo mapuche no pudo ser vencido ni doblegado por el Imperio español, luego de una prolongada guerra de casi 300 años, el diálogo, en la figura de los “Parlamentos”, fue fundamental, para que nuestras autoridades se relacionaran en igualdad de condiciones con los representantes del imperio en el territorio que hoy es Chile y pactaran acuerdos duraderos que sólo el joven Estado Nacional chileno pasaría a llevar violentamente, pero esa es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Si la empatía es el espacio relacional en el cual las personas nos encontramos en un contexto de mutuo respeto y aceptación, la alteridad es el espacio en que nuestras sociedades aprenden a relacionarse en un marco de sana convivencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Aprender del mutuo respeto y, en el caso particular de las personas neurodivergentes, aprender de sus sensibilidades, de su forma particular de ver y relacionarse con el mundo, nos fortalece, nos hace transitar y habitar el espacio de la dignidad y pensar como colectivos en los que nadie sobra y en los que todos tenemos algo que aportar, desde nuestra genuina diferencia, lo que, en definitiva, se traduce en una sociedad sana, con un poderoso tejido social en el que la desigualdad y la violencia asociada a esa desigualdad, disminuyen notablemente.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez el camino hacia la paz debe partir en el mutuo reconocimiento del otro y de la otra a través de diálogo tal vez el “valor” de la palabra debe volver a restituirse y ubicarse en un campo ritual y, por ello sagrado. Tal vez ese sea un camino razonable.</p>
<p><em>Pedro TORRES QUINTREL  </em><br />
<em>Profesor de Educación General Básica </em><br />
<em>Académico Adjunto Universidad de las Américas (UDLA) </em><br />
<em>Pedagogo Social </em><br />
<em>Coach Ontológico</em><br />
<em>Santiago de Chile, Chile</em><br />
<em>Abril de 2025</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2025/04/el-dialogo-como-un-espacio-de-encuentro/">El diálogo como un espacio de encuentro</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Sabiondos y sabelotodo</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/06/sabiondos-y-sabelotodo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 04:58:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></category>
		<category><![CDATA[sabiduría]]></category>
		<category><![CDATA[sabiondo]]></category>
		<category><![CDATA[Sabiondos y sabelotodo]]></category>
		<category><![CDATA[sieteciencias]]></category>
		<category><![CDATA[Vivir sabiamente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jaume AYMAR</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_15596" aria-describedby="caption-attachment-15596" style="width: 240px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/sabiondo.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-15596" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/sabiondo-200x300.jpg" alt="" width="240" height="360" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/sabiondo-200x300.jpg 200w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/sabiondo-682x1024.jpg 682w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/sabiondo.jpg 852w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15596" class="wp-caption-text">«Si no aprendemos (&#8230;) a vivir sabiamente<br />(&#8230;) nos convertiremos en sabiondos y<br />sieteciencias en el sentido más <br />peyorativo de estas palabras.»<br />Imagen de M W en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">De un sabio, nuestros mayores nos decían –con cierta ironía– un sabio o un siete ciencias. Una palabra esta última que viene de la llamada Edad Media que, por cierto, no era solamente una edad oscura sino también luminosa, es necesario sólo que leamos y meditemos la <em>Divina Comedia.</em> (Ballarín, Ani): un sieteciencias, era alguien que había estudiado el <em>trívium</em> (tres vías o caminos), gramática, dialéctica y retórica, y el <em>cuadrívium</em> (cuatro caminos), que agrupaba las disciplinas científicas relacionadas con las matemáticas. La suma del <em>trívium </em>más el <em>quadrívium </em>eran estas siete ciencias clásicas. ¿Qué ha quedado hoy?</p>
<ol>
<li style="text-align: justify;">La <strong>gramática</strong>, la ciencia del uso correcto de la lengua, ayuda a escribir y a hablar con propiedad. Hoy, las filologías parecen en decadencia, pero estamos escribiendo más que nunca por las redes, los expertos en duelo recomiendan poner por escrito nuestras penas para elaborarlas, hay técnicos de comunicación y logopedas para ayudar a expresarse a todas las generaciones&#8230;</li>
<li style="text-align: justify;">La <strong>dialéctica</strong>, la ciencia del pensamiento correcto, que ayuda a buscar la verdad. Hoy se habla de las inteligencias múltiples (Goleman) y, hay una pujanza de la mal llamada inteligencia artificial que es muy útil, pero que incluso puede convertirse en ridícula si no dialoga con la natural, con todos los matices. Un conductor se peleaba con el GPS hasta que su esposa que iba de copiloto le dijo con suave ironía: «no es interactivo».</li>
<li style="text-align: justify;">La <strong>retórica</strong>, la ciencia de la expresión, que enseña a colorear las palabras. Pongamos hoy los políticos, aunque la política –como decía un monje– ha pasado de ser el arte de gobernar la polis (tarea propia de los filósofos) a la ciencia más injuriada («todo es política» dicen despectivamente). Pongamos hoy todas las técnicas de comunicación y de marketing&#8230; al servicio de unas renovadas ciencias políticas.</li>
<li style="text-align: justify;">La <strong>aritmética</strong>, la ciencia que enseña a hacer números. Casi no la usamos en nuestra habla, pero hoy se habla de algoritmos matemáticos, de los conjuntos de operaciones ordenadas que sirven para encontrar la solución de un problema, es decir una serie de instrucciones que son útiles para obtener un resultado final.</li>
<li class="mceTemp" style="text-align: justify;">La <strong>geometría</strong>, la ciencia que enseña a calcular. Gaudí se definía como geómetra (aunque no hubiera sido prácticamente nada sin su calculista Berenguer) y gente de todo el mundo viene a ver la Sagrada Familia sin darse cuenta de que en realidad están fascinados por sus formas geométricas, tan armónicas, grandiosas y, al mismo tiempo, con mesura humana.
<figure id="attachment_15601" aria-describedby="caption-attachment-15601" style="width: 203px" class="wp-caption alignright"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/ninos.jpg"><img decoding="async" class="wp-image-15601" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/ninos-169x300.jpg" alt="" width="203" height="360" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/ninos-169x300.jpg 169w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/ninos-576x1024.jpg 576w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/ninos.jpg 720w" sizes="(max-width: 203px) 100vw, 203px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15601" class="wp-caption-text">«Los niños son sabios,<br />sus respuestas nos sacuden.»<br />Imagen Francisco Montero, Pixabay</figcaption></figure></li>
<li style="text-align: justify;">La <strong>astronomía</strong>, la ciencia que enseña a cultivar el estudio de los astros. Ante la <em>pantallización </em>de la cultura (Esquirol) debemos volver a mirar las estrellas. Hoy se habla con naturalidad de las posibilidades que abriría la vida en otros planetas.</li>
<li style="text-align: justify;">La <strong>música</strong>, la ciencia que enseña a producir notas. La música llena el espacio que hay entre la palabra y el silencio (Torralba). Hoy llega a todas las edades, especialmente las más jóvenes en todo tipo de apoyo y en escuelas en algunos países como Costa Rica que ya la han integrado en su programación habitual.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Y todos estos saberes hay que colgarlos en el colgador del realismo existencial (filosofía). Porque en último término, todo cuelga de una teología renovada que dialogue con las inspiraciones de los místicos y que esté abierta al diálogo intercultural e interreligioso.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Las lecciones de vida de niños y ancianos</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los niños son sabios, sus respuestas nos sacuden. Para ellos los adultos no somos sabios, sino sabiondos o sabelotodo, aunque nunca usen estas palabras. Sólo hay que escucharlos. Era en el cambio de siglo, un programa televisivo, <em>Ciudadanos</em>, con guión del sociólogo Salvador Cardús, estaba dedicado a los niños y contenía una respuesta de una niña de unos siete años que hoy se habría convertido en viral. Le preguntaban: «¿cómo son los adultos?» Y ella, un poco estirada, respondía: «los adultos son pesados, cotillas y dicen cosas que no son». Era como decir: están muy encima nuestro, nos hacen demasiadas preguntas y tienen una percepción de la realidad que no es la nuestra y, por lo tanto –según nosotros– es errónea. Hace muy poco la Maia, una niña de 9 años, en un almuerzo donde los niños eran minoría, añadía valiente: «los adultos sois aburridos». Se entiende: los niños y niñas jugamos y estamos contentos. Los adultos no, o no lo suficiente.</p>
<figure id="attachment_15606" aria-describedby="caption-attachment-15606" style="width: 396px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/siete-ciencias.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-15606" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/siete-ciencias-300x202.jpg" alt="" width="396" height="266" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/siete-ciencias-300x202.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/04/siete-ciencias.jpg 530w" sizes="auto, (max-width: 396px) 100vw, 396px" /></a><figcaption id="caption-attachment-15606" class="wp-caption-text">«Todos estos saberes hay que colgarlos en el colgador del<br />realismo existencial (filosofía). Porque en último término, todo cuelga<br />de una teología renovada que dialogue con las inspiraciones de los<br />místicos y que esté abierta al diálogo intercultural e interreligioso.»<br />Imagen de Jill Wellington en Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Todos viajamos constantemente de la realidad a la ficción, pero los niños se entretienen más en la ficción (Aranguren). A todos conviene por ejemplo descubrir la sabiduría escondida del juego sano. Tocar un instrumento es jugar. El catalán y castellano «tocar el piano» en francés es <em>jouer du piano</em> o <em>play the piano</em>. Literalmente: «jugar al piano». Y el juego que dejamos en la infancia, lo retomamos en la ancianidad. He visto una fotografía de Pau Casals –violonchelista de fama mundial– de anciano, corriendo por la playa con una cometa. Incluso las realidades más sublimes, como la eucaristía en la tradición católica, es un tipo de juego (González Padrós).</p>
<p style="text-align: justify;">«Niños nacemos, niños volvemos», dice la sabiduría popular. Los dichos son tesoros de sabiduría. Esto quiere decir que, tomadas al pie de la letra, pueden contener errores, pero todo error contiene un núcleo de verdad y cuando mayor es el error, mayor el núcleo de verdad que contiene (Ratzinger): es evidente que los ancianos viven el tiempo de otra manera: se fijan objetivos a corto plazo. Sienten que el tiempo es un tesoro que se les escapa y se vuelven contemplativos del momento presente y de las realidades cotidianas. Para un anciano –como para un niño– sólo hay dos tiempos verbales: &#8216;ahora&#8217; y &#8216;no ahora&#8217;. Una anciana enferma estaba sentada en el pasillo de un hospital, pasaban los médicos a hacer visita. Un médico joven le dijo impertinente: «usted señora debe hacer poco ya en esta vida&#8230;» Y ella le respondió: «doctor yo hago algo muy importante: veo vivir.» En Andalucía, un viejecito se sentaba al inicio de un callejón sin salida. Los turistas pasaban curiosos y le decían: «¡buen día!» Y él les respondía con: «¡hasta luego!» (Pemán).</p>
<p style="text-align: justify;">Los adultos aprendemos a hacer poso de sabiduría o a vivir sabiamente cuando dialogamos con el niño que fuimos y con el anciano que quizás seremos. Si no, nos convertiremos en sabiondos y sieteciencias en el sentido más peyorativo de estas palabras.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Jaume AYMAR RAGOLTA</em><br />
<em>Historiador del Arte (URL). Sacerdote<br />
Barcelona, España</em><br />
<em>Artículo publicado originalmente en la Revista RE num. 116, edición catalana</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/sabiondos-y-sabelotodo/">Sabiondos y sabelotodo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Palabras y discursos</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/06/palabras-y-discursos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2024 04:58:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Begoña Román]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[logos]]></category>
		<category><![CDATA[pacificar]]></category>
		<category><![CDATA[Palabras y discursos]]></category>
		<category><![CDATA[resentimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Begoña ROMÁN</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_16679" aria-describedby="caption-attachment-16679" style="width: 612px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/foto-RE-paz-junio-2024.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-16679" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/foto-RE-paz-junio-2024.jpg" alt="" width="612" height="409" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/foto-RE-paz-junio-2024.jpg 612w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/06/foto-RE-paz-junio-2024-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 612px) 100vw, 612px" /></a><figcaption id="caption-attachment-16679" class="wp-caption-text">Fotografía: Istock</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">El título de este artículo, de forma expresa, diferencia dos conceptos: palabras y discursos, porqué en la sociedad actual la comunicación se hace en tuits, con los que intentamos condensar el máximo de información en frases cortas construidas con pocas palabras. Incluso buscamos la comunicación sin palabras, simplemente con imágenes o emoticonos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por este motivo es importante diferenciar entre palabra y discurso. La palabra tiene que ser muy connotativa, referente, clara y explícita, para que no deje espacio a la confusión. La palabra es como un bit, una unidad de información muy condensada. Así pues, si la palabra es correcta, aunque exista deficiencia en la comunicación, no hay posibilidad de múltiples interpretaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras que la complejidad es propia del discurso. El discurso es un encadenamiento de palabras, que no se puede confundir con un listado sin conexión, ya que precisamente en él los términos conectivos tienen una función muy importante. Exige una ligazón de ideas. Y, además, todo discurso es un texto, formulado en un contexto y con un pretexto.</p>
<p style="text-align: justify;">En la actual sociedad mediática acelerada destaca el poco tiempo que se ofrece a los discursos, cada vez más se pierde el hábito intelectual del uso de los términos conectivos, la importancia de los tonos, la aplicación de comas, etc. No es lo mismo decir: “No vengo” que “No, vengo”. Es evidente que una coma puede cambiar todo el significado, el tono o el registro de una sola frase.</p>
<p style="text-align: justify;">La pérdida de la riqueza del discurso es evidente. Según especialistas de las academias</p>
<p style="text-align: justify;">hispanoamericanas, un ciudadano medio español no utiliza más allá de mil palabras –los jóvenes no superan las 300 palabras- y solo los muy cultos alcanzan los 5.000 vocablos. Esto es un porcentaje ridículo, ya que el diccionario de la Real Academia Española define unas 88.500 palabras, lo cual representa una gran pérdida de lenguaje y un empobrecimiento mental. No es lo mismo decir estoy triste, chungo, taciturno o melancólico. Deberíamos ser conscientes de las diferencias y los matices de estos términos, pero muchos ciudadanos ni lo son ni conocen algunos de ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y todo esto, ¿qué relación tiene con la pacificación? Pues, mucha. El lenguaje es terapéutico, por eso un empobrecimiento del lenguaje complica el trabajo con las víctimas. Muchas veces la terapia no puede llevarse a cabo porqué las víctimas no hablan, se aferran al silencio, son incapaces de expresar su situación con palabras, por qué no tienen suficiente riqueza de vocablo ni siquiera diálogo interior.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Discursos envenenadores</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La palabra envenenamiento se refiere a dos características típicas de este tipo de discursos: va directamente a generar un mal, es decir, tienen como objetivo la aniquilación del otro o, por otro lado, busca generar algún tipo de resentimiento o rencor, efecto aún peor en términos de cultura de paz, porqué este mal es menos visible que el físico y, generalmente, no somos conscientes de ello. Un ejemplo es el denominado lenguaje “políticamente correcto”; un lenguaje aceptado, pero cínicamente violento, y que va envenenando poco a poco. Hay mucha gente que nunca pierde la compostura, pero ejercita una lengua viperina, de serpiente venenosa.</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, a pesar del famoso dicho —“las palabras se las lleva el viento”— estas, una vez</p>
<p style="text-align: justify;">pronunciadas, quedan en el aire y pueden cortarlo. En general, quien las ha pronunciado se olvida, pero no quien las escucha. A veces las palabras quedan enclaustradas y resuenan por mucho tiempo en la cabeza del oyente que no puede olvidarlas. En estos casos, debemos preguntarnos: ¿Quién responde de lo que se ha dicho? ¿Quién es responsable por lo que dejó de decirse? ¿Quién se hace responsable del envenenamiento de las palabras y los discursos? Esta es la cuestión.</p>
<p style="text-align: justify;">Logos (en griego λóγος -lôgos-) significa “palabra”, “habla” o “discurso”, pero también “razón”, “razonamiento” o “pensamiento”. Mi voluntad, con esta reflexión, es recuperar el “logos” de la palabra y, literalmente, desarmar la palabra. El poeta español Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911-Madrid, 1991) escribió La poesía es una arma cargada de futuro (Cantos Íberos,1955), pues debemos desarmar la palabra para que un futuro en paz sea posible. Igual que el veneno, los discursos envenenadores, en grandes dosis son letales —de forma rápida o lenta—, pero en pequeñas cantidades pueden resultar curativos. Debemos, pues, ajustar la dosis del veneno de los discursos para que estos sean curativos y no mortales o generadores de resentimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Fragmento del libro: <em>Discursos envenenados</em> (Barcelona, 2012)</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Begoña ROMÁN MESTRE</em><br />
<em>Filósofa</em><br />
<em>Barcelona, España</em><br />
<em>Junio de 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/06/palabras-y-discursos/">Palabras y discursos</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Cuatro errores al escuchar</title>
		<link>https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Feb 2024 05:59:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Cuatro errores al escuchar]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[escucha]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Silencio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/">Cuatro errores al escuchar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Tocamos de nuevo el<strong> tema de la escucha</strong> porque es <strong>realmente clave</strong> en las relaciones humanas. Parece una cosa sencilla, pero&#8230; ¡qué difícil es encontrar personas realmente «<strong>escuchatanas</strong>» (versus «charlatanas»).</p>
<p style="text-align: justify;">En el diálogo, cuando alguien desea compartir algo importante, solemos <strong>caer una y otra</strong> vez en <strong>frases rutinarias</strong> y <strong>respuestas estandarizadas</strong> que rompen el puente, <strong>aplanan el deseo</strong> de <strong>compartir</strong> algo que con frecuencia <strong>tiene mucho de impreciso</strong> en el interior de la persona.</p>
<p style="text-align: justify;">La escucha es muchas veces una especie de «<strong>ayuda al parto</strong>» de algo que está dentro de la persona que intenta expresarlo, pero <strong>no siempre lo tiene bien definido</strong>, no encuentra las palabras que le hagan justicia a un sufrimiento, a una vivencia, a un deseo, a una desilusión. Quien escucha bien, ha de tener <strong>mucha </strong><b>sensibilidad</b> para <strong>acoger con la mirada y el silencio</strong>, los intentos de la persona que se esfuerza en expresar algo difícil de formular.</p>
<p style="text-align: justify;">Traigo aquí algunas de esas <strong>rutinas erróneas</strong> que solemos introducir en la conversación que pretende ser «de escucha» y que suelen producir el efecto contrario al deseado: la persona que quería ser escuchada se calla, o cae a su vez en frases rutinarias que parecen satisfacer al supuesto escuchador.</p>
<ol>
<li style="text-align: justify;"><strong>Responder contando mi propio caso</strong> o un caso similar. Ante las primeras frases de quien expresa algo, rápidamente saltamos expresando nuestra propia experiencia, ilustrando cómo resolvimos una situación que nos parece similar, o evocando algún caso próximo que nos parece encajar bien en la narración de la persona. ¡<strong>Qué gran error</strong>! Quien está intentando decir algo que para ella o para él es una<strong> situación única</strong>, personal, irrepetible, <strong>no gana nada</strong> porque le digan que es un<strong> caso frecuente</strong> y no tiene nada de original. El abc de la escucha es dejar que la persona se explique, se explaye <strong>poniendo palabras a una vivencia interior</strong>. Es justamente <strong>eso lo que le ayuda</strong>. Cualquier respuesta que <strong>desvíe el foco</strong> hacia el escuchador o hacia un tercero, impide este vital proceso interior que realmente puede marcar la diferencia.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Evaluar la situación desde nuestra jerarquía de valores</strong>. Precipitarse a dar una <strong>calificación ética</strong> o práctica a lo que nos están contando, es un <strong>error muy frecuente</strong> en las conversaciones de confianza. Pero esa valoración -sea positiva o negativa- provocará casi de inmediato<strong> la justificación y la defensa de sus acciones</strong>, o directamente el silencio, cuando no el maquillaje de la narración para lograr un «aprobado». Es clave <strong>acallar nuestro hábito de enjuiciar</strong> las cosas. Claro que uno tiene una opinión, pero no ayuda nada el expresarla si no se nos pide explícitamente. Hay que <strong>dejar que sea la propia persona quien valore</strong> por ella misma lo que está en juego.</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Intercalar frases hechas y rutinarias</strong>. Los<strong> refranes y las frases prefabricadas</strong> son frecuentes en nuestras conversaciones: «tenía que pasar, estaba escrito», o «todo será para bien», o «ánimo, échale ganas». Nada de esto ayudará a una persona que debe lidiar con sus propios claroscuros, <strong>con sus límites, con su incoherencia</strong>. Es mucho mejor <strong>plantear preguntas</strong> adecuadas para que la persona pueda formular de varias maneras diferentes lo que está viviendo, pues eso le ayudará mucho más que nuestras frases genéricas. Por ejemplo: «¿Y cómo te sientes con esa decisión?», o bien «¿Te había pasado algo similar en otras ocasiones?» o «¿Qué cosas te han dado resultado en momentos similares?».</li>
<li style="text-align: justify;"><strong>Interrumpir para hablar de otra cosa</strong>. Incluso aunque uno diga que es «entre paréntesis», <strong>una cuña sobre otro tema</strong> en el contexto de una conversación importante, <strong>esterilizará la vivencia de acogida</strong> que se pudiera haber establecido. Es muy difícil luego retomar el hilo, <strong>recrear el clima</strong> -tantas veces frágil y volátil- <strong>de confianza,</strong> que permita a la persona expresarse. En este sentido también interrumpen y dañan la conversación los quehaceres simultáneos (ver el móvil, mover platos o tazas, ofrecer café&#8230;). Todo lo que haga poner en duda la «atención plena» por parte de quien escucha, deteriora ese vehículo invisible de la conversación significativa, que es la <strong>acogida incondicional</strong>.</li>
</ol>
<figure id="attachment_13931" aria-describedby="caption-attachment-13931" style="width: 399px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-13931" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-300x201.jpg" alt="Mirar a los ojos ayuda mucho" width="399" height="267" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-300x201.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280-1024x686.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2024/02/man-1169309_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 399px) 100vw, 399px" /></a><figcaption id="caption-attachment-13931" class="wp-caption-text"><em>             Los gestos muestran el interés real en el otro</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Los<strong> gestos, la mirada, la quietud</strong> de quien escucha, pueden ser enormemente elocuentes y expresar el auténtico interés que se tiene en comprender al otro, en dejar que se explique, en ayudarle a reacomodar las piezas mal situadas en su propio interior.</p>
<p style="text-align: justify;">El <strong>silencio es el recurso por excelencia</strong>, de la escucha auténtica. Un<strong> silencio acogedor</strong>, un silencio que recibe, que no juzga, que anima a continuar, que expresa sin decirlo ese «cuéntame» que permite a la otra persona ser protagonista de su propia narración y encontrarle su sentido, a veces muy evidente para quien escucha, pero que debe emerger en el corazón del narrador.</p>
<p style="text-align: justify;">Entrenémonos en el <strong>arte de escuchar</strong>, pues ya con ese solo gesto, podemos ayudar mucho a personas que, de otro modo, se sentirían profundamente solas.</p>
<p style="text-align: justify;">Y todos tenemos necesidad, en algún momento de nuestra vida, de un <strong>corazón sabio</strong> que, <strong>sin juzgarnos</strong> ni darnos recetas, simplemente nos <strong>regale tiempo de escucha</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>Madrid, febrero 2024</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2024/02/cuatro-errores-al-escuchar/">Cuatro errores al escuchar</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Paz, lenguaje y biografía</title>
		<link>https://www.revistare.com/2023/03/paz-lenguaje-y-biografia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Mar 2023 05:58:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[biografía]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[pacificación]]></category>
		<category><![CDATA[paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francesc TORRALBA</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/03/paz-lenguaje-y-biografia/">Paz, lenguaje y biografía</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_9577" aria-describedby="caption-attachment-9577" style="width: 660px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/03/ilustracion-RE-marzo-23.jpeg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-9577" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/03/ilustracion-RE-marzo-23-865x1024.jpeg" alt="" width="660" height="781" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/03/ilustracion-RE-marzo-23-865x1024.jpeg 865w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/03/ilustracion-RE-marzo-23-254x300.jpeg 254w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2023/03/ilustracion-RE-marzo-23.jpeg 960w" sizes="auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px" /></a><figcaption id="caption-attachment-9577" class="wp-caption-text">Collage por la artista @thelmavanhi</figcaption></figure>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El uso del lenguaje es determinante en la construcción de la paz. Cuenta el modo de hablar, gesticular, responder a los argumentos del otro. Muy a menudo, tanto en los ámbitos caseros como en los grandes medios de comunicación de masas, el lenguaje se utiliza de forma bélica, agresiva, como una forma de ataque al otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Basta con estar atento a la retórica deportiva y política para poder contrastar esta tesis. Entonces, el diálogo se destruye y la conversación se convierte en una lucha verbal, una especie de competición para dejar en ridículo al otro o para ponerlo en evidencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La pacificación del mundo también depende del uso de la palabra, del modo en que decimos las cosas, cómo respondemos a los argumentos de los demás, cómo reaccionamos a ciertas críticas, observaciones o enmiendas. El lenguaje cuenta en la construcción de la paz, porque es un reflejo de los pensamientos que brotan de la mente. Escribe Ludwig Wittgenstein: “Paz en los pensamientos. Ésta es la ansiada meta del que filosofa”. En efecto, pero para que haya paz en los pensamientos, es necesario utilizar adecuadamente el lenguaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Una buena metodología para avanzar en este terreno es evitar las discusiones y distinciones inútiles que, en términos generales, descomponen el corazón y cierran la puerta a la paz del corazón. Incluso, en el caso de que una persona crea que tiene razón, no es bueno aplastar al otro con los propios argumentos, tampoco es bueno, sin embargo, disimular, dándole la razón para acallarlo y acabar antes. Sería deseable que, sin vencer ni darse por vencido, pudiéramos concluir la conversación con la mayor naturalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Obsesionados por hacer la contra a nuestro interlocutor, estropeamos el arte de conversar, que consiste en la escucha receptiva y en el gozo del intercambio ingenioso y alegre de palabras y sonrisas. Además, el lenguaje agresivo se vuelve contra el propio usuario, que se hace más daño a sí mismo que a su interlocutor, ya que colabora a que se acentúe cada vez más el abismo entre la mente y el lenguaje.</p>
<p style="text-align: justify;">En la vida cotidiana y profesional carecemos de una terapia del lenguaje para purificarlo del exceso de pasión y de verbalismo. Probablemente, el miedo al silencio hace idolatrar el lenguaje hablado y, por consiguiente, la oración deja de ser un diálogo amoroso, para convertirse en un monólogo solipsista.</p>
<p style="text-align: justify;">Un segundo elemento determinante en la construcción de la paz es la relación con la propia biografía. Es difícil poder pacificar las relaciones, poder pacificar la pequeña esfera de mundo en la que vivimos si antes no procuramos estar en paz con la propia vida, con los orígenes y el pasado. Cuando nos lamentamos, obsesivamente, por el pasado que hemos perdido o intentamos planificar egocéntricamente el futuro, no logramos la paz en la propia trayectoria biográfica.</p>
<p style="text-align: justify;">Muy a menudo, no estamos en paz con nosotros mismos porque no acabamos de asumir el pasado o no renunciamos a controlar egocéntricamente el futuro. Y, sin embargo, los sabios de la antigüedad enseñan que el pasado es inamovible y que el futuro es incierto. Querer cambiar el pasado es absurdo; pero pretender controlar los eventos del futuro es ingenuo.</p>
<p style="text-align: justify;">Necesitamos parar, realizar pausas para reconciliarnos con el propio pasado, con nuestra misma génesis. Necesitamos también seguir caminando sin dejar de tener la vista puesta en la meta, pero abiertos a las sorpresas que nos depara el camino en cada esquina.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordar el pasado puede ser un buen modo de consolidar su propia identidad y también un primer paso para reconciliarnos con los orígenes. Ahora bien, si el acto de recordar sólo sirve para lamentarlo, no vale la pena ejercitarse en el recuerdo. No cabe duda de que, en ocasiones, no es fácil vivir reconciliado con la propia génesis. Hay heridas que vienen de la infancia, de relaciones humillantes y vejatorias que dejan profundas llagas en la estructura psíquica de la persona.</p>
<p style="text-align: justify;">Ocultar el pasado es huir por la tangente, pero asumirlo, cuando es tenebroso y difícil, requiere mucha audacia. Volvemos, una y otra vez, sobre el pasado para lamentarlo o sufrimos, innecesariamente, imaginando futuras penalidades que, después, se presentan de una manera completamente diferente a como habíamos anticipado.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos los grandes sabios, tanto de Occidente como de Oriente, recomiendan centrarnos en el presente, como una coraza que nos inmuniza frente a lo que amenaza la paz interior, perturbando por las puertas de los cinco sentidos. Sin embargo, no es fácil vivir con esta conciencia del presente, sin anticiparse a lo que vendrá, ni quedar atrapado por lo vivido. Es un ejercicio que nos devuelve al tiempo de la primera infancia, cuando todavía no había un pasado por recordar, ni se proyectaba un futuro esplendoroso. Sencillamente, se vivía el presente.</p>
<p style="text-align: justify;">La paz con la propia biografía implica también aceptar la propia edad, la que ahora y en este momento tienes. Es muy difícil tener, conscientemente, en cada momento de la vida, la edad que se tiene, nada menos. Es difícil aceptar y asumir, en paz con uno mismo y en paz con la propia edad, lo que hasta ahora hemos sido o hemos dejado de ser, así como la reducción del abanico de opciones que irremisiblemente se produce, a medida que avanza la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasamos gran parte de la vida sin vivirla. Vamos de un lugar a otro, buscando experiencias intensas, buscando paisajes inolvidables, tratando de sacar todo el néctar de la vida, pero nada acaba de llenarnos. Pensamos que más adelante la viviremos, porque ahora, en las condiciones actuales, es necesario resolver un montón de dificultades. Creemos ingenuamente que llegará un tiempo limpio de nubes, una especie de etapa de oro en la que se podrán hacer realidad los sueños. Nada es más equívoco. Esta esperanza nos desarma de la voluntad de vivir aquí y ahora una vida digna de ser recordada.</p>
<p><em>Francesc TORRALBA ROSELLÓ</em><br />
<em>Filósofo</em><br />
<em>Barcelona, España</em><br />
<em>Marzo de 2023</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2023/03/paz-lenguaje-y-biografia/">Paz, lenguaje y biografía</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>El silencio no es un monólogo</title>
		<link>https://www.revistare.com/2021/10/el-silencio-no-es-un-monologo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Oct 2021 04:56:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[SLIDER]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad y silencio]]></category>
		<category><![CDATA[descalcez]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[El silencio no es un monólogo]]></category>
		<category><![CDATA[escucha]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Bustamante Enríquez]]></category>
		<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[monólogo]]></category>
		<category><![CDATA[realidad]]></category>
		<category><![CDATA[Silencio]]></category>
		<category><![CDATA[soledad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Javier BUSTAMANTE</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/10/el-silencio-no-es-un-monologo/">El silencio no es un monólogo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El claustro es ese espacio físico y simbólico que es a la vez continente y contenido. Para explicar este sentido tomaré prestada una palabra del catalán que es <em>claus</em>. La palabra <em>claus</em> se traduce como “llaves”. Y las llaves sirven para cerrar y para abrir un espacio y lo que él contiene. Por ejemplo, una habitación, un coche, una caja. Pero también las llaves son las claves o las contraseñas con las que abrimos y cerramos un espacio digital, por ejemplo, una cuenta de correo electrónico o una cuenta de banco <em>on-line</em>. Clau, clave, llave, contraseña, <em>password</em>… todas estas palabras hacen referencia a lo mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues si alargamos un poco la palabra <em>claus</em>, tenemos la palabra “claustro”. Un claustro es un espacio aparentemente cerrado, al cual accedían sólo las comunidades que vivían en él y estaba vetado a toda persona ajena a ese grupo humano.</p>
<p style="text-align: justify;">Para quienes vivían en el claustro, estar ahí no era una huida del mundo, un encerrarse. Al contrario, para ellos, cerrar la puerta del claustro tenía el sentido de encerrar afuera al mundo, porque ellos entraban para liberarse de su vida anterior y “abrirse” a la trascendencia. Es así como el claustro, al igual que las llaves, sirve para cerrar y para abrir a la vez.</p>
<p style="text-align: justify;">Este abrirse, para los monjes, tenía una doble vía, la de la soledad y el silencio más personal y la de la vida comunitaria. Cuando estaban cada uno solo en su celda se sabían parte de un grupo, el cual les daba continencia. Y, a la vez, cuando compartían ciertos momentos del día en los espacios y tiempos comunes, no se olvidaban de que seguían siendo ermitaños. Es decir, una cosa no anulaba la otra, sino que la llevaba a plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay otros claustros que no son arquitectónicos y que sirven para gestar o gestionar vida. Como es el claustro materno o el vientre. Aquí evolucionan las primeras células que darán forma y vida a un nuevo ser. O el claustro de profesores, donde se ponen en común las cuestiones importantes de la educación de una escuela. Son espacios y experiencias que se cierran sobre sí para, a su vez, abrirse a la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Partiendo de esta imagen del claustro podemos comprender mejor el germen comunicativo del silencio. Asociamos el hecho de estar en silencio y en soledad a la acción de encerrarnos en un espacio físico. Y está bien, porque una habitación es un buen continente para no dispersarnos o para brindarnos las condiciones físicas de quietud, sosiego, ausencia de ruidos y de distractores externos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pensemos, por ejemplo, en un vaso, este sirve para contener el agua. Ese vaso nos ayuda a beber con más facilidad el agua. Sin él mucha se nos escapará de las manos. Un lugar amable y preparado para el silencio y la soledad, nos ayudará a saborear mejor esta experiencia y, si se da el caso, puede contener las emociones cuando estas se desbordan y servir de dique donde se vuelvan a aposentar.</p>
<figure id="attachment_7268" aria-describedby="caption-attachment-7268" style="width: 482px" class="wp-caption alignnone"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-scaled.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-7268" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-300x169.jpg" alt="" width="482" height="272" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-300x169.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-1024x576.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-600x338.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-1536x864.jpg 1536w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/10/silencio-2048x1152.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 482px) 100vw, 482px" /></a><figcaption id="caption-attachment-7268" class="wp-caption-text">Foto: Javier Bustamante</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Pero, al igual que esos monjes y monjas cuando entran a sus celdas no pierden la dimensión comunitaria, nosotras y nosotros, cuando estamos solos, siempre estamos acompañados. Nos acompaña nuestra sensorialidad, es decir, la información que nos llega a través de nuestros sentidos. Nos acompaña nuestra biografía, toda nuestra vida y la de la cultura que nos ha posibilitado existir. Nos acompañan nuestros pensamientos y emociones. Todo lo que somos está ahí y, de alguna manera, las personas que nos conforman también lo están.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, para las personas que creen en la trascendencia, en lo sobrenatural, sea cual fuere su fe, hay un Ser con mayúscula que también nos acompaña.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni cuando estamos solos, en realidad lo estamos. Entonces, ¿qué sentido tiene el “aislarnos”? Tiene mucho sentido si concebimos el silencio, no como ausencia de sonido, sino como una capacidad de escucha. El silencio no como una boca que se cierra, sino como un corazón que se abre.</p>
<p style="text-align: justify;">La comunicación real se da sólo si los seres que se comunican abren sus canales para que los pensamientos, los sentimientos, las experiencias se conviertan en una vivencia en común, compartida. Y para que se dé esta apertura, este saber estar con los demás, es necesario saber estar con uno mismo. Aprender a escucharse, no tener miedo a la soledad, saber aburrirse y desde una aparente pasividad observar las maneras en que la vida nos habla.</p>
<p style="text-align: justify;">El silencio no es un fin en sí, sino un medio o un estado del ser que nos mueve a salir de nosotros mismos. Partiendo de esta premisa, todo silencio es comunicativo. El silencio comunica a la persona que lo practica con su realidad y dicha persona se abre a escuchar lo que la realidad le transmite.</p>
<p style="text-align: justify;">No voy a hacer silencio porque sí, como si fuera una meta que alcanzar. El silencio es más una manera de estar, de relacionarme, que implica disponibilidad, renuncia a querer controlar la situación. En estado de silencio confluyen el estar y el ser. Se está en silencio, que es como una cuestión más física. Es decir, vamos reduciendo los estímulos externos y vamos centrándonos en nuestros sentidos y nuestra respiración, para ir recogiéndonos. Pero también se es en silencio, lo cual implica que me permito ser quien soy en ese ámbito recogido de libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">Estar en silencio y ser en silencio me ayudan a redimensionar mi existencia y la de todo lo que me rodea, lo cual hace parte de mis circunstancias. Cuando estamos en una habitación a oscuras y de pronto encendemos la luz, descubrimos las cosas que hay en ella y también podemos vernos a nosotros mismos. Todo esto ya estaba antes, a oscuras, sólo que no lo podíamos ver. La luz no transforma la realidad, transforma nuestra mirada sobre la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Más o menos es así como actúan la soledad y el silencio en nuestra vida. La iluminan para que podamos captar su profundidad, la perspectiva de los acontecimientos que vivimos, las relaciones de las personas que nos conforman…</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando nos disponemos en soledad y silencio, nos pensamos que entramos en un monólogo donde hablamos con nosotros mismos. En realidad, más que un monólogo, establecemos diálogos imaginarios y controlados por nosotros con las personas y las situaciones que forman parte de nuestra vida. Este control sobre la situación después lo queremos trasladar a las relaciones reales y resulta que las cosas no son como las imaginamos o planeamos y surge le frustración o los malos entendidos en la comunicación.</p>
<p style="text-align: justify;">Si nos percatamos bien, esta frustración nace de que, incluso estando en “silencio” (entre comillas), no escuchamos la realidad. No nos escuchamos ni a nosotros mismos y trasladamos esta sordera a las relaciones. Normalmente nos gusta tener la razón y es frustrante equivocarse o aceptar los propios límites. Pero la práctica del silencio y la soledad tarde o temprano nos ayudan redimensionar la vida y ver que nuestra parte de verdad es complementaria con la de los demás. Y no sólo complementaria, sino necesaria.</p>
<p style="text-align: justify;">Igualmente pasa con la libertad. Mi libertad, limitada como todo mi ser, es complementaria con la limitada libertad de las demás personas y esto las hace interdependientes y necesarias para construir una libertad que redunde en felicidad compartida.</p>
<p style="text-align: justify;">Conforme vamos avanzando en la vivencia del silencio, nos vamos descalzando de todo aquello que nos aleja del suelo, es decir de la realidad. Y esta descalcez se traslada también a las relaciones personales y a nuestra relación con la creación, con la naturaleza. De tal forma que podemos percibirnos como parte de esa creación, en plano de igualdad con todo lo existente. Así se establece una comunicación más de tipo ontológica que nace, precisamente, del silencio. En estado de silencio es más fácil dialogar con la realidad.</p>
<p><em>Javier BUSTAMANTE ENRIQUEZ<br />
</em><em>Poeta<br />
Ciudad de México, México<br />
Octubre de 2021</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/10/el-silencio-no-es-un-monologo/">El silencio no es un monólogo</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Cómo nos relacionamos a lo largo de la vida?</title>
		<link>https://www.revistare.com/2021/03/como-nos-relacionamos-a-lo-largo-de-la-vida/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Mar 2021 05:59:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[adultez]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
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		<category><![CDATA[Roser Vendrell Maños]]></category>
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		<category><![CDATA[vejez]]></category>
		<category><![CDATA[¿Cómo nos relacionamos a lo largo de la vida?]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Roser VENDRELL</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/como-nos-relacionamos-a-lo-largo-de-la-vida/">¿Cómo nos relacionamos a lo largo de la vida?</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Inicio el artículo con una afirmación: todas las personas tenemos la necesidad de querer y sentirnos queridos; valorados como seres únicos y también importantes. De hecho, nuestras relaciones se apoyan más o menos en esta premisa, pero ¿cómo lo hacemos? Mi aportación se desarrollará teniendo en cuenta el ciclo vital de las personas y desde una perspectiva formativa, en el seno de la familia, la escuela y en nuestros círculos relacionales: los amigos y los compañeros de trabajo.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de constatar que durante el ciclo vital de las personas se suceden rasgos diferenciales importantes que condicionan la relación con el otro, hay unas actitudes que para mí son básicas y se han de encontrar en cualquier relación, se tenga la edad que se tenga. Haré un breve resumen. En primer lugar, una actitud de escucha, estar atento al otro, darle tiempo. Es una actitud que se acompaña siempre de la observación, sabemos que la cantidad de información que nos llega a través de la comunicación no verbal supera con creces la que nos llega oralmente. Si esta actitud se acompaña de la falta de prejuicios y unas expectativas discretas estaremos favoreciendo, sin duda, una relación fundamentada en la confianza en el otro. Y la confianza es la base de cualquier relación positiva.</p>
<figure id="attachment_6345" aria-describedby="caption-attachment-6345" style="width: 331px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/relaciones-en-la-vida.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-6345 size-bd-large" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/relaciones-en-la-vida-331x219.jpg" alt="" width="331" height="219" /></a><figcaption id="caption-attachment-6345" class="wp-caption-text">«Tomar conciencia de la necesidad de cuidar<br />de uno mismo para sentirse a gusto con la vida, <br />y para cuidar del otro es fundamental.»</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">También hay otras actitudes importantes; me refiero a la empatía, la tolerancia y saber esperar. La empatía pide ponernos en el lugar del otro, lo que facilita la comprensión de su mundo y en consecuencia favorece la relación. Respecto de la tolerancia y la paciencia, saber esperar, hay que decir que es una actitud que no está de moda actualmente, pero que resulta imprescindible si queremos respetar al otro. La rapidez, la inmediatez, la velocidad no son factores que favorezcan la comunicación, las relaciones humanas. Y, finalmente, no dejar de ser nosotros mismos, y si en algún momento nos tenemos que posicionar en contra&#8230; hacerlo, por coherencia y dignidad. Esta forma de actuar puede otorgar una autoridad hacia nuestra persona que es básica cuando hablamos de relación educativa, del padre/madre hacia el niño o del maestro hacia el alumno/estudiante. En general yo diría que estas actitudes llevan implícitas, o como consecuencia, el respeto hacia uno mismo y hacia el otro. La aceptación de la libertad y de las opciones personales.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras comentar esta previa incidiré en algunos rasgos diferenciales de las etapas por las que pasamos a lo largo de nuestra vida. Empezamos muy pronto, con las relaciones que se establecen incluso antes del nacimiento. Los padres, más intensamente las madres, establecemos una relación casi unilateral con el niño antes de nacer. En esta relación las respuestas del feto son tan sutiles que hasta ahora no se tenían en demasiada consideración. Es una relación, si se puede decir así, muy incipiente, donde domina la actitud de espera. La ilusión y las expectativas abiertas favorecen en el bebé el establecimiento de una relación afectiva basada en la acogida. Se elabora un vínculo que aportará la seguridad suficiente al niño para permitirle relacionarse con los demás, y explorar el entorno de manera tranquila.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de la primera infancia, hasta los 5/6 años este vínculo afectivo se consolida a partir del amor y de la autoridad del adulto, una autoridad que no tiene nada que ver con el autoritarismo. El amor da seguridad al niño. Sabe que, si lo necesita, hay un adulto que lo ama, le consolará y le ayudará; hay una total confianza. Por otro lado, la autoridad da unos referentes de conducta, unos límites que se asumen porque son necesarios para convivir con los demás. El niño necesita saber lo que está permitido y lo que no. Todo ello reafirma y consolida una relación afectiva que aporta seguridad y favorece el desarrollo y la autonomía del niño, la exploración del entorno y la comunicación con el otro, la confianza. Pero hay en estos años un momento más conflictivo que se da a menudo cuando se amplían las redes relacionales en la escuela infantil u otros ámbitos. Son conductas de autoafirmación personal, de manifestación de la propia personalidad y que pueden ser realmente difíciles de manejar; coloquialmente conocidas como rabietas infantiles. Es una relación donde los padres o adultos de referencia, poniendo límites, continúan dotando al niño de un marco relacional seguro y estable. Para el niño es duro asumir que hay frustraciones, no todo lo que se quiere es posible; y para los padres es difícil mantener unos criterios mínimos, hay que manifestar seguridad y mantenerse tranquilos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-6401 alignright" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280-300x200.jpg" alt="" width="351" height="234" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280-1024x682.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280-600x400.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/01/affection-1866868_1280.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 351px) 100vw, 351px" /></a>Sobre esta base relacional afectiva y segura, se establece durante unos años una relación serena con el otro, podríamos decir que casi durante toda la educación primaria (6-12 años). Una relación estable donde se pueden favorecer y consolidar las relaciones familiares y se amplía a otros ámbitos sociales. Es un periodo que puede ser muy rico y que favorece el desarrollo de la personalidad del niño. Es importante tener en cuenta que normalmente los niños quieren contentar a los padres y quieren sentirse valorados por los adultos del entorno, este hecho puede condicionar sus manifestaciones, sus decisiones, es evidente que a pesar de que los adultos situamos los niños en un contexto, son ellos los que eligen sus amigos, y también deberían elegir sus aficiones. Es un periodo donde hay que iniciar la dinámica de llegar a acuerdos, de mantenerse y/o ceder&#8230; a los padres y maestros nos corresponde escuchar, y dar la opción, acompañar, y a veces mantener una decisión.</p>
<p style="text-align: justify;">La relativa calma que se da durante estos años en la escuela finaliza habitualmente con la pubertad y la adolescencia. Los cambios hormonales son muy importantes y la red de amigos cada vez condiciona más la conducta, ya no son niños, tampoco adultos. Todo ello puede ocasionar crisis relacionales que se convierten, de nuevo, difíciles de gestionar. A los padres fundamentalmente y quizás también a algunos maestros, las conductas de los adolescentes pueden desorientar mucho. El sentimiento de no saber cómo actuar, el miedo a cometer errores puede ser un inconveniente si no se aborda con naturalidad. Se precisa diálogo, llegar a acuerdos, ceder y también mantenerse. Asumir los propios errores es una buena manera de acercarse al otro y establecer confianza, pero también son imprescindibles considerar el compromiso y la responsabilidad en hacer conjunto, tanto en el seno de la familia como en la escuela. A los padres y madres más que a los maestros nos es difícil esta actitud. Hay momentos de duda entre el ejercicio de la autoridad y dar autonomía, es complicado, y actualmente aún más, ya que la sobreprotección hacia los hijos se alarga de manera extraordinaria. Si no dejamos que los hijos asuman sus riesgos, no se les ayuda, de hecho, es de los errores que más se aprende. Por otra parte, es importante aceptar las decisiones que toman, no siempre son las que quisiéramos, pero hay que respetarlas, son sus opciones. A los padres y maestros nos corresponde mantener el diálogo y ofrecer el apoyo que se considere adecuado.</p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante, a lo largo de la etapa adulta, las relaciones se vuelven más estables y fructíferas. El prójimo, la capacidad de dar, se convierte en una característica que se manifiesta en el ámbito familiar, atendiendo a los hijos y los abuelos; en el ámbito laboral, compartiendo y si es necesario gestionando con otros trabajadores, y también en el ámbito social si se colabora con alguna institución. A medida que pasan los años hay que priorizar lo que es más importante, no siempre se coincide y hay que ser tolerante. Las actitudes básicas que comentaba al inicio del artículo son también indispensables en esta etapa de la vida, ya que el ritmo acelerado de trabajo, tan habitual actualmente, no favorece la calidad de nuestras relaciones humanas. Tomar conciencia de la necesidad de cuidar de uno mismo para sentirse a gusto con la vida, y para cuidar del otro es fundamental. Conocer y aceptar las limitaciones de todo tipo que nos condicionan, favorece la serenidad y quizás el sentido del humor. Estos son rasgos que pueden definir la vejez, por mí, marcada de ternura y de aceptación del otro, lo más importante del otro: su humanidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta aportación ha sido una muestra, es evidente que siempre hay matices y que las personas, afortunadamente tan diversas, vamos creciendo y relacionándonos de acuerdo con nuestra personalidad y las circunstancias que nos ofrece la vida. No podemos generalizar y, de afirmaciones, muy pocas, las esenciales. Me remito pues a la necesidad, a lo largo de la vida, de velar por unas relaciones afectivas seguras y respetuosas, y que generen confianza, tanto en el otro como en un mismo.</p>
<p><em>Roser VENDRELL MAÑOS<br />
</em><em>Doctora en Psicología. Profesora en la Facultad de Psicología,<br />
</em><em>Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna<br />
</em><a href="http://recerca.blanquerna.edu/estudi-infancia/inici/" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>http://recerca.blanquerna.ed</em></a><em><a href="http://recerca.blanquerna.edu/estudi-infancia/inici/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">u/estudi-infancia/inici/</a><br />
</em><em>Publicado originalmente en RE catalán núm. 95</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/como-nos-relacionamos-a-lo-largo-de-la-vida/">¿Cómo nos relacionamos a lo largo de la vida?</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Pacificar el lenguaje</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Mar 2021 05:58:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[Alteridad]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[escucha]]></category>
		<category><![CDATA[Francesc Torralba]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Pacificar el lenguaje]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francesc TORRALBA</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/pacificar-el-lenguaje/">Pacificar el lenguaje</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_6496" aria-describedby="caption-attachment-6496" style="width: 459px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/istockphoto.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-6496" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/istockphoto.jpg" alt="" width="459" height="306" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/istockphoto.jpg 510w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2021/03/istockphoto-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 459px) 100vw, 459px" /></a><figcaption id="caption-attachment-6496" class="wp-caption-text"><strong>Foto: istockphoto</strong></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">El uso del lenguaje es determinante en la construcción de la paz. Cuenta el modo de hablar, de gesticular, de responder a los argumentos del otro. A menudo, tanto en los entornos hogareños como en los grandes medios de comunicación de masas, el lenguaje se utiliza de un modo bélico, agresivo, como una forma de atacar al otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Tan solo basta con estar atentos a la retórica deportiva y política para contrastar esta tesis. Entonces, el diálogo se destruye y la conversación deviene una lucha verbal, una especie de competición para dejar en ridículo al otro o ponerlo en evidencia.</p>
<p style="text-align: justify;">La pacificación del mundo también pasa por el uso de la palabra, del modo en que decimos las cosas, de cómo respondemos a los argumentos de los demás, de cómo reaccionamos a ciertas críticas, observaciones o enmiendas. El lenguaje cuenta en la construcción de la paz, porque es un reflejo de los pensamientos que surgen de la mente.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify;">Una buena metodología para avanzar en este terreno es evitar las discusiones y distinciones inútiles que, en términos generales, descomponen el corazón y cierran la puerta a la paz del corazón. Incluso en el caso que una persona crea que tiene razón, no es bueno machacar al otro con los propios argumentos; pero tampoco es bueno disimular dándole la razón para hacerlo callar y terminar cuanto antes. Sería deseable que, sin vencer ni darse por vencido, pudiéramos concluir la conversación con la mayor naturalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Obsesionados por llevar la contraria a nuestro interlocutor, estropeamos el arte de conversar, que consiste en la escucha receptiva y en el placer del intercambio ingenioso y alegre de palabras y sonrisas. Además, el lenguaje agresivo se vuelve contra el propio usuario, haciéndose más daño a sí mismo que a su interlocutor, ya que colabora en que se acentúe cada vez más el abismo entre la mente y el lenguaje.</p>
<p style="text-align: justify;">En la vida cotidiana y profesional nos falta una terapia del lenguaje para purificarlo del exceso de pasión y verbalismo. Probablemente, el miedo al silencio nos hace idolatrar el lenguaje hablado y, consecuentemente, la oración deja de ser un diálogo amoroso, para devenir un monólogo solipsista.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><i>Francesc TORRALBA<br />
</i><i>Filósofo<br />
Vicepresidente de la Fundación Carta de la Paz dirigida a la ONU<br />
Barcelona, España<br />
Marzo de 2021</i></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2021/03/pacificar-el-lenguaje/">Pacificar el lenguaje</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Entender progresivamente</title>
		<link>https://www.revistare.com/2020/08/entender-es-progresivo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Aug 2020 04:59:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[SCROLLER]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[paz]]></category>
		<category><![CDATA[reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones humanas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Leticia SOBERÓN MAINERO</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2020/08/entender-es-progresivo/">Entender progresivamente</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¿Nos ha sucedido en ocasiones el haber repetido algo mil veces, y tener la impresión de que el otro no se entera? Sean hijos, pareja, compañeros de trabajo, jefes, padres&#8230; Una y otra vez repitiendo frases, exhortaciones, indicaciones… Nada. No hay efecto ninguno. Y viene rápido el reproche: “¡Es que no me escuchas!”</p>
<p style="text-align: justify;">Pues no siempre es así. No es que no nos escuchen, es que <strong>entender ciertas cosas es progresivo</strong>. Hay muchos temas que todo ser humano tarda en asimilar. Sobre todo los que atañen a nosotros mismos, a nuestro comportamiento y modos de hacer las cosas. Cuando alguien nos hace de espejo, puede suceder que oímos y oímos unas frases que, por algún motivo, nos dicen poco. Sin embargo, un día cobran sentido más pleno en nuestra cabeza. De repente esas palabras archiconocidas toman relevancia, significado, un sentido renovado. «Ahora entiendo lo que me decía (mi madre, mi hijo&#8230;)». Es como un ¡Eureka! agridulce porque tal vez nos refleja algo de nosotros mismos que no queríamos o no podíamos ver.</p>
<figure id="attachment_5777" aria-describedby="caption-attachment-5777" style="width: 782px" class="wp-caption aligncenter"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer.png"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-5777" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer.png" alt="Los otros nos reflejan" width="782" height="490" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer.png 1352w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer-300x188.png 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer-1024x642.png 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2020/08/Isla-atardecer-600x376.png 600w" sizes="auto, (max-width: 782px) 100vw, 782px" /></a><figcaption id="caption-attachment-5777" class="wp-caption-text"><i>Los otros nos reflejan verdades a veces muy grandes                                                                                         Foto jplenio en Pixabay</i></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">La comprensión de asuntos que nos atañen personalmente suele ser lenta; algo tiene que cambiar dentro de nosotros para que seamos capaces de asimilarlos. <strong>Desbloquear resistencias</strong>, flexibilizar rigideces, <strong>cambiar de perspectiva</strong>, bajar la guardia… Las palabras pueden resbalar por la superficie de nuestra conciencia o tener un eco diferente en nuestro interior según las experiencias recientes, los dolores o alegrías que hemos vivido, el crecimiento de nuestra capacidad de ponernos en la perspectiva del otro, de distanciarnos de nosotros mismos, de asumir nuestros límites, y también seguramente de nuestra capacidad de amar.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante la poesía o las frases de contenido filosófico nos sucede lo mismo; y obviamente, con los textos religiosos. Temas que nos hacen crecer, que nos cuestionan o impulsan a un cambio&#8230; Van adquiriendo colores nuevos con el paso del tiempo y de nuestras vivencias. Por ejemplo las parábolas y frases de Jesús de Nazaret, que forman parte de nuestra cultura. Se entienden de modo básico en un primer momento, pero las vamos asimilando “por capas” de distinta profundidad; van adquiriendo densidad y significado nuevos en cada fase de nuestra vida, conforme madura nuestra fe, conforme vamos ampliando nuestro horizonte de vivencias. En un momento se hace el “clic” interior y <strong>se ilumina una parte de nuestro camino</strong> como nunca antes lo había hecho.</p>
<p style="text-align: justify;">Comprender las cosas es progresivo. Es un diálogo de acercamiento a los demás, que nos reflejan verdades a veces muy grandes, o sus flecos pequeños –las verdades cotidianas– que configuran el vivir. Por eso <strong>hay que tener paciencia</strong>, con uno mismo y con los demás. No seamos racionalistas. No por el simple hecho de<strong> entender las palabras</strong> de un enunciado, la persona ha <strong>captado la hondura</strong> de una llamada al crecimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Sucede lo mismo con los grupos y también con la humanidad en su conjunto: somos lentos para entender los mensajes que nos vuelven de la realidad, impactada por nuestras decisiones. Tardamos en entender.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdad y sus flecos <strong>se asimilan de manera existencial</strong>. El camino de la vida –personal y colectiva– se transforma así también en un itinerario de comprensión progresiva para la que es necesario tener paciencia. Insistir, sí. Reformular, ofrecer sobre todo coherencia por nuestra parte, toda la posible. Pero sin ira. La persona, nosotros mismos, entenderemos cuando estemos preparados para ello.</p>
<p><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br />
</em><em>Psicóloga y doctora en comunicación<br />
</em><em>La Herradura (Granada, España)<br />
</em><em>Agosto 2020</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2020/08/entender-es-progresivo/">Entender progresivamente</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Desarme cultural y paz</title>
		<link>https://www.revistare.com/2018/12/desarme-cultural-y-paz/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricia Castillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Dec 2018 06:00:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Pliego monográfico]]></category>
		<category><![CDATA[cultura de paz]]></category>
		<category><![CDATA[desarme]]></category>
		<category><![CDATA[Desarme cultural y paz]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Diego López-Luján]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego LÓPEZ-LUJÁN</p>
<p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/12/desarme-cultural-y-paz/">Desarme cultural y paz</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>No basta con dejar las armas; hay que saber apearse de los presupuestos culturales</em></p>
<p style="text-align: justify;">Durante muchas semanas nos hemos desayunado una y otra vez con la noticia de la exigencia a Irak de eliminar las armas de destrucción masiva que pueda tener, como condición <em>sine qua non</em> para evitar una acción bélica capitaneada por el presidente de los Estados Unidos de América, y así mantener la paz en la zona. Pero no es ésta la única condición necesaria para ello.</p>
<figure id="attachment_3721" aria-describedby="caption-attachment-3721" style="width: 300px" class="wp-caption alignleft"><a class="pop-img-bd" href="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-3721 size-medium" src="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme-300x200.jpg 300w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme-1024x683.jpg 1024w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme-600x400.jpg 600w, https://www.revistare.com/wp-content/uploads/2018/10/desarme.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><figcaption id="caption-attachment-3721" class="wp-caption-text">Fotografía: Pixabay</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Para lograr de verdad la paz, hay un requisito previo y necesario, lo que algunos han denominado «desarme cultural». La paz no requiere exclusivamente un desarme armamentístico, sino también un desarme cultural. Un desarme en el cual se sepa aparcar –sin que ello suponga abandonar– las filosofías y teologías propias. Éstas dan lugar a cosmovisiones humanas incompatibles, desde donde se justifican y sostienen sistemas políticos y sociales, y praxis comerciales y económicas. Además, conllevan el peligro de convertirse en ideologías que quieren imponerse a la fuerza sobre las demás culturas, con el fin de llegar a alcanzar la verdad. Pero la verdad no puede imponerse sino que debe ser asumida libremente.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay que ser ingenuos, el desarme hace vulnerable a la persona. Pero es una condición indispensable para poder establecer un diálogo pacificador entre las distintas culturas, en igualdad de condiciones, sobre todo cuando se está en una posición dominante. Un diálogo es imposible de realizar si no se da en condiciones de igualdad, en las que el otro se siente reconocido por mí como interlocutor válido y viceversa. Es desde ahí, desde donde se puede intentar caminar juntos para descubrir:</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; compartimos; es más, que ésta no existe al margen de un mutuo compartir,</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; que nuestra visión cultural es siempre limitada y contingente,</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; que nuestras perspectivas culturales, al ser siempre diferentes, nos deben hacer entrar en las del otro para tener una perspectiva más amplia de la realidad que, aún así, no alcanzamos a comprender en su totalidad,</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; y que nuestra participación es siempre parcial, y la realidad es mucho más que la suma de las partes.</p>
<p style="text-align: justify;">La razón dialéctica da vencedores y vencidos, mientras que el diálogo verdadero humaniza, engrandece y libera a la persona. Por eso, <em>desparapetarse</em> de la cultura propia es una tarea intrépida de corresponsabilidad que, a todas luces, parece merecer la pena.</p>
<p><em>Diego LÓPEZ-LUJÁN<br />
</em><em>Madrid<br />
Publicado en RE 55</em></p><p>The post <a href="https://www.revistare.com/2018/12/desarme-cultural-y-paz/">Desarme cultural y paz</a> first appeared on <a href="https://www.revistare.com">Revista RE Castellano</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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