Oratorio El Pessebre

Oratorio El Pessebre

El “pesebre” era el comedero de animales estabulados (de establo), donde la tradición religiosa cristiana asegura que fue el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret. Con el paso del tiempo fue desarrollándose esta tradición y ya en la época medieval, por Navidad, se instauró una devoción popular que consistía en recrear el ambiente del pueblo en la época de la Natividad de Jesús mediante figuras de barro policromadas, vegetales y de otros materiales. A esto se le llamó “Belén”, en alusión al pueblo donde nació Jesús, y en catalán “pessebre”, por extensión del primitivo establo.

El pesebre lo componen el “paisaje”, con sus construcciones, ríos, caminos, cielo, estrellas, animales… y el “paisanaje”, con los personajes representativos de aquella época en tiempos del emperador Augusto, a comienzos del siglo I: pastores, pajes, reyes…. y los tres personajes centrales del pesebre propiamente dicho: José, María y Jesús.

Situados en este marco podemos empezar a hablar ya del Oratorio. “Oratorio” hace referencia a una forma musical de carácter y tema religiosos; en este caso el misterio cristiano de la Encarnación de Dios en su hijo Jesús. Este Oratorio está compuesto para cinco solistas, coro y gran orquesta sinfónica. Es una pieza de gran formato y consta de cuatro partes y veintidós números musicales, con una duración de unos 100 minutos.

Pau Casals (1876-1973) recoge esta tradición pesebrista en su Oratorio cuando conoce a su compañero de exilio y amigo poeta Joan Alavedra, en Pradas de Conflent (Francia), el cual había presentado su poema Pessebre en los Juegos Florales de Perpignan, en 1943, ganando el primer premio. La composición de Pau Casals se alarga 18 años, desde 1943 a 1960, y el debut se realiza en Acapulco (México) cuando Casals tiene 84 años.

Fotografía: Javier Bustamante

Querría detenerme en la trama argumental de la obra para poner de relieve aspectos sobresalientes que merecen nuestra atención. En la obra hay dos “expediciones”. Una, la de los pastores del pueblo llano que se dirigen desde los lugares donde pastorean sus rebaños hacia el establo del nacimiento; y, otra, la de los Reyes de Oriente, revestidos de solemnidad y boato, que se dirigen desde sus países lejanos hacia Belén.

En la primera “expedición”, el narrador (tenor) nos informa que a la voz de un ángel (soprano) que anuncia la buena noticia, los pastores se ponen en camino hacia el pesebre, asistidos por la guía de una estrella y la compañía del mismo ángel. En su recorrido los pastores se encuentran con personajes que son invitados a seguirles, pero estos rehusan la invitación por motivos diferentes, aunque siempre referidos al trabajo que efectúan en relación con la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección del actor principal que es Jesús, el Niño Dios que va a nacer.

Veámoslo: el “hombre del pozo” mientras saca agua dice: este es el pozo de vida, hará falta mucha agua, hermanos, el niño que acaba de nacer ha de lavar todos los males (alusión al bautismo cristiano). El “pescador” dice que está pescando los peces que Jesús dará más adelante a la muchedumbre que lo irán a escuchar (aludiendo al pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y peces). El “labrador y los vendimiadores” aluden al pan y al vino del que Jesús se servirá para la institución de la Eucaristía en la Última Cena. Y “la vieja hilandera” está hilando el paño que usarán las mujeres para envolver el cuerpo de Jesús en su sepultura.

En la segunda “expedición” los actores manifiestan sus sentimientos: los pajes expresan su nostalgia familiar, los camellos extrañan los lugares que recorren y los Reyes calculan “científicamente” el lugar exacto del augusto acontecimiento.

Llegados al clímax central de El Pessebre propiamente dicho, María, la madre de Dios, entona un canto desnudo y sencillo de sublime belleza, donde ella se ofrece como mediadora de salvación con sus rezos y José se ofrece como sustentador de la vida de Jesús. También cantan la mula y el buey que expresan su sorpresa y alegría por los momentos que están viviendo.

La cuarta y última parte es la Adoración, en la que se detallan las pobres pero entrañables ofrendas de los pastores al Niño Jesús, en contraposición a las ofrendas ostentosas y grandilocuentes de los Reyes Magos. El Oratorio finaliza con el Hossana y el Gloria rematado con la última palabra: PAZ.

Querría exponer, para acabar, una breve referencia a los aspectos musicales:
1.- Catalanidad de fragmentos de la obra, como giros melódicos propios de la música popular y tradicional catalanas.
2.- Breves motivos melódicos (el motivo de las cuatro notas), usados también por los grandes compositores (Bach, Mozart, Haydn) y que recorren todo el Oratorio a modo de leitmotiv.
3.- El estilo musical de composición no es vanguardista. Es música tonal y consonante, con espíritu ecléctico, inspirándose en compositores como Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn y otros del último romanticismo como Mahler, Richard Strauss y Puccini.

Por último, hacer mención del mensaje del Oratorio. Así como Beethoven centra su mensaje en la Alegría en su novena sinfonía, Casals en El Pessebre lo centra en la Paz, de la que fue un apóstol entregado a su causa, sobre todo después del desastre de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial.

Proponemos la audición y el visionado de El Pessebre en los siguientes videos:
Oratori El Pessebre. Joan Alavedra/Pau Casals. Con subtítulos en catalán.

Oratori El Pessebre. Joan Alavedra/Pau Casals. Sin subtítulos.

 

Xavier TORRES RIO
Veterinario
Caldes de Montbui (España)
Diciembre de 2017

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