Pobres y mujeres

Pobres y mujeres

Al observar el mapa del mundo en el inicio del siglo XXI se destaca que únicamente en América Latina no existen conflictos armados entre Estados. Las fronteras están definidas con gran estabilidad salvo casos sin grandes consecuencias. Con el acuerdo de paz en Colombia se cierra el caso más publicitado de guerra interna entre un Estado y un grupo armado en la región. Visto a partir de la ausencia de conflictos bélicos en la región pareciera que América Latina vive en paz.

La percepción es falsa porque partimos de una definición de la paz como ausencia de guerra. Una de las aproximaciones más realistas hacia un mundo de paz lo aporta la Carta de la Paz dirigida a la ONU que en su punto IX señala: «…no se podrá construir la paz global mientras en el seno de la sociedad e incluso dentro de las familias, exista menosprecio hacia más de la mitad de sus integrantes: mujeres, niños, ancianos y grupos marginados. Por el contrario, favorecerá llegar a la paz el reconocimiento y respeto de la dignidad y derechos de todos ellos.» La paz, en dicho documento, es entendida como un esfuerzo permanente de reconocimiento y respeto de los derechos y dignidad de todos los miembros de la sociedad y especialmente de los que actualmente sufre el menosprecio y la marginalidad.

La frialdad de los números contribuye a presentar un cuadro de la pobreza en América Latina. «…cerca de 7 millones de latinoamericanos cayeron en la pobreza en 2015, elevando la cifra total de pobres a 175 millones de personas, el 29% de la población. Más aún, entre 25 y 30 millones de latinoamericanos en situación de vulnerabilidad –uno de cada tres de los que salieron de la pobreza en la última década– podrían volver a caer en ella…» (OCDE, et al, 2016, p. 15) Es ese 29% de la población latinoamericana la más expuesta al desconocimiento de sus derechos y dignidad, precisamente por ser pobres,  y el estudio señala que un número significativo es vulnerable de caer en la pobreza por las condiciones de riesgo de las economías locales que puede hundir en la miseria a otros millones de seres humanos que actualmente sobreviven cercanos al límite de la pobreza.

Fotografía: Javier Bustamante

La pobreza es enemiga de la paz porque coloca a los seres humanos en situación de indigencia y expuestos al abuso y la negación de sus derechos. El artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala que: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.» Por tanto la ausencia de acceso a un trabajo, sea asalariado o como gestión de un negocio propio, que le permita al individuo el ingreso necesario para garantizar la existencia digna, personal y de su familia, es el camino hacia la pobreza y la negación del derecho a una existencia plena. Sin un ingreso digno, fruto del esfuerzo personal, la paz es una ilusión.

La pobreza en América Latina tiene predominantemente rostro femenino; incluso entre las clases medias, los ingresos de las mujeres son menores que las de los hombres por tareas iguales. Susana Ruiz y Petra Bonometti indican que: «Los aspectos más destacados para observar la discriminación de género en materia laboral son: Baja remuneración; Trabajo informal; Trabajo de baja productividad; Mayor desempleo y Desigual uso del tiempo y especialmente el dedicado a las tareas domésticas.» (2009-2010, p. 79) La paz, por tanto, está ausente entre las mujeres latinoamericanos con mayor énfasis que entre los hombres. Sumándole a la discriminación laboral su constante exposición a la violencia doméstica y la agresividad que sufren al transitar por los espacios públicos de nuestras ciudades y campos.

Al estudiar la violencia física por parte de un esposo/compañero nos encontramos con cantidades alarmantes, siendo Bolivia la de mayor incidencia con un 52.3% y Haití la menor con un 13.4%. (Bott, S., et al, 2014, p. 22) Las mujeres latinoamericanas viven en la intimidad de sus hogares un clima de agresión, que en este caso se mide por la violencia física, pero que no recoge la violencia verbal o emocional, que transforma el lugar donde debería sentirse más segura en uno de los espacios de mayor riesgo y de manos de quienes deberían respetarla y cuidarla. Reconocer esta guerra íntima donde las víctimas son las mujeres, no permite hablar con honestidad de paz en nuestro continente.

De la apariencia de la ausencia de guerras entre Estados o de grupos armados en el seno de los mismos, que muchos señalan como situación de paz, descubrimos factores de violencia contra las mujeres y marginación de millones de seres humanos mediante la pobreza que nos conduce a descubrir que no vivimos en paz. La paz demanda para ser verdadera la plena dignidad de todos los seres humanos y el reconocimiento de sus derechos en todos los ámbitos de la vida social. América Latina debe avanzar hacia la paz.

David ÁLVAREZ MARTÍN
Filósofo
Santo Domingo (República Dominicana)
Julio de 2017

Referencias
Bott, S., Guedes, A., Goodwin, M. y Adams, J.; (2014) Violencia contra las mujeres en América Latina y el Caribe: Análisis comparativo de datos poblacionales de 12 países. Washington, DC : OPS.
Carta de la Paz dirigida a la ONU.
Declaración Universal de los Derechos Humanos.
OCDE/CEPAL/CAF; (2016), Perspectivas económicas de América Latina 2017: Juventud, competencias y emprendimiento, OECD Publishing, Paris.
Ruiz, S. y Bonometti, P.; (2009-2010) “Las mujeres en América Latina: indicadores y datos”, Rev. Ciencias Sociales 126-127: 75-87.

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