Por un segundo…

Por un segundo…

Hace unos días, en una de las ceremonias más esperadas y glamurosas del año, además en un año en que recuperamos algunos de los actos que durante la pandemia hemos mantenido restringidos, se esperaba con mayor expectación. La gala del cine es siempre una oportunidad de salir del día a día y de poder sentirte parte de algo que aporta gran capacidad de creación, de distracción, de reflexión, de posibilidades,…

Puede parecer que este tipo de ceremonias están muy alejadas de la realidad, que viven al margen de todo lo que sucede en el mundo,… que aportan poco a la sociedad y están destinadas a un grupo selecto de personas al que la mayor parte de la humanidad no estamos invitados, más bien no tenemos ni la más mínima opción a participar.

Hace algunos años, en esa misma gala se premió una película que nos descubrió a todo un gigante de la industria cinematográfica en otro país, otro continente, en India, se creaba a gran nivel, sin embargo, no teníamos conciencia de ello la mayoría, con la película Slumdog Millionaire no sólo descubrimos ese gigante de la producción cinematográfica, descubrimos como la esperanza mueve la vida de un joven, aunque parezca que lo que lo hace sea el dinero.

Pues bien en la gala de este año, sucedió algo que la ensombreció de manera casi total, si alguien nos hubiera dicho que algo así podía suceder no lo hubiéramos creído, sin embargo, sí así fue. Una noche que estaba llena de momentos hermosos en los que se podía palpar la ternura entre una gran estrella que sufre las consecuencias de la edad y de la enfermedad a la que acompañaba otra gran artista aún en plenitud y supo poner en valor en todo momento a la gran artista hoy en silla de ruedas, que pudo brillar y dar el nombre del ganador del premio tan esperado. O se pudo ver de nuevo juntos a tres grandes artistas en el 50 aniversario de una de sus mejores películas y otros muchos momentos de belleza y valores que quedaron ocultados por un desafortunado incidente.

Me costó poder saber quiénes fueron los ganadores en la esperada noche, todo lo que podía ver estaba relacionado con una escena que yo prefería olvidar, pero no fue posible aún hoy varios días después, sigue estando presente. Bien, un comentario no sólo desafortunado sino ofensivo y falto de toda posibilidad de positivación, provocó la no menos desafortunada, inoportuna y ofensiva reacción de una de las personas que más valores parecía atesorar en su vida y en su trabajo, sí ante la ofensa a su esposa se levantó y delante de todo el mundo propinó una bofetada al presentador de la gala.

Más allá de saber que nunca debió reaccionar así y eso ya lo sabe el protagonista de sobra, me duele y me entristece que sólo se habla de las consecuencias para esta persona, de hecho me temo que su carrera no tenga futuro ya más, con lo que eso supone de perdida para todas ya que es brillante, es creativo, es fascinante su extraordinaria forma de transmitir posibilidades en sus creaciones, pero ya no, ya nadie le va a dejar ser quién es porque de repente ya sólo es ese personaje que propinó un bofetón a alguien en un momento en que le vio todo el mundo. Sin embargo, y el que ofendió sin parar durante todo su monologo a cuantos estaban presentes en directo o a través de los medios, a mí me ofendió en muchos momentos su discurso discriminador, machista, ofensivo, grosero,… y fue durante un buen rato.

Parece que las consecuencias serán, una vez más para aquel a quien ya se ha juzgado rápido sin mirar nada más, sin escuchar,… sin dudar de sus razones y sin admitir sus múltiples disculpas. El que por sus palabras lanzó puñetazos constantes parece que no tiene responsabilidad alguna y podrá continuar sin consecuencias con su vida, tristemente más valorado aún que antes.

Todo ello puede llevarnos a pensar en cómo hubiéramos actuado de estar en esa tesitura, no, ni lo estamos, ni lo estaremos, así que no merece la pena dedicar tiempo a ello, pero sí me gustaría dedicar tiempo de mi vida a evitar estos juicios rápidos en pro de valores universales que por inalcanzables no son motivadores en situaciones cotidianas, todas tenemos claro que la violencia no es la vía, sin embargo: ¿Cómo actúo en mi día a día? ¿Cómo respondo ante algo que me ofende? ¿Cómo me dirijo a las personas que se me acercan para preguntar o pedir algo? ¿Cómo hablo de las personas que me rodean o no y tienen alguna dificultad? … podríamos seguir, ojalá estas escenas nos hagan reflexionar sobre cómo mejorar nuestro entorno, porque sólo desde pequeños gestos podemos lograr verdaderas transformaciones.

Y hay algo que me entristeció y mucho después de todo lo que hemos vivido en estos dos años, como pudo un segundo ensombrecer toda una noche, como dejaron de brillar tantas y tantas luces porque una solo dejó de hacerlo un momento. Esto sucede cada día, sí, somos tan capaces de ver la sombra allí donde brilla el sol, de tal forma que parece que deje de brillar aun estando ahí. Lo mismo hacemos con las personas así que nos cuesta en valor sus posibilidades.

De este triste hecho concluyo, a modo de reflexión, analizar nuestras reacciones en el día a día para evitar que sean muy distintas a lo que esperamos en situaciones concretas, no dejar de ver la luz por una pequeña sobra, no juzgar a nadie por un simple acto, somos mucho más que ese minuto de gloria o de oscuridad.

Esther BORREGO
Trabajadora Social
Barcelona (España)
Abril del 2022

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