Una pandemia nos hirió

Una pandemia nos hirió

Muchas cosas se han dicho en torno a la pandemia del COVID19 que estamos padeciendo. Lo que nos ha tocado vivir ha despertado una gran incertidumbre y sobre todo muchas preguntas, con variedad de respuestas. Muchos expertos dicen que el coronavirus será una oportunidad, que implicará un salto cualitativo de la sociedad, y que, una vez superada la pandemia, nuestro mundo será diferente, que cambiaremos actitudes y valores, aunque otros cuestionan si el humano querrá -querremos- aprender de ello o pasaremos página.

Todavía nos queda curar muchas heridas abiertas, trastornos emocionales y psicológicos y el sentimiento de tristeza. Todo ha generado un malestar que pide un largo proceso para aceptar las consecuencias generadas por el virus y la prevención del contagio: el confinamiento, mantener las distancias y asumir una nueva manera de vivir y convivir sin el contacto directo y, la reducción de vida compartida. Ante esta situación hay que encontrar cómo reponernos, a pesar de los miedos y la inseguridad que conlleva siempre toda inestabilidad.

En esta realidad vivida, hay que considerar algunos colectivos que han sufrido la pandemia de forma más agravada: los grupos en exclusión social, muchos ancianos, el personal sanitario, los enfermos aislados sin poder recibir visitas familiares, las familias que no pudieron acompañar a sus seres queridos en la etapa final de la vida, los que perdieron su trabajo, empresarios que tuvieron que cerrar sus negocios, etc. Nadie ha escatimado ningún esfuerzo y merece un reconocimiento especial el personal sanitario, los docentes en los distintos ámbitos educativos, y tantos otros que mostraron su profesionalidad y calidad humana.

Focalizados en el coronavirus, y magnificando un futuro desastroso, hemos generado mucha intranquilidad. El coronavirus no sólo ha subrayado la incertidumbre, sino ha hecho presente una realidad existencial básica y fundamental: somos seres frágiles y vulnerables. Nuestra condición humana conlleva:

  • vulnerabilidad,
  • apertura al otro (interdependencia),
  • inmersión en condiciones medioambientales que no controlamos y hasta nos superan,
  • emergencias y retos que se nos presentan de manera inesperada.

Debemos convivir con todo esto y, por lo tanto, tenemos que integrarlo de la mejor manera posible en nuestras vidas.

Sin embargo, me pregunto, ¿qué sabemos ahora que no conociéramos antes? Todo lo que hemos vivido, nos sitúa delante de nuestra vulnerabilidad, fragilidad e incertidumbre. Pero estas características no son nuevas, siempre las hemos tenido. Es curioso que las cosas de siempre, ahora parezcan más nuevas que nunca, que las cosas evidentes no hayamos sido capaces de preverlas y, por tanto, de asumirlas y apreciarlas.

Asumiendo la condición humana
Es tiempo de mirar adelante

El día que llegamos a casa y le damos al interruptor y no se enciende la luz, es cuando nos sorprendemos y estudiamos cómo funciona la electricidad de la casa. Pero si habitualmente prendemos el interruptor y todo se ilumina, perdemos capacidad de sorpresa y, por tanto, de hacernos preguntas. El virus COVID19, ha sido un interruptor que ha trastocado la vida cotidiana y nos ha cuestionado la manera de vivir, de relacionarnos, de trabajar, de dar clases, e incluso de amar. Pero, no nos plantea nada nuevo, sino que nos empuja a regresar a la reflexión de aspectos de la condición humana que habíamos relegado y dar respuestas nuevas a temas que son de siempre.

Lo cierto es que no se puede cambiar nada de lo que ha sucedido. Por lo tanto, es tiempo de mirar adelante, de ser propositivos para avanzar ante los grandes cambios a todos los niveles. La universidad, como una institución fundamental de la sociedad, ha de estar a la altura de las circunstancias, tiene que reflexionar sobre la pandemia desde sus distintas disciplinas: la psicología, sociología, filosofía, educación, política, economía, espiritualidad, etc. Tiene que completar en sus alumnos, la tradición del saber humano, y con las ciencias y el humanismo, hacer posible entre todos que este mundo sea más justo y humano. Tiene que contribuir a formular una respuesta a este contexto, que sea competente y efectiva, lejos de positivismos insustanciales e irresponsables.

Cuántas veces hemos oído: «nada volverá a ser igual», «nos ha cambiado todo», incluso las nuevas maneras de relacionarnos en formato virtual. Ahora los escenarios son diferentes, el COVID19 ha obligado a hacer una parada forzada nos ha hecho tocar fondo. De aquí a unos años, veremos si fuimos capaces de encontrar nuevas vías o si, una vez superada la pandemia, nos dejamos arrastrar por la riada del sistema, por la necesidad de sobrevivir, por la mal llamada “nueva normalidad”.

Jordi CUSSÓ PORREDÓN
Sacerdote y economista
Barcelona, Noviembre de 2021

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