Apoyarse en la realidad

Apoyarse en la realidad

Es impresionante la cantidad de veces que tenemos que hacer auténticos equilibrios porque no tenemos bien asentada nuestra vida y sobre todo nuestro ser. Cuando basamos lo que somos, hemos hacerlo sobre unos buenos fundamentos, capaces de soportar situaciones y adversidades que experimentaremos a lo largo de nuestra vida. No sea que nos pase lo que Jesús dice en el evangelio: “Si construís la casa sobre la arena cualquier suceso un poco inesperado o imprevisto de la vida os hará tambalear y caerá a tierra todo lo que habéis construido con tanto tiempo y esfuerzo». Hay que construir sobre roca, que nuestro ser descanse sobre una base sólida, que no se tambalee ni nos haga vivir en un continuo equilibrio. No podemos olvidar que una de las características del ser humano es su fragilidad, por lo tanto es preciso construir bien si no queremos que las situaciones que nos toca vivir en el día a día nos desequilibren con excesiva facilidad. El mismo miedo a rompernos nos empuja a vivir más pendientes de nosotros mismos que de las cosas y de las personas que viven en nuestro entorno. Este miedo nos hace perder la capacidad de escuchar, de mirar, de abrirnos a los otros y al mundo; en definitiva, de vivir esta vida con plenitud.

Hoy en día es más necesario que nunca darnos tiempo para mirarnos, para conocer quiénes somos, para saber dónde hemos instalado y asentado realmente nuestra vida. Y atención: cuando vemos nuestro entorno y lo que nos rodea, descubrimos muchas cosas: la habitación que nos resguarda, a nosotros mismos, el paisaje, podremos ir describiendo todo lo que hay alrededor. Todo, menos lo que no vemos, por ejemplo lo que hay debajo de nuestros pies, de nuestro trasero, que es justamente donde estamos apoyados en aquel momento. Los seres humanos hacemos muchísimas cosas: vivimos, trabajamos, reímos, lloramos, sufrimos, nos alimentamos, nos queremos, reflexionamos, pero casi nunca recordamos contemplar esta base donde descansa y se apoya nuestra vida: el hecho de existir.

No gravitemos en la realidad
Basemos nuestro ser en buenos fundamentos, no en fantasías

Por eso muchos requieren cada vez más acciones que les disparen la adrenalina, y sin ellas les faltan motivos para vivir sensaciones, emociones que hagan atractivo a lo que están viviendo. Pero la vida, nos guste o no, es bastante cotidiana, tiene pocas cosas que salgan de una mal llamada normalidad, por eso, a menudo, nada de lo que nos sucede nos llama especialmente la atención. Y simplemente vamos pasando, o como dice mucha gente, “voy sobreviviendo”. Nos hemos acostumbrado a vivir, al hecho de existir, y eso nos ha quitado capacidad de sorpresa. En cambio, darnos cuenta de ese extraordinario hecho, que existimos, ¡con tantas posibilidades en contra!, nos hará recuperar la capacidad de admirarnos, de sorprendernos de las cosas. Dejaremos de necesitar que pasen cosas fuera de lo corriente para sorprendernos. Es urgente recuperar la capacidad de admirarse por la vida en sí, y admirar el simple hecho de estar vivos. Esta admiración nos hará percibir y valorar muchas cosas que ahora no somos capaces de apreciar ni paladear, porque pasamos por encima de ellas como si estuviéramos dormidos, sin ánimo de mirar lo que da soporte a nuestro ser y nuestra vida. Y cuando nos falla la base de la vida buscamos las soluciones en la periferia, en el exterior, en los otros,  sin ver lo extraordinario que en la mayoría de los casos está en nosotros mismos.

No perdamos el tiempo soñando, admirando ilusiones, fantasías, ideales de perfección que nos inventamos o creemos que son la base de todo, y que en definitiva no nos dejan construir la felicidad de nuestra vida, porque son causa de muchos desengaños y frustraciones. Hemos de tener más ciencia de lo que soy, de quien soy, de cómo soy (eso es consciencia: tener ciencia de uno mismo); y aceptando con alegría esta base existencial encontraremos un fundamento firme, una plataforma adecuada para convertir en realidad todas las posibilidades reales que hay en nuestro ser y utilizar para nuestro crecimiento todas las potencialidades que nos ofrecen los acontecimientos y las personas que nos rodean.

Jordi CUSSÓ PORREDÓN
Economista y sacerdote
Santo Domingo, Rep. Dominicana
Mayo 2019

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