Acoger, servicio necesario

Acoger, servicio necesario

Acoger, servicio necesario
Fotografía: Esther Borrego

María es de origen andaluz. Sus padres emigraron a Cataluña cuando ella era muy pequeña, por lo que está totalmente integrada y se siente del país. Tiene sesenta y cinco años, aunque por su aspecto parece que tenga bastantes más. Vive con su marido que tiene Alzheimer. También cuida de tres nietos, hijos de su hija mayor que, por circunstancias especiales, tuvo que dejarlos. Ahora también tiene a su cargo a su hija mediana, que padece una enfermedad mental, y a los hijos de esta: una niña de siete años (con una enfermedad crónica que le ha hecho pasar treinta y nueve veces por el quirófano) y a su hermano, un niño de diez años. Sus ingresos no superan los 1000 euros. María es una persona serena, generosa, que desprende bondad y ternura.

Ayana significa «flor hermosa»; como su nombre indica, así es ella. De origen africano, tuvo que salir de su país por los malos tratos que su marido le propinaba. En una sociedad tan machista, excluida socialmente por las denuncias de su situación, no tuvo más remedio que huir. Después de mucho sufrimiento durante el trascurso del viaje, pudo llegar aquí. Sin papeles, sola y sin trabajo. Dejó en su país a dos hijos por los que llora cada noche. A pesar de todo, Ayana es una mujer fuerte y, hasta en algunos momentos, alegre. Tiene esperanza. Está convencida de que saldrá adelante y podrá traer a sus hijos.

Y Carmen; y Ashia; y Ana Lucía; y Sharik; y Martha y…

Personas en situaciones de pobreza extrema, exclusión, marginación, violencia, que tienen la necesidad y, aún diría más, el derecho de ser acogidas, es decir, escuchadas, comprendidas, acompañadas y ayudadas.

La acogida es el primer paso para que estas personas en situación de fragilidad puedan superar los mecanismos que les han llevado a la exclusión. Es la primera fase de acercamiento interpersonal. Es esta actitud de cercanía y encuentro lo que nos permitirá iniciar una relación entre iguales. Igualdad que expresaremos estableciendo relaciones de co-responsabilidad, cooperación y acompañamiento; sabiendo y aceptando que debemos entendernos por encima de nuestras diferencias culturales, sociales y vivenciales.

Acoger, servicio necesario
Fotografía: Esther Borrego

El diálogo es la herramienta con la que vamos a realizar la acogida. Es una alternancia de voz y escucha, de palabras y silencios, como puente entre las personas, para que pueda surgir una comprensión de la realidad. La persona que acoge ha de estar exenta de prejuicios y estereotipos.

En estos espacios de encuentro la persona acogida ha de sentirse valorada, comprendida y aceptada tal como realmente es. Ha de salir reforzada en su dignidad y autoestima, confiada en sus valores, para sentirse capaz de poder resolver sus problemas.

Hemos de abrir el corazón y poner a su disposición todos los recursos de ayuda posibles, tanto personales como sociales, para que la integración en la sociedad y la transformación de su situación sea posible.

La actitud y la capacidad de acogida son válidas tanto en el ámbito personal como en el social.

Como dice Benedicto XVI en la carta encíclica Spe salvi: «la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con la persona sufriente. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y acompañarlos si los individuos que forman esta sociedad no son capaces de hacerlo».

Pilar TORRES ROCHA
Veterinaria jubilada
Caldes de Montbuí (España)
Mayo de 2017

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