Escuchar, un arte imprescindible

Escuchar, un arte imprescindible

Si hay algo que suelen necesitar las personas, es ser escuchadas. Primer paso de una relación humana auténtica y significativa. Un arte que nos construye como personas y como sociedad. Una capacidad que debe cultivarse desde que se aprende a hablar, para ser capaces de comunicarse de manera auténtica y recíproca, y así tejer amistades duraderas, grupos sanos, sociedades verdaderamente humanas.

Pero no existe un solo modo de escucha, ni siempre las personas esperan lo mismo del otro cuando le expresan algo. En estas líneas desearía entrar más a fondo sobre qué es escuchar, y cuáles son los tipos de escucha que existen, sobre todo en función de lo que las personas esperan de ese momento interpersonal.

Encontré esta definición de escuchar y me pareció muy sugerente: “Escuchar es un proceso humano en el que una persona o grupo desea exponerse a algo nuevo por parte de otro(s)”.  Esto significa que quien escucha, está interesado en lo que el otro o los otros quieren expresar y les reconoce la calidad de iguales en la conversación, con la misma dignidad en ella. Cuando se trata de asuntos compartidos, cada participante en el diálogo debe estar dispuesto a asumir que el otro tiene algo que decir, un punto de vista particular, una clave de lectura que puede enriquecer su propio modo de entender la situación y sus conocimientos. 

Eso supone estar dispuestos a dejarse transformar, a sorprenderse, a repensar y reformular sus opiniones sobre el tema, creando nuevo conocimiento compartido. Nadie sabe todo, todos saben algo, todos tenemos puntos ciegos, nos complementamos mutuamente; nadie puede entender la situación sin escuchar a otros.

Cuando se trata de que muchas personas se escuchen, son imprescindibles las buenas metodologías para optimizar el tiempo y la capacidad de todos, pues de otro modo se imponen las personas más extrovertidas, las más rápidas, las que tienen agendas mejor definidas para llevar el diálogo hacia alguna conclusión.

Escucha y diálogo
Escuchar es estar dispuesto a que otro cambie tu manera de ver algo

Qué esperan quienes son escuchados

Es importante saber qué espera de nosotros la persona a quien estamos escuchando, pues con frecuencia asumimos que desea por nuestra parte soluciones o aclaraciones, y podemos arruinar un momento de escucha aportando nuestras propias ideas. Pero las expectativas varían según la situación de la persona, de los grupos escuchados. Veamos algunas.

  1. Sólo ser escuchados. Muchas personas, sobre todo cuando están expresando de modo individual situaciones de dolor, de desilusión, de tristeza, no desean otra cosa que eso: expresarse. Poder formular en palabras lo que llevan dentro les puede significar un enorme alivio. Y no esperan de su interlocutor nada más que un oído atento, un corazón cercano, empatía, respeto, quizá a veces compasión (padecer con él o ella). Es inútil y contraproducente que quien escuche cuente el propio caso o el de alguien conocido, o ponga la comparación con otras personas, e incluso ofrecer soluciones o recomendaciones. En este caso, la mejor respuesta suelen ser las preguntas respetuosas para ahondar de modo que la persona aclare su pensamiento, junto a momentos de silencio acogedor.

Aclaro aquí que existen casos de personas que, ancladas en una problemática que las hace sufrir, la exponen de manera recurrente y circular, pero no tienen ninguna intención de salir de ella. Manifiestan sus penas como quien pone una mercancía en el mercado, pero no la venden porque están apegadas a ella. No piensan (o no son capaces) de cambiar. En este caso es necesario poner límite a las sesiones de escucha, porque se convierten para la persona en rutinas de autoafirmación sobre situaciones tóxicas de las que no tienen intención de liberarse, y es inútil dedicar tiempo a escucharles sobre ellas.

  1. Aclararse o buscar ayuda. Es diferente cuando la persona expone un problema o dificultad a alguien a quien considera capaz de ayudarle al menos a entender mejor su propia situación, o a salir de ella. En ese caso esperará luces distintas para visualizar una solución, o sugerencias concretas. Aquí el interlocutor no puede quedare en la escucha; puede pedir más información, facilitando que el otro complete la imagen que tiene de su propio problema. También puede, en su caso, preguntar qué soluciones ha imaginado o incluso aplicado la persona que habla, y acompañarla en la valoración de sus intentos para mejorar próximas acciones. 
  1. Afrontar problemas o desafíos compartidos. Cuando se trata de situaciones que atañen a varias o muchas personas, escucharse mutuamente se vuelve imprescindible si se quiere avanzar juntas. Entonces la participación es clave; cada miembro del grupo debe ser escuchado. Es necesario aplicar metodologías adecuadas, que permitan a todos expresarse y deliberar con los otros, compartir puntos de vista y crear nuevo conocimiento. En este caso las personas que coordinan o lideran, deben ser conscientes de que no tienen las respuestas, sino su tarea consiste en plantear preguntas acertadas para que emerja el conocimiento y las intuiciones valiosas de cada persona participante. Entonces pueden caminar juntos de manera más armónica, incluso aunque no lleguen a consensos. El escucharse mutuamente ayuda a sentirse copartícipe de las decisiones tomadas.

La mutua escucha es, pues, un tesoro interpersonal que nos construye, nos hace humanos. Tanto a quien se expresa como quien escucha, caminan juntos en una senda que les une y les potencia. 

Leticia SOBERÓN MAINERO
Psicóloga y doctora en comunicación
Madrid, octubre 2022

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