Escucha, esencial hoy

Escucha, esencial hoy

Desde hace un tiempo contemplando la sociedad que tenemos, lo que nos sucede en este tiempo de pandemia, algo tan inesperado y tan increíble que aún hoy, meses después de su inicio, me sorprende que lo estemos viviendo, que a una humanidad que pensaba tenía el control de la naturaleza, de la vida, de la muerte,… le haya podido sorprender un virus y llevarla a esta situación de incertidumbre y descontrol… es increíble.

Quizás sea sorprendente pero si miramos con perspectiva, ya hace tiempo que recibimos señales de que nuestro sistema de vida, sí el nuestro, el que tu y yo tenemos, ese que nos permite vivir con menos calor en verano y con menos frío en invierno, el que nos permite tener aquí y ahora algo que está a miles y miles de kilómetros, el que nos permite hablar y ver a alguien que está al otro lado de algún océano como si estuviera en la sala de al lado, … ese que me permite comer cerezas en enero en Barcelona, o tomar aceite de oliva en pleno desierto de Atacama o de Sonora, o…

Ya en 2014 el IPCC publicó su Quinto Informe de Evaluación. Su conclusión, fue categórica: el cambio climático es real y las actividades humanas son sus principales causantes.

Según la BBC, en el estudio publicado en la revista «PNAS«, los investigadores de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, descubrieron que el aumento de la frecuencia de tifones en 330 por ciento en comparación con hace 100 años se debe principalmente al incremento de la temperatura del aire.

«Todos nos vemos afectados por la situación, sin embargo, hay personas que la viven y vivirán
con mayor fragilidad … como sociedad no podemos darles la espalda, …
Además, conscientes de que hoy, todos somos igualmente vulnerables ante lo que vendrá.»

De hecho, hemos de recordar que hará un año en Cataluña vivimos los efectos de la tormenta Gloria que nos dejó con las costas y muchos pueblos muy afectados, algo muy poco habitual en nuestros lares.

Todos recordamos la explosión en un edificio de Bangladesh donde trabajaban para industrias textiles, que nos evidenció de manera indiscutible que para que nosotros, el primer mundo, compremos cada vez más barato hay personas que malviven trabajando en condiciones infrahumanas, jugándose la vida. Sin embargo, aún sucede, siguen existiendo esos talleres clandestinos en los que cada día miles de personas se dejan la vida.

Después de meses en que la pandemia provocada por el Covid’19 forma parte de nuestro día a día, son muchos los días en que al observar nuestro entorno más o menos cercano vemos que pocas cosas han cambiado, ni aún pudiendo tener clara la evidencia de que un virus puede trastocar de esa forma nuestra vida, hemos sido capaces de aprovechar esta situación para entender que ante lo esencial de la vida somos todos iguales.

Uno de los grandes aprendizajes que al principio de la pandemia parecía que podríamos sostener era que, sólo trabajando unidos, juntos podríamos salir de esta situación, parecía que al salir a aplaudir al balcón mirábamos al vecino, al que no habíamos visto jamás y nos sentíamos unidos ante la situación, nos unimos de verdad para sostener la incertidumbre inicial, … nació una comunidad en las calles que se extendía a las ciudades, regiones, … incluso países, parecía que sí que habíamos entendido que en lo esencial somos iguales y que, juntos podemos salir adelante.

Pero pasa el tiempo y ya no es esa la experiencia que tenemos, no, ni por parte de las administraciones: muy perdidas en lo que sucede y sin capacidad de gestión suficiente, ni en la ciudadanía que ha perdido esa solidaridad innata inicial, ahora ya volvemos a estar encerrados y sin querer mirar a nuestro alrededor quizás por si vemos alguna cosa que nos pueda afectar y distorsionar nuestra visión de lo que sucede, recordándonos lo que al inicio atisbó.

Hay una actitud esencial en la vida, pero sobre todo cuando una quiere vivir en contacto con lo que sucede, con aquello que pasa a nuestro alrededor y por tanto, nos afecta en la medida que somos un sistema, es simple, y suele ser innata, es la actitud de escucha, sí, esa que nos permite estar alerta cuando es necesario, pero también la que nos permite estar atentos y dispuestos a acoger aquello que llegará. Heidegger habla de la persona oyente, que escuchando obedece, está atenta, no está distraída y no está despistada, en la luna, sino atenta a ella misma, para poder captar lo que sucede a su alrededor en la grandeza que sucede.

Quizás hoy más que nunca necesitamos personas de escucha, interna y externa, para saber que es lo que sucede y poder acogerlo en el corazón, ofreciendo lo mejor para ello. Todos deberíamos hacer un esfuerzo en esta bella actitud que nos lleva a sentirnos capaces, dispuestos y generosos ante lo que nos rodea, posibilitando una respuesta eficaz y abierta.

Nuestros gobernantes deberían ser personas oyentes, escuchar lo que la sociedad vive, siente, dice… el palpitar del pueblo y de los acontecimientos, para poder dar la respuesta adecuada.

Todos nos vemos afectados por la situación, sin embargo, hay personas que la viven y vivirán con mayor fragilidad por el motivo que sea: salud, economía, soledad, … como sociedad no podemos darles la espalda, en un momento así. Además, conscientes de que hoy, todos somos igualmente vulnerables ante lo que vendrá.

Esther BORREGO LINARES
Trabajadora social
España
Enero de 2021

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