Dar sentido al cumplir años

Dar sentido al cumplir años

Ángeles está preparando la fiesta de su cuarenta cumpleaños. Unos amigos le han dejado la casa con un jardín muy grande y ella está diciendo a todo el mundo que quiera que sólo diga cuántos serán y a qué hora vendrán. Ella siente que esta edad es importante y quiere que todos puedan estar. Habrá diferentes momentos: hacia el mediodía un aperitivo y juegos, pensando en los amigos que tienen hijos pequeños; después una comida sentados a la mesa y sobremesa con café y postres; y más tarde un pastel. Con los que estén quiere hacer un mosaico para dejar de regalo en la casa de los anfitriones. Y por la noche, no demasiado tarde, una merienda-cena con música, y los que quieran le pueden ayudar a recoger y limpiar para dejarlo todo impecable antes de irse. Ha pedido a algunos amigos que la ayuden y todo está preparado. El día de la fiesta está feliz y radiante; además el clima acompaña y todo sale más armonioso. Los asistentes llegan contentos y, aún, se van más contentos. Algunos amigos que no pueden ir le hacen llegar mensajes de aprecio. Al día siguiente se levanta con una sonrisa que se le dibuja en la cara. Siente que es el momento de tomarse la vida en serio y que es una mujer adulta, que hay cosas de su vida que le gustan mucho, pero otras hay que mejorarlas y ahora es el momento.

«Podemos hacernos mayores sin darnos cuenta o podemos aprender a hacer que cada etapa sea única.»

Valeria hace cincuenta años. Ella es amiga del Ángeles, a la cual le hace gracia ver cómo prepara la fiesta, a la que por supuesto asistirá. Valeria dice a Ángeles: «Yo hice algo muy parecido a ti cuando celebré los cuarenta, ya que sentía que era una edad ¡muy importante! ¡Y lo era! Pero, ¿sabes qué? Cada edad tiene su riqueza y ahora estoy ¡tan feliz de tener cincuenta! Se me han ido muchas manías y miedos, me acepto, me quiero más y disfruto más de lo que soy.» Ángeles la mira y piensa que entiende las palabras, pero que todavía tiene que hacer un camino que Valeria ya ha hecho.

Pilar es otra amiga del Ángeles, y este año hace ¡los sesenta años! La amistad de ellas dos es de un cierto acompañamiento por parte de Pilar a Ángeles, en temas delicados de la vida sobre el discernimiento y tomar decisiones. Se aprecian y valoran mucho su amistad. Pilar está a punto de jubilarse, es una mujer brillante y ha hecho una trayectoria profesional y personal muy loable. También participó un rato de la fiesta del Ángeles. Le llevó un buen vino para que Ángeles lo pudiera compartir y le dijo: «amiga, como decía la tía Delfina, cada edad tiene su encanto. Me alegra mucho que nos podamos acompañar y vernos envejecer.»

Hacerse mayor forma parte del ciclo vital, cada día envejecemos y cada segundo es diferente del anterior. No sabemos cómo será nuestra vida, pero nos hacemos mayores o nos vamos antes. Lo cierto es que el arte de envejecer se aprende con los años. Podemos hacernos mayores sin darnos cuenta o podemos aprender a hacer que cada etapa sea única. Los años comportan duelos personales, dolor físico y a veces enfermedades que requieren gran fortaleza humana. La felicidad es mayor si, precisamente, tenemos la fortaleza de conocer los límites y amarnos con ellos.

Elisabet JUANOLA SORIA
Periodista
Chile
Publicado originalmente en RE catalán núm. 88

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